Las nuevas izquierdas
(sociales)
Octavio Rodríguez Araujo (Este País)
Con este artículo de Octavio Rodríguez Araujo, publicado en la revista
mensual Este País, damos continuidad a la inclusión de artículos de
contenido teórico escritos por personajes que no pertenecen a nuestro
PDPR-EPR-TDR y que consideramos pueden contribuir con la reflexión y análisis
de nuestros lectores.
Cabe recordar que nuestra postura político-ideológica no necesariamente
concuerda con la de quienes elaboran los artículos en cuestión; sin
embargo, pensamos que es imprescindible analizar tales puntos de vista.
Asimismo, es importante considerar que no partimos del supuesto de que
nuestra postura política excluye, como necesariamente falsas y equívocas,
otras posiciones; aquí importa tomar en cuenta que la unidad de acción
no consiste en pensamiento único.
Al pie de las páginas se insertarán como notas nuestros comentarios a
las premisas o ideas de los autores correspondientes y en éstas
incluiremos nuestro punto de vista crítico respecto a éstas, sean
concordantes o discordantes.
Muchas cosas han cambiado en una década, y con ésta el
siglo y el milenio. Sin embargo, interesan para este escrito los cambios
que ha experimentado la sociedad, sus organizaciones y sus formas de
expresión ante las transformaciones económicas y políticas de los últimos
años.
En particular me interesa resaltar los cambios de las
izquierdas, sobre todo sociales, en el periodo que nos ocupa.
Chiapas (el 1 de enero de 1994 y especialmente durante el
verano de 1996), el Encuentro Intercontinental por la Humanidad y
Contra el Neoliberalismo. Unos días antes en Lyon, Francia, la Contra
Cumbre del Grupo de los Siete. Luego, tres años después,
Seattle, en noviembre de 1999, contra el encuentro ministerial de
la Organización Mundial de Comercio (OMC). Siguieron Bangkok,
en febrero de 2000, contra la 10ª Conferencia de Naciones Unidas
sobre Comercio y Desarrollo y Washington, en abril de ese mismo
año, en la Asamblea de Primavera del Banco Mundial y del Fondo
Monetario Internacional. En junio, contra la Cumbre de
Naciones Unidas sobre Desarrollo Social, en Ginebra. Un mes
después contra la Cumbre del G-7, en Okinawa. En Praga
contra la reunión anual del BM y el FMI. En Bruselas,
Nueva York y Washington, en octubre, la Marcha Mundial de las
Mujeres. En Seúl, también en octubre, contra la 3ª
Conferencia Asia-Europa. A finales de noviembre y principios de
diciembre, en París, el encuentro internacional "Por una
construcción ciudadana del mundo", en el que participaron
alrededor de mil 500 personas de 60 países. Unos días después, en
Niza, en contra de la Cumbre de la Unión Europea. También
en diciembre, en Dakar, la reunión "De la resistencia a las
alternativas". En Porto Alegre, finales de enero y
principios de febrero de 2001, el Foro Social Mundial en el que
estuvieron representados 117 países. En Cancún, las actividades
paralelas a la reunión del Foro Económico Mundial
a finales de febrero, organizadas por los opositores a la globalización
agrupados en la Alianza Social Continental. Ya se prepara para abril de
este año, en Argentina, otro movimiento en contra de la próxima reunión
de Ministros del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA),
y muchos más. (Subrayados de nuestra redacción).
Todas las anteriores expresiones sociales han sido
antineoliberales y de oposición a los mundialmente dominantes grupos
empresariales y a los gobiernos que los protegen o facilitan su expansión.
Sobre este tema ya ha aparecido, en octubre del año pasado, un libro
editado por Ann M. Florini con un título muy sugerente: La tercera
fuerza: el nacimiento (o la insurgencia) de la sociedad civil
trasnacional, referido principalmente a los movimientos globales
anti-corrupción, contra el control de las armas nucleares, los daños
ecológicos y las minas terrestres y a favor de los movimientos democráticos,
los derechos humanos y la legitimidad de los movimientos sociales
globales independientemente de donde se manifiesten. Más recientemente,
ante legisladores mexicanos, representantes de la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), reconocieron que las
sociedades nunca han sido consultadas para tomar la decisión de
liberalizar las economías y abrir fronteras, por lo que habrá más
movilizaciones antiglobalismo en todas las latitudes, y entonces será
difícil detenerlas. Y dijeron: "ya no se puede ignorar a la
sociedad civil" (La Jornada, 23/02/01).
Si las izquierdas sociales son anti, ¿qué proponen?
Entre la larga lista citada de expresiones antineoliberales, en dos hubo
el propósito explícito de analizar la situación del mundo en la
actualidad y de proponer formas alternativas a lo existente. Se trató
de dos foros mundiales, el de París y el de Porto Alegre. Sin embargo,
en ninguna de ambas reuniones se pudieron sacar, por consenso,
posiciones articuladas y más o menos precisas que pudieran constituir
un programa de acción alternativo y para los próximos años. Un
militante mexicano del Frente Zapatista de Liberación Nacional declaró
en París a la revista Proceso que "conforme mayor es la
definición, menor resulta la capacidad de aglutinar las luchas", y
quizá tiene razón, pues una característica de la sociedad civil
transnacional y opositora al neoliberalismo es su heterogeneidad social,
ideológica, política y cultural. Pero la gran pregunta es: ¿cómo
lograr consensos en una "Torre de Babel" y cómo llegar a
propuestas alternativas si sólo existen posiciones y movimientos
contrarios al statu quo mientras que los defensores de éste
saben muy bien lo que han estado haciendo y hacia dónde van? Durante
varias décadas la izquierda era una corriente que luchaba por el
socialismo.
Hoy, la izquierda es la que protesta, la que se opone a la
globalización económica y al neoliberalismo y la que nos habla de
humanización del capitalismo y de la construcción ciudadana del mundo
(que por mucho tiempo, desde los tiempos de Marx, han sido conceptos de
la derecha).
En París se llevó a cabo un encuentro internacional
precisamente titulado "Por una construcción ciudadana del
mundo". Once asociaciones (Actuel Marx, Espaces Marx,
Témoignage Chrétien y otras) convocaron a este encuentro para
discutir lo que podría ser el contorno de otro destino común para los
seres humanos y para los pueblos, según se lee en el periódico del
Partido Comunista Francés (L'Humanité, 04/12/00). Con muy pocas
excepciones, como las de Alexandru Florian o de Catherine Samary, la
mayoría de las intervenciones le dieron la vuelta a la perspectiva
socialista o se concretaron a hacer análisis del socialismo, del
movimiento obrero, del internacionalismo o de la lucha de clases, en el
siglo XX que estaba por terminar, pero no hacia el futuro. Hacia el
futuro el tema de la sesión de clausura fue "¿Cuál construcción
ciudadana del mundo?" El énfasis fue puesto, como lo dice la misma
nota de L'Humanité, en los seres humanos (así en general y sin
distinción de clase social) y en los pueblos. Se habló de radicalización
de la democracia, de la mundialización de las solidaridades y, desde
luego, de la construcción ciudadana del mundo. Esta abstracción (la de
hablar de ciudadanos y no de clases sociales) pretendió justificarse en
el hecho de que hay nuevos "actores" (como está de moda
decir) que configuran el "movimiento social" y que tales
actores son parte de la sociedad (así, en abstracto también)
organizados en ONG, asociaciones humanitarias, sindicatos (cada vez
menos) y otras que se distinguen de los partidos políticos "en
crisis como lo está la política misma", según se dijo en el
Encuentro, aunque no se demostrara.
No pocas intervenciones, por cierto, descalificaron a los
partidos políticos y su aspiración a tomar el poder, entre otras
razones porque la transformación indispensable (no definida) no vendrá
de las instituciones estatales ni políticas sino de la sociedad.
Pero contra este argumento no se escuchó la necesidad de
transformar a los partidos políticos, de hacerlos "más
sociales" (es decir, menos burocráticos y menos de elites
separadas de sus bases), para darles dirección política a los
movimientos y organizaciones civiles que ciertamente actúan y ganan la
nota en los noticieros de vez en cuando, pero se quedan en la protesta
sin proponer alternativa viable y no utópica.
En México la izquierda es también un concepto escurridizo,
a veces asociado al PRD, otras veces al EZLN, otras a los movimientos
que rompen las vidrieras de McDonald's.
Y como no se sabe bien a bien qué es la izquierda se
incluyen en el concepto desde los anarquistas (que con frecuencia son de
derecha) hasta los socialistas, pasando por los honestos (de
asociaciones anti-corrupción), los democráticos, los amigos de los
pobres, los defensores de los derechos humanos y de la ecología, los
que plantean la reivindicación de Keynes o de la regulación de la
economía, etcétera. Y esta izquierda, que quizá podría llamarse
"nueva" una vez más, ha encontrado en conceptos "útiles"
su justificación. Y en su pretendida actualización y adecuación al
presente, esta "nueva" izquierda omite deliberadamente la
mención al capitalismo, a las clases sociales, al imperialismo y
categorías semejantes y, por lo mismo, su crítica al capitalismo es en
términos de sus desviaciones del modelo liberal ("porque
neoliberalismo no es lo mismo que liberalismo") y de la democracia
sustentada en este modelo.
Entre los conceptos útiles, tanto en el México de ahora
como en el Encuentro de París, están el de sociedad civil, la
pluralidad, las identidades sociales no clasistas y los ciudadanos, con
lo que se escamotea la lógica totalizante del capitalismo y se
afirma, aun sin querer, es decir implícitamente, su inmutabilidad como
sistema económico proponiendo, a lo más, limar algunas de sus
asperezas, evitar desviaciones de lo que sería el modelo liberal (éste
más como modelo que como realidad fáctica) o proponer un Estado que
frene las desigualdades sociales y propicie la justicia social a partir
de un gobierno menos malo que otro sin destruir previamente las bases de
sustentación del Estado en los países capitalistas.
En la reunión de Porto Alegre, en la que estuvieron algunos
de los participantes en París, se percibió un lenguaje semejante, pero
para mi gusto menos impreciso que el de Niza, el del mismo París, Praga
o Seattle. Se volvió a hablar de sociedad civil, de pluralidad, de
identidades sociales no clasistas y de ciudadanos. Pero en este Foro
Social Mundial se agregaron algunos elementos, y aunque algún ponente
fue abucheado al recordar que pese a que se hablara de sociedad civil ésta
seguía dividida en clases sociales (¿habrán desaparecido?), no dejó
de señalarse la necesidad de pasar de una posición antineoliberal (que
ha sido caballito de batalla de varios movimientos en los últimos cinco
años) a una propuesta alternativa anticapitalista. Por lo mismo, una
pregunta que estuvo en el ambiente del Foro fue cómo definir con rigor
un programa de lucha con una composición social y política heterogénea
formada por campesinos, indígenas, obreros, jóvenes urbanos,
feministas militantes, homosexuales y lesbianas, marxistas ortodoxos de
diversos tonos, guerrilleros y ex guerrilleros, anarquistas del todo o
nada y anti- intelectuales (obviamente), gradualistas de diversas
ideologías, nacionalistas e internacionalistas, políticos en el poder,
empresarios de ideas sociales, cristianos progresistas, revolucionarios
y, por supuesto (porque también está de moda), los anti-partido junto
con representantes de partidos políticos de varios países y, desde
luego, del Partido de los Trabajadores de Brasil (que gobiernan el
estado y el municipio en donde se llevó a cabo el Foro).
No hubo respuesta, porque la definición de un riguroso
programa de lucha alternativo excluiría a amplios sectores que han
estado y están actuando en contra de la globalización económica y del
neoliberalismo. En una palabra, lo que las izquierdas privilegian en
este momento son los movimientos de la sociedad civil, heterogénea como
es. Es decir, el movimientismo, no las propuestas alternativas
reales y posibles que pudieran aportar los movimientos que estamos
viendo. Y así, ¿cómo organizar un contra poder cuando se apela a la
autogestión social sin programa y espontánea como si de verdad los
intereses de todos fueran los mismos?