La Vuelta de Martin Fierro

Capitulo 18:

Se largaron, como he dicho,
A disponer el entierro;
Cuando me acuerdo me aterro:
Me puse a llorar a gritos
Al verme all tan solito
Con el finao y los perros.

Me saqu el escapulario,
Se lo colgu al pecador,
Y como hay en el seor
Misericordia infinita,
Rogu por la alma bendita
Del que antes ju mi tutor.

No se calmaba mi duelo
De verme tan solitario;
Ah le champurri un rosario
Como si juera mi padre,
besando el escapulario
Que me haba puesto mi madre.

"Madre ma", gritaba yo,
"Donde estars padeciendo?
El llanto que estoy virtiendo
Lo redamaras por m,
Si vieras a tu hijo aqu
Todo lo que esta sufriendo."

Y mientras ans clamaba
Sin poderme consolar,
Los perros, para aumentar
Mas mi miedo y mi tormento,
En aquel mesmo momento
Se pusieron a llorar.

Libre Dios a los presentes
De que sufran otro tanto;
Con el muerto y esos llantos
Les juro que falt poco
Para que me vuelva loco
En medio de tanto espanto.

Decan entonces las viejas,
Como que eran sabedoras,
Que los perros cuando lloran
Es porque ven al demonio;
Yo creia en el testimonio
Como cr siempre el que inora.

Ahi dej que los ratones
Comieran el guasquero
Y como anda a su albedro
Todo el que gerfano queda,
Alzando lo que era mo
Abandon aquella cueva.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Supe despus que esa tarde
Vino un pin y lo enterr;
Ninguno lo acompa
Ni lo velaron siquiera;
Y al otro da amaneci
Con una mano dejuera.

Y me ha contao adems
El gaucho que hizo el entierro
-Al recordarlo me aterro,
Me da pavor este asunto-
Que la mano del dijunto
Se la haba comido un perro.

Tal vez yo tuve la culpa
Porque de asustao me fu;
Supe, despues que volv,
Y asigurrselos puedo,
Que los vecinos, de miedo,
No pasaban por all.

Hizo del rancho guarida
La sabandija mas sucia
-El cuerpo se despeluza
Y hasta la razn se altera-;
Pasaba la noche entera
Chillando all una lechuza.

Por mucho tiempo no pude
Saber lo que me pasaba;
Los trapitos con que andaba
Eran puras hojarascas;
Todas las noches soaba
Con viejos, perros y guascas. 
