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EL APRA Y "EL PERRO DEL HORTELANO" |
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Por: José Sotomayor Pérez En el extenso artículo titulado: "El Síndrome del perro del hortelano” que ha publicado el diario “El Comercio”, Alan García Pérez se ha remitido al conocido folleto de Lenin “El Impuesto en Especie” (Significación de la Nueva Política Económica”), haciendo una cita tergiversada y fuera de contexto de este importante trabajo del Jefe de la Gran Revolución de Octubre. Además hace una afirmación temeraria acerca del “derrumbe del socialismo” en la desaparecida Unión Soviética. Ante esta embestida, los marxistas leninistas no podían guardar silencio. Entregamos al lector una respuesta obligada al indicado artículo, haciendo la defensa no solo de Lenin sino de cuestiones elementales del socialismo científico y exponiendo brevemente los motivos reales por los cuales desapareció la otra gloriosa Unión Soviética. Afirmar que el socialismo “fracasó” , se “derrumbó , etc., es ocultar una verdad histórica irrefutable: después de la muerte de Stalin, el revisionismo contemporáneo que es un socialismo de derecha o socialdemócrata , comenzó su labor contrarrevolucionaria, introduciendo reformas que culminaron con la destrucción del socialismo y la restauración del capitalismo. Al verdadero socialismo , el que se edificó con Lenin y Stalin, no lo pudo “derrumbar” ni el mejor y más poderoso Ejército de un país capitalista que, además, tenía el control de todo el continente europeo: El Ejército de Hitler. Dar respuesta oportuna a todo ataque al socialismo científico, al movimiento comunista internacional y al pasado glorioso de la Unión Soviética de Lenin y Stalin, para nosotros es cuestión de principios. I Cuatro años de guerra imperialista y tres años de guerra civil, dejaron en ruinas al país que los bolcheviques recibieron del pasado. Por eso, en marzo de 1921 el X Congreso del Partido Comunista (b), acordó sustituir el sistema de contingentación de víveres por el impuesto en especie, lo que significó pasar a una nueva política económica (NEP), concebida por Lenin para asegurar la transición al socialismo en las condiciones excepcionalmente difíciles en que se encontraba la Rusia Soviética. “El impuesto en especie – dice Lenin – es una de las formas de transición del peculiar “comunismo de guerra” –impuesto por la extrema miseria, la ruina y la guerra –a un intercambio socialista justo de productos. Y este último es, a su vez, una de las formas de transición del socialismo, con las particularidades originadas por el predominio de los pequeños campesinos entre la población, al comunismo”. Es en esta etapa de transición del comunismo de guerra a un “intercambio socialista justo de productos” (NEP) que Lenin aconsejó y propuso que el Estado socialista debía cumplir la tarea de ser “un patrono prudente, cuidadoso y hábil, un buen comerciante al por mayor, de lo contrario no podrá levantar económicamente un país de pequeños campesinos”. Dijo también “los comunistas deben aprender a comerciar”. Sin embargo, cuando habla de “pagar bien a los capitalistas”, se refiere al caso en que estos, "obligados por las circunstancias, se subordinen y pasen en forma pacífica y de modo inteligente y organizado al socialismo, bajo las condiciones del rescate”. Tal “rescate” pacífico y pagando bien a los capitalistas por su bienes expropiados, propugnado por Bujarin, fue duramente criticado por Lenin, porque significaba olvidar las peculiaridades de Rusia después de la toma del poder por la clase obrera. Nada tenía que pagarse a la burguesía derrocada del Poder por la Gran Revolución de Octubre, porque sus bienes fueron expropiados sin indemnización. Es cierto que después de esta Revolución hubo algunos capitalistas que se inclinaron a colaborar con el Poder Soviético en la organización de la producción, y Lenin aprobó esta actitud porque ayudaba a la capacitación de técnicos y especialistas necesarios para la construcción del socialismo. No cabe duda que esta colaboración técnica, profesional debía ser bien pagada. Sin embargo, el año de 1928, estos técnicos “bien pagados”, formaron una organización de sabotaje, destruían minas y fábricas, destrozaban máquinas mediante incendios y explosiones. “El socialismo es inconcebible – dice Lenin –sin la gran técnica capitalista, montada de acuerdo con la última palabra de la ciencia moderna, sin una organización planificada del Estado…”. Y agrega: “Pero al mismo tiempo, el socialismo es inconcebible sin el dominio del proletariado en el Estado: esto también es elemental”. La construcción del socialismo en la Rusia Soviética hubiera sido imposible si no se le ponía un límite a la NEP, dando por concluidos los objetivos para los que fue creada. Con la claridad y precisión que le caracterizan, Stalin dijo: “La NEP es la política especial del Estado proletario, encaminada a la admisión del capitalismo mientras las posiciones de mando se hallan en manos del Estado proletario, encaminada a la lucha entre los elementos del capitalismo y los del socialismo, encaminada al acrecentamiento del papel de los elementos del socialismo en perjuicio del capitalismo…”. Las condiciones históricas que determinaron la implantación necesaria del capitalismo de Estado en la Rusia Soviética (NEP), fueron superadas, y el año de 1929, con la aprobación del Primer Plan Quinquenal, se puso a la “nueva política económica” y comenzó una gigantesca construcción industrial que transformó la atrasada Rusia feudal heredada por la Revolución de Octubre, en una gran potencia socialista que dio cuenta del ejército más poderoso creado por el sistema capitalista: el ejército de la Alemania nazi. Esta gesta jamás hubiera sido posible si, como pretende Alan García se “pagaba bien a los capitalistas" para forjar el Poder Soviético. II En la actual situación del Perú y de todos los países del denominado “tercer mundo”, las enseñanzas de Lenin que deben tenerse muy en cuenta, son todas las que se refieren al imperialismo, comenzando por la siguiente: “El gran capital financiero de un país es siempre capaz de comprar a los competidores de otro país políticamente independiente y siempre lo hace. Esto es completamente realizable desde el punto de vista económico. La “anexión “económica” es plenamente “realizable” sin la anexión política y tiene lugar a menudo”. Nadie puede negar que nuestra “anexión económica” sin “anexión política” es de vieja data y que nos ha convertido en un país con independencia política formal. Somos un país dependiente del imperialismo yanqui, del capital financiero norteamericano. Esta situación se ha consolidado y definido jurídicamente con el TLC recientemente aprobado por el Senado USA. Otra enseñanza de Lenin que viene como anillo al dedo es la siguiente: “El imperialismo es, desde el punto de vista económico, el capitalismo monopolista. Para que el monopolio sea completo hay que eliminar a los competidores, no solo del mercado interno (del mercado de dicho país), sino también del mercado exterior, de todo el mundo” Los monopolios norteamericanos tienen hoy en día, con el TLC aprobado, todas las facilidades y ventajas para eliminar a cualquier competidor en nuestro mercado que, de hecho, ya forma parte del mercado yanqui. También es de gran importancia y tiene actualidad la siguiente enseñanza: “¿Existe la posibilidad económica en la “era del capital financiero” de eliminar la competencia inclusive en un país extranjero? Por supuesto que sí el medio es la dependencia financiera y el acaparamiento de las fuentes de materias primas, y luego de todas las empresas del competidor”. Es precisamente el “acaparamiento de las fuentes de materiales primas”, por los grandes monopolios USA, el que, en última instancia, defiende Alan García en su artículo “El síndrome del perro del hortelano”. Toda su frondosa argumentación se reduce a denunciar a los que, en el Perú, se oponen a que las grandes transnacionales exploten y acaparen nuestras riquezas naturales; se oponen a que sigamos entregando nuestros recursos naturales al imperialismo, sabiendo que el Estado peruano y las empresas peruanas no pueden hacerlo, según Alan García. En otras palabras: lo que quiere decir es que si nuestro atraso no nos permite comer, debemos dejar que el imperialismo coma y, por supuesto, los que lo defienden. Hace tiempo que el ex presidente del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, el norteamericano Eugene Black, escribió lo siguiente: “Nuestros programas de ayuda a otros países constituye una nueva fuente de ingresos de los círculos de negocios que obtienen de ellos las tres ventajas principales siguientes:
Si estas son las consecuencias que se derivan de la “ayuda” que el imperialismo presta a otros países, las inversiones directas de los monopolios imperialistas son mil veces más rapaces; practican el saqueo de los recursos naturales de los países atrasados de América Latina, Asia y África, cuando no existe un perro del hortelano que “no los deja comer”. III En su largo artículo Alan García dice que si no se ponen en práctica las reformas que propone, “el Estado seguirá siendo una carga sobre el país y no una institución a su servicio”. Propone que el Estado funcione como “un semáforo”, para que su control sea “aleatorio”, es decir eventual, como el control del policía de tránsito o del árbitro en el fútbol. Este es el típico Estado neoliberal que corresponde a una economía de libre formación de precios, sobre la base de la demanda y la oferta de los propietarios privados, absolutamente independientes en el manejo de su economía, pero protegidos por un Estado que debe limitar sus funciones y actuación a las reglas del mercado, incluyendo la sanidad, la educación, el agua, la luz eléctrica, etc., etc. Todo el contenido del artículo de Alan García repite el conocido discurso neoliberal: la gestión pública es un desastre y debe ceder su lugar a la eficiente gestión privada, asegurándole la propiedad de lo que lo que administra. Este neoliberalismo solo puede servir a la penetración libre del gran capital monopolista y el mantenimiento de nuestra condición de país dependiente, sin ninguna posibilidad de lograr un desarrollo económico social libre sometimiento a intereses extranjeros. En lo países del denominado “tercer mundo” que han conquistado su independencia política y han logrado un considerable desarrollo económico, el Estado nacional ha jugado un papel determinante y decisivo, utilizando métodos incompatibles con el neoliberalismo. Es sabido que el capital privado se abstiene de participar en la fundación y puesta en punto de las empresas que se distinguen por la lenta rotación del capital y su volumen de inversión. La inversión privada nunca puede iniciar el proceso de industrialización en los países del “tercer mundo”. IV En el artículo que comentamos, Alan García hace una afirmación tan audaz como falsa. Dice textualmente: “El comunismo soviético se derrumbó porque donde todos son propietarios y ganan lo mismo nadie se esfuerza ni destaca. Un Estado que paga por igual al buen trabajador y al empleado ineficiente, no ofrece ningún estímulo, como sí lo brinda la propiedad privada”. En la Unión Soviética no hubo tal derrumbe, en primer lugar porque en esa sexta parte del mundo nunca existió comunismo sino socialismo, y en segundo lugar porque este socialismo no se derrumbó, lo destruyeron los “apristas soviéticos”, socialdemócratas anticomunistas que usurparon el poder del Partido y del Estado. Estos contrarrevolucionarios demoraron más de 30 años en demoler el socialismo construido por el Partido de Lenin y Stalin. En su labor criminal, contaron con la ayuda y asesoramiento del imperialismo internacional, ese imperialismo al que Alan García quiere seguir engordando con el mísero argumento de que no debemos ser como el perro del hortelano que no come ni deja comer. El socialismo tiene como principio dar a cada uno de acuerdo a su trabajo. En el socialismo el que no trabaja no come; no hay parásitos que viven del trabajo ajeno y se enriquecen, porque tiene como principio rector: “De cada uno según su capacidad, a cada uno según su trabajo”. El “derrumbe” del socialismo en la URSS se debió precisamente a la violación de este principio socialista, dando lugar al surgimiento de un puñado de burócratas que después de enriquecerse usurparon el Poder y restauraron la propiedad privada de los medios de producción, desarrollados vertiginosamente y en escala gigantesca durante los planes quinquenal stalinianos El socialismo hizo de un enorme y atraso país una gran potencia que salvó al mundo del flagelo del fascismo que lo amenazaba. Sin embargo, hay que reconocer que lo que no pudieron conseguir los enemigos internos coludidos con el imperialismo durante la edificación del socialismo, ni pudo lograr Hitler después de poner bajo sus pies al continente europeo, lo consiguieron los “apristas soviéticos”, socialdemócratas de derecha, y anticomunistas. Fueron estos los que restauraron el capitalismo en la URSS y la destruyeron. Defensor de “la actividad privada”, Alan García es al mismo tiempo un detractor de la propiedad social socialista, con el viejo y pueril argumento de que “lo que es de todos no es de nadie”. La propiedad colectiva, de toda la sociedad, existió durante miles de años y fue negada por la propiedad privada. Pero a esta le ha llegado la hora de su reemplazo o negación (negación de la negación) por una forma superior de propiedad de todos: los instrumentos y medios de producción ya no pueden existir y desarrollarse dentro de los marcos estrechos y asfixiantes de la propiedad privada. Esta es la gran contradicción entre el carácter social de la producción y el carácter privado de la apropiación. Esta contradicción exige que los instrumentos y medios de producción pasen a propiedad y control de toda la sociedad, para ser administrados por el Estado de los trabajadores: el Estado socialista. En esta sociedad todos trabajan y todos comen de acuerdo a sus capacidades, preparando el advenimiento de la sociedad en que todos trabajarán de acuerdo a sus capacidades pero consumirán de acuerdo a sus necesidades: la sociedad comunista. Creer que la sociedad capitalista es eterna, significa aceptar que hemos llegado al fin de la historia con la sacrosanta “actividad privada”, los ricos y los pobres, los explotados y los explotadores, con pocos perros que comen hasta la sociedad y no dejan comer a los perros de los pobres. Quien conozca lo escrito por Víctor Raúl Haya de la Torre en “El Antiimperialismo y el Apra” y haga una comparación con lo escrito por Alan García en su “Síndrome del perro del hortelano”, debe llegar a la conclusión de que el alumno niega la obra fundamental de su maestro y se ha convertido en un simple servidor de las grandes transnacionales norteamericanas. |
Fundamentos: Revista teórica del PCP(rc): "EL APRA Y EL PERRO DEL HORTELANO"