“Parecería que Nahum Zenil desordena
el mundo en vez de reivindicarlo, y lo que hace en realidad es abrir nuevos
causes a un río profundo que pronto inunda los brazos de esta nueva
rivera desbordándolos en un espectáculo tan atractivo como
alucinante.” Escribe Santiago Espinosa de los Monteros en la revista
colombiana Art Nexus número 33, correspondiente a julio–septiembre
de este año, al referirse a la exposición El gran circo del
mundo, presentada en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de
México.
El artista veracruzano, nacido en Chicontepec en 1947, es personaje de su pintura. “De manera simultánea es único y múltiple; entidad y masa, pareja y amante, hijo y madre, maestro y alumno: pintor y modelo”, según la revista especializada en arte. “Nahum Zenil renuncia a los secretos íntimos. Los abre, los comparte. Al sacarlos, los convierte en nuestros propios secretos y somos uno suerte de público selecto que penetra, con invitación, a su privacidad”.
La versión de Zenil de la Última cena, por ejemplo, sólo la imagen de Jesús permanece casi intacta respecto al original, de da Vinci. Los apóstoles, en cambio, perdieron su fisonomía y se parecen todos entre ellos o, mejor dicho, son todos iguales a Nahum.
La rueda de la fortuna está presente en el circo del artista veracruzano: “En El pájaro de la suerte encontramos una de las imágenes más terribles de lo que puede significar la fortuna.” Un ave muestra en su pico el papel del destino, donde se observa un fragmento del rostro del autor, como vaticinio revelado. El pájaro se encuentra atravesado mortalmente por siete largas y filosas agujas de coser que aún conservan residuos de hilo.
El hilo de la obra de Zenil es eso, un hilo. Ya sea para unir, como en Siameses a fuerza, que enlaza a Nuahum y a Gerardo, su pareja, o para negar, como en Zona vedada. “Esta pieza compositiva y facturalmente atípica en su producción —explica Espinosa— vemos un pasaje idílico de El tecomate de su infancia, con un cerro de pico agudo. Como si fuera una enorme aparición en el cielo, una vagina zurcida en el espacio. Frente a este cuadro, Zenil ha puesto un cordón que separa físicamente al espectador de la pieza. «Esta es mi zona vedada porque son las cosas que no puedo tener —afirmó el artista—, y por eso quiero que también el público tome una distancia con respecto al cuadro.»”
“La obra de Nahum Zenil es —según Art Nexus— una metáfora de su relación con su pareja, con la religión y con la patria, a través de su iconografía. Retoma los valores visuales de estos tres grandes temas presentes en su pintura y amalgama en sus obras una importante manera de releer, a través de esta nueva escritura, el entorno en el que están él, Gerardo, sus creencias y sus formas de tocar el suelo. Lo espiritual ahora es lo concreto. El autorretrato de Zenil no es la imagen de lo interior, sino su intimidad corporeizada, aunque el Nahum real se parezca cada vez menos al Nahum pintado. El Zenil bi-dimensional es cada vez con mayor fuerza una idealización del Zenil real.”
“A fin de cuentas, somos desecho”, dijo el artista plástico a Art Nexus, de ahí que, “después de haber aceptado entrar al circo (a la evocación imaginaria del interior de su cuerpo), por la boca de Nahum disfrazada de payaso (Entrada–Salida), hemos de salir irremediablemente por un ano enorme (Salida–Entrada).”
Los personajes de un circo no son siempre aquellos que viajan de pueblo en pueblo y hacen sus vidas bajo las carpas. “Los circos tienen pistas —escribe Santiago Espinosa— que hemos convenido en llamar calles, casas, les hemos puesto nombres de países y vemos que quienes actúan en ellos se preparan cada día con mayor vehemencia para hacer de su función la mejor de todas. El gran circo del mundo son una carta de la lotería y un pájaro herido que nos da la fortuna. Ninguno de sus actores trabaja con red que lo proteja de una caída fatal. Se sale de un circo sólo para entrar en otro. El que hoy nos ocupa dará funciones de manera indefinida, sin horario específico, y es para todo tipo de público.”
16 de agosto de 1999