SOBRE LA MORAL REVOLUCIONARIA
Para realizar un estudio de la moral al interior del movimiento
revolucionario, debemos hacerlo, no desde una idea preconcebida producto de una
visión dogmática, sino realizarlo en un examen concreto de su realidad histórica
y posteriormente someterlo a una crítica científica.
El marxismo-leninismo al fundamentar la necesidad del
socialismo, no como una exigencia moral sino en su conocimiento científico de la
realidad y de las leyes de su desarrollo (Roger Garaudy ¿Que es la moral
marxista?), nos proporciona la herramienta necesaria para ello, al someter a una
crítica y autocrítica el proceso revolucionario en nuestro país, las diferentes
etapas por las que ha pasado y como se ha ventilado al interior el problema de
la moral.
El aspecto fundamental en la moral revolucionaria lo constituye
el hombre, como creador de historia y como transformador de la realidad. He aquí
donde el aspecto práctico de la transformación revolucionaria de la sociedad
adquiere importancia. Es en el terreno de la práctica donde se construye la
moral revolucionaria. Una moral de clase que participa en la lucha del
proletariado, cuyo objetivo fundamental debe ser la supresión del sistema
capitalista de explotación y por ende la liberación de las demás clases
sociales.
La moral revolucionaria reviste en su esencia un carácter
diferente de la moral burguesa. Esta última encuentra su justificación, como
ideología, en la economía política, complementada con la moral religiosa que
encuentra su justificación en la “divina providencia”, es decir, la existencia
de una predestinación en las realidades que cada una de las clases enfrenta.
En las relaciones sociales de la sociedad capitalista, basada
en la propiedad privada de los medios de producción, condición inherente para su
existencia, el principio fundamental es el individualismo. Característica que ha
matizado aún más la teoría del liberalismo, al señalar la gama de oportunidades
y necesidades de cada individuo para encontrar su realización en la sociedad
capitalista.
El individualismo, al ser interiorizado se constituye en una
forma de conciencia y de conducta de los hombres, constituyéndose así en un
elemento necesario para el mantenimiento del sistema capitalista.
Frente a esta concepción, la moral proletaria, revolucionara
debe de corresponder a la realidad que se enfrenta, a la situación que guarda la
clase proletaria en la sociedad capitalista en cuanto clase privada de los
medios de producción.
La moral se construye en la vida y práctica revolucionaria
luchando contra toda infiltración de la
ideología y de la moral burguesa en la conciencia revolucionaria, contra los
vicios y prácticas deshonestas y por otorgarle a la crítica y la autocrítica la
dimensión que merece como condición de desarrollo.
La práctica diaria en el quehacer revolucionario debe
corresponder, no con lo establecido en códigos morales o en el entendimiento
teórico de estos, sino en la actitud que frente a la vida y frente al enemigo se
asume; en el trabajo de construcción; en
la camaradería y solidaridad con los compañeros; en la honradez y honestidad; en
la exaltación del compañerismo y la compartimentación; en el constante esfuerzo
por cumplir con las tareas revolucionarias; en la disciplina que la lucha
requiere, y sobretodo llevarlo a la práctica y no dejarlo sólo en “buenos
propósitos”, todo ello como condición para la transformación revolucionaria de
la sociedad, lo cual constituye un aspecto de importancia para la adquisición y
práctica de una moral revolucionaria
Por supuesto, lo anterior no tienen nada que ver con el
“optimismo de superación” tantas veces pregonado en la ideología burguesa y que
guarda estrecha relación con el individualismo, contribuyendo a una conciencia
de mejoramiento de las cosas, por parte del individuo, ocultando la existencia
de una lucha de clases.
El esfuerzo debe consistir en la expulsión de prácticas y
actitudes erróneas, privilegiando la relación humana y la relación política
entre nosotros, para contribuir al desarrollo de las tareas partidarias.
Asumiendo las responsabilidades al interior de nuestro partido y nuestro
ejército y contribuyendo al desarrollo del proceso revolucionario.
Por ello, el desarrollo de la vida revolucionaria debe permitir
la existencia de principios y normas morales l interior del movimiento
revolucionario desarrollados a lo largo del accionar y en la construcción diaria
del partido y el ejército del pueblo.
