40 ANIVERSARIO DE UNA CONFERENCIA HISTÓRICA

Hace 40 años, en enero de 1964, se realizó la IV Conferencia Nacional del Partido Comunista Peruano, con  asistencia de delegados marxistas leninistas del interior del país, rigurosamente seleccionados, con pocas excepciones. Fue la respuesta obligada a la ofensiva desplegada del revisionismo jruschovista que la camarilla dirigente del PCP puso en práctica  en octubre de 1963 en  el XVIII Pleno del Comité Central, haciendo aprobar con ayuda extranjera, todas las tesis traidoras del XX Congreso del PCUS. La posición  enérgica y firme del  camarada que organizó la IV Conferencia, permitió el aglutinamiento de  los  comunistas  consecuentes, leales al marxismo leninismo, y al pasado heroico de la Unión Soviética de Lenin y Stalin. Las discrepancias  de principios  eran tan profundas en los debates del XVIII Pleno, que la ruptura  de los marxistas leninistas con los revisionistas jruschovistas en el seno del Comité Central, fue inevitable. Los revisionistas  encabezados por Jorge del Prado y asesorados por Volonia Teitelboim, revisionista chileno, defendieron furiosamente  las conocidas tesis del degenerado PCUS: la «coexistencia pacífica» como capitulación ante el imperialismo yanqui, la  vía pacífica o parlamentaria  de conquista del poder por el partido de la clase obrera y otras monsergas  que la historia se encargó de desbaratar.

El grupo revisionista, encaramado en la dirección nacional del Partido,  recurrió a todos los medios para imponer su línea de traición y de abandono  del marxismo leninismo, como ideología de la clase obrera. Las discrepancias  eran tan profundas  que no cabía ninguna forma de conciliación y  entendimiento. En el seno del Movimiento Comunista Internacional la unidad  de los tiempos del Cominter y del Cominform  terminó, después del  contra revolucionario XX Congreso del PCUS. El último esfuerzo realizado para unificarlo, en la Conferencia de los 81 Partidos Comunistas el año de 1960, terminó con  la nueva ofensiva revisionista del jruschovismo el  año de 1961, en que realizó su XXII Congreso, en el cual lanzó  toda una ofensiva abierta  contra los Partidos Comunistas de China y Albania, haciendo un llamado para  el derrocamiento de sus dirigentes.  Una vez más se hizo un ataque frontal contra Stalin, después de haber sido vilmente denigrado ocho años después de su muerte. Se adoptó un nuevo Programa, sistematizando  todas las tesis reformistas  que revisan  el marxismo leninismo en su totalidad  y aprueban  los principios burgueses, defendidos por la socialdemocracia y que se oponen  a la Declaración de Moscú de 1960.

La camarilla revisionista que dirigió el PCP desde los años 40, cerró filas en torno a Jorge del Prado, hizo la defensa desesperada del programa  del XXII Congreso del PCUS y condenó duramente lo que llamaba  la desviación “pequinesa“. En tal situación era imposible un entendimiento con los acólitos de Moscú, convertidos, como los trotskistas, en furibundos antiestalinistas. Después de acalorados debates, la ruptura fue inevitable. Desde el Presidium, cómodamente sentado junto a Jorge del Prado, Saturnino Paredes Macedo, hacía invocaciones para que cesara el enfrentamiento entre los “dos grupos”. Esta persona no tenía ni idea del  contenido ideológico de las tesis en discusión,  y, por eso, al final fue reelegido como miembro de la Comisión Política, en ausencia del bloque encabezado por Altamira, que hizo abandono de la sesión Plenaria, en protesta por las burdas maniobras  del revisionismo, al haber completado el quórum con los suplentes, que  esperaban ser llamados en ausencia de los titulares, que retornaban a sus ciudades de origen por lo prolongado del  Plenario; maniobra que les permitió aprobar  todas las aberraciones importadas de Moscú.

Han pasado 40 años desde aquel histórico Pleno del Comité Central del PCP.  Fue el punto del gran viraje que  separaría radicalmente  a los marxistas leninistas  de la putrefacción revisionista. A comienzos de enero de 1964 tuvo lugar la IV Conferencia Nacional. Resurgía así un Partido  de la clase obrera   que arrojó al canasto  la prédica  revisionista  sobre la “coexistencia pacífica”,  “la emulación pacífica”, y la “transición pacífica”; el “partido de todo el pueblo”, y el “estado de todo el pueblo”. Sin embargo, aquí no terminó la lucha  por la formación de un auténtico Partido proletario de nuevo tipo (leninista). Poco después tuvimos que enfrentar  la aparición de un típico oportunismo de “izquierda”,  capitaneado por el mismo «primer secretario  del Comité Central»: Saturnino Paredes Macedo, personaje de triste recordación por su ineptitud, sus intrigas, su ignorancia y sus recomendaciones de aplicar  en el partido el “maquiavelismo”. En torno a este individuo se aglutinaron todos los carreristas, y oportunistas que vieron en la ruptura con el revisionismo  contemporáneo, la oportunidad de  capturar y controlar las relaciones con el partido Comunista de  China, para tener en sus manos la “ayuda”. Hicieron mucha bulla sobre  la revolución que marcha del campo a  la ciudad a través de la guerra popular, embaucando a buena  cantidad de jóvenes con su demagogia.Una fracción de ellos  puso en práctica sus tesis aventureras, y los otros, asustados por su «izquierdismo», prefirieron  girar a la derecha y aprobar un “nuevo curso”: del campo y la ciudad  al Congreso, para  poner las bases de una “nueva republica”.

El revisionismo soviético culminó su obra restaurando el capitalismo y destruyendo la Unión Soviética. La desaparición del campo socialista también es su obra. Quedan  países socialistas pequeños, sometidos a fuertes presiones  para  que retornen a la “economía de mercado”. Y la misma República Popular China, después de la muerte de Mao Tse Tung, ha seguido el curso que le señaló el Jruschov  chino, Teng Sihao ping. Con su teoría del socialismo de mercado, se viene restaurando rápidamente  el capitalismo en ese gran país asiático que  supo enfrentarse valientemente al revisionismo contemporáneo.

La conmemoración del 40 aniversario de la histórica IV Conferencia Nacional del Partido Comunista Peruano, pone a los comunistas marxistas leninistas  peruanos  frente a la gran tarea de reconstruir su Partido, de acuerdo a principios y normas leninistas  y dotándolo del arma invencible que es el marxismo leninismo. Deberá tener presente  que el imperialismo, la reacción mundial y el revisionismo traidor, utilizó la leyenda negra de Stalin, para restaurar el capitalismo. Ha llegado el momento de  reivindicar a cabalidad al gran sucesor de Lenin, al constructor del socialismo, al  creador del campo socialista, gran triunfador de  la Segunda Guerra Mundial y salvador de la opresión fascista. Ahora queda demostrado que el antistalinismo, del revisionismo contemporáneo, fue el arma  que utilizó para cumplir sus planes siniestros de  restauración del capitalismo y  destrucción de la gran Unión  Soviética.

Quienes calificaron  de traidores a los que organizaron y realizaron la histórica IV Conferencia Nacional del PCP, en enero de 1964, han quedado al desnudo como  simples  marionetas y agentes de los que han restaurado el capitalismo en la Unión Soviética y han  destruido el campo socialista. Están en el basurero de la historia  con todas sus medallas y diplomas recibidos por  su traición.

Nunca hay que olvidar que las corrientes oportunistas, todos los troskistas y los revisionistas, aplaudieron la tristemente celebre «PERESTROIKA», hasta el extremo de hacer la defensa de la traición criminal de Gorvachov en 1991. He aquí una prueba irrefutable que desenmascara en forma total a quienes dirigieron el viejo PCP, como simples agentes de la burguesía y del imperialismo.

No era necesario ser un profundo conocedor de la ciencia de Marx y Lenin para descubrir el contenido abiertamente oportunista del kruschovismo, y finalmente la esencia francamente anticomunista de la «Perestroika» y «El Nuevo Pensamiento», del gran renegado y traidor Gorvachov.

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