| EL APRISMO Y LA SUPERACIÓN DEL MARXISMO | |
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En su último libro, titulado «Modernidad y Política en el siglo XXI», el dirigente aprista Alan García, defiende la conocida tesis de que el marxismo ha sido superado por las teorías de Haya de la Torre. Sostiene que, como consecuencia del desarrollo de las ciencias, especialmente de la física, tal «superación» se ha producido dos veces. La primera tendría como fundamento la teoría de la relatividad de Einstein, y la segunda sería producto del descubrimiento de la energía nuclear y el invento de la bomba atómica. Sería esta última la superación definitiva porque como resultado de ella, el marxismo “entró en su etapa terminal”, comenzó su agonía y finalmente murió junto con la Unión Soviética y el campo socialista. Este final del marxismo, sería, según Alan García, una confirmación de que el aprismo como doctrina es una superación del marxismo. Examinemos brevemente esta pretendida superación hayista del marxismo. Comencemos por recordar que la “superación”, en la misma lógica idealista de Hegel, denota destrucción y conservación de una cosa, al mismo tiempo. En la dialéctica materialista la “superación” denota sucesión en el desarrollo, conexión de lo inferior con lo superior y, por tanto, desarrollo. Lo inferior está incluido en lo superior, no lo elimina. Ahora bien, si la filosofía del Apra ha superado al marxismo ¿cómo se ha operado esta sucesión?; ¿qué es lo que ha conservado del marxismo? La verdad es que entre el marxismo y el aprismo no existe ninguna continuidad dialéctica, ninguna conexión de lo inferior (marxismo) y lo que pretende ser superior (aprismo). El Jefe máximo del Apra simplemente declaró “congelado” al marxismo, y para sustituirlo inventó su peregrina teoría del “espacio tiempo histórico”, haciendo una burda aplicación de la ley de la relatividad física, descubierta por Einstein, a la sociedad y la historia. De este burdo relativismo desprendió tesis realmente disparatadas como las siguientes: el marxismo nacido en Europa solo puede tener vigencia y aplicación en ese continente. El imperialismo es la última etapa del capitalismo en Europa, pero en América es la primera. El imperialismo es ambivalente. No hay lucha de clases... etc. Para fundamentar sus dos negaciones del marxismo, Haya de la Torre, hizo uso de una vulgar mentira, afirmando que el marxismo tiene como fundamento científico y es producto de la física de Newton, en la cual el espacio y el tiempo son absolutos e independientes el uno del otro. Al haber surgido la física de Einstein que continúa y supera la física newtoniana, el marxismo también debe ser superado, afirma Haya. Esa superación es creación de él y tiene como nombre “espacio tiempo histórico”. Así, como resultado de este truco, Newton y Marx quedan relegados al pasado y quedan “congelados“, mientras que Einstein y Haya representan lo nuevo, la”superación” de sus antecesores. No es cierto que el surgimiento del marxismo tenga relación con la física de Newton. Son tres los descubrimientos científicos que tuvieron influencia decisiva en el nacimiento de la dialéctica materialista (filosofía del marxismo): el descubrimiento de la célula animal y vegetal, la ley de la transformación de la energía y el descubrimiento de la evolución de las especies por Darwin. Estos tres descubrimiento, generalizados por la filosofía, llevaron a la conclusión de que las leyes dialécticas rigen en el mundo objetivo. «Ahora - dice Engels- ya no se trata de sacar de la cabeza la concatenación de las cosas, sino de descubrirlas en los mismos hechos. A la filosofía desahuciada de la naturaleza y de la historia no le queda mas refugio que el reino del pensamiento puro, en lo que aún queda en pie de él: la teoría de las leyes del mismo proceso de pensar, la lógica y la dialéctica”. La superación dialéctica se produce como una manifestación y realización objetiva de la ley de la negación de la negación. Es un momento necesario del desarrollo y condición del cambio de las cosas. De aquí que afirmar que la doctrina filosófica del Apra es una negación y superación del marxismo equivalga a sostener que la doctrina de Haya es producto del desarrollo de la doctrina de Marx. Pero resulta que la negación hayista del marxismo es una simple impugnación y rechazo por considerarlo anticuado y, además, por pertenecer a otro “espacio tiempo histórico”, Se trata de una negación metafísica, del todo ajena a la ley de la “negación de la negación”. “Negar, en dialéctica, no consiste lisa y llanamente en decir no, en declarar que una cosa no existe, o en destruirla caprichosamente”, dice Engels, y agrega algo que jamás comprendieron Haya y sus seguidores: «La primera negación ha de ser, pues, de tal naturaleza que haga posible o permita que siga siendo posible la segunda. Se trata de negaciones que engendran un proceso de desarrollo. La “negación” hayista del marxismo se encuentra al margen del proceso de desarrollo del pensamiento de Marx. Es un simple No al marxismo. Un no absurdo y reaccionario, muy aplaudido por la reacción y el imperialismo. Haya «negó» dos veces el marxismo porque la primera, de la cual nació su «espacio tiempo histórico», resultó un embuste que nadie tomó en serio, una perogrullada: todo acontecer histórico y las mismas cosas, corresponden a un lugar y momento determinado. Pero esta verdad de Perogrullo quedó embrollada cuando Haya, ubicándose en las posiciones del relativismo filosófico, defendió el absurdo de que la verdad depende del observador, negando de este modo la verdad objetiva , cuya existencia no depende de la voluntad ni de los deseos de las personas. La realidad peruana es una, se le observe desde Europa, Asia, Africa o el mismo Perú. Esta verdad elemental es negada por los defensores del espacio tiempo histórico hayista. LA TEORIA DE LA «MODERNIZACION» Hablar de «modernidad» y «modernización» está de moda, pese a que la teoría de Lipset ya no es moderna. Alan García la hace suya y considera que «debe ser la Bandera de la Política y de la Juventud». Toda la argumentación de esta teoría está dirigida a fundamentar teóricamente las formas de dar solución al conflicto entre el capital y el trabajo, para favorecer al capital. El creador de esta teoría emplea el término «modernización» para referirse a todo cambio; pero en forma tan general, nebulosa e indefinida que al final termina en un simple esquema: todas las sociedades se dividen en dos tipos: «sociedades tradicionales» y «sociedades modernas» o «contemporáneas» Para Lipset, una sociedad «contemporánea», «moderna» es la sociedad capitalista, de la cual hace toda una apología. La teoría de la «modernización» reconoce el cambio, pero al mismo tiempo argumenta en favor de conservar el statu quo de lo político, social y económico de la sociedad capitalista. Es, en esencia, una más de tantas teoría anticomunistas que el imperialismo manda que sus ideólogos elaboren. Solo se reconoce el cambio y el progreso de la técnica, pero se niega categóricamente la necesidad de los cambios verdaderos del sistema económico social capitalista. La defensa del sistema capitalista, por el creador de la teoría de «modernización» es franca: «Existen varias pruebas directas -dice Lipset- de que la modernización tiene como resultado la actitud positiva de los obreros hacia la situación que tienen». Sin embargo, el padre de la «modernización» no presenta una sola prueba para sustentar su afirmación. Si alguien dudara del carácter burgués procapitalista de la teoría de la «modernización», debería reflexionar sobre las siguientes palabras de Lipset: “El autor observa- dice de sí mismo Lipset- que los obreros ven en los efectos de las innovaciones tecnológicas una cosa buena, que las relacionan con el aumento de su ocupación, con mayores posibilidades para la movilidad social y para el aumento de los salarios” Lo que persigue la teoría de la “modernización”, es crear, entre los trabajadores, ilusiones sobre la revolución científico-técnica, como factor determinante de la eliminación automática de los antagonismo sociales y la consiguiente justicia social y paz social, sin necesidad de un cambio revolucionario de la sociedad capitalista. De este modo, la teoría de la “modernización”, surge como un intento más de refutar el socialismo científico y desarmar ideológicamente a la clase obrera y subordinarla a la ideología de la burguesía que, por naturaleza de clase, es reaccionaria, antiproletaria y anticomunista. Como todas las teoría que se ha inventado para refutar el marxismo-leninismo, la teoría de la “modernización” es un producto de la profunda crisis política, económica, social e ideológica del sistema capitalista contemporáneo. Proponerle a la Juventud esta teoría como “bandera política” es un verdadero despropósito, por decir lo menos. El imperialismo utiliza la actual revolución científico técnica para estabilizar su economía y consolidarse políticamente, con el fin de extraer ganancias máximas explotando a la clase obrera y todos los pueblos del mundo, pero en forma especial a las masas trabajadoras de los países del denominado “tercer mundo” La teoría de la “modernización” es un instrumento ideológico destinado a cumplir estos objetivos de las transnacionales y las multinacionales que tienen el control y dominio del mundo. Sin embargo, no es la única teoría. Periódicamente surgen nuevas para sustituir a las que han envejecido por falsas e inútiles, no obstante que al nacer se les presentó haciendo alharaca como la definitiva refutación del marxismo. Tales «teorías» no duran mucho; se calcula que su vida no pasa de los diez (10) años. Este fue el destino de teorías como la teoría de la “desideologización”, de la “era tecnotrónica”, de “la sociedad post industrial” y otras. El revisionismo contemporáneo ha hecho suya la teoría del «socialismo democrático» según la cual es posible superar la sociedad capitalista y sus defectos, sin cambiar su estructura económica De aquí provienen sus sueños de conquistar una «nueva república», solidaria y con justicia social, sustituyendo la teoría marxista de la lucha de clases por la teoría burguesa del progreso social y la «solidaridad». En su afán de «superar» al marxismo, el autor de «Modernidad y Política en el siglo XXI», ha inventado un nuevo modo de producción: «el modo de producción global». El resultado de este invento es una burda distorsión de una conocida categoría del materialismo histórico, teoría científica que define el modo de producción como “el modo históricamente condicionado de obtener los medios de subsistencia (alimento, vestido, vivienda, instrumentos de producción, etc.), indispensables para poder vivir y desarrollarse». Todo modo de producción tiene dos aspectos inseparables: las fuerzas productivas y las relaciones de producción, siendo las primeras el factor más dinámico .Cuando su desarrollo llega a un punto determinado entran en contradicción con las relaciones de producción. De esta contradicción, que se manifiesta a través de la lucha de clases, surge finalmente un nuevo modo de producción. Desde la aparición de la sociedad humana se han sucedido los siguientes modos de producción: el comunismo primitivo, el esclavismo, el feudalismo y el capitalismo. Pese al derrumbe del campo socialista, hoy vivimos una época de advenimiento del socialismo, como primera etapa del modo de producción comunista. Alan García define su “modo de producción global” como “un nuevo Modo de Producción en el que la relación- capital trabajo no se da al interior de un centro fabril, básico o de una economía nacional, sino en el que la articulación como red de múltiples etapas de producción y centros productivos sin fronteras se logra a través de la información”. De esta peregrina tesis, resulta que las relaciones de producción del régimen capitalista han cambiado, porque los obreros ya no están concentrados en un centro fabril básico, sino dispersados en una red de fábricas pequeñas que se vinculan a través de la información. Además el «modo de producción global - según el mismo Alan García- a diferencia del capitalismo de los siglos XIX y XX, no tiene como energía motriz esencial ni al vapor ni al petróleo del viejo industrialismo, sino a la Información, a su transmisión y a su procesamiento». Esta es un repetición de las tesis escritas en l934 por Lewis Munford, en su obra Técnica y Civilización, recogidas posteriormente por Jules Moch en su libro titulado Confrontaciones. La idea básica de estos libros es que el progreso técnico es el motor de la historia y, por consiguiente, la lucha de clases pierde su razón de ser, no tiene objeto. La doctrina de Jules -Moch distingue dos períodos en el régimen capitalista. Dice que el primero ha sido analizado por Marx y el segundo ha comenzado a dibujarse. La diferencia entre los dos - afirma- está en la clase de energía que ponen en acción. El primer período utilizó la máquina de vapor, cuyas principales consecuencias son la concentración industrial, el crecimiento del proletariado y la lucha de clases. El segundo período -dice Moch- está dominado por el empleo del motor eléctrico, cuyas consecuencias son simétricamente opuestas a las del período anterior: desconcentración industrial, decrecimiento del proletariado y extinción de la lucha de clases. Alan García ha cambiado de nombre al segundo período del capitalismo de Moch y le ha puesto el nombre de “modo de producción global”, con algunos agregados; pero repitiendo lo fundamental: el progreso técnico es el motor de la historia. Esta es una antigualla de los tiempos de Kautsky, quien falsificando la tesis marxista sobre el “modo de producción” como elemento fundamental del desarrollo histórico, defendía la teoría según la cual “las fuerzas productivas” - que solo son una parte del modo de producción- conducirían automáticamente a un nuevo modo de producción. Con semejante teoría quedaron escamoteadas las relaciones de producción, igual que con la teoría de Alan García y su “modo de producción global”. En este sui generis “modo de producción”, las relaciones entre el capitalista y el obrero son las mismas que contraen estas clases en el régimen capitalista, hoy globalizado bajo el bastón de mando del imperialismo norteamericano. Pero esta globalización es la antesala de otra globalización: la globalización socialista. Solo quienes piensan que, con el modo de producción capitalista, ha llegado el fin de la historia pueden negarlo o dudarlo. Refiriéndose a su «modo de producción global» A. García dice: «Es por ello un modo de producción genéticamente diferente en el que las relaciones sociales no dividen como antes a las clases capitalista y obrera por el trabajo no pagado o por la propiedad de los medios físicos de producción al interior de un país , sino en el que las relaciones sociales no tienen fronteras y donde un criterio esencial de división social es la exclusión, vale decir LA AUSENCIA DE EXPLOTACIÓN AL INTERIOR DE UN CENTRO PRODUCTIVO...» Mejor defensa del sistema capitalista con el nombre de “modo de producción global” es difícil concebir. |
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