DEUDA EXTERNA Y PRIVATIZACIÓN

Hay dos instituciones internacionales que han quedado al desnudo como instrumentos directos del imperialismo  el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Su función es canalizar el crédito y las «ayudas» a los países dependientes de Asía, África y la América Latina, atándolos fuertemente a los intereses  de los grandes monopolios transnacionales. Así es como se genera la malhadada deuda externa que, en la América Latina, ha servido a los gobiernos títeres del imperialismo para entregar sus países a las fauces del gran capital financiero, hundiendo a sus pueblos en la miseria.

Lo que se necesita, en estos momentos, es denunciar y poner en conocimiento público que la deuda externa se devuelve con los activos fijos de las empresas públicas, de acuerdo al «Plan Brady», inventado para cobrar una deuda imposible de pagar. De este modo los acreedores imperialistas tienen en sus manos la dirección de la política económica y de la política estatal en general, de los países deudores. Son experimentados «asesores» de los gobiernos títeres los que se encargan de fundamentar la conveniencia de las privatizaciones que ahora tendrían «rostro humano». Pero las medidas que exige el Fondo Monetario Internacional desmienten categóricamente tal «humanización». Veamos cuáles son esas medidas fondomonetaristas:

  • La privatízación sin condiciones y en gran escala;

  • La reducción del gasto público y social;

  • La supresión de aranceles;

  • La disminución del nivel de vida del pueblo

  • La desreglamentación del trabajo

  • La eliminación de la moneda nacional o «dolarización»

Lo grave del caso es que la deuda externa y las medidas impuestas por el imperialismo a través del Fondo Monetario Internacional, ha sometido a los países deudores convirtiéndolos en verdaderas colonias económicas, con independencia política formal. El ejemplo del Perú actual es típico. Tenemos un gobierno que obedece los dictados del FMI, instrumento de explotación y opresión del imperialismo. Es el gran capital financiero, son las grandes transnacionales, los que exigen perentoriamente la privatización de Egasa y Egesur, centrales hidroeléctricas estatales cuya rentabilidad es incuestionable. Pero la voracidad del capital financiero es tal, que imponen su «privatización» para que pasen a sus manos. Con este fin inventan argumentos que los «asesores» y ministros del gobierno repiten y propalan para convencer a la opinión pública en general que las privatizaciones beneficiarán al país y al pueblo. Ocultan que se trata de una exigencia de un verdadero «ultimátum» del FMI.

Desde los años 80, el neoliberalismo, política de la globalízación imperialista, ha impuesto la privatización con objetivos concretos, entre los cuales saltan a la vista los siguientes:

Entregar las empresas públicas rentables a manos de los grandes monopolios extranjeros; crear o abrir mercados a las grandes transnacionales, sustituyendo el capital nacional por el capital privado extranjero-transnacional; quebrar la resistencia de los sindicatos que se fortalecen por sus vínculos con los trabajadores públicos y eliminar sus conquistas laborales; destruir las bases materiales de la conquista de una independencia económica frente al imperialismo.

Las grandes empresas transnacionales han impuesto en el «tercer mundo» la sustitución de las empresas públicas nacionales por las empresas privadas imperialistas. Y es que, la característica económica esencial  de la globalización es el desplazamiento del capital pequeño y mediano, nacional y público, por el gran capital transnacional,  con la consecuente mayor explotación de la clase obrera en beneficio de la oligarquía financiera mundial, compuesta por un puñado de multimillonarios con capacidad para corromper y comprar a la «aristocracia obrera», mientras empeora la situación de las masas trabajadoras, se recortan los gastos sociales y se «flexibiliza» el mercado laboral, todo para favorecer al gran capital.

El  servilismo  actual  de  ciertos  políticos  que,  no  hace  mucho  decían  ser «antiimperialistas», «socialistas» y hasta «comunistas», todos convertidos hoy al liberalismo burgués, son hechos que tienen su explicación en el poder económico del Imperialismo y la experiencia en repartir las migajas de los enormes superbeneficios que obtienen a costa del hambre y la miseria de nuestros pueblos. Pero el pueblo peruano ha dicho su palabra: NO A LA PRIVATIZAClON, NO AL NEOLIBERALISMO. El imperialismo, por su propia naturaleza no tiene rostro humano, siempre persigue el máximo beneficio en cualquier parte del mundo mediante «la ruina y la depauperación de la mayoría de los habitantes» del mundo, mediante el avasallamiento y el saqueo sistemático; mediante las guerras y la militarización de las economías»

En el Encuentro Continental sobre «La deuda externa y el fin del milenio», convocado por el Parlamento Latinoamericano y el Congreso de Venezuela, efectuado en Caracas entre el 10 y el 12 de julio de 1997, Fidel Castro dijo una verdad incontrovertible, refiriéndose a la deuda externa; «Es evidente que si América Latina hubiera dedicado a su propio desarrollo económico y a financiar programas sociales  tan solo la mitad de esa suma colosal entregada a los acreedores en los últimos 15 años, la triste realidad de pobreza, marginación, iniquidad y desamparo podría ser diferente».

Hosted by www.Geocities.ws

1