Al otro día

Ricardo Pérez Pérez


"No debemos confundirnos, no hay que hacer balances ni ajustes de cuentas, debemos pedir la liberación de los estudiantes encarcelados y prepararnos para el Congreso. Nada de pedir la renuncia de De la Fuente, el CGH ya no existe." Hablan así profesores para quienes el CGH siempre fue un aliado incómodo.

Un estudiante del posgradro refuta: "La transformación de la Universidad está cancelada." Miembros del CGH desmienten: "La de ayer, nos guste o no, fue una manifestación del CGH: padres de familia de los estudiantes encarcelados y no encarcelados, estudiantes y sí, también, personas que no son miembros del CGH, pero que repudiaron la acción policiaca en la Universidad; el CGH no está muerto."

Se hacen llamados a "consensar": solo podemos manifestarnos por la liberación incondicional e inmediata de los estudiantes encarcelados; que salga la policía de la Universidad y que restablezca la mesa del diálogo, dice un académico.

"¡Que renuncie De la Fuente!", exige el mismo estudiante de posgrado. "Que se cumplan los seis puntos del pliego petitorio", dice un miembro del CGH.

Un par de profesores interpretan el momento como el adecuado para hacer sentir el peso de su gremio: "Los profesores somos el sector aglutinante, debemos prepararnos para el Congreso" deben plantear --afirman-- como punto fundamental el asunto del presupuesto y ligarlo a los bajos salarios de los académicos.

En la Plaza de la Conchita, Coyoacán, se reúne el Colegio de Profesores de la Facultad de Economía. Asisten como invitados estudiantes de esa misma facultad. El ambiente es de preocupación; los estudiantes y algunos profesores, por el futuro del movimiento estudiantil; otros profesores, por ganar algo en el Congreso de De la Fuente.

"Piensan que les llegó su momento", dicen los estudiantes entre sí. "Quieren negociar posiciones con Rectoría, ante la supuesta desaparición del CGH", reflexionan desconfiados.
 

Ese mismo día


La noche del domingo, los "intelectuales" dan un verdadero espectáculo. "No debió entrar la policía a la Universidad", "Estamos en un régimen diazordacista"; se rasgan la vestiduras los mismos que firmaron un desplegado pidiendo que se "restablezca el estado de derecho"; "Los paristas cancelaron la vía del diálogo, era necesario

restablecer la institucionalidad." Los mismos que escriben libros contra el presidencialismo autoritario se tornaron en sus jilgueros. No hay duda de que la beca es de quien la trabaja.

Una cosa es clara, el estado de derecho es para los opositores al neoliberalismo tercermundista, no para el compadre de Zedillo, el tristemente célebre Rubén Figueroa Alcocer; él si puede ordenar asesinar campesinos inermes y nadie dirá "¡Restauración del estado de derecho!", "¡Respeto a la institucionalidad!" Ya ni hablar de los "criminales de cuello blanco", faltaba más, para ellos, FOBAPROA e IPAB.

Brindan perlas a diestra y siniestra: "si no sale la policía de la Universidad, se aplicará en política el mismo modelo autoritario y excluyente que en economía." Olvidan o ignoran que el neoliberalismo se aplica mejor con una dictadura; quieren a Pinochet en versión ligth; mejor, quieren a Zedillo demócrata, un presidencialismo que se niegue a sí mismo; pero, a la vez, que no sea cuestionado, que sea respetado en su institucionalidad.

La realidad ironiza con ellos; sin saberlo --o, tal vez, sabiéndolo demasiado bien--, se convierten en ideólogos de Zedillo: "Nacidos para perder"; "Nadie les dijo que ya habían ganado", escribieron y dijeron desde la gestión de Barnés. "No supieron ganar", expresó Zedillo, tal vez inspirado en tan sesudos análisis.

Pero los periodistas que hacen nuevos programas noticiosos, nuevos periódicos y/o nuevas revistas son más irónicos aún, tal vez sin ser conscientes: "Les advertimos que este momento llegaría", dice un personero de este nuevo periodismo a Mario Benítez el día que se escapó de la ineficiente PFP. "Ya pasé a la clandestinidad", seguramente debió responder Don Gato (y no El Gato, como difunden los siempre despistados medios); ya lo habían documentado profusamente en sus nuevos periódicos del milenio que aún no inicia: Sendero Luminoso está detrás del CGH. Raudos y veloces, los hacedores de este nuevo periodismo difundieron así el boletín oficial de la Segob. Bueno, hasta se dieron el lujo de publicar un reportaje de una revista de Perú... ¡de 1994! Of course, nunca mencionaron la fecha, y se olvidaron que el principal dirigente de Sendero está en la cárcel (y conste que no hablo de Abimael Guzmán, Presidente Gonzalo, no, esa historia es ya muy vieja, hablo de El Camarada Feliciano). No cabe duda, en época de neoliberalismo, todo lo que antepone "nuevo" es una forma de denominar lo viejo, lo que supuestamente debe superarse.

Los mismos que llenan las páginas de los periódicos con análisis sobre la "transición a la democracia", tiran la piedra y esconden la mano. No cabe duda, si la llevada y traída "transición" existe, requiere de intelectuales de nuevo tipo.
 

Días antes


De la Fuente mismo se presenta en versión moderada de Othón Pérez Fernández, el porro que se desmaya; pero no lo hace solo, no. Se hace acompañar por el recién galardonado Premio Universidad Nacional en Economía, Rolando Cordera. "¿Por qué lo premian?", se pregunta un doctor en economía por la UNAM; "No escribe sobre economía, no puede ser por alguna contribución en ese campo. Es profesor de tiempo completo, pero no asiste a clases; o sea, es un aviador. Entonces tampoco es por eso." La respuesta llegó meses después: por que es parte de la minoría intransigente que desde siempre ha tenido secuestrada a la Universidad: la burocracia universitaria; si, la misma que alberga a Carpizo, a Diego Valadés, a Emilio Chuayfett, a Sarukhan, a Octavio Rivero, a tantos y tantos funcionarios que solo funcionan para servirse de la Universidad, para servirse con la cuchara grande a costa de profesores y estudiantes.
 

Desde siempre


La intransigencia del CGH es un verdadero mito genial; corrección, es un fenómeno de opinión pública. Barnés provocó el conflicto; el CGH respondió a la defensiva con una huelga y condicionó su levantamiento a seis puntos, a los que nunca atendió el ex rector. Más de siete meses sin decir: "bueno, piden esto, les ofrezco esto otro". Tuvo que llegar De la Fuente del gabinete presidencial para referirse a los puntos del pliego petitorio, pero lo presentó al Consejo Universitario, no a quienes iniciaron un movimiento de huelga en contra del mismo, en contra del rector y su camarilla. Simple y sencillamente nunca dieron oportunidad para que el CGH fuera intransigente; solo siguieron la vieja máxima de "ni los veo ni los oigo." Pero los medios se encargaron de repetir una y otra vez que el CGH era intransigente; convirtieron así una premisa en una definición. Como buenos "líderes de opinión", jamás explicaron por que hacían semejante acusación.

Correo electrónico: [email protected]

Volver al Inicio

Hosted by www.Geocities.ws

1