EL SEXO ES UNA CATEGORÍA

POLÍTICA

  

Ciertamente el sexo es una categoría política y cuando hablo de él no lo hago aludiendo al acto amoroso, me refiero a los géneros que distinguen lo femenino de lo masculino o lo masculino de lo femenino.

     Cuando las mujeres queremos hablar de nosotras mismas, es lugar común empezar con la queja, el reclamo ancestral, la descripción lastimosa de nuestras vidas, el dolor, el silencio eterno, en fin todo lo que nos pesa desde que tenemos memoria. Sin embargo pocas veces reflexionamos y proponemos caminos para modificar esta situación.

      Por esto importa señalar que el sexo es una categoría política y para probarlo basta señalar que en nuestro país más de la mitad de la población está formada por mujeres-50 millones frente a 48 millones de hombres-, la quinta parte de ellas son indígenas distribuidas en todo el territorio y más de la mitad están incorporadas en el mercado de trabajo. Esto quiere decir que el país no podría caminar sin el aporte de esta activa población, tampoco sería posible la cotidiana marcha de millones de hogares, oficinas instituciones, tiendas, mercados, empresas, maquiladoras, sembradíos, escuelas, hospitales, etc.

     Prácticamente la presencia femenina en los ámbitos políticos, sociales y económicos ha roto el esquema tradicional de la mujer aislada en los trabajos domésticos “propios de su sexo” pues el desarrollo del capitalismo ha producido las condiciones necesarias, objetivas, para la inserción de la mujer en los espacios considerados exclusivos para los hombres, tanto es así que sin su  participación en las luchas libertarias de la Independencia, la Revolución o en las organizaciones revolucionarias del siglo pasado, hubiera sido muy difícil concretar los logros que esas luchas produjeron.

     A pesar de todo esto nuestra situación parece no sólo no haber cambiado, sino que más bien se ha agravado, pues a los deberes tradicionales se han añadido los nuevos. Qué pasa entonces con la posibilidad de transformación, de participación que la modernización ha abierto para nosotras, por qué  seguimos estando en un papel subordinado, en un segundo plano si objetivamente las condiciones deberían situarnos en los mismos niveles que los hombres.

     La falta de desarrollo de nuestras condiciones  subjetivas son un elemento importante de freno para nuestro desarrollo pleno. En términos marxistas diríamos, junto a Roque Dalton, que es necesario dejar de ser mujeres en sí para convertirnos en mujeres para sí, “constituir a la mujer/a partir de su humanidad/ y no de su sexo,/ saber que las labores propias del hogar/ son las labores propias de la clase social a que pertenece ese hogar.

     Tenemos que aprender a asumir nuestro papel de mujeres no como una carga individual sino como una responsabilidad social, tenemos que producir un andamiaje instrumental que nos permita enfrentar el trabajo arduo y profundo tanto de las relaciones hombre-mujer como el de las relaciones sociales y políticas, es en el nivel de la subjetividad y en el de la lucha ideológica en donde tenemos que dirigir nuestros esfuerzos para una verdadera transformación, luchar contra nosotras mismas, contra nuestros fantasmas es parte de la batalla que tenemos que pelear.

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