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LA DIALÉCTICA DEL REVISIONISMO |
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Por: José Sotomayor Pérez Marx en su célebre obra, MISERIA DE LA FILOSOFIA, pone al desnudo las “modificaciones” que Proudhon hace a la dialéctica de Hegel tergiversándola totalmente. En su “Cuarta Observación” Marx dice: ”Para él, para el señor Proudhon, cada categoría económica tiene dos lados, uno bueno y otro malo. Considera las categorías como el pequeño burgués considera a las grandes figuras históricas. Napoleón es un gran hombre; ha hecho mucho bien, pero también ha hecho mucho mal. “El lado bueno y lado malo. La ventaja y el inconveniente, tomados en su conjunto, forman según Proudhon la contradicción inherente a cada categoría económica”. “Problema a resolver: Conservar el lado bueno, eliminando el malo” (1). Esta es la misma “dialéctica” que Jruschov y sus epígonos aplicaron al rol de Stalin en la historia. En su enfoque sobre el papel del sucesor de Lenin reconocieron que hizo algunas cosas positivas, “pero también hizo mucho mal”. Después de usurpar el poder del Estado y el Partido, los jruschovistas se propusieron eliminar el “lado malo” de Stalin que para ellos, era la represión de los contrarrevolucionarios porque la construcción del socialismo debió hacerse “democráticamente”, sin reprimir a nadie puesto que su triunfo estaba asegurado después de la muerte de Lenin. En su Informe Secreto el renegado Nikita dice lo siguiente: “Merece hacer constar el hecho de que en el curso de la violenta lucha ideológica sostenida contra los seguidores de Trostsky, Zinoviev y Bujarin nunca hubo que utilizar medidas extremas de represión; la lucha se basaba en un terreno ideológico. Sin embargo varios años más tarde, cuando el socialismo se había ya estructurado en nuestro país en sus línea esenciales, cuando se había dado por terminada la explotación de las clases sociales, cuando la estructura social había sido cambiada radicalmente, cuando se habían reducido drásticamente las bases sociales de los movimientos y grupos hostiles al Partido, cuando los oponentes ideológicos del mismo habían sido derrotados políticamente, es entonces cuando se inicia la represión violenta”. (2) Según el capitoste del revisionismo, fue precisamente en este período -1935 a 1938- que Stalin impuso la “práctica de la represión en masa” después de “acuñar” el “concepto de “enemigo del pueblo”, haciendo innecesaria “la demostración dialéctica de los errores de un sujeto o grupo de sujetos”. (3) El período histórico de 1935 a 1938, al que se refiere Jruschov, se caracteriza por el ascenso del fascismo y sus preparativos para desencadenar la Segunda Guerra Mundial. En esa etapa la “Quinta Columna” hitleriana penetró profundamente no solo en los países capitalistas de la Europa Occidental, sino también en la misma Unión Soviética, con la complicidad de la oposición trotskista bujarinista, como quedó plenamente probado en los célebres Procesos de Moscú. Pero el renegado Jruschov en su tristemente célebre “Discurso Secreto” afirma lo siguiente: “Stalin acuñó el concepto de “enemigo del pueblo”. La expresión hizo innecesaria la necesidad de demostrar dialécticamente los errores de un sujeto o grupo de sujetos; hizo posible la represión más cruel, la violación de todas las normas de la legalidad revolucionaria y fue dirigida contra todos los que, de un modo o de otro estuvieran en desacuerdo con Stalin, contra todos aquellos de los que solo se sospechaba la intención hostil, contra todos los que gozaran de una fama adversa”. (4) Joseph Davies, embajador norteamericano en la Unión Soviética durante los años en que se llevaron a cabo los procesos de Moscú, ha dejado una obra de enorme importancia que desmiente categóricamente a todos los falsificadores de la historia, calumniadores de la calaña del inefable Nikita, empeñados en presentar las represiones de los contrarrevolucionarios en la URSS como una “violación de todas las normas de la legalidad” o de los que “de un modo u otro estuvieran en desacuerdo con Stalin”. En su conocida obra Misión en Moscú, Davies dice: “Pasando por Chicago, camino hacia mi hogar, a principios del mes de junio (1941), fui solicitado por mi antigua Universidad para hablar en el Club Universitario en combinación con las Sociedades de Wisconsin. Era justamente tres días después de que Hitler había invadido a Rusia. Alguien en la reunión preguntó “¿Qué hay de las quintas columnas en Rusia?”. Inmediatamente respondí: “No existen: sus miembros fueron fusilados”. Y agrega: “No hubo o no se produjo la tan mentada “agresión interna” en Rusia, cooperando con el Alto Comando Germano. La marcha de Hitler sobre Praga en 1939, fue seguida del activo apoyo militar que le prestaron las organizaciones de Henlein en Checoslovaquia. De la misma manera fue invadida Noruega. En la vida interna de Rusia no hubo Henlein Sudetes, Tisos Eslovacos, ni Degrelles Belgas, ni Quislings Noruegos”. (5) En su “Discurso Secreto”, Jruschov, hace la defensa descarada de la Quinta Columna de Hitler y de la “agresión interna” que preparaba en la Unión Soviética. Esta es una prueba de que este difamador de Stalin se infiltró en la Partido Comunista Bolchevique para usurpar el Poder del Estado y el Partido para luego llevar a la práctica el Programa de la oposición trotskista bujarinista de restauración del capitalismo en la URSS con apoyo del nazifascismo. El XX Congreso del PCUS dio inicio a este proceso que culminó con la desaparición de la Unión Soviética y el Campo Socialista. Ese Congreso, sin embargo, fue considerado por todos los Partidos comunistas revisionistas, seguidores incondicionales del PCUS, como un acontecimiento “de valor histórico universal” y condenó a todos los comunistas que se mantuvieron leales al marxismo leninismo y a la Unión Soviética de Lenin y Stalin. Los procesos de Moscú revelaron hasta qué punto los servicios de espionaje de la Alemania nazi y el Japón militarista habían penetrado en la Unión Soviética, planeando su “agresión interna” en la guerra que preparaban contra el primer país socialista. Jruschov oculta esta conspiración criminal y defiende a los conjurados presentándolos como inocentes víctimas de la vesania de Stalin. Por eso, su “Discurso secreto”, lo desenmascara como un típico infiltrado en el seno del Partido Comunista bolchevique que supo ocultarse astutamente durante largo tiempo. Fue a esta calaña de “comunistas” que Stalin se refirió en su Informe ante el Pleno del Partido Comunista Bolchevique de los días 3 al 5 de marzo de 1937. En ese Informe Stalin dijo: “Pero en que consiste la fuerza de los saboteadores actuales, de los trotskistas? Su fuerza está en el carné del Partido, en que tienen el carné del Partido. Su fuerza está en que el carné del Partido les otorga la confianza política y les abre las puertas de todos nuestros establecimientos y organizaciones. Su ventaja consiste en que, poseyendo el carné del Partido y haciéndose pasar por amigos del Poder Soviético, han engañado a nuestra gente políticamente, han abusado de la confianza, han saboteado a escondidas y han descubierto nuestros secretos de Estado a los enemigos de la Unión Soviética”. ( 6) Jruschov y su banda utilizaron hábilmente el carné del Partido para hacer carrera; pero además se convirtieron en unos viles adulones de Stalin para ganarse su confianza. Fueron ellos los que practicaron el “culto a la personalidad”, pese al rechazo enérgico de Stalin a esa manía lacayuna de burócratas que tenían, desde un principio, propósitos ocultos. Faltando poco para la muerte del gran sucesor de Lenin, Jruschov en su discurso ante el XIX Congreso del Partido Comunista Bolchevique, realizado en octubre de 1952 dijo: “Viva el sabio Jefe del Partido y del Pueblo, el inspirador y organizador de todas nuestras victorias, el camarada Stalin.” El cínico Nikita acusa a Stalin de haber ordenado las ejecuciones en masa, cuando la edificación del socialismo estaba terminada; pero es sabido que durante los años de 1935 a 1938 él se encontraba en Ucrania dirigiendo las represiones y denunciando a sus víctimas en forma furibunda: “Por levantar las manos contra el camarada Stalin, las levantaron contra lo mejor que tiene la humanidad, porque Stalin es nuestra esperanza, es la antorcha que guía a toda la humanidad progresiva. ¡Stalin es nuestra bandera! ¡Stalin es nuestra victoria! (7) El renegado Jruschov, cuyos conocimientos de marxismo leninismo eran misérrimos, rechazó la conocida tesis de Stalin según la cual a cada paso hacia delante en la construcción del socialismo el enemigo de clase, es decir los restos de las clases explotadoras, se deciden por las formas más agudas de lucha. Stalin afirma: “Hay que desechar y arrojar a un lado la vieja teoría putrefacta de que, a cada paso nuestro hacia delante, la lucha de clases ha de ir extinguiéndose paulatinamente entre nosotros, de que a medida de que van siendo mayores nuestros éxitos, el enemigo de clase se hace cada vez màs manso”. Y agrega: "Por el contrario, cuanto màs avancemos, cuantos más éxitos tengamos, tanto mayor será el despecho de los restos de las clases de los explotadores derrotados, tanto más pronto se decidirán por las formas más agudas de lucha, tanto más daño harán al Estado Soviético, tanto màs se asirán a los medios màs desesperados de lucha, últimos recursos de los condenados”. (8) Esa agudización de la lucha de clases fue la que llevó a la oposición trotskista bujarinista a ponerse al servicio de la Alemania nazi y el Japón militarista en sus preparativos de guerra contra la Unión Soviética. Bujarin, a quien Jruschov y sus seguidores, han rehabilitado, admitió públicamente que se había convertido en un traidor junto con sus compinches trotskistas. En los procesos de Moscú de 1938 reconoció públicamente que el bloque contrarrevolucionario de trotskistas y derechistas al que pertenecía se había propuesto restaurar el capitalismo en la URSS, “especialmente utilizando la guerra” que preparaban febrilmente las potencias del “Eje” nazi nipo fascista. Pero este capítulo negro de la conspiración antisoviètica y anticomunista es olvidado por el intrigante y marrullero Jruschov. Para este contrarrevolucionario, los procesos de Moscú no existieron ni probaron nada. Solo existió una represión cruel e innecesaria, amparada y justificada por una supuesta existencia de “enemigos del pueblo”, inventada por Stalin. Las declaraciones textuales de Bujarin desbaratan totalmente las mentiras escandalosas del renegado Jruschov. Respondiendo al interrogatorio a que fue sometido por Wishinski, declaró: “A partir de 1928, más o menos, me reconozco culpable de haber sido uno de los principales líderes de ese bloque de los derechistas y de los trotskistas. Por consiguiente, me reconozco culpable de lo que directamente se desprende de ello, culpable de todo el conjunto de crímenes perpetrados por esa organización contrarrevolucionaria, independientemente del hecho de que yo conociera o ignorara tal o cual acto o no lo tomara, puesto que respondo como uno de los líderes de esa organización contrarrevolucionaria y no como guardagujas”. “Esta organización contrarrevolucionaria se proponía como fin esencial, propiamente hablando, sin darse cuenta de ello, tal vez, por decirlo así, y sin poner los puntos sobre las ìes, la restauración de las relaciones capitalistas en la URSS”. “El derrocamiento del poder de los Soviets era el medio del alcanzar aquel fin”... “Con ayuda de los Estados extranjeros ... en unas condiciones que, si hemos de hablar concretamente, preveían numerosas concesiones...Entre otras, concesiones de territorios”. (9) Estos son, según Jruschov, los “inocentes” calumniados de “enemigos del pueblo” y cruelmente castigados por la dictadura del proletariado en circunstancias que no justificaban tales medidas porque el socialismo ya se encontraba sólidamente consolidado. En su “Discurso” secreto, afirma: “Merece la pena hacer constar el hecho de que en la violenta lucha ideológica sostenida contra los seguidores de Trotsky, Zinoviev y Bujarin nunca hubo necesidad de emplear medidas extremas de represión; la lucha se basa en un terreno ideológico. Sin embargo, varios años más tarde, cuando el socialismo ya se había estructurado en nuestro país en sus líneas esenciales, cuando se había dado por terminada la explotación de las clases sociales, cuando la estructura social había sido cambiada radicalmente, cuando se habían reducido drásticamente las bases sociales de los movimientos y grupos políticos hostiles al Partido, cuando los oponentes ideológicos del mismo habían sido derrotados políticamente, es entonces cuando se inicia la represión violenta” (10) ( Discurso id.pg.573 ) Según Jruschov esta “práctica de la represión surgió precisamente entre los años 1935-1937-1938”, “primero contra los enemigos del leninismo y después contra muchos comunistas leales”. Surgen los interrogantes ¿que ocurría en la URSS y en el mundo durante ese período? ¿Fue una simple casualidad o producto de la manía persecutoria de Stalin que durante esos años se produjeran los Procesos de Moscú y se reprimiera drásticamente las acciones de los contrarrevolucionarios? La respuesta la ha dado la historia, ese Tribunal universal al que se refirió Bujarin en su última declaración en los Procesos de Moscú. La restauración del capitalismo en la Unión Soviética y su desaparición como Estado, es la prueba contundente e inobjetable de que no fueron suficientes esas represiones stalinianas. La Quinta columna fue liquidada pero quedó por aplastarse a las bandas de Jruschov, Mikoyan y todos los que usurparon el poder del Estado y el Partido después de la muerte de Stalin. Nadie ignora que los años a los que se refiere Jruschov, 1935-1937-1938 son los que preceden a la Segunda Guerra Mundial que comenzó en 1939. Fue en esa etapa que la tesis de Stalin sobre los dos extremos de la lucha de clases en la URSS, uno de ellos en su interior y el otro en los países imperialistas, tuvo particular agudización y vigencia. Las fuerzas contrarrevolucionarias “soviéticas” que representaban a los restos de las clases dominantes, actuaron en coordinación estrecha con las fuerzas más reaccionarias del imperialismo representadas por el nazifascismo, que preparaba el asalto armado al primer país socialista. Stalin vio con suma claridad el gran peligro que amenazaba a la URSS y actuó con energía aplastando la contrarrevolución interna capitaneada por el Judas Trotsky, contrarrevolucionario dirigido y pagado por la Alemania de Hitler. Todo el curso seguido por la construcción del socialismo en la URSS demuestra que esa grandiosa obra staliniana hubiera sido imposible si la contrarrevolución no es reprimida y aplastada. La agresión de la Alemania nazi hubiera contado con el apoyo de su Quinta columna formada por los grupos de trotskistas, bujarinistas, zinovievistas y otros bandidos contrarrevolucionarios que habìan penetrado profundamente en las filas del mismo Ejèrcito Rojo y estaban agazapados en el Partido y el Estado. No es difícil imaginar todo el daño que hubieran causado a la Unión Soviética y hasta su posible derrota en la guerra contra las experimentadas y bien equipadas fuerzas armadas nazifascistas. La experiencia de la construcción del socialismo en la Unión Soviética confirma plenamente la tesis leninista de que el socialismo, por ser una etapa de transición entre el capitalismo y el comunismo, no puede dejar de ser un período de lucha que reúne los rasgos de ambas formaciones y, por tanto no puede dejar de ser un periodo de enfrentamiento entre “el capitalismo agonizante y el comunismo naciente”. Esta es una contradicción antagónica que, si no es tenida en cuenta por el Partido de la clase obrera, el capitalismo puede ser restaurado como ha ocurrido en la Unión Soviética, víctima de la traición revisionista que comenzó con Jruschov y terminò con Gorvachov. La dialéctica marxista (materialismo dialéctico) enseña que si se olvidan las contradicciones antagónicas entre el camino socialista y el camino capitalista, que es inevitable en el proceso de construcción del socialismo durante la etapa de la dictadura del proletariado, entonces surgirán la placidez y la autosatisfacción, sustento del revisionismo restaurador. Una gran enseñanza de la experiencia soviética es que la edificación del socialismo se realiza en condiciones en que los antagonismos de clase se agudizan, a causa de que los remanentes de las clases dominantes pugnan por recuperar sus posiciones perdidas, confirmando a cabalidad lo que Lenin advirtió: “La dictadura del proletariado no es la terminación de la lucha de clases, sino su continuación bajo nuevas formas. La dictadura del proletariado es la lucha de clases del proletariado que ha triunfado y ha tomado en sus manos el poder político contra la burguesía que ha sido vencida pero que no ha sido aniquilada, que no ha desaparecido, que no ha dejado de oponer resistencia, contra la burguesía cuya resistencia se ha intensificado”. (11) Presentar las represiones de la dictadura del proletariado en tiempos de Stalin, a través de una análisis aislado, unilateral y “monstruosamente deformado”, prescindiendo y hasta negando la lucha de clases en el interior de la URSS en vinculación con la gran conspiración internacional antisoviética, significa negar en redondo la dialéctica marxista y deformar monstruosamente un proceso histórico de trascendencia universal.
NOTAS 1. CARLOS MARX Miseria de la Filosofía.- Ed. Progreso Moscú 1981 pgs. 9-90. 2. E. CRANKSHAV.- Kruschef Recuerda.- Ed.Prensa Española Madrid 1970 pg. 573 3. Id Id pg. 573 4. Id Id pg 573 5. JOSEPH DAVIES.- Misión en Moscú Ed. TOR . Bs. As 1945 pg. 187 6. J.V. STALIN Como liquidar al trotskismo pg. Ed. Sociales ps.17-18 7. Kruschef Paloczi Horwth pg. 90 8. J.V. STALIN Id Id pg. 26-27 9. Ultima Declaración de Bujarin 10. Jruschov. Discurso secreto en “Kruschef Recuerda” de E. Cranskschaw pg- 573 11. Lenin. Prefacio su discurso “Sobre como se engaña al pueblo con las consignas de libertad e igualdad”. |
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