| GOBIERNO Y PODER |
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En las últimas elecciones generales del Brasil, INACIO LULA DA SILVA ha obtenido un triunfo rotundo, demostrando que el pueblo brasilero exige cambios radicales en la situación económica, social y política de su país. La importancia de este triunfo electoral no está únicamente en que Lula es un definido militante de izquierda, sino también en el peso que tiene Brasil en el concierto de las naciones, por su extensión territorial, su población y su economía, que es la 10° del mundo. Con Inacio Lula Da Silva, la izquierda brasilera ha llegado al gobierno y por ahora ha sido felicitado por todos, hasta por el mismo Bush. El triunfo electoral de Lula repite lo ocurrido en Chile con el triunfo de Allende, y esto nos exige hacer una distinción entre gobierno y poder. Con Lula y Allende nos encontramos ante triunfos electorales rotundos e indiscutibles de la izquierda . Sin embargo, en ambos, el poder del Estado queda íntegro, sin ningún cambio; es el mismo de siempre. No debe olvidarse que el poder del Estado es ante todo y sobre todo la fuerza armada, el aparato burocrático militar. Soñar con cambios radicales, o por lo menos de importancia, en el proceso de liberación nacional y social de nuestros países “tercer mundistas”, manteniendo el mismo aparato burocrático militar del Estado, no tiene sentido. Esta es la enseñanza de la historia, que no debieran olvidar los que se reclaman revolucionarios y hasta marxistas. Quien ha llegado a la presidencia de la República, aunque tenga el control del Parlamento, solo ha accedido al Gobierno, pero no al Poder del Estado. Este siempre pertenece a las clases poseedoras de los medios de producción y, por eso, se define a todo Estado como una “dictadura de clase”. Es seguro que la burguesía intermediaria brasilera y sus aliados, los grandes terratenientes, se reagruparán rápidamente y comenzarán a conspirar para impedir todo cambio y reforma de importancia que afecte sus intereses. Tendrán el apoyo y ayuda del imperialismo norteamericano. Esta es una ley cuyo nombre asusta a los reaccionarios y reformistas de toda laya: lucha de clases. El proceso brasilero que se inicia con el triunfo electoral de Lula , no podrá ponerse al margen o por encima de esta ley, no podrá eludirla. De aquí la enorme importancia de que, desde un principio, su gestión se apoye en las grandes masas populares de la ciudad y el campo, preparándolas para rechazar cualquier intento golpista fabricado de acuerdo a las enseñanzas de Pinochet. No debe olvidarse que una derrota electoral sufrida por las clases dominantes en un país determinado, es seguida por una extrema agudización de la lucha de clases. La reacción oligárquica y el imperialismo, su aliado y protector, preparan la revancha sin esperar nuevas elecciones . Hay gente que aún sueña con “una alternativa de gobierno y de poder” para la izquierda revolucionaria y aseguran que el caso Lula confirma esta “tesis”. Pronto se convencerán que no es posible tomar el poder por la vía electoral porque, con votos en las urnas , solo se puede acceder al gobierno pero no al Poder. En el Brasil, Lula y la izquierda han obtenido un resonante y de gran trascendencia triunfo electoral, pero esto no significa que tengan el poder del Estado. Este poder solo puede tomarse por vía revolucionaria. Seamos claros: la vía pacífica pregonada por la social democracia y el revisionismo es una mentira. No hay que olvidar que después del triunfo de Allende, los revisionistas del mundo entero saltaron de alegría y gritaron, a voz en cuello, que su tesis de la “vía pacífica” había sido confirmada rotundamente en Chile. Esa misma gente viene haciéndose ilusiones con el triunfo de Lula, mientras el imperialismo y sus aliados internos en el Brasil vienen preparándose para dar su respuesta: domestican a Lula o lo derrocan. Es mejor decirles esta verdad a las grandes masas populares brasileras para que estén alertas, se preparen y no sean sorprendidas. El caso de Chávez, en Venezuela, es aleccionador. Allí la gran burguesía intermediaria y su amo, el imperialismo, se han propuesto traer abajo a un gobierno legítimamente constituido, porque no representa ni defiende sus intereses. Si Chávez no tuviera el apoyo de las grandes masas populares y de la fuerza armada, hace rato que habría sido derrocado. Y eso que la “revolución bolivariana”, no sale de los marcos democrático nacionalistas. Se limita a defender los intereses de Venezuela como país. Sin embargo, la contrarrevolución venezolana está en marcha, la dirige desde el exterior el imperialismo yanqui. |