El 11 de septiembre de 2001 y el nuevo esquema mundial.

Terrorismo, sustantivo de uso bastante común en el léxico mundial de hoy día. No es para menos, pues a un año de que se atacaran símbolos del capitalismo mundial en EEUU, como las torres gemelas del World Trade Center y el Pentágono, el tema principal de analistas y críticos políticos internacionales es, precisamente dicho ataque. Pero detrás del ataque y lo devastador que ha sido en cuanto a impacto psicológico y pretexto del imperialismo para contraatacar, existen líneas de análisis que no debemos perder de vista. ¿Qué subyace en el discurso norteamericano que define al terrorismo y las medidas para erradicarlo? Sin duda el gobierno de George W. Bush ha intentado establecer medidas de una crueldad y represión sin límites contra quienes considera enemigos de la humanidad, integrantes del círculo del terror, y que, en la realidad, su culpabilidad reside en la constante búsqueda de formas de autodefensa para intentar sacudirse el yugo imperial, cosa que hoy menos que nunca parece próxima. Algunos de los pueblos subordinados al imperialismo norteamericano hoy levantan la voz contra los años de represión, de hambre, de injusticias, de alienación y de muerte. La legítima defensa es manejada por el imperio como un atentado contra el "país de la libertad y la democracia", en su manejo no sólo pretende presentarse como víctima, sino presentarse como una víctima incomprendida que con el paso del tiempo ha "intentado" establecer el orden y progreso de la civilización la cual, de forma ingrata, sólo busca desestabilizar a la nación del Tío Sam por su grado de desarrollo. Las causas que realmente han generado los ataques de un año atrás, como la constante injerencia a la libre determinación de las naciones y el constante hostigamiento político y militar a naciones incómodas o que intentan construir su propio camino, son minimizadas ideológicamente presentándolas como un factor de "probable" provocación. Ante esta situación y lo ofendido del imperio, ha desatado una revancha furiosa contra quienes ha elegido para que sean los culpables de los ataques, sin evidencia y violando los derechos individuales de los detenidos, ha iniciado una cruzada verdaderamente terrorista.

En el fondo la represión es el intento desesperado por dar un nuevo dinamismo al capitalismo que a partir de los años setenta no puede salir de una crisis estructural que con el paso del tiempo se agrava y con ello las condiciones de vida de los pueblos en general, es por ello que la necesidad de desarrollar la economía de guerra parece fundamental; sin embargo el mundo observa cuidadosamente las regiones que hoy día son consideradas de alto riesgo, como ejemplo tenemos Medio Oriente y su repercusión mundial, pues el conflicto árabe-israelí cada día se torna más candente, esto genera incertidumbre a los capitales especulativos a nivel mundial. La intentona de los EEUU por penetrar en esta zona es más que palpable. Ante la amenaza de guerra contra Irak, la élite política norteamericana muestra un camino por todos conocido y que tiene que ver con su intromisión en la soberanía y autodeterminación de las naciones.

El gobierno mexicano se ha mantenido como fiel esbirro del imperialismo, siguiendo las pautas marcadas por éste a nuestro país, la tibieza ante situaciones condenables desde cualquier óptica ha sido una constante en la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), y no es extraño ver al canciller Castañeda como un portavoz de la Casa Blanca, condenando a título personal a los "enemigos" del imperio.

Después de la guerra fría la espiral económica que derramaba en pro de la economía estadounidense se vio disminuida sensiblemente, con el nuevo reordenamiento mundial, bajo la batuta del neoliberalismo, se intenta reactivar el negocio de la industria militar, sin embargo, no sólo es el aspecto económico el que está en juego en el escenario mundial, sino también una hegemonía de corte ideológico que a últimas fechas ha generado crisis ante el progresivo aumento de sectores sociales que demandan el fin del actual modelo económico. Mucho se ha hablado de la correlación de fuerzas después de la caída del socialismo de Europa del Este, sin embargo es notable que la acción del 11 de septiembre de 2001 refleja el sentir de los países constantemente hostigados por EEUU, empero la circunstancia a discutir es cómo se articula este aspecto antagónico en la actividad política de cada nación. Muchos son los planteamientos críticos contra la nación norteamericana, pero no se ha logrado cohesionar ni política ni ideológicamente una estrategia política mundial no sólo contra EEUU sino, más allá, contra el sistema capitalista en su conjunto. Los países ricos, capitalistas desarrollados, imperialistas, rápido cierran filas cuando de atacar política, militar e ideológicamente a los países subordinados se trata; cosa que aún no se ha logrado en nuestros países, desde luego que esto recae en los gobiernos títeres que nos representan y que antes de levantar la mano para protestar, inclinan la cabeza para pedir disculpas. En el fondo no es otra cosa mas que el vacío ideológico que dejó la caída del socialismo real, pero vacío en individuos y organizaciones concretas que hoy día se erigen como líderes de opinión, ensalzando vías alternas o terceras vías para evadir la responsabilidad histórica que implica la construcción de una patria socialista, de una revolución socialista y los aspectos ideológicos, metodológicos, teóricos que ello implica. Desde luego que la construcción del socialismo implica una revaloración del marxismo-leninismo, pero de ninguna manera esta valoración es una negación de ello, por el contrario, es aprender metodológicamente de ello y superar las síntesis a las que, en su tiempo, llegaron Marx, Engels y Lenin, comprendiendo nuestro contexto y ofreciendo alternativas claras para la toma del poder político y el arribo a un modo de producción cualitativamente superior, sólo así podremos ubicar a los EEUU en su justa dimensión y entender que la dinámica capitalista hoy tiene a los norteamericanos en la cúspide, pero mañana puede ser cualquier otro imperialista.

Nuestro enemigo histórico es la burguesía de cada país, el reto es la construcción de nuestra revolución, pues sólo así podremos impulsar un cambio fundamental en el mundo.

El esquema mundial se presenta complicado, la ascensión de las derechas mundiales al poder, la desestructuración de las izquierdas, un sistema económico lacerante, la coacción como medio para el sometimiento, la economía mundial en profunda crisis y sobre todo la reticencia a enarbolar la bandera del comunismo como única alternativa posible para un cambio revolucionario son algunos de los tópicos que debemos abordar como organización revolucionaria que busca un cambio en las estructuras imperantes. El derribo de las torres gemelas es un nuevo llamado para aceptar el reto y revertir, en lo que nos corresponde y con el papel que actualmente jugamos, el estado de cosas imperantes. El 11 de septiembre se levantó un grito de protesta y nos hace una invitación que no debemos desdeñar.

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