Al
pueblo de México.
A
los pueblos del mundo.
El
2 de diciembre de 1974 cayó en combate el comandante guerrillero Lucio
Cabañas Barrientos, fundador y dirigente del Partido de los Pobres y de
la Brigada Campesina de Ajusticiamiento.
El
compañero Lucio cayó en la sierra de Guerrero tras de haber combatido
al ejército federal y a los cuerpos policíacos por más de siete años
y de haber resistido, una tras otra, diecisiete campañas militares
desplegadas por el ejército federal, en el marco de la estrategia
contrainsurgente, diseñada por el gobierno norteamericano para México
y América latina, así como de la guerra sucia ordenada y dirigida por
los funcionarios en turno del Estado mexicano; guerra que dejó como
saldo trágico una larga cadena de secuestros, torturas, detenciones,
asesinatos y otros hechos represivos entre los que destacan más de 600
desaparecidos políticos (no todos ellos documentados) en el estado de
Guerrero y más de 800 desparecidos políticos en todo el país.
Pero
ni la caída de Lucio ni la sangrienta represión desatada por el Estado
mexicano contra el movimiento popular y, particularmente, contra el
movimiento armado revolucionario en todo el país pudieron detener la
lucha del pueblo mexicano o poner término a sus aspiraciones
libertarias, por una simple y sencilla razón: las principales
condiciones de miseria, explotación, opresión política, marginación,
discriminación, etc., que dieron origen al movimiento revolucionario en
nuestro país, no desaparecieron. Por el contrario, algunas de estas
condiciones se agudizaron potenciando las posibilidades de desarrollo
del movimiento popular y revolucionario, obligando a la clase en el
poder a reorganizar su sistema de dominación y apropiación
capitalista, con base en las experiencias arrojadas por los flujos y
reflujos de la lucha revolucionaria en México, en Centroamérica
y en América del sur.
De
ahí que desde hace más de dos décadas el imperialismo norteamericano,
apoyado en las burguesías y gobiernos latinoamericanos, haya dado
lugar, de una parte, a una estrategia de acumulación neoliberal
tratando de gestionar o administrar la crisis estructural del
capitalismo y, de la otra, a una concepción y a una práctica
contrainsurgente conocida como Guerra de Baja Intensidad (GBI), con base
en la cual el Estado mexicano pudo bloquear, en buena medida, el
desarrollo del movimiento popular y revolucionario, cooptando,
persuadiendo, intimidando y, en última instancia, reprimiendo
brutalmente a los grupos rebeldes, opositores o inconformes. Pero no al
grado de impedir el surgimiento de nuevos movimientos y organizaciones
democráticas y revolucionarias, como lo pone de manifiesto el
surgimiento del EZLN el 1 de enero de 1994, así como el surgimiento del
PDPR-EPR en 1996, pese a la posterior fragmentación sufrida por éste
y, por consiguiente, a la reorganización y surgimiento de nuevos grupos
revolucionarios como el ERPI, las FARP, el EVPR, incluido nuestro propio
agrupamiento.
Por
todo esto, la lucha de clases que se libra en nuestro país ha arribado
a una complejidad extraordinaria, imposible de comprender al margen de
la historia, del conocimiento y de la crítica radical de la realidad
actual y de sus ideologías, incluidas particularmente las ideologías y
las prácticas políticas de los agrupamientos de izquierda, tanto
legales como clandestinos.
Dentro
de esta complejidad se encuentra, de una parte, una sociedad y un estado
reorganizados a partir de una mayor participación del pueblo (obreros,
campesinos, estudiantes, pueblos indios, etc.) en los asuntos y
acontecimientos políticos locales y nacionales; participación que ha
hecho posible la inclusión de algunas corrientes de izquierda en las
estructuras de gobierno, así como una mayor organización y
fortalecimiento de la sociedad frente al estado. Pero, por otra parte,
se encuentra una red no evidente de grupos, organismos y estructuras al
interior de la sociedad y del estado, vinculados a los principales
grupos de poder (político, financiero y del narcotráfico); llamados a
preservar la hegemonía, la dominación y la apropiación capitalistas,
en estrecha coordinación con los órganos represivos del gobierno; red
de grupos, organismos y estructuras de donde surgen y se organizan los
grupos paramilitares y escuadrones de la muerte responsables materiales
de los secuestros, torturas y ejecuciones
extrajudiciales, llevadas a cabo contra ciudadanos inocentes,
comunidades inermes, luchadores sociales, personalidades democráticas y
militantes revolucionarios, por lo menos, en las dos últimas décadas.
En
este contexto, el asesinato de la licenciada Digna Ochoa constituye la
prueba más evidente de la actividad represiva y criminal desarrollada
por la clase en el poder a través de esta red de grupos, organismos y
estructuras a los que, llegado su momento, la clase dominante usará
como chivos expiatorios, para preservar su estancia en el poder y
convencer sobre el supuesto valor que representa la democracia que
pregona.
Así
pues, no será el gobierno foxista quien llame a cuentas a la clase
dominante y le haga responder por el asesinato de Digna Ochoa. Asimismo,
no será el gobierno foxista quien llame a cuentas a la clase dominante
y le haga responder por las masacres populares y estudiantiles del 68 y
del 71; responder por los más de 800 desaparecidos políticos víctimas
de la guerra sucia de las décadas de los 60’s y 70’s; responder por
los más de 600 ciudadanos asesinados en el curso de las luchas
electorales y populares de los 80’s y 90’s, por citar sólo algunos
de los crímenes de estado más relevantes. Y no lo hará por una simple
razón, reconocida por el propio Fox en el extranjero: su gobierno es un
gobierno formado por empresarios, para beneficio de los propios
empresarios, nacionales y extranjeros.
Por
consiguiente, ninguna fiscalía especial emanada del gobierno federal
pondrá término al régimen de impunidad inaugurado por las
administraciones priistas y heredado por la administración foxista, por
más recomendaciones que formule la CNDH, pues éste no es más que un
organismo de consigna al servicio del grupo de poder en turno, el cual
pretende dar carpetazo y condenar al olvido, especialmente, el problema
de los desaparecidos políticos.
Los
problemas que aquejan al pueblo mexicano sólo serán resueltos por el
pueblo mismo, en la medida que las voluntades hoy dispares y dispersas
se unifiquen en una sola voluntad; en la medida que el pueblo y sus
organizaciones sean capaces de organizar su propia autodefensa y se
constituyan en un nuevo poder capaz de derrotar el poder de los de
arriba; en la medida que las organizaciones democráticas y
revolucionarias sean capaces de avanzar en la elaboración de una Línea
Política Común y en la articulación de una Dirección Compartida,
pues ese será el mejor homenaje que podamos rendir a los héroes y a
los mártires de la lucha por la democracia y el socialismo en nuestra
patria.
Sólo
este proceso de construcción imaginativa permitirá al pueblo llevar a
juicio a los responsables de los crímenes de estado que hoy
cobardemente pretenden eludir su responsabilidad; sólo ello permitirá
al pueblo poner término a la impunidad y al sistema de dominio y
apropiación capitalista cada vez más cercano a la barbarie que a la
organización de una sociedad verdaderamente humanizada.
¡Honor
y gloria al comandante Lucio Cabañas Barrientos!
¡CONTRA
EL NEOLIBERALISMO, EL PODER POPULAR!
PARTIDO
DEMOCRÁTICO POPULAR REVOLUCIONARIO
EJERCITO
POPULAR REVOLUCIONARIO
TENDENCIA
DEMOCRÁTICA REVOLUCIONARIA
PDPR-EPR-TDR
República
Mexicana, 2 de diciembre de 2001.