En su visita a Washington a principios de septiembre, Fox
no logró el apoyo del presidente Bush, quien manifestó
sus reservas ante la propuesta de legalizar a 3 millones y medio de mexicanos
que trabajan en Estados Unidos.
Bush dijo que el de la inmigración “es un problema increíblemente complejo” y que debe trabajar con el Congreso norteamericano para solucionarlo. A pesar de ello, según sugiere The New York Times, el presidente norteamericano estaría interesado en atraer votos de los mexicanos que radican en California, dada la sufrida victoria que tuvo para llegar a la presidencia (según cifras oficiales, viven en Estados Unidos unos 18 millones de mexicanos).
Los legisladores, por su parte, se encuentran divididos acerca de esta propuesta del presidente mexicano. Por ejemplo, Tom Tancredo, un republicano de Colorado que encabeza la Comisión del Congreso para la Reforma de Inmigración, dijo que se opone a cualquier amnistía para inmigrantes ilegales, según The New York Times del 7 de septiembre.
Por otro lado, la poderosa central sindical norteamericana AFL–CIO,
que tradicionalmente se había opuesto a la legalización de
inmigrantes, ahora la apoya, pues ha aumentado el número de sus
afiliados procedentes de otros países, principalmente de México
y Centroamérica (The
New York Times del 19 de julio).
Según estadísticas
oficiales, en el periodo 1992-1996 el crecimiento neto de indocumentados
mexicanos a Estados Unidos permaneció en una tasa de 150
mil al año, igual que en el periodo 1988-1992. Actualmente llegan
unos 275 mil al año. Entre 6 y 8.5 millones de personas que viven
de “ilegales” en los Estados Unidos en 2000, sólo se deportaron
46 mil 750. El mismo jefe de la Reserva Federal de ese país,
Alan
Greenspan, ha hablado de la importancia del trabajo de los inmigrantes.
Las condiciones en que trabajan los indocumentados son precarias, con bajos salarios, sin protección social y con abusos constantes por parte de los patrones. Aún así, el nivel de vida es superior al que se tiene en México, como lo constata el testimonio de una indocumentada mexicana en Nueva York, publicada por el semanario norteamericano Newsweek, del 10 de septiembre, donde dijo: “para mí, México es un lugar extraño, yo pertenezco a aquí.”
La precariedad en que se vive en nuestro país, por cierto, es
fielmente retratada en el libro de Rubén Mújica Vélez,
Los
condenados en su tierra, publicado por Plaza
y Valdés Editores en 2001, donde se presentan testimonios y
relatos de campesinos que han visto aumentar su pobreza con la apertura
comercial. Ejidatarios que han soportado todo, desde las expropiaciones
de la Guerra de Reforma, el Porfiriato hasta la nueva contrarreforma
salinista de los noventa.
Otro libro que
presenta testimonios, pero con un enfoque histórico, con historias
de vida, historia oral, es el volumen de Mayo Murrieta y Alberto
Hernández, Puente México. La vecindad de Tijuana en
California, publicado por El Colegio de la Frontera Norte y
Plaza
y Valdés Editores en 2001, donde hacen memoria un mesero, un
sastre, dos profesores, un contador, un músico, una campesina, un
ladrillero y un comerciante. Sus historias van desde hazañas villistas
hasta la historia más profunda de Tijuana, contada desde adentro,
con una visión que también comparte la mirada de otros tijuanenses,
nativos o inmigrantes, de los extranjeros y hasta de los mexicanos que
se van a Estados Unidos y no vuelven, sobre su ciudad.
10 de septiembre de 2001