La literatura en español vive el mejor momento de su historia: Carlos Fuentes

Ricardo Pérez Pérez


“Decía Saint Just que las revoluciones son épicas cuando luchan contra las dictaduras, pero se vuelven trágicas cuando los revolucionarios comienzan a pelear entre sí.” Carlos Fuentes citó al revolucionario francés que murió guillotinado en 1794, a los 27 años, para ilustrar los avatares del siglo XX de México, salpicado de guerras, agitaciones, dictadores y regímenes corruptos, en la presentación en Madrid de su más reciente novela Los años con Laura Díaz (Alfaguara), según consignó El País Digital en su edición del 28 de mayo.

Aunque inicia en Detroit y termina en Los Ángeles, la novela de uno de los escritores latinoamericano más destacado —autor de El espejo enterrado y La región más transparente, entre muchas otras novelas, cuentos, guiones cinematográficos y ensayos—, se desarrolla sobre todo en México, de 1905 a 1972.

“Queda la vida. Se evapora la anécdota”, sentencia Diego Rivera en un diálogo con Frida Kahlo dentro del relato de Fuentes donde, al revés, se esculpe magistralmente el vapor de la anécdota y la vida queda de telón de fondo. Además de estos personajes, aparecen un sinnúmero de otros actores de la cultura y la vida pública de la época.

La revolución mexicana, de 1910 con Pancho Villa y Emiliano Zapata y que se consolidó en 1940 con el Gobierno de Lázaro Cárdenas, es vértebra del dilatado relato de Los años con Laura Díaz a través de amores, aventuras, dramas, penas y alegrías de la mujer que da nombre a la novela. Cierto que se trata de una visión convencional de la revolución, donde se excluye, por ejemplo, la lucha del Partido Liberal Mexicano de 1906 a 1912 y se exagera la vocación democrática de Francisco I. Madero, pero no se puede dejar de disfrutar el pulido trabajo literario del premio Príncipe de Asturias de las Letras de 1994.

Siempre crítico, en la presentación en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, Carlos Fuentes insistió en los avances que la revolución impulsó en campos como las artes plásticas, la literatura y el cine, o en materias como la educación y el desarrollo social, también subrayó el novelista que el régimen revolucionario devino en autoritario y negó la democracia al pueblo.

“Ahora bien, la juventud que aprendió en las aulas valores como la libertad o la justicia reclamó en las calles lo que había aprendido, y eso provocó la matanza de Tlatelolco. A partir de aquel dramático suceso, México inició una transición democrática lenta, pero segura”, afirmó el autor de El naranjo.

Fuentes ha explicado que esta novela, de 600 páginas, constituye una visión peculiar de la historia nacional que tiene su contrapartida en La muerte de Artemio Cruz, aparecida en 1962. “Ésa es otra visión del siglo en la que el protagonista es un macho, un hombre que asciende con la Revolución, hace política y fortuna en la posrevolución y muere a medida que el país se construye.”

La nueva novela tiene como eje la peripecia de una mujer en un medio muy machista, que poco a poco descubre quién es Laura Díaz, “cuál es su vocación, en qué consiste su independencia. El personaje se construye a medida que el país se va destruyendo. Son dos lados de la misma moneda que se llama México.”

Para el autor de Aura, por otra parte, “Hay muchos y muy buenos escritores, tanto en América Latina como en España, sin olvidar a los autores que viven en Estados Unidos. Y especialmente mujeres escritoras que han surgido con fuerza en los últimos años.” Lo que permite hablar de un auge de la literatura en español.

Por lo mismo, fue totalmente congruente el reclamo al Gobierno de Washington de que cumpla el Tratado de Guadalupe Hidalgo, firmado en 1848 y en virtud del cual Estados Unidos se anexionó California, Arizona, Nuevo México y Colorado. “El tratado —recordó el escritor—, reconocía el derecho de todos los hispanohablantes de esos territorios a recibir enseñanza en español. Si los gringos violan el Tratado de Guadalupe Hidalgo, les pediremos que nos devuelvan los territorios que nos arrebataron.”

“Dentro de medio siglo, el 70 por ciento de los habitantes de California hablará español. Pero en ciudades del norte de Estados Unidos como Chicago, viven millón y medio de hispanos. Ahora bien, lo que está claro es que Estados Unidos tiene miedo al bilingüismo,” remató el autor de La frontera de cristal.

11 de junio de 1999

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