
Juan Castaingts Teillery, doctor en economía y antropología por la Universidad de París, establece una crítica consistente a la globalización en Los sistemas comerciales y monetarios en la tríada excluyente. Un punto de vista latinoamericano, editado en 2000 por Plaza y Valdés y la UAM Iztapalapa.
Tres son los temas básicos que presenta: 1) No existe
la globalización como un sistema mundial, sino la preeminencia de
tres regiones con sus respectivos líderes: Estados Unidos,
Japón y Alemania; 2) La empresa en Latinoamérica
no sigue un patrón virtuoso en la competencia internacional; por
el contrario, navega entre zonas de mediocridad y de franco fracaso; y
3) Las finanzas fuera del sistema de los tres líderes se
caracterizan por la coexistencia de una moneda fuerte (por lo general el
dólar) y una débil (la moneda local). Aquí nos ocupamos
del primero y del tercero.
Una vez que desapareció la URSS, se acabó la
bipolaridad y los Estados Unidos dejaron de ejercer el dominio sobre
Europa y Japón. Dice el profesor de la UAM-I:
“Ahora lo que se encuentra es una relación de antagonismo y complementariedad
entre los tres polos de la tríada.”
Los países pobres quedan francamente excluidos en este sistema; sólo cuentan como elementos subordinados a los líderes pero aislados entre sí. Sólo China escapa a este patrón y es una incógnita, pues no se sabe si se establecerá como cuarto líder o permanecerá como un elemento satélite.
En cuanto a las finanzas lo que existe es un desorden monetario internacional, pues terminó el dominio monetario y financiero de los EU. Europa vive desórdenes monetarios y tampoco se establece como dominante.
Guerra comercial y fusión de empresas es lo que caracteriza las relaciones productivas, pero involucran en más del 90 % a empresas de los países dominantes. Países que, por otro lado, mantienen conflictos comerciales entre sí. Las naciones rivalizan y sus empresas fraternizan en contradicción flagrante. La francesa Renault se fusiona con la japonesa Nissan; la alemana Deimler adquiere a la norteamericana Crysler; la japonesa Sony compra a la norteamericana CBS. Las negociaciones comerciales entre Norteamérica, Europa y Asia se traban por años.
Los tres líderes, en cuanto naciones, establecen un sistema regional a su alrededor, como lo son el TLCAN, la Unión Europea, y la zona dominada por Japón, configurados en términos comerciales y financieros.
Hay otra forma de dominación en la tríada: los grupos financieros y económicos transnacionales, que buscan la ganancia máxima (los de EU y Europa) o la máxima expansión y presencia en los mercados (los de Japón). Todos ellos tiene una fuerte liga con la banca y la finanza como rasgo distintivo.
Desde luego el aspecto militar es punto y aparte que, sin embargo, ha sido desplazado como el aspecto principal frente al regional y al financiero – económico.
Con el embate del neoliberalismo, el estado nación ha cedido su lugar al gobierno, pues el primero perdió su fuerza económica ante el empuje de las privatizaciones. El gobierno ejerce dominio ahora sólo mediante procesos políticos, ideológicos y de su sistema de creencias.
Los grupos financieros y bursátiles han tomado el control y han reducido la política al ejercicio de su poder económico.
En este marco, el TLCAN responde, por un lado, a la necesidad
de los EU de “Desarrollar y consolidar las zonas bajo su comando
para poder hacer frente a la estructura de poder mundial.” Y por el otro,
“El interés era de los grupos financieros para ligarse a la mundialización
y tomar ventaja de los flujos de capitales hacia México.”
Luego de hacer notar la separación entre la teoría
de la competencia de los libros de economía con la realidad de la
competencia, Castaingts señala las características
de la competencia actual.
Las empresas agrupan mucho más poder que en otras épocas. Ni los monopolios desaparecieron a las micro empresas, ni es nuevo que actúen a escala mundial. Lo nuevo es la magnitud del poder que acaparan: “90% de las transnacionales tienen su cede en los países del Norte y de ese porcentaje, 50 % se encuentran en EU, Japón, Reino Unido y Francia. Pero desde un punto de vista económico, la concentración es colosal: 1 % de estas firmas tienen la mitad de los activos de todas ellas y, las 100 más grandes controlan el 14 % del total de las inversiones extranjeras mundiales.”
Otra novedad es la flexibilidad de acción que les brinda la tecnología, el transporte y la administración que, a decir del colaborador de El Financiero, “Ha cambiado las condiciones de competencia a nivel mundial.”
La caída del Muro de Berlín no sólo fue
la llamada de la última hora del imperio soviético, sino
que simboliza también la desaparición de los espacios de
control de las empresas “Ante los impactos de los cañonazos competitivos
en imagen, calidad y precio.”
Así como Michael Porter habló del diamante
de la economía nacional, una espiral virtuosa que lleva a aumentar
tanto la eficiencia como la calidad con que se desarrolla una empresa o
un grupo de empresas en una región (cluster), sobre todo en los
EU y en Europa, Castaingts, quien colaboró
durante 16 años con Excélsior, de 1982 a 1998, habla
de regiones jade en América Latina.
“El jade es una de las piedras preciosas más características de México y cuya historia se remonta a los tiempos prehispánicos y que internamente tiene un valor simbólico importante, pero su precio se cotiza en niveles muy inferiores a lo que lo hace el diamante.”
Más aún, afirma el también autor de Valor, dinero
y precio. Un análisis estructural cuantitativo de la economía
mexicana (UAM Xochimilco, 1984): “Fuera del jade y las regiones
diamantosas, el grueso de las regiones latinoamericanas simplemente son
regiones que se tienden a hundir en una pobreza cada vez mayor. Incluso
la existencia de regiones diamantosas y regiones jade, no sólo no
les ayuda en nada debido a que como los recursos existentes tienden a localizarse
en las primeras, en estas últimas regiones, que son las regiones
carbón, se opera un círculo vicioso de la pobreza.”
Una estructura peculiar de las economías latinoamericanas
o, en general, aquellas que no son dominantes en la triada internacional,
es la existencia de una doble moneda. En este sentido, Juan Castaingts
ha realizado una contribución teórica: la doble moneda, de
la que que por cierto también presenta un capítulo en el
libro coordinado por Carlos Maya, Del fin del milagro al fin
del milenio (UAS / UNAM / Plaza
y Valdés , 2000).
Se dividen en dos los circuitos monetarios, para el también autor de México: economía, mito y poder (UAM–I, 1994): el mercantil y el de capitales. En el primero circulan las mercancías, se genera la tasa de ganancia industrial y la comercial, además de la tasa salarial; el en segundo, la tasa de interés que, para nuestro autor, es “El resultado de la lucha que tienen que mantener entre sí los proveedores del capital para repartirse la ganancia social producida.”
“Los dos circuitos son a la vez, relativamente autónomos y profundamente interdependientes. La unidad monetaria que en ellos circula tiene una doble determinación: la que se origina en el circuito monetario de las mercancías y la que proviene del circuito monetario de los capitales.” De ahí que hable de la existencia de peso comercial y del peso financiero, que es uno de los fundamentos en la relación peso–dólar.
“El peso financiero no sólo puede canalizarse a títulos mexicanos, también se pueden adquirir dólares. Esta posibilidad es la principal fuente de dolarización de los circuitos financieros. Una vez que la función del peso como reserva de valor en el tiempo pierde fuerza, tiende a canalizarse al dólar. Las cuentas bancarias se dolarizan y/o el dinero se fuga al extranjero.”
Contrario a la tesis de que la diferencia de inflación entre México y Estados Unidos es lo que determina el tipo de cambio, Castaingts concluye que “Es en el circuito de capitales y en la determinación de la moneda nacional (en tanto que peso financiero) en donde se organiza la parte más importante del probelma.”
“El peso financiero se transforma en dólares, de ahí se general un conjunto de fuerzas que conducen a la devaluación, a fuertes trastornos en el circuito monetario de la mercancía, a un deterioro en la balanza comercial y a un incremento en el déficit y a presiones inflacionarias muy fuertes. Todo se deteriora, unos elementos refuerzan a los otros, al final todo conduce para que las tendencias que hacen que el peso financiero se cambie por dólares tiendan a reforzarse.”
Este círculo vicioso se origina en el hecho de que el peso financiero no desempeña su papel, que tiende a ser ocupado por el dólar. El deterioro del mercado de capitales interno es a su vez la causa de esta sustitución, y de ahí se extiende al resto de los procesos monetarios.
Mayo de 2001
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