RESENTACIÓN. En el Buzón
Revolucionario de nuestro Boletín, correspondiente a los meses de
diciembre-enero, se presentó un texto enviado por un colectivo de camaradas que
se propuso plantear una serie de reflexiones en torno a las cuestiones referidas
a la moral y su relación con la práctica y concepción revolucionarias.
Obligación nuestra era tratar de dar
continuidad a esta serie de reflexiones en el siguiente número, de modo que
pudiésemos ampliar la discusión y la valoración de los criterios con base en los
cuales juzgamos nuestros actos (así como los de los demás) en el contexto de la
práctica militante y una concepción de izquierda democrático-revolucionaria.
Desde luego que no solo era necesario
por el hecho de que se plantearan en el Boletín correspondiente estas
cuestiones; además, la dinámica de la vida contemporánea en el contexto de
nuestro mundo, nuestra nación y nuestro Partido demandaba una reflexión seria y
pertinente.
Para terminar con las condiciones
materiales que requirieron cada vez más de una exposición sistemática de esta
cuestión, es necesario decir que la serie de sucesos ocurridos durante las dos
últimas semanas del mes de abril y mayo, determinaron su oportunidad.
Va pues, con el propósito de ampliar
los elementos de juicio a este respecto, el presente documento como una sencilla
aportación de esta comisión editorial.
PREMISAS DE PARTIDA. Es preciso dar
comienzo a esta serie de notas con las premisas de partida (que no requieren
discusión, pues son incontestables), que sustentarán las ideas centrales de este
documento.
Primera. El ser humano
(categoría que incluye dentro de sí a ambos géneros de nuestra especie, pues
nuestra lengua, al referirse con el término de hombre tanto al género femenino
como masculino, subsume dentro del masculino al femenino), es, en principio y
por encima de cualesquiera otra argumentación, el objeto fundamental y principal
de nuestra acción orientada hacia la transformación radical de nuestra realidad
social. El ser humano, como objeto de nuestra acción orientada selectiva
e intencionalmente, es el único ser que justifica la acción democrático
revolucionaria, en aras de buscar la recuperación de su humanidad y la
eliminación de las condiciones materiales de existencia que lo cosifican y
alienan, que lo tornan una mercancía más dentro del mercado y del modo de
producción capitalista en su fase de desarrollo imperialista-neoliberal. El
ser humano es en esencia el objeto de nuestras metas y aspiraciones; ello
significa que desde el preciso momento en que se planteó el objetivo de
transformar radicalmente la dinámica de la vida social, se propuso
sustancialmente la creación de las condiciones materiales de existencia que
posibilitaran la autoconstrucción de un ser humano nuevo, un ser
humano auténtico, un ser humano liberado de las cadenas que lo atan a
la pérdida permanente de su humanidad y que le roban su valor de humano
dejándole el de una mercancía más dentro del mercado.
Segunda. Nuestra concepción de base
para el análisis de la naturaleza social y material (en sentido amplio) del
ser humano, con todas sus cualidades, rasgos y características, es de
corte materialista; ello quiere decir que no admitimos, por principio, que
cualquiera de las acciones, intenciones, propósitos, aspiraciones y
determinaciones del ser humano se justifique por circunstancias ajenas al
mismo; en consecuencia, apelamos a un humanismo que exige del mismo ser
humano, y solo de él, la definición de su destino y la responsabilidad de
sus actos. Este hecho, por sí mismo, nos aleja de las versiones que consideran
que los actos humanos obedecen a designios de algún dios, de alguna fuerza
cósmica o mágica.
Tercera. Siguiendo las ideas
planteadas por Marx y Engels, en el Manifiesto Comunista y continuadas
por otros grandes teóricos comunistas, sustentamos dos proposiciones distintas y
complementarias: El capitalismo, desde siempre y, particularmente, en su fase de
desarrollo actual, constituye el gran obstáculo no solo para la resolución de
los grandes males que aquejan a la humanidad, sino que también mantiene el
estado deshumanizado de nuestra especie; por ello, la alternativa socialista
constituye la única opción viable para que el ser humano recupere su
humanidad.
Cuarta. Quienes históricamente han
asumido como objetivo de su acción práctica y política el socialismo conforman
lo que históricamente se ha denominado Izquierda; por el contrario, la
Derecha ha asumido la defensa, por todos los medios a su alcance posibles, de la
situación que impera y que reifica el status quo que se denuncia y se
ataca. Esta situación determina que desde la existencia de la división de la
sociedad en clases sociales la lucha de clases sea el motor del desarrollo
social y que existan, por lo menos, dos concepciones del mundo que sustentan,
asimismo, dos visiones de la relación entre ética, moral, conciencia y actividad
humana.
DESARROLLO. Con base en las cuatro
premisas que hemos expuesto y que consideramos punto de partida incuestionable,
pasaremos a presentar las ideas que pretendemos sean fuente de reflexión,
análisis y discusión en la toma de decisiones que orienten nuestra práctica
individual y colectiva en una dirección hacia la transformación radical de
nuestra realidad social (económico-política).
Conviene entonces dar principio con
una pregunta que guíe nuestra exposición y las reflexiones que de ella puedan
derivar, además de permitirnos definir qué es lo que vamos a entender por
naturaleza específicamente humana. ¿Qué es lo que permite reconocer la
diferencia fundamental entre un ser humano y cualquier otro animal? Para
responder a esta pregunta acudiremos al propio Marx y a lo que propone en su
obra cumbre, El Capital.
Éste decía que lo que diferencia a la
abeja mejor del peor albañil y a la hormiga mejor del peor tejedor era nada más
y nada menos que tanto el tejedor como el albañil poseían en su cabeza una
representación o imagen del producto de su actividad antes de
tenerlo en la realidad externa al mismo. Que el resultado de su actividad tenía
una doble objetivación; la primera referida al proceso de consecución de las
intenciones y su función orientadora de la actividad humana; y la segunda, la
objetivación de las relaciones sociales de producción. Una objetivación
individual y otra colectiva, empero, ambas de naturaleza social.
Con esto queremos manifestar,
siguiendo esta idea de Marx, que lo humano, lo que nos permite diferenciarnos
nítidamente de cualquier otra especie animal es la capacidad, específica para
éste, de 1) representar el mundo en imágenes, categorías o conceptos; 2) definir
de una manera conciente y voluntaria los propósitos, intenciones u objetivos de
su actividad; 3) orientar esta actividad con base en dicha definición de
propósitos, intenciones u objetivos; 4) evaluar críticamente tanto la actividad
orientada como los resultados de la misma, de modo que pueda aceptarse o
rechazarse tanto la actividad como sus resultados y plantear las posibles y
deseables correcciones y, 5) que estas cuatro características se enmarcan dentro
(y solo dentro) de las relaciones sociales de producción, tanto material como
espiritual del ser humano.
En segundo lugar es preciso destacar
el hecho de que lo que se ha venido expresando antes puede ser expuesto de la
siguiente manera, y aquí también seguimos a Marx y lo que desarrolla de una
manera bastante detallada y profunda en sus Manuscritos Económico Filosóficos
de 1844; lo que hemos descrito en las cinco características del párrafo
anterior puede ser definido como la determinación de un conjunto de
valores que permiten orientar a todos y cada uno de los miembros de una
colectividad su actividad y sus relaciones subjetivas intersubjetivas y
objetivas.
A la determinación social y colectiva
de los valores a los cuales se aspira a llegar y que conforman un marco de
referencia para la actividad y las diversas acciones que despliega el ser
humano les denominaremos valores éticos. En este caso consideramos,
por ejemplo, como valores éticos insoslayables para nuestra situación, el velar
por el ejercicio pleno y la defensa de los Derechos Fundamentales del
Hombre, el ejercicio pleno y la defensa de la dignidad del mismo así
como los principio elementales del respeto a la libertad y la
condición de ser humano inalienable para cualquier miembro de nuestra
especie, sin distinción alguna, debida ésta a cualquier diferencia, sea
lingüística, física, intelectual, étnica, religiosa u otra.
Ahora bien, el comportamiento
específico de cada uno de los miembros de alguna colectividad puede contravenir
o no a esta serie de valores éticos o, en sentido inverso, puede responder a
éstos de manera concordante; ante ello cualquier miembro de la colectividad o
ésta misma o, mejor aún, el sujeto mismo de la actividad, permanentemente
valoran sus actos y emiten juicios morales respecto a este punto, juicios que no
tiene por sí mismo una sanción jurídica o penal y que no pueden, por principio,
atentar contra los valores éticos que sirven de parámetro de la acción, pero que
contienen una sanción moral, psicológica y que se proponen promover la reflexión
y la autovaloración en aras de enmendar esta serie de comportamientos asumiendo
la plena responsabilidad de sus actos de modo que no se atribuya esta última,
como antes expresamos, a fuerzas ajenas al mismo ser humano. Finalmente,
asumimos que el ser humano y sus actos son responsabilidad única y exclusiva del
mismo ser humano. Que, como Amado Nervo decía en su poema En Paz, uno
mismo es el arquitecto de su propio destino... En consecuencia, uno mismo debe
asumir la responsabilidad de sus actos y responder ante la colectividad de
pertenencia por los mismos.
Tenemos hasta este momento que la
determinación de los valores sociales y su definición como aspectos deseables y
orientadores de la actividad de los seres humanos nos acercan a las cuestiones
éticas y morales que no pueden omitirse en la reflexión del desarrollo de una
estructura política, democrática, revolucionaria y de izquierda. Por lo tanto,
tampoco puede ser divorciada la práctica política, como una de las expresiones
más desarrollada de la actividad humana, de las cuestiones o valoraciones éticas
y morales. Política, ética y moral conforman una tríada que debe sustentar los
principios de acción de nuestro Partido, de otra manera navegaremos por las
corrientes de la claudicación, de la traición, la justificación de los equívocos
y la automplacencia personal. Nos alejaremos de las metas a las cuales aspiramos
a alcanzar...
Por otro lado, las estructuras
sociales se han dado, en el curso de su historia, una serie de normas de
carácter jurídico-normativo que regulan las relaciones que se establecen entre
los individuos en el marco de un Estado, una organización o un partido, como el
nuestro; esta serie de normas jurídicas establecen sanciones, ya no de carácter
moral o psicológico, sino penal o coercitivas, para quienes violan las reglas de
convivencia, de modo que pueda ser mantenido, como estable, dicho estado de
cosas o relaciones.
Con base en lo expuesto, resulta
entonces necesario deslindar el tipo de juicio que puede ser emitido ante el
tipo de comportamiento y su sujeción o no a los valores ético-morales o a las
normas jurídicas; por un lado, tenemos el juicio moral ante la separación del
comportamiento de ciertos individuos y los valores definidos como deseables en
sentido ético-moral y, por el otro, el juicio normativo, punible y jurídico,
ante la violación a las normas jurídicas y legales con base en las cuales se
propone regular el conjunto de actos y relaciones entre los miembros de la
colectividad en cuestión.
Si antes hablábamos de una tríada,
ahora parece necesario considerar cuatro elementos indisolubles en nuestra
acción práctica: ética, moral, norma jurídica y actividad política del sujeto de
la misma. Al margen de estas cuatro cuestiones navegaremos bajo el destino
incierto y azaroso...
Por definición, la acción política es
la actividad organizada y determinada intencionalmente para alcanzar los fines
de convivencia social sustentados en un conjunto de principios y valores
sociales. Pero no solo los fines están determinados de tal manera; también la
acción política a través de la cual se pretende alcanzar dichos valores se
encuentra determinada por tales valores. Estos últimos no únicamente justifican
la pertinencia de los mismos como metas deseables a alcanzar, sino también la
justeza de la determinación de los medios que nuestra acción práctica y política
pretende emplear para alcanzar los fines que se determinan como meta; dicho de
otra manera, nuestra acción política debe sujetarse a los valores y normas
acordadas por la colectividad.
El concepto de acción política
considera de la misma manera las relaciones que se establecen entre los miembros
de la colectividad, pues éstas se determinan por los valores definidos como
objetivos y por los principios que guían los actos políticos, por tal razón es
prudente considerar que las relaciones entre los miembros de la colectividad no
escapan a estas cuestiones ni a su sujeción a las normas y valores que dan
sentido a a nuestro partido y a nuestra actividad práctica y teórica.
Como podemos comprender, las
relaciones entre ética, moral, conciencia y actividad humana son indisolubles no
únicamente en un sentido teórico sino, sobretodo, en un sentido práctico. más
allá de cualquier discusión teórica al respecto, lo que importa es la acción
práctica, y aquí recordamos la Tesis 11 de Marx sobre Feuerbach, «Lo
que han hecho hasta ahora los filósofos es interpretar de diversos modos el
mundo, pero ya por anticipado, de lo que se trata es de transformarlo»
A MODO DE CONCLUSIÓN. No pretendemos,
de ninguna manera, dar por terminado el punto de reflexión; tampoco nos
proponemos decir que lo aquí expresado, por tener algunas citas de Marx, es lo
último y lo único válido; tan solo aspiramos a provocar en los camaradas que
lean estas reflexiones el deseo y la intención de analizar, reflexionar y
plantear, en caso de así considerarlo, sus reflexiones e ideas al respecto.
Estas ideas nos parecen un punto de
partida para invitar a que escriban y desarrollen sus ideas y no solo aspiren a
repetir manuales y dogmas que muchas veces pasan incomprendidos a pesar de la
validez de sus argumentos.
Nuestro Partido requiere que se
generalice la escritura como instrumento de comunicación y transmisión de
experiencias; si estas notas parecen seducir la acción orientada hacia el
rompimiento de la distancia y el silencio, habremos logrado un éxito
político.