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La noche de Navidad
por mi barrio caminaba,
como un tonto yo pasaba
mirando para el costado,
nunca habiendo sospechado
del peligro que acechaba.
En la Navidad porteña
algo muy grave ha pasado,
no es Jesus, el Enviado,
causa de celebraciones,
la Trinidad lo es, señores,
el Blanco, el Tinto, el Rosado.
Y las huellas del festejo
en la calle habian quedado,
roto y bien desparramado
un envase transparente
afilado como un diente
me esperaba camuflado...
para que yo no lo viera
pues estaba todo oscuro
yacia con disumulo,
y en la perra noche aquella
de la maldita botella
justo fui a pisar el culo.
De mis grandes desventuras
sigo aqui mi relación,
no hace falta explicación
de lo enojado que estuve,
tanta mala suerte tuve
o fue falta e' precaución?
La botellita en cuestión,
tan filosa resultó
que la suela atravesó
del zapato que calzaba,
y del pie en que me apoyaba
en la planta se clavó.
No pude ya caminar,
el zapato me saqué,
y a la botella putié,
duele mucho, le aseguro.
Saltando como un canguro,
canguro de un solo pié...
con el pie izquierdo chorreando
sangre roja como el vino,
marcado por el destino
a no poder caminar,
solo podía saltar;
retomé pues mi camino.
Parker