Crítica de un crítico

Ricardo Pérez Pérez


El crítico literario es la antítesis del creador, no es poeta ni novelista, alterno a la ley pantanosa de la tradición y del Estado. Y sin embargo, el crítico de las letras en español es un ser que actúa sin soberanía, sujeto al sentimentalismo estético y a la “corrección” política. El crítico de la literatura hispánica no es un lobo, sino un pastor; no aspira a disgregar al rebaño, sino a guiarlo. Tal es la opinión de Christopher Domínguez, expresada en el ensayo “Elogio y vituperio del arte de la crítica”, publicado por la revista hispana Letra Internacional No. 62, correspondiente a mayo y junio de 1999.

Crítico literario él mismo, Christopher Domínguez somete a juicio despiadado el arte de la crítica: “Es raro —escribe— que los críticos alcancen las formas más consagradas de la realización intelectual. Se triunfa como escritor, como profesor universitario, o como periodista, escasamente como crítico.”

Sobre los orígenes de esta condición del crítico hispanoamericano afirma: “La ambigüedad cortesana de una cultura regida por el mestizaje, la conversión de los gentiles y la corrupción política, antes que por la eugenesia, la teoría de la doble predestinación y el puritanismo social, ha dado un resultado benévolo y mediocre.”

Ni siquiera la profesionalización de los estudios literarios a través de la Universidad modernizó al crítico hispanoamericano, sentencia Domínguez. “Nuestra dinastía filológica, no escapa al estigma pedagógico del siglo XX: el claustro universitario no es universal. La universidad es la estructura medieval por antonomasia del fin de milenio. La academia universitaria que estudia las letras en español (aquí, en Madrid o en Estados Unidos) no ha provocado las obras maestras didácticas o hermenéuticas que García Lorca, Paz o Cortázar merecen.”

Después de afirmar que “El honor de nuestra crítica lo han salvado los poetas: Luis Cernuda, Jorge Cuesta, Octavio Paz, Guillermo Sucre, algunos filósofos y pocos novelistas”, Christopher Domínguez reconoce, al Subcomandante Marcos una contribución a la cultura contemporánea. Pero es un reconocimiento mordaz. “A través de la informática, sus comunicados invadieron todas las pantallas del mundo, reanimando un género que parecía muerto, el libelo.”

Marcos —afirma Domínguez en Letra Internacional— está lejos de ser un gran escritor, como han dicho, entre idiotas y endemoniados, algunos de sus lectores, ya sean escritores famosos o sencillas almas piadosas. Pero es sorprendente constatar cómo su éxito obedece al cumplimiento estricto de las reglas del libelo o panfleto. Los suyos son textos portátiles que manipulan los sentimientos, ofreciendo verdades a medias y mentirillas blancas, exaltando con ironía tanto su propia ordalía como la lastimosa debilidad de sus adversarios, pues el régimen del PRI sobrelleva su agonía. [Pude decirse que] el hediondo Priato es algo corrupto y disoluto. Pero la humillante extravagancia de ambas soberanías provoca el nacimiento de bufones a su patética altura.”

Y remata: “El libelista sólo se debe a sus aciertos verbales, a su capacidad de escandalizar y de indignar. Los críticos literarios son malos revolucionarios. Su función no es transformar el mundo, sino interpretarlo, al contrario de lo dictado por Marx.”

Pero también critica Christopher Domínguez al mundo literario mexicano:  “Uno de los mitos del Resentimiento mexicano es la falta de generosidad del mundillo literario, el dominio absoluto de las servidumbres sobre la grandeza. Pero en una tierra regida por el imperio de la vanidad, es lógico que el homenaje (nacional, local, amistoso) sea la forma más consagrada del decoro. ¿Alguien no ha recibido su homenaje? Es cosa de paciencia, que ya lo recibirá.”

Así pues, el estado actual de la crítica de la literatura en español parece perdido entre la vanidad, el servilismo, la mediocridad y la pretensión de lo que no es.

9 de diciembre de 1999

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