EDITORIAL
LA GUERRA SUCIA
En los últimos meses el tema de la "guerra sucia" ha
tenido espacios amplios en los medios de comunicación. Muchas voces se
han alzado para tratar de exigir justicia y fin de la impunidad para los
responsables de ese capitulo de la historia contemporánea mexicana.
No es gratuito que el tema de la guerra sucia este en
la palestra de la opinión publica, por un lado, a nivel internacional
algunos dictadores como Augusto Pinochet, algunos altos oficiales
argentinos destacados por su crueldad en la tortura y crímenes hacia las
victimas de la dictadura han sido requeridos por tribunales europeos
para ser juzgados por esos hechos que marcaron la historia de los
pueblos latinoamericanos específicamente. Por otro lado la movilización
por la libertad de los presos políticos y presentación de los
desaparecidos no ha cesado aunque por temporadas haya perdido
intensidad, a esos reclamos de justicia se suman ahora los testimonios,
evidencias graficas y la voluntad y exigencia de justicia de quienes
participaron en las grandes movilizaciones populares estudiantiles que
culminaron con la masacre de Tlatelolco en 1968 y el jueves de corpus en
1971.
Ya desde la campaña electoral de Vicente Fox, éste
utilizo de manera oportunista los justos reclamos de familiares de
presos, desaparecidos políticos y organismos defensores de derechos
humanos para atraer apoyo a su candidatura a determinados segmentos
sociales y presentarse ante la población como un hombre dispuesto a
aplicar justicia.
La creación por el Estado mexicano de una fiscalia
especial para juzgar esos acontecimientos del pasado ha tratado de
tender una cortina de humo para ocultar las verdaderas intensiones del
actual gobierno. Si en el terreno económico el gobierno de Fox ha
resultado la continuidad de las políticas neoliberales que
caracterizaron a los regimenes priistas de las ultimas décadas, no es de
extrañar que en el terreno político muchas cosas sean realmente
parecidas, aunque la abundante propaganda mediática trate de hacer creer
lo contrario. Específicamente, la forma de combatir a los movimientos
sociales y populares que luchan por demandas y reinvindicaciones justas
no es diferente de los medios utilizados por los priistas, cerrazón e
indiferencia ante las movilizaciones, captación y represión cuando la
anterior no funciona, ahora, en sintonía con los terroristas imperiales
tratan de criminalizar cualquier movilización u organización política
que resista a las políticas neoliberales y que sea real oposición al
proyecto oligárquico y empresarial en marcha.
El combate a la insurgencia armada continua en la
modalidad de Guerra de Baja Intensidad, se profundiza el cerco
político-militar en las montañas del sureste mexicano, se estimula la
paramilitarización del país en zonas de asiento de luchas insurgentes,
continua la militarización en las zonas de influencia del movimiento
revolucionario, se fortalece la ilegal participación de las fuerzas
armadas en asuntos civiles, con el pretexto de combate al narcotráfico,
con el que están coludidos grupos empresariales y políticos ligados al
viejo y nuevo régimen, se disfraza de gris a un nuevo cuerpo militar (PFP)
que cumple funciones represivas y de inteligencia contra la población y
sus organizaciones, se sellan fronteras a satisfacción de los amos del
norte, se mantienen presos de conciencia en cárceles de alta seguridad
mientras los delincuentes de cuello blanco (banqueros, exfuncionarios,
amigos de Fox) pasean impunes en las calles y preparan nuevos fraudes y
negocios a costillas del erario publico, permanecen impunes crímenes
como el Digna Ochoa, se hostigan a defensores de derechos humanos, se
negocia en lo oscurito con personajes siniestros y corruptos,
responsables de crímenes y utilización de fondos públicos y sindicales
para enriquecimiento personal (Elba Ester Gordillo y Roberto Madrazo)
con tal de sacar adelante la contrarreforma en Pemex y la privatizacion
de la industria eléctrica.
Asimismo el actual gobierno además de mantener la GBI,
orquestada y dirigida desde los Estados Unidos, con los centenares de
oficiales que año con año se entrenan en contrainsurgencia, profundiza
su inserción dentro de la estrategia militar norteamericana de
intervención hemisférica, de supuesto combate al terrorismo,
comprometiendo la soberanía nacional.
Ante tal recuento, es comprensible el escepticismo
que rodea a la formación de la citada fiscalia encabezada por Carrillo
Prieto, especialmente en los sectores que han conservado la memoria
histórica de aquellos acontecimientos, los combates guerrilleros, los
combates callejeros, las grandes y memorables movilizaciones masivas que
son parte ya de la historia de lucha de nuestro pueblo, que fueron
cimiento de lo que hoy es el movimiento democrático popular y el
movimiento revolucionario.
La formación de la citada fiscalia es una tomadura de
pelo, un montaje escenografico, carente de una voluntad real de llegar a
fondo siquiera en el esclarecimiento de los acontecimientos, mucho menos
en llegar hasta las ultimas consecuencias, parece una burda copia de lo
que aconteció en Sudamérica donde las oligarquías nativas impusieron
leyes de punto final y olvido, quedando en libertad los genocidas y
torturadores, el mismo camino siguen las autoridades federales de
nuestro país, como lo muestra el traslado del proceso penal de los
generales Acosta Chaparro y Quiroz Hermosillo del ámbito civil al
militar. Mas atrás lo que verdaderamente esconde el gobierno actual es
tender una cortino de humo para la continuidad de sus planes bélicos
contra la población y el movimiento democrático revolucionario.
La masacre de Tlatelolco, las masacres de Aguas
Blancas, el Charco, Acteal, el Bosque, el asesinato de luchadores
sociales obreros, campesinos, maestros, la ocupación militar de
centenares de comunidades en la sierra de Guerrero, los cadáveres
arrojados al mar desde helicópteros, los presos, ejecutados,
desaparecidos, son hechos que constituyen crímenes de guerra, crímenes
de lesa humanidad, no olvidaremos a nuestros muertos, a nuestros
desaparecidos, respaldamos total e incondicionalmente los justos
reclamos de justicia y de castigo a los criminales, tanto los esbirros,
como los que desde el confort de sus gabinetes dieron las ordenes.
En nuestro caso, queda claro que no podremos confiar
en supuestas voluntades de un régimen que hoy nos muestra su verdadero
rostro, queda claro que no claudicaremos hasta que el pueblo organizado
haga justicia por su propia cuenta, nuestras armas permanecerán
empuñadas en honor de los caídos, que con su sangre han abonado el
camino de la democracia y el socialismo en México.