Compañeras, compañeros:
Cuanto más necesario, cuanto más deseable es el proyecto de
emancipación socialista, en México y el mundo, tanto más compleja, tanto más
difícil, se torna la revolución que lo haga posible.
A primera vista, pareciera que el siglo que termina es de
desaliento. El capitalismo que habíamos considerado agonizante se ha
reestructurado bajo el impulso del desarrollo tecnológico, globalizando y
polarizando, al mismo tiempo, a la sociedad humana.
Guerras imperialistas, revoluciones socialistas, guerras de
liberación nacional, guerras religiosas, guerras interétnicas, han dejado su
huella en los pueblos y naciones del mundo. Pero, será el derrumbe del
denominado socialismo real el acontecimiento que marque definitivamente a este
siglo.
Sin embargo, lejos de constituir este hecho el fin de la
historia, de las ideologías o de la utopía socialista, constituye una lección de
la que habremos de extraer valiosas enseñanzas para hacer posible, para hacer
real, el sueño de millones de seres humanos: la construcción de una sociedad
verdaderamente humanizada.
La clave para ello se encuentra, ahora como antes, en la acción
revolucionaria. Fuera de ella no existen recetas o esquemas de validez
universal. El camino se hace en la marcha, las estrategias están por delinearse
y no son un problema particular de ningún grupo de iluminados o de pretendidas
vanguardias, sino un problema de todo el pueblo.
Hoy nos encontramos aquí, para rendir homenaje al Comandante
Lucio Cabañas Barrientos en el 26 Aniversario de su caída en combate por la
democracia y el socialismo en nuestra patria. Y decidimos reiniciar nuestra
marcha precisamente aquí porque las montañas y el pueblo guerrerenses han sido
históricamente un bastión de la lucha del pueblo mexicano. Porque aún están
presentes en nuestra mente y nuestro corazón la masacre del 18 de mayo de 1967,
nuestros combatientes caídos, nuestros desaparecidos, nuestros torturados y, más
recientemente, las masacres de Aguas Blancas y del Charco, así como las masacres
perpetradas contra nuestros hermanos indígenas zapatistas en Acteal y el
Bosque.
Decidimos reiniciar nuestra marcha aquí para cobrar nuevos
alientos en la lucha contra la hegemonía y la dominación del gran capital,
porque las montañas y el pueblo guerrerenses, además de constituir un bastión de
lucha, constituyen un santuario de dignidad, de rebeldía y de esperanza, pues
pese a toda la represión de que ha sido víctima, el pueblo de Guerrero se
encuentra en pie de lucha.
¡Honor y Gloria eterna al Comandante
guerrillero