| ALTO AL HOLOCAUSTO DEL PUEBLO PALESTINO | |
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Palestina se desangra ante la indiferente de las grandes potencias del mundo. Israel pequeño país situado en el Medio Oriente, se ha convertido en un verdadero enclave del imperialismo norteamericano. El gendarme internacional de los pueblos, utiliza al pequeño país judío para mantener todo el Medio Oriente en estado de tensión permanente. Una paz duradera, en base a relaciones fraternas entre Israel y Palestina, no conviene al imperialismo yanqui. Su propósito es agudizar el conflicto palestino-israelí y presionar a los países árabes para que apoyen una agresión norteamericana a Irak y luego a Irán y seguir manteniendo su control sobre esta zona estratégica, rica en petróleo. Estas son las miras de la administración Bush. Lo apoyan los grandes monopolios del complejo militar industrial yanqui, empeñados en empujar al mundo a una nueva conflagración mundial. El
rechazo de los pueblos del mundo a la agresión del pequeño y agresivo
Estado judío ha comenzado. En todos los continentes del mundo las masas
salen a las calles, se levantan en enérgicas movilizaciones quemando
banderas yanquis e israelíes exigiendo a sus gobiernos que pongan fin a
su silencio cómplice. En algunos lugares el pueblo exaltado ha quemado
sinagogas judías, como advertencia de actos de mayor envergadura si acaso
no se pone freno a la barbarie judía que tiene semejanza con el
terrorismo nazi, sufrido por los que hoy aterrorizan al pueblo palestino.
Son miles los muertos de un pueblo que sólo reclama el derecho de ocupar
las tierras que le pertenecen. Un pueblo desarmado que se enfrenta a sus
verdugos con piedras, mientras éstos
están armados hasta los dientes y se desplazan utilizando armamento
moderno en tierra y aire. Tanques y aviones israelíes cañonean y
bombardean Ramala, Belén y otras poblaciones palestinas. La
tragedia de Palestina ha provocado la protesta e indignación del mundo
entero, pero las Naciones Unidas guardan un silencio criminal. Organización
nacida después de la Segunda Guerra Mundial para garantizar una
convivencia pacífica de todos los países del mundo, se ha convertido hoy
en un vil instrumento al servicio de los EE.UU. de Norteamérica. Con la
ONU viene ocurriendo lo que pasó con la Sociedad de Naciones, nacida
después de la Primera Guerra Mundial, que acabó sin pena ni gloria,
convertida en un cadáver insepulto, sobre el cual se levantó insolente y
provocador el eje nazi fascista capitaneado por el paranoico Adolfo Hitler.
Es conocida la historia de este personaje que representa y encarna lo que
el sufrido pueblo judío padeció durante los terribles años de la
Segunda Guerra Mundial. Por eso, resulta paradójico que los judíos
actuales vengan poniendo en práctica los métodos de su verdugo para
aplastar las justas luchas del pueblo palestino. Hay
una sola forma de poner fin a la ocupación israelí en Palestina: la
devolución de los territorios que desde 1967 ocupa el Estado judío a su
legitimo dueño: Palestina. Si esto no ocurre es imposible que termine la
«sui generis» guerra de liberación palestina. La Intifada es en
realidad una peculiar guerra de liberación de un pueblo desarmado y de
una nación a la que no se le permite constituir su propio Estado. Afirmar
que estas acciones que se justifican plenamente son o constituyen
terrorismo, es falsear los hechos para justificar una ocupación
territorial que viola los principios más elementales del Derecho
Internacional. La autodeterminación de los pueblos y naciones está
garantizada por la Carta de las Naciones Unidas. La no ingerencia en los
asuntos internos de los Estados es otro principio fundamental del Derecho
internacional. De aquí que resulte condenable el silencio de las Naciones
Unidas frente a una agresión criminal que ha hecho de Palestina un país
mártir, ocupado por las tropas del Hitler Judío: Sharon, un Hitler
enano, pero tan cruel y criminal como el primero.
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