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Y perdí la compostura.
Mis sentidos se embotaron,
al punto que retumbaron
inexistentes tambores
que provocaron dolores
en mis cócleas, que estallaron.
Hasta debajo'e las uñas
comenzó a salirme pelo;
y empecé a sentir recelo
al sentirme transformado:
en el espejo, espantado,
vi a un fiero animal en celo:
el lomo, negro y peludo;
los dientes, goteando baba;
en cuatro patas estaba
mirándome en el espejo,
y frunciendo el entrecejo
a medida que observaba.
Tenía la boca hinchada
con los labios redondeados;
el sexo al aire, excitado,
buscando dónde meterse;
no podía contenerse
el pito recalentado.
Salí babeando a la calle,
bufando como caldera;
una vieja a la carrera
se lanzó por la avenida
al presentir la embestida
de una bestia traicionera.
Crucé un baldío pelado
donde había sólo un perro:
"Yo al pichicho se la entierro",
pensó mi mente enfermiza;
y sin apuro ni prisa,
le di como con un fierro.
Pero un taco no bastaba.
En mi enajenada mente,
el sexo era el aliciente
para más sexo buscar;
y empecé a vagabundear,
deambulando entre la gente.
Un cartero, tres pendejas,
dos viejas, un jubilado,
un flaco todo rapado
y gordas de tetas grandes
fueron presas de mi glande
cada vez más excitado.
Cuando la gente fue poca,
y no hubo a quien fifar,
ahí me puse a cavilar
dónde habría buena merca;
con tal de que fuera nerca
bien húmeda, pa'trincar.
Ahí me fui para el zoológico,
y de entrada me mandé
donde estaba el yacaré
para hacerle una visita.
Fue tan linda la fiestita
que casi me enamoré.
Pero amores no quería,
sólo el sexo me importaba.
Y a mí lo mismo me daba
fuese pato o gallareta;
si hasta jugué con las tetas
de la elefanta más brava.
Pa'fifarme a la jirafa
me conseguí una escalera.
Subí al lomo de la fiera
y le levanté la cola:
y aunque era un macho, con bolas,
se la puse toda entera.
El mandril vino corriendo,
me vio y me pegó un bramido;
pero mi pito, encendido,
no sabía de arrugarse;
y allá fue pues a guardarse
en su traste colorido.
Una boa constrictora
tranquila se retorcía;
enseguida la hice mía,
y le gustó a la guachita
porque sacó la leng?ita
pidiendo más sodomía.
Mientras pasaban las horas,
duro y parejo iba dando;
de jaula en jaula saltando,
entre las bestias salvajes:
a los machos, o al hembraje,
a todos me fui fifando.
Venados, cabras y águilas;
llamas, patos y conejos;
monos, jóvenes o viejos.
Ni la tigresa rayada,
con sus zarpas afiladas,
pudo salvar el pellejo.
Yo estaba lo más contento
como 'cogéitor' de joda;
para mí la noche toda
era de sexo y lujuria,
si hasta a un miembro de la curia,
que estaba haciendo una poda,
se la puse de repente,
esquivándole los dientes,
en su boca santurrona.
" Otro más que va a la lona !!",
le grité yo, recaliente.
A las seis de la mañana,
del derecho o del revés,
de costado o de través,
a todos me los fifé.
Ningún bicho quedó en pie;
y a muchos, más de una vez.
De pronto una vocecita,
que del suelo provenía,
me gritó " Esta es la mía !!".
Entre que estaba aturdido,
medio embotado y rendido,
a duras penas la oía.
Me agaché lo más que pude
para ver quién había hablado.
Casi caigo desmayado
cuando vi lo que pasaba:
una lombriz se arrastraba
suavemente hacia mi lado.
"Escuchame" - dijo ella
con su imperceptible voz -
"yo quiero transar con vos,
pues no sé lo que es fifar";
y me condujo a un lugar
para estar juntos los dos.
"Quiero verte bien de cerca
para saber lo que es bueno,
que en todo este mundo lleno
de sexo, cachucha y pito,
yo jamás vi ni un poquito
por designios del Supremo."
"Quiero un macho bien fornido,
con una tripa gigante
que me la dé por delante
y me clave por atrás.
A ver cómo te portás,
matáme, negro; adelante !!." :)~~~
Con su pancita pa'rriba,
como pudo allí se echó.
Y ahí nomás le mostré yo
mi pito ya endurecido,
pa'darle como es debido
eso que tanto pidió.
Una sonrisa forzada
me mandó la lombricita.
Yo pensé que su risita
a los nervios se debía;
su cuerpo se revolvía
con espasmos, pobrecita.
Pero no, la puta madre.
La risa fue risotada,
y en enormes carcajadas
estalló la muy maldita:
" La tenés muy chiquitita !!",
me gritó la desgraciada... :~(
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