STALIN Y LA LUCHA DE CLASES EN LA URSS  

Los detractores de Stalin- revisionistas y maoístas- han falsificado cada cual a su manera, el enfoque estaliniano sobre el problema de las clases y la lucha de clases en la época de la construcción del socialismo en la Unión Soviética. Para los primeros, Stalin defendió la tesis «errónea» según la cual a medida que avanzaba la construcción del socialismo, la lucha de clases se agudizaba obligadamente, siendo por tanto necesarias las medidas represivas más drásticas para aplastar a los contrarrevolucionarios. Dicen los revisionistas que este fue un simple pretexto para justificar las represiones «criminales que destruyeron a gran cantidad de comunistas honestos y leales, civiles y militares».

Los maoístas por su parte afirman lo contrario. Para ellos Stalin «abolió la lucha de clases en la URSS por decreto», desde la aprobación de la Constitución  el año de 1936. Consecuentemente la restauración del capitalismo en el primer país socialista es de responsabilidad de Stalin. Esto se debió –dicen los seguidores de Mao Tzedong-, a que Stalin nunca supo distinguir las contradicciones antagónicas de las no antagónicas, las contradicciones entre "nosotros y nuestros enemigos, y las contradicciones en el seno del pueblo".

Veamos qué hay de cierto en estas críticas de revisionistas y maoístas al gran constructor del socialismo y artífice de la derrota del nazi- fascismo en la Segunda Guerra Mundial.

En su informe «Sobre el proyecto de Constitución de la URSS» presentado el 25 de noviembre de 1926 ante el Congreso Extraordinario de los Soviets, Stalin, refiriéndose a los cambios que se habían producido en la economía soviética durante el período de 1924 a 1936 dijo:

«Conforme a estos cambios en la economía de la URSS, ha cambiado también la ESTRUCTURA DE CLASE DE NUESTRA SOCIEDAD». Y a continuación agregó:

«La clase de los terratenientes, como es sabido, fue ya suprimida gracias a la victoria obtenida en la guerra civil. En lo que respecta a las demás clases explotadoras, han compartido la suerte de la clase de los terratenientes. Ya no existe la clase de los capitalistas en la esfera de la industria. Ya no existe la clase de los kulaks en la esfera de la agricultura. Ya no hay comerciantes y especuladores en la esfera de la circulación de mercancías. Todas las clases explotadoras han sido, pues suprimidas».

Esta constatación de un hecho real e inobjetable, es considerada por los detractores maoístas de Stalin, como un decreto que «suprime la lucha de clases». No es difícil comprender que después de 9 años de la conquista del Poder por los bolcheviques "la estructura de clase" de la vieja Rusia no podía ser la misma en la Unión Soviética. Como dice Stalin, habían sido suprimidos los propietarios DE LOS INSTRUMENTOS Y MEDIOS DE PRODUCCIÓN, los terratenientes y los capitalistas. Afirmar lo contrario no puede significar otra cosa que sostener que la Gran Revolución de Octubre no sirvió para nada porque mantuvo a las viejas clases explotadoras en posesión de los instrumentos y medios de producción.

La supresión de las clases explotadoras en el socialismo, no es lo mismo que suprimir la lucha de clases en este sistema. Los enemigos de clase en el socialismo son los «restos de las clases explotadoras» que han sido despojadas de los instrumentos y medios de producción. Con relación a este problema la tesis de Stalin es clara: la revolución proletaria suprime a las clases explotadoras, pero en la etapa de la dictadura del proletariado, subsisten los enemigos de clase y la lucha de clases . De aquí desprendió una advertencia que los revisionistas jruschogorvachianos y perestroikos de todo el mundo rechazaron:

«Hay que tener en cuenta que los restos de las clases derrotadas en la URSS no está solos, que cuentan con el apoyo directo de nuestros enemigos del otro lado de las fronteras. Seria un error pensar que la esfera de la lucha de clases está limitada a los confines de la URSS. Un extremo de la lucha de clases se desarrolla dentro de la URSS, pero el otro llega al seno de los Estados burgueses que nos rodean. Los restos de las clases derrotadas no pueden ignorarlo. Y precisamente porque lo saben, continuarán en adelante en sus intentos desesperados».

Esta tesis de Stalin, meridianamente clara, ha sido confirmada en forma rotunda por la experiencia histórica de la dictadura del proletariado. El revisionismo, desde el XX Congreso del PCUS, la condenó. He aquí un pasaje del conocido "Diccionario Filosófico" de Iudin- Rosental:

«El PCUS ha sometido a critica la errónea tesis de Stalin de que la lucha de clases se agudiza después de la victoria del socialismo, tesis que sirvió de motivo para gravísimas infracciones de la democracia y de la legalidad socialistas en las condiciones del culto a la personalidad».

Esta cita sirve para poner al desnudo a los reaccionarios agazapados que durante la época de Stalin supieron ocultarse y fingir lealtad al Partido y a la dictadura del proletariado, esperando el momento para destruir el socialismo y borrar del mapa a la URSS. La represión inevitable y necesaria de los restos de las clases explotadoras que complotaban manejadas desde el exterior, fue, para estos falsos comunistas una «gravísima infracción a la democracia».

Desde posiciones opuestas, pero igualmente oportunistas, el «Gran Timonel» (Mao Tzedong) afirmaba que Stalin había decretado el fin de la lucha de clases. Y sus acólitos de todo el mundo vienen repitiendo el mismo disparate. La critica de Mao a Stalin, sobre la lucha de clases , sin embargo, no es coherente. Defendiendo embozadamente a su amigo Tito. Mao afirma que Stalin no supo diferenciar las contradicciones antagónicas de las no antagónicas. Hizo la defensa de Tito, la «mula madrina» de la recua que siguió la senda que conduce a la restauración del capitalismo, con el argumento de que entre el marxismo leninismo y el titoismo traidor solo existía una «contradicción en el seno del pueblo», y que lo mismo ocurrió con las teorías y acciones contrarrevolucionarias de Trostky, Kamenev, Zinoviev y Bujarin. Este es un ejemplo de la dialéctica de MaoTzdong.

La historia se encargó de desbaratar y hacer añicos a los baratos críticos de Stalin. Desde el infiltrado Jruschov hasta el mismo Mao Tzedong y los pigmeos que le siguen. Stalin siempre fue leal a las enseñanzas de Lenin sobre la dictadura del proletariado:

«La dictadura del proletariado es la guerra más abnegada y más implacable de la nueva clase contra un enemigo más poderoso, contra la burguesía, cuya resistencia se ve decuplicada por su derrocamiento». «La dictadura del proletariado es una lucha tenaz, cruenta e incruenta, violenta y pacífica, militar y económica, pedagógica y administrativa, contra las fuerzas y las tradiciones de la vieja sociedad».

El revisionismo capitulador y traidor arrojó al canasto estas enseñanzas de Lenin y condenó la represión de las fuerzas reaccionarias manejadas desde el exterior en la URSS. Fueron esos restos de las clases dominantes los que usurparon el poder del Partido y el Estado en el «histórico XX Congreso». Fue en este Congreso que se inició la restauración del capitalismo en la Unión Soviética y su posterior desaparición como Estado.

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