DOCUMENTO 1.
Al pueblo de México.
A los pueblos del mundo.
El PARTIDO DEMOCRATICO POPULAR REVOLUCIONARIO - EJERCITO
POPULAR REVOLUCIONARIO - TENDENCIA DEMOCRATICA REVOLUCIONARIA es un agrupamiento
constituido inicialmente como corriente temporal e inorgánica al interior del
PDPR-EPR. Dicho agrupamiento surgió en el marco y en la parte final de un
conflicto de valores políticos e ideológicos y de una lucha de posiciones
interna que, lamentablemente, derivó en la ruptura y fragmentación múltiple del
original proyecto.
El origen del conflicto y de la posterior lucha de posiciones
se encuentra en la reflexión ética, filosófica y estratégica, así como en la
discusión política que diversos acontecimientos nacionales e internacionales -
de fines de los 80 y principios de los 90 - produjeron en nuestro partido.
El resultado de esta reflexión y discusión interna desembocó en
la readecuación de los documentos programáticos y de Línea política, sostenidos
por el partido hasta antes de 1994, así como en la modificación de la dinámica
interna que condujo, con base en el análisis de la presente fase y coyuntura
histórica, al surgimiento del EPR y a la propia reconstitución del partido.
Dicho proceso fue desarrollado con base en la consulta, aunque en una
insuficiente discusión al seno de la militancia.
No obstante, por limitada que haya sido la consulta, dimos
inicio a una democratización interna orientada a la realización de un Congreso
que, de haberse realizado, hubiese sido el primero en casi tres décadas de
existencia como agrupamiento revolucionario. En dicho Congreso se pretendía
concluir la discusión en torno al programa y a la Línea política, y elegir o
ratificar la dirección del partido, sin hacer a un lado o renunciar a la
centralización, la clandestinidad y la disciplina como condiciones de
sobrevivencia que exige la lucha político-militar, ni a la realización del
proyecto de emancipación socialista.
Después de la masacre de Aguas Blancas y en el marco de las
tácticas - de autodefensa y propaganda armada revolucionaria - activadas en
respuesta a dicha masacre, la readecuación del programa y de la Línea abrió la
posibilidad a la realización de un análisis interno y, al mismo tiempo, de un
balance histórico - crítico y autocrítico - el cual puso de manifiesto que el
origen de nuestras deficiencias y limitaciones se encontraba, principalmente, en
nuestras formas doctrinarias y dogmáticas de haber asumido la teoría
revolucionaria, en nuestra intolerancia frente a posturas o formas de lucha
distintas a la nuestra, en nuestra incapacidad para actualizar en más de 20 años
la crítica de la economía política capitalista (salvo el aporte dado en 1985 por
uno de los agrupamientos que se sumaron al proceso), en nuestra incapacidad para
suprimir el vínculo de dominio-subordinación (dentro y fuera de nuestras filas)
e impulsar - con base en una nueva ética, una nueva moral y una nueva ideología
- una relación social cualitativamente distinta, así como una verdadera
democracia al interior del partido.
Lo anterior puso en claro que las ideas de "partido homogéneo"
y "dirección infalible" que se habían sostenido desde el origen del partido
carecían de sustento, y que al interior del partido y de la dirección existían
acentuadas diferencias sobre la teoría de la revolución, así como sobre la
historia misma de nuestro proceso.
Este primer ejercicio autocrítico iniciado en el nivel de
dirección y requerido por la militancia crítica transparentó nuestro proceso
histórico y nos obligó a reconocer los errores y deficiencias que limitaban
nuestro desarrollo como proyecto revolucionario. Pero no todos aprobaron ni
compartieron las conclusiones de este ejercicio y algunos otros no supieron
captar su contenido ético. De este hecho derivó la contradicción principal que
habría de conducir a la ruptura ideológica y fragmentación orgánica partidaria.
Dicha contradicción se agudizó frente a los primeros desprendimientos que, como
resultado de la crisis, se fueron produciendo, así como frente a los intentos
coercitivos por resolverla.
Desde nuestra óptica, el conflicto de valores políticos e
ideológicos y la lucha de posiciones fue activada por la búsqueda de respuestas
y soluciones a problemas políticos reales. Fue una lucha sustentada en distintas
valoraciones éticas, políticas y estratégicas con respecto del pasado, del
presente y del desarrollo posible de la lucha revolucionaria; lucha de
posiciones que dio lugar a distintas corrientes de opinión al interior del
partido, cada una de las cuales trató de resolver la crisis e impulsar el
desarrollo del proyecto revolucionario, sólo que desde perspectivas diferentes.
Destacando en todo este proceso una fuerte incapacidad para discutir de manera
racional y fraterna nuestras diferencias políticas.
Como resultado de esta lucha de posiciones, una de las
corrientes internas accedió a la dirección provisional del partido, aplazando
indefinidamente la realización del Congreso, pretendiendo revertir la
readecuación programática y de Línea Política y poner término con medidas
coercitivas a la crisis interna. Frente a esta situación algunos grupos de
compañeros decidieron renunciar, otros fueron expulsados, dando lugar unos y
otros a nuevos agrupamientos revolucionarios.
En lo que a nosotros toca, la falta de respuesta positiva de la
dirección provisional a nuestras propuestas de solución a la crisis o de
establecimiento de nuevos acuerdos, decidió una modalidad de ruptura y
fragmentación distinta a las renuncias y expulsiones: la escisión del PDPR-EPR
en dos agrupamientos distintos e independientes uno del otro. De este modo, la
Tendencia Democrática Revolucionaria (TDR) dejó de ser una corriente temporal e
inorgánica - al interior del PDPR - para constituirse, por sí misma, en un nuevo
agrupamiento partidario: el PDPR-EPR–TDR por medio de su Primer Congreso
Constitutivo con el cual concluimos, específicamente, el proceso de análisis y
reflexión, crítico y autocrítico, que dio lugar al proyecto original hoy
fragmentado.
Sin embargo, la ruptura y fragmentación partidaria no puso
término a las diferencias. Estas deben dirimirse ahora en el terreno de la
discusión política, honrando el compromiso explícito de conjurar una
confrontación estéril entre revolucionarios. Para ello, es necesario asumir de
modo autocrítico el proceso que nos fragmentó y asumir las responsabilidades que
a cada cual correspondan. Sólo de esta manera podremos fundar una praxis
política distinta y evitar que hechos como éste se repitan.
Hoy más que nunca, los distintos agrupamientos provenientes del
PDPR-EPR estamos obligados a orientar nuestra acción política contra la
hegemonía y la dominación que ejerce la fracción industrial y financiera que -
haciendo pasar como suyo el deseo de cambio del pueblo mexicano – ha ocupado la
posición central de gobierno y de poder. Es decir, estamos obligados a golpear
juntos, pese a marchar de manera separada. Sólo ello posibilitará contribuir a
la unidad futura del movimiento democrático, popular, revolucionario y, en estos
momentos, contribuir a detener y desarticular la doble estrategia del poder
imperialista: el Neoliberalismo y la Guerra de baja intensidad.
Fraternalmente:
¡CONTRA EL NEOLIBERALISMO, EL PODER POPULAR!
PARTIDO DEMOCRÁTICO POPULAR REVOLUCIONARIO.
EJERCITO POPULAR REVOLUCIONARIO
TENDENCIA DEMOCRATICA REVOLUCIONARIA
(PDPRP-EPR-TDR)
Noviembre de 2000.
Resolutivo del Primer Congreso.