"26 Aniversario de la caída en combate del Comandante Lucio Cabañas Barrientos".

 

DOCUMENTO 1.

Al pueblo de México.

A los pueblos del mundo.

El PARTIDO DEMOCRATICO POPULAR REVOLUCIONARIO - EJERCITO POPULAR REVOLUCIONARIO - TENDENCIA DEMOCRATICA REVOLUCIONARIA es un agrupamiento constituido inicialmente como corriente temporal e inorgánica al interior del PDPR-EPR. Dicho agrupamiento surgió en el marco y en la parte final de un conflicto de valores políticos e ideológicos y de una lucha de posiciones interna que, lamentablemente, derivó en la ruptura y fragmentación múltiple del original proyecto.

El origen del conflicto y de la posterior lucha de posiciones se encuentra en la reflexión ética, filosófica y estratégica, así como en la discusión política que diversos acontecimientos nacionales e internacionales - de fines de los 80 y principios de los 90 - produjeron en nuestro partido.

El resultado de esta reflexión y discusión interna desembocó en la readecuación de los documentos programáticos y de Línea política, sostenidos por el partido hasta antes de 1994, así como en la modificación de la dinámica interna que condujo, con base en el análisis de la presente fase y coyuntura histórica, al surgimiento del EPR y a la propia reconstitución del partido. Dicho proceso fue desarrollado con base en la consulta, aunque en una insuficiente discusión al seno de la militancia.

No obstante, por limitada que haya sido la consulta, dimos inicio a una democratización interna orientada a la realización de un Congreso que, de haberse realizado, hubiese sido el primero en casi tres décadas de existencia como agrupamiento revolucionario. En dicho Congreso se pretendía concluir la discusión en torno al programa y a la Línea política, y elegir o ratificar la dirección del partido, sin hacer a un lado o renunciar a la centralización, la clandestinidad y la disciplina como condiciones de sobrevivencia que exige la lucha político-militar, ni a la realización del proyecto de emancipación socialista.

Después de la masacre de Aguas Blancas y en el marco de las tácticas - de autodefensa y propaganda armada revolucionaria - activadas en respuesta a dicha masacre, la readecuación del programa y de la Línea abrió la posibilidad a la realización de un análisis interno y, al mismo tiempo, de un balance histórico - crítico y autocrítico - el cual puso de manifiesto que el origen de nuestras deficiencias y limitaciones se encontraba, principalmente, en nuestras formas doctrinarias y dogmáticas de haber asumido la teoría revolucionaria, en nuestra intolerancia frente a posturas o formas de lucha distintas a la nuestra, en nuestra incapacidad para actualizar en más de 20 años la crítica de la economía política capitalista (salvo el aporte dado en 1985 por uno de los agrupamientos que se sumaron al proceso), en nuestra incapacidad para suprimir el vínculo de dominio-subordinación (dentro y fuera de nuestras filas) e impulsar - con base en una nueva ética, una nueva moral y una nueva ideología - una relación social cualitativamente distinta, así como una verdadera democracia al interior del partido.

Lo anterior puso en claro que las ideas de "partido homogéneo" y "dirección infalible" que se habían sostenido desde el origen del partido carecían de sustento, y que al interior del partido y de la dirección existían acentuadas diferencias sobre la teoría de la revolución, así como sobre la historia misma de nuestro proceso.

Este primer ejercicio autocrítico iniciado en el nivel de dirección y requerido por la militancia crítica transparentó nuestro proceso histórico y nos obligó a reconocer los errores y deficiencias que limitaban nuestro desarrollo como proyecto revolucionario. Pero no todos aprobaron ni compartieron las conclusiones de este ejercicio y algunos otros no supieron captar su contenido ético. De este hecho derivó la contradicción principal que habría de conducir a la ruptura ideológica y fragmentación orgánica partidaria. Dicha contradicción se agudizó frente a los primeros desprendimientos que, como resultado de la crisis, se fueron produciendo, así como frente a los intentos coercitivos por resolverla.

Desde nuestra óptica, el conflicto de valores políticos e ideológicos y la lucha de posiciones fue activada por la búsqueda de respuestas y soluciones a problemas políticos reales. Fue una lucha sustentada en distintas valoraciones éticas, políticas y estratégicas con respecto del pasado, del presente y del desarrollo posible de la lucha revolucionaria; lucha de posiciones que dio lugar a distintas corrientes de opinión al interior del partido, cada una de las cuales trató de resolver la crisis e impulsar el desarrollo del proyecto revolucionario, sólo que desde perspectivas diferentes. Destacando en todo este proceso una fuerte incapacidad para discutir de manera racional y fraterna nuestras diferencias políticas.

Como resultado de esta lucha de posiciones, una de las corrientes internas accedió a la dirección provisional del partido, aplazando indefinidamente la realización del Congreso, pretendiendo revertir la readecuación programática y de Línea Política y poner término con medidas coercitivas a la crisis interna. Frente a esta situación algunos grupos de compañeros decidieron renunciar, otros fueron expulsados, dando lugar unos y otros a nuevos agrupamientos revolucionarios.

En lo que a nosotros toca, la falta de respuesta positiva de la dirección provisional a nuestras propuestas de solución a la crisis o de establecimiento de nuevos acuerdos, decidió una modalidad de ruptura y fragmentación distinta a las renuncias y expulsiones: la escisión del PDPR-EPR en dos agrupamientos distintos e independientes uno del otro. De este modo, la Tendencia Democrática Revolucionaria (TDR) dejó de ser una corriente temporal e inorgánica - al interior del PDPR - para constituirse, por sí misma, en un nuevo agrupamiento partidario: el PDPR-EPR–TDR por medio de su Primer Congreso Constitutivo con el cual concluimos, específicamente, el proceso de análisis y reflexión, crítico y autocrítico, que dio lugar al proyecto original hoy fragmentado.

Sin embargo, la ruptura y fragmentación partidaria no puso término a las diferencias. Estas deben dirimirse ahora en el terreno de la discusión política, honrando el compromiso explícito de conjurar una confrontación estéril entre revolucionarios. Para ello, es necesario asumir de modo autocrítico el proceso que nos fragmentó y asumir las responsabilidades que a cada cual correspondan. Sólo de esta manera podremos fundar una praxis política distinta y evitar que hechos como éste se repitan.

Hoy más que nunca, los distintos agrupamientos provenientes del PDPR-EPR estamos obligados a orientar nuestra acción política contra la hegemonía y la dominación que ejerce la fracción industrial y financiera que - haciendo pasar como suyo el deseo de cambio del pueblo mexicano – ha ocupado la posición central de gobierno y de poder. Es decir, estamos obligados a golpear juntos, pese a marchar de manera separada. Sólo ello posibilitará contribuir a la unidad futura del movimiento democrático, popular, revolucionario y, en estos momentos, contribuir a detener y desarticular la doble estrategia del poder imperialista: el Neoliberalismo y la Guerra de baja intensidad.

 

Fraternalmente:

 

¡CONTRA EL NEOLIBERALISMO, EL PODER POPULAR!

PARTIDO DEMOCRÁTICO POPULAR REVOLUCIONARIO.

EJERCITO POPULAR REVOLUCIONARIO

TENDENCIA DEMOCRATICA REVOLUCIONARIA

(PDPRP-EPR-TDR)

 

Noviembre de 2000.

Resolutivo del Primer Congreso.

 

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