Crisis y revolución

Ricardo Pérez Pérez


“La adopción del patrón oro en 1905, seguido por el pánico monetario de 1907 en Estados Unidos y una declinación de los precios de las exportaciones, provocaron una reducción de ingreso nacional, que a su vez exigió nuevos préstamos exteriores, echando al mismo tiempo una pesada carga sobre las instituciones financieras del país.” Una medida que tomó el gobierno fue crear una nueva ley bancaria, pero menos de un año después, el “Banco Central Mexicano se hallaba en una situación casi crítica. La debilidad del banco era en gran medida culpa del propio gobierno, que en varias ocasiones había «sugerido» al banco que hiciera préstamos a amigos de la administración.”

Por otro lado, “La posición de los asalariados se deterioraba constantemente.” Para 1908 “el salario era exactamente igual que cien años antes.” No había leyes laborales que protegieran a los trabajadores y el gobierno, en vista de que “Su reserva de mano de obra barata era una de las principales ventajas que México podía ofrecer a los industriales mexicanos e inversionistas extranjeros y el nivel general de productividad entre los trabajadores era más bien bajo, el gobierno no consideró que fuera necesario ni deseable proteger a los trabajadores.”

Estos dos aspectos de la crisis terminal del régimen de Porfirio Díaz que reseñó el historiador norteamericano Chales C. Cumberland en su libro Madero y la revolución mexicana (Siglo XXI Editores, 8ª edición, 1999) tienen un asombroso parecido con la situación actual.

Dadas esas condiciones, además de la dictadura política y militar del régimen porfirista, surgieron distintas revoluciones. La primera más importante de ellas fue la del Partido Liberal Mexicano (PLM), encabezado por Ricardo y Enrique Flores Magón. A decir de James D. Cockcroft, en su libro clásico Precursores intelectuales de la Revolución mexicana, publicado por Siglo XXI Editores y que en 1999 vio la luz su 22ª edición, “De 1906 a 1908 una serie de huelgas masivas tuvo lugar en Cananea (Sonora), Río Blanco (Veracruz), San Luis Potosí y en varios centros mineros e industriales del norte de México.”

“También nació una revolución —continúa Cockcroft— durante este periodo de 1906-1908. Tanto en términos ideológicos como de preparación militar, el PLM aportó contribuciones claves al desarrollo de la revolución de 1910-1917. Aunque no tuvieron éxito en el derrocamiento de Porfirio Díaz, las revueltas del PLM ayudaron a socavar su régimen.”

Francisco Indalecio Madero fue miembro de la clase privilegiada durante el porfiriato, pero de una fracción que estaba relegada del poder. Su proyecto fue ante todo un cambio meramente político, sin ir más allá en términos económicos y sociales.

Acorde con ello, su participación en la política fue siempre buscando no rebasar los estrechos marcos de la dictadura, no molestar demasiado para evitar tumultos. Una vez que los científicos y el mismo Díaz le cerraron ese camino, se vio forzado a la revolución que, dados los enormes deseos de la sociedad mexicana por cambiar por completo su situación, tuvo una buena acogida. Pero incluso cuando las fuerzas de Madero derrotaron a las de la dictadura, se manifestó en contra de liquidarlas y mantuvo a muchos porfiristas en el gobierno e incluso desarmó y desmovilizó a sus propias fuerzas armadas y mantuvo intacto al ejército de Díaz.

Las promesas de reforma agraria de su proyecto de revolución, plasmadas vagamente en su Plan de San Luis, fueron simple y llanamente abandonadas. Incluso procuró devolver las tierras que algunos revolucionarios habían tomado durante la revuelta.

En palabras de Madero: “Comprendo perfectamente que la situación económica y social del trabajador mexicano no ha cambiado materialmente con la Revolución. El triunfo de la Revolución ha devuelto al ciudadano los derechos y las libertades políticas; desde ese punto de vista el cambio ha sido radical y rápido. Pero desde el punto de vista económico y social el cambio no puede ser tan veloz; no es posible promoverlo mediante una revolución, mediante leyes y decretos.”

En resumen, Madero levanto amplias expectativas de cambio radical, tanto económico como social, entre los campesinos como entre los terratenientes, pero no pudo responder satisfactoriamente. Ambos grupos sociales esperaban una reforma agraria radical que nunca llegó y tuvo que enfrentar tanto la revolución de Zapata como el golpe de Huerta, donde halló un final trágico.

15 de octubre de 2001

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