Antes de los ataques a las torres gemelas de
Nueva
York, al Pentágono de Washington y la caída
de un avión civil en Pennsylvania, sólo
Francisco
Villa atacó el territorio continental de los Estados Unidos,
sin contar la guerra británico estadounidense de 1812.
Villa es sin duda un personaje complejo, que en su momento el mismo presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson, lo consideró como el único candidato viable para presidir al país y organizarlo después de la revolución que derrocó al usurpador Huerta, pero el mismo Wilson lo persiguió después de ataque a Columbus.
Friedrick Katz,
historiador austríaco, escribió en su magnífico libro
Pancho
Villa (Ediciones
Era, segunda edición, 2000), que hay tres leyendas
sobre Villa: la blanca, la negra y la épica. La leyenda blanca
lo presenta como un héroe popular que robaba a los ricos para darle
a los pobres, que vengaba a los débiles frente a los abusos de los
poderosos. La leyenda negra lo pinta como un bandido salvaje y despiadado,
que saqueó sin ton ni son y sólo perturbó la de por
sí compleja lucha revolucionaria. La leyenda épica es la
que se expresa como una mezcla entre ambas versiones y lo eleva a magníficas
hazañas revolucionarias.
Francisco Villa era un peón analfabeto que durante un breve periodo antes de la revolución de noviembre 1910 había cometido algunos robos de ganado en su natal Durango, pero nada tan grave que no le permitiera sobrevivir a la policía porfiariana. Se había trasladado a Chihuahua en la víspera de la revolución y se incorporó a la lucha sobre todo por su odio personal en contra del principal terrateniente local, que al mismo tiempo lo era del país: la familia Terrazas – Creel.
Durante la primera etapa de la revolución tuvo una participación más bien discreta, superado por los logros militares de Pascual Orozco. Una vez que triunfó Madero y sufrió la inconsistencia de su política, pues lo encarceló a instancias del Ministro de Guerra, Victoriano Huerta, quien sólo por meras casualidades no logró fusilarlo.
Su mejor desempeño lo logró bajo las siglas de la División del Norte del Ejército Constitucionalista comandado por el “Primer Jefe” Venustiano Carranza. Fue pieza clave en la derrota del Ejército de Huerta y ejecutó una limitada reforma agraria, sobre todo para beneficiar a sus propios soldados. A mediados de 1914 rompió con Carranza por sus diferencias ante la cuestión agraria y problemas en las distintas campañas militares villistas.
El 9 de marzo de 1916 Pancho Villa atacó la pequeña población estadounidense de Columbus vecina de Chihuahua. Sus fuerzas militares no eran entonces mas que una pálida sombra de la poderosa División del Norte que literalmente redujo a cenizas al no menos poderoso Ejército Federal de Huerta.
Superado en 1915 por las fuerzas de Álvaro Obregón, había sido reducido a una pequeña banda.
Obregón
propinó a Villa derrota tras derrota en las batallas de Celaya
y León en 1915, en parte al exceso de confianza del propio
Villa
y su desprecio por el general Obregón, a quien llamaba “El
Perfumado”, en parte a su desconocimiento de la nuevas tácticas
militares que se aplicaban ya en la Primera Guerra Mundial y que Obregón
aplicó eficazmente, en parte a su limitada visión regional
que lo conducía inevitablemente a mantener su base en el Norte del
país y, además y sobre todo, por el error estratégico
de atacar Guadalajara y Torreón en lugar de dirigirse
a Veracruz donde Carranza concentraba sus fuerzas.
En busca de reponerse de la derrota, Villa y sus diezmadas y desmoralizadas fuerzas se dirigieron al Norte, con la idea de tomar por sorpresa Agua Prieta. Según relata Katz, Villa “No contaba con el reconocimiento de Wilson a Carranza y sus implicaciones. No sólo los estadounidenses decretaron un embargo de armas contra Villa, sino que llevaron mucho más lejos de su ayuda a Carranza: con gesto sin precedente, Wilson permitió a sus tropas pasar por Estados Unidos, desde Coahuila, para reforzar la guarnición de Agua Prieta.”
“Villa pensó —continúa Katz— que con uno de sus famosos asaltos nocturnos burlaría la puntería de las ametralladoras y sus tropas podrían romper el cerco. Lo que no previó fue que, mientras sus tropas avanzaban a Agua Prieta en la oscuridad de la noche, el 1 de noviembre de 1915, súbitos reflectores iluminarían el campo de batalla y encontrarían un fuego cerrado de la artillería, las ametralladoras y los rifles. Todavía se discute si esos reflectores se hallaban del lado mexicano o del lado estadounidense de la frontera. Villa tuvo la certeza de que la luz venía del otro lado, y en ello vio una nueva prueba de la perfiada de Wilson.”
Después de esa derrota, Villa tuvo que aceptar la disolución de su ejército; sólo quedó con unos cuantos hombres que dispersó en fuerzas guerrilleras. Con todo, no abandonó la idea de reorganizarse y recuperarse para derrotar a Carranza.
Así —según la muy plausible interpretación de Katz—, ideó un plan para recuperar el apoyo de la población y poder nutrir sus fuerzas: atacar a los Estados Unidos para provocar una intervención y él capitalizar el descontento. El origen de esta idea fue la incitación del servicio secreto de Alemania por provocar una guerra entre ambos países y entregarle armamento a Villa. Así lo hizo y fue como decidió invadir Columbus.
Previamente declaró en su manifiesto de Naco, que Carranza había llegado a un arreglo con los Estados Unidos en el que cedió la zona petrolera de Tehuantepec, el derecho de nombrar al gabinete a los norteamericanos, el control de la política monetaria y fiscal, el control de los Ferrocarriles, entre otras acusaciones.
El ataque de Villa a Columbus fue breve, de escasas 3 horas, a unos cuantos kilómetros de la frontera y ni siquiera comunicó a sus hombres que estaban atacando a los Estados Unidos en su propio territorio.
El saldo fue, según escribe Adolfo Arrioja Vizcaíno en El sueco que se fue con Pancho Villa (Océano, 2000), “Las defunciones no excedieron las 20 personas. En cuanto a las mujeres secuestradas y presuntamente violadas, todo hace suponer que su número no llegó a diez y que la mayoría fue liberada durante la retirada hacia la hacienda Las Palomas, del lado mexicano de la frontera, que es el lugar donde Pancho Villa aguardó convenientemente el regreso de sus fuerzas.”
(La obra de Arrioja,
dicho se entre paréntesis, se trata sobre todo del mercenario sueco
Ivar
Thord–Gray, que combatió brevemente al lado de Villa
en 1913, pero que sirvió sobre todo al Ejército Constitucionalista
hasta septiembre de 1914. Su participación fue como agente secreto
del gobierno inglés y del norteamericano. El título de su
libro mueve a confusión, sobre todo por que es muy favorable a Obregón
—del que incluso acepta organizó el asesinato de Villa— y
más bien negativo con respecto al principal dirigente de la División
del Norte. Como el mismo Adolfo Arrioja aclara en uno de los
capítulos de su volumen, el significado del título es más
bien en el sentido de alguien que se incorpora a la revolución,
que se va a la bola o “con Pancho Villa”).
Al día siguiente del ataque villista a Columbus, el presidente Wilson dio la orden de que una fuerza expedicionaria de 5 mil hombres ingresara a territorio mexicano en persecución de Villa, bajo el mando de John Pershing —que brillaría posteriormente en la Primera Guerra Mundial— y con el nombre de Expedición Punitiva, que ingresó a territorio mexicano el 16 de marzo, apoyados por un escuadrón aéreo de 8 aeroplanos.
Carranza apoyó secretamente la decisión norteamericana, sobre todo por que pensó que la captura de Villa sería en un corto periodo. Estados Unidos estaba a punto de entrar a la Primera Guerra Mundial como combatiente activo y tuvo en este incidente un buen motivo para convencer a su Congreso de aprobar recursos económicos para el ejército para hacer sus preparativos de guerra y a la misma acción tomarla como un entrenamiento.
“Sólo unos meses más tarde —escribió Katz—, en el otoño de 1916, Villa gozaría de un espectacular resurgimiento que nadie preveía ni remotamente en marzo, y que fue más inesperado porque Villa y sus fuerzas habían sufrido graves reveses en los primeros meses de ese año.”
Con tan halagadores resultados, “Villa se proponía mantener a Pershing donde estaba. Por esa razón, aunque constantemente insistía en sus discursos en la necesidad de sacar a los estadounidenses de país, no atacó a la Expedición Punitiva. Entre el 9 de junio de 1916 y la salida de Pershing en febrero de 1917, se produjeron muy pocos choques entre villistas y estadounidenses.”
La Expedición Punitiva se retiró sin pena ni gloria y sin poder capturar a Villa; su resurgimiento fue totalmente efímero, pero le permitió hacer las pases con el gobierno (después de asesinato de Carranza por parte de Obregón) y negociar su retiro a la vida privada por un breve periodo antes de ser asesinado por órdenes directas de Obregón y su secretario de gobernación, Plutarco Elías Calles.
15 de octubre de 2001