Galería caribe

1. Cuando
2. Carabelas
3. Mujer de Guanahaní
4. Lo poco que queda de mi
5. Receta
6. Solo quería un café
7. Mesías
8. Te enamoraste de ti
9. Si usted la viera (El Confesor)
10. Pensar en ti
11. Porque Hablamos
Siete horas no pueden cambiar tanto al mundo pensé, cuando con
las cinco de la tarde en la espalda, bajé del autobús guitarra en mano y me
enfrenté cara a cara con el caribe. Nadie llegó por mí, caminé hacia un puesto
de cocos y una negra divina con 70 años a cuestas que parecían 40, machete en
mano, de dos intentos, preparó el fruto y me lo entregó. Mientras lo bebía, la
escuché sin inmutarse decir algo parecido a: "Yo con mis 70 años no concibo la
vida sin un par de apretones por semana". Su esposo, quien fumaba un habano en
una hamaca unos metros al fondo, se reía y le mandaba besos con señales de humo.
¿Que clase de extraterrestres son estos? pensé. Mi abuela seguramente se gastó
la vida sin pronunciar por pudor la palabra sexo. Aquella mujer disparaba
palabras que en otra voz hubiesen sonado grotescas y sin sentido. En ella era
poesía pura. Como poesía era su figura que a pesar del tiempo dibujaba siluetas;
vestigios de tiempos mozos. El caso es que el sol era otro, la luna la cambiaron
y el color de las casas y el aroma del aire y el mar era todo y el cielo
abrazaba. Estaba en Puerto Barrios, ese pedacito de caribe que nos dejaron los
ingleses en Guatemala. Dormí en algún lugar que olvidé justo al despertar como
un mecanismo de defensa parecido al de una madre frente al dolor del parto. Fue
hasta el día siguiente que preguntando si con el bar que me había contratado
para cantar por una temporada. No recuerdo el nombre del bar pero el dueño
seguramente se acuerda de mí. Yo tenía 18 años, era maestro de escuela y había
descubierto el caribe. Después de aquella temporada abordé el mismo bus hacia la
capital y al llegar a casa, después de asimilar el regreso; siete horas no
pueden cambiar tanto al mundo, pensé otra vez. Puerto Rico, Cuba, y Santo
Domingo. Los cuarteles generales del caribe, los conocí años después y en
diferentes circunstancias. Lo que ahí aprendí, de lo que ahí me enamoré, son las
alas que le dan vuelo a este proyecto.