Buzón revolucionario 


 

ÉTICA, MORAL, CONCIENCIA Y ACTIVIDAD HUMANA (SEGUNDA PARTE).

 

Pobre nací y pobre vivo

por eso soy delicao.

Estoy con los de mi lao

cinchando tuitos parejos

pa' hacer nuevo lo que es viejo 

y verlo al mundo cambiao.

Atahualpa Yupanqui

 

 PRESENTACIÓN. En el Buzón Revolucionario de nuestro Boletín, correspondiente a los meses de diciembre-enero de hace un año, se presentó un texto enviado por un colectivo de camaradas que se propuso plantear una serie de reflexiones en torno a la moral y su relación con la práctica y concepción revolucionarias.

 Con el propósito de extender algunas ideas a este respecto, en el número correspondiente a los meses de abril-mayo, apareció el artículo en el cual expusimos nuestras reflexiones al respecto.

 Ahora bien, atendiendo a la petición de algunos camaradas que solicitaron pudiese profundizarse más en este asunto, a partir de las ideas presentadas en dicho artículo, nos propusimos precisar aún más los conceptos y proposiciones expuestas; va pues, con el afán de cumplir el propósito de ampliar los elementos de juicio a este respecto, el presente documento.

 Como fue señalado en el documento precedente, el ser humano (categoría que incluye dentro de sí a ambos géneros de nuestra especie, pues nuestra lengua, al referirse con el término de hombre tanto al género femenino como masculino, subsume dentro del masculino al femenino), es, en principio y por encima de cualesquiera otra argumentación, el objeto fundamental y principal de nuestra acción orientada hacia la transformación radical de nuestra realidad social. También decíamos que el ser humano, como objeto de nuestra acción orientada selectiva e intencionalmente, es el único ser que justifica la acción democrático revolucionaria, en aras de buscar la recuperación de su humanidad y la eliminación de las condiciones materiales de existencia que lo cosifican y alienan,

 Lo antedicho significa que el objeto y sujeto de nuestra acción intencionada puede ser abordado como una unidad-dual que condiciona nuestro actuar; primero, porque el objetivo de nuestra acción es el ser humano y, después, porque el sujeto de la actividad es también el ser humano. Es decir, el ser humano es a la vez sujeto de la actividad y objeto de la misma.

 Como sujeto de la actividad dispone de un conjunto de rasgos y características que lo definen y diferencian de cualquier otro miembro de especie distinta a la nuestra. Como sujeto de la actividad, y como ya lo hubimos expresado, en el curso de la evolución filogenética, ontogenética e histórico evolutiva ha logrado conquistar no sólo la posibilidad de nacer con una serie de disposiciones que permiten ser colocado dentro de la comunidad homo sapiens sapiens, sino que, a partir del mismo nacimiento, gracias a la labor educativa, puede humanizarse. Es decir, el ser humano, como adulto que posee cualidades y competencias específicas de su especie y distintivas de su personalidad, no nace hecho; tiene que hacerse, haciéndose mediante su actividad en y con el mundo sociocultural que le corresponde vivir.

 El ser humano, como sujeto de su actividad, no se encuentra sujeto a fuerzas ajenas y extrañas a sus condiciones materiales (histórico-culturales) de existencia; éste orienta su actividad en el mundo con base en una escala jerárquica de valores, creencias, intereses, preferencias afectivo-emocionales, afectos, sentimientos, etc., que lo definen como ser humano.

 El ser humano, como sujeto de su actividad, dispone de un conjunto de competencias psicológicas que le permiten representar el mundo en imágenes, categorías, conceptos o proposiciones; este conjunto de elementos se organiza en un todo que le permite, también, comprender su actividad y posición en el mundo, así como determinar y orientar su comportamiento hacia ciertas metas o propósitos; esto significa que el comportamiento humano es intencionado, orientado y, en cierto modo, conciente.

 El ser humano no vive sólo, sin contexto y sin relaciones con otros seres humanos; su actividad se expresa y manifiesta en un contexto sociocultural y con respecto a otros seres humanos. Éste atribuye, considera, piensa, imagina, cree o valora que solamente algunos de los otros seres humanos son interlocutores suyos, que únicamente algunos de entre ellos son objeto de su actividad y, en consecuencia, atribuye que debe comportarse de cierta manera, y no de otra, ante ellos.

 El conjunto de recursos cognitivos e ideológicos con base en los cuales orienta su actividad hacia determinado fin, y no otro, son los valores axiológicos, éticos y morales.

 Estos, invariablemente se relacionan con un contexto sociocultural de referencia, además de estar vinculados con los valores sociales y grupales de pertenencia. Estos serán siempre el punto de referencia para valorar la concordancia del comportamiento de la persona en cuestión.

 Quienes valoran el comportamiento, general o específico, de una persona lo hacen con base en los valores éticos y morales admitidos y compartidos por y con la comunidad de pertenencia.

 Una vez realizado el proceso de valoración se determina un juicio de concordancia o discordancia y se emite una sanción; generalmente de tipo moral o psicológica.

 Esto quiere decir, como también expresábamos en el artículo anterior, que el comportamiento específico de cada uno de los miembros de alguna colectividad puede contravenir o no a esta serie de valores éticos o, en sentido inverso, puede responder a éstos de manera concordante; ante ello cualquier miembro de la colectividad o ésta misma o, mejor aún, el sujeto mismo de la actividad, permanentemente valoran sus actos y emiten juicios morales respecto a este punto, juicios que no tiene por sí mismo una sanción jurídica o penal y que no pueden, por principio, atentar contra los valores éticos que sirven de parámetro de la acción, pero que contienen una sanción moral, psicológica y que se proponen promover la reflexión y la autovaloración en aras de enmendar esta serie de comportamientos asumiendo la plena responsabilidad de sus actos de modo que no se atribuya esta última, como antes expresamos, a fuerzas ajenas al mismo ser humano. finalmente, asumimos que el ser humano y sus actos son responsabilidad única y exclusiva del mismo ser humano. Que, como Amado Nervo decía en su poema En Paz, uno mismo es el arquitecto de su propio destino... En consecuencia, uno mismo debe asumir la responsabilidad de sus actos y responder ante la colectividad de pertenencia por los mismos. Tenemos hasta este momento que la determinación de los valores sociales y su definición como aspectos deseables y orientadores de la actividad de los seres humanos nos acercan a las cuestiones éticas y morales que no pueden omitirse en la reflexión del desarrollo de una estructura política, democrática, revolucionaria y de izquierda. Por lo tanto, tampoco puede ser divorciada la práctica política, como una de las expresiones más desarrollada de la actividad humana, de las cuestiones o valoraciones éticas y morales. Política, ética y moral conforman una tríada que debe sustentar los principios de acción de nuestro Partido, de otra manera navegaremos por las corrientes de la claudicación, de la traición, la justificación de los equívocos y la autocomplacencia personal. Nos alejaremos de las metas a las cuales aspiramos alcanzar... Por otro lado, las estructuras sociales se han dado, en el curso de su historia, una serie de normas de carácter jurídico-normativo que regulan las relaciones que se establecen entre los individuos en el marco de un Estado, una organización o un partido, como el nuestro; esta serie de normas jurídicas establecen sanciones, ya no de carácter moral o psicológico, sino penal o coercitivas, para quienes violan las reglas de convivencia, de modo que pueda ser mantenido, como estable, dicho estado de cosas o relaciones.

 Con base en lo expuesto, resulta entonces necesario deslindar el tipo de juicio que puede ser emitido ante el tipo de comportamiento y su sujeción o no a los valores ético-morales o a las normas jurídicas; por un lado, tenemos el juicio moral ante la separación del comportamiento de ciertos individuos y los valores definidos como deseables en sentido ético-moral y, por el otro, el juicio normativo, punible y jurídico, ante la violación a las normas jurídicas y legales con base en las cuales se propone regular el conjunto de actos y relaciones entre los miembros de la colectividad en cuestión. Si antes hablábamos de una tríada, ahora parece necesario considerar cuatro elementos indisolubles en nuestra acción práctica: ética, moral, norma jurídica y actividad política del sujeto de la misma. Al margen de estas cuatro cuestiones navegaremos bajo el destino incierto y azaroso...

 

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