A PROPÓSITO DE LA CONCERTACIÓN Y LA GOBERNABILIDAD

Hoy está de moda hablar hasta el cansancio de concertación y gobernabilidad. Es oportuno, en consecuencia, tratar esta cuestión desde posiciones de principio, comenzando por afirmar que no es posible una concertación o un entendimiento si antes no se ha hecho un deslinde de posiciones. Cada parte concertante debe expresar en que puntos tiene coincidencias con la otra parte; y en seguida señalar cuales son las cuestiones que la diferencia de la otra.

Los comunistas marxistas leninistas consecuentes, siempre hemos propugnado la formación de alianzas, bloques o frentes, sobre la base de una plataforma común de lucha. Ahora bien, si la concertación que se pide, no es una simple pose demagógica, sino un sano propósito de formar una alianza para gobernar, entonces debe proponerse una plataforma de concertación. Esta sería una «agenda de concertación», hablando en el lenguaje de la «clase política».

Los marxistas revolucionarios, no pueden concurrir a una concertación que esté dirigida a defender el status quo, y mantener intocados los grandes intereses del capital imperialista y de sus agentes internos.

Las bases de una concertación nacionalista y progresista deben oponerse necesariamente a la «globalización» y al neoliberalismo. Las fuerzas populares y democráticas no pueden concurrir a una concertación que esté dirigida a poner al país de rodillas ante el imperialismo y la burguesía intermediaria del país.

Al gobierno de Toledo hay que exigirle que exponga a la luz pública un programa de concertación. Si no lo hace, tendremos que pensar que su aspiración es llevar adelante conciliábulos entre bambalinas para que lo dejen gobernar tranquilamente, con partidos e instituciones mudos, pasivos, sin capacidad para hacer llegar en forma vigorosa su voz y hacer conocer sus puntos de vista y sus aspiraciones.

Toledo y su movimiento quieren gobernar sin oposición, pretenden que el pueblo se cruce de brazos y diga si, a todo 10 que el próximo gobierno realice. Pero esto es imposible; semejante concertación no ha existido en ninguna parte del mundo civilizado, ni en la lejana antigüedad, desde que surgieron las clases y la lucha de clases.

LOS INVENTORES DE LA CONCERTACION Y SUS PATRONES

No es nueva la teoría de la concertación. Ha surgido hace buen tiempo como consecuencia de la agudización de los conflictos sociales y los mismos enfrentamientos de clases. No es casual que haya sido en la esfera laboral que primero se haya predicado la necesidad de la «coparticipación» o concertación. Y tal fenómeno tiene su lógica: las relaciones entre el trabajo y el capital han adquirido particularidades que están asignadas por el reforzamiento de la explotación y la profundización de las contradicciones de clases.

Debemos decir con toda claridad que todas las teorías burguesas sobre la concertación también llamada «coparticipación social» niegan la esencia de las relaciones capitalistas de producción; presentan las relaciones de explotación en forma tergiversada, como una colaboración pacifica e edílica. Por eso, la «concertación», solo es posible entre los representantes del capital y los líderes del reformismo de derecha, que se pasaron al campo del gran capital hace mucho tiempo. El Apra, que se hace llamar «el Partido de la concertación» puede concertar con el gobierno de Toledo, porque es un partido que se ubica en el campo de los partidos socialdemócratas de derecha, comprometidos hace tiempo para mantener la paz social en los países gobernados por la burguesía. Este es el caso de Alemania, Francia e Inglaterra, con gobiernos socialdemocrátas.

El marxismo enseña, y la historia lo confirma, que no hay ni puede haber entendimiento, «concertación» o «coparticipación» entre clases antagónicas. Los líderes reformistas siempre acostumbran entablar negociaciones de pasillo con los representantes de la burguesía, traicionando al movimiento obrero en la lucha por sus reivindicaciones económicas, sociales y políticas. Y es que la «concertación» es entendida y practicada para defender la producción capitalista, la elevación de sus beneficios y la intensificación del trabajo asalariado. "Hay que poner al Perú a trabajar"; "el Perú exige más trabajo"; tal es la consigna de los partidos de la concertación.

Para nadie es un secreto que los partidarios de la “concertación” en el movimiento obrero, intervienen en contra de las acciones reivindicativas de los trabajadores. Por eso, en la situación actual la tarea principal en el movimiento obrero es poner fin a la escisión entre sus propias filas. La unidad de los trabajadores es la única garantía de sus éxitos en la lucha contra la explotación del capital. Tratándose del movimiento obrero el camino para llegar a esa unidad está en las acciones conjuntas de lucha por sus intereses. Esta es la concertación que requieren las masas populares y no la que fabrican los representantes del gobierno con los líderes de la «clase política», interesados en conseguir una «paz social» donde todos obedezcan y trabajen callados, porque así lo exige la «globalización».

En la situación actual que vive el país, lo que se requiere es que la izquierda peruana unifique sus fuerzas, haga su propia concertación sobre la base de un programa de transformaciones que tenga objetivos de carácter democrático y nacionalista, como los siguientes:

q       Aprovechar a fondo nuestra independencia política y defenderla para impulsar nuestro desarrollo económico social;

q       Partir de un hecho objetivo, probado hasta la saciedad: no es posible el desarrollo por el camino del capitalismo dependiente, el reforzamiento de las posiciones del capital internacional en los sectores más dinámicos de nuestra economía, los esfuerzos y empeño de las transnacionales para incorporar a nuestro país a la aldea internacional. He aquí una concertación que se convierte en una seria amenaza para el porvenir del país;

q       Una emancipación económica y el cese de la explotación imperialista solo son posibles en las vías del desarrollo auténticamente independiente y la realización de las transformaciones socioeconómicas radicales, correspondientes a los intereses de la mayoría de la población.

q       La crisis que vive el país no es simplemente coyuntural. Es una crisis de estructura, que la globalización tiende a agravarla cada vez más. En consecuencia, las contradicciones de clases amenazan con profundizarse y agudizarse. De aquí el afán de las clases dominantes de suscribir pactos de gobernabilidad y concertación.

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