Armando
Pattroni
El problema del músico en el
Perú es, fundamentalmente, la falta de ingresos. Y esto que suena
muy simplista no se debe a que el mercado no exista -los marcados éxitos
en popularidad de artistas como Rossy War, Pedro Suárez Vértiz,
Eva Ayllón o Antonio Cartagena demuestran lo contrario-. El meollo
de este problema es la piratería fonográfica, fenómeno
que no hace corresponder el éxito o la acogida popular con los ingresos
que percibe el músico por su trabajo.
En todas partes, el músico
y el compositor viven de la venta de sus discos en un mayor porcentaje.
Si bien las presentaciones personales representan un apreciable ingreso,
este no es el principal, ya que inclusive las presentaciones personales
pueden servir únicamente como promoción para la venta de
los discos. En el Perú ocurre todo lo contrario. El músico
vive de sus presentaciones personales, percibiendo un ínfimo porcentaje
del ingreso que debería percibir en su totalidad por su trabajo.
El resto se va a los bolsillos de los piratas.
Supongamos que Pedro Suárez
Vértiz vendió 40 mil copias legales de su última producción,
en dos años de ventas. Eso puede significar para él un ingreso
por venta de discos de US$ 0.50 por disco, es decir, US$20,000 por dos
años, o sea, 10 mil por año (menos de mil dólares
mensuales). Considerando la categoría y el nivel de popularidad
de Pedro, es una cantidad ridícula. ¿Por qué recibió
esa cantidad? Porque el nivel de piratería en este país alcanza
el 95%; es decir, por cada 5 discos legales que Pedrito vende, los piratas
venden 95. Es decir, el disco de Pedro vendió en realidad 800 mil
copias, de las cuales 760 mil no fueron registradas, salieron a la calle
y se vendieron como pan caliente, sin representar ningún ingreso
para él. En otras palabras, un robo descarado. Y de cantidades significativas.
¿QUIENES QUIEREN
ACABAR CON LA PIRATERIA?
Los interesados en que acabe la piratería
son:
a) El Estado, porque es una cuestión
legal y las leyes deben cumplirse, además que con la vigencia de
la piratería, teóricamente, recaudan menos impuestos;
b) Las disqueras, porque ven disminuidos
sus ingresos en un 95%;
c) La Asociación Peruana de
Autores y Compositores (APDAYC);
d) Los artistas, músicos e
intérpretes, por la misma razón anterior;
Sin embargo, analicemos las razones
por las cuales a dos de estos tres "interesados" no les interesa acabar
con el problema:
a) El Estado no tiene ningún
problema con la piratería. Lo del cumplimiento de las leyes es algo
risible aquí, así que mejor no hablemos. En cuanto a la recaudación
de impuestos, el problema no existe, porque en la mayoría de los
puestos donde se venden cassettes piratas se entrega boleta de venta por
los mismos, así que el IGV se recauda igual, sea el disco pirata
o legal.
b) Las disqueras: ¿alguien
en su sano juicio puede dejar impunemente que su negocio y forma de subsistencia
sea robado diariamente sin hacer absolutamente nada? Es extraño
que en un rubro comercial de nuestro país en el que hay inversión,
salen nuevos artistas, se graban nuevos discos -con todo el costo que eso
significa en estudios de grabación, fotografía, arte, diagramación,
distribución, etc.-, empresas que son robadas permanentemente se
mantengan aún en pie y con ventas ínfimas. Y lo que es peor,
que nunca hagan nada serio por acabar con un mal que debió haberlos
mandado a la quiebra hace mucho. Hummmm. Qué sospechoso, ¿no?
c) LA APDAYC: eficiente agremiación
de compositores solamente, que cumple muy bien su función, cuya
recaudación ha aumentado geométricamente con las últimas
directivas. Sin embargo, sus principales ingresos los representa la recaudación
por difusión de temas musicales, es decir, grupos que tocan en una
fiesta, música que se toca en una discoteca, difusión radial,
televisiva, etc., y por tanto, la baja de la recaudación de derechos
de autor por venta de discos y cassettes representa un ingreso menor, aunque
significativo, del total de lo que reciben. En pocas palabras, si en una
discoteca se toca un disco pirata, la APDAYC cobra igual.
d) El artista es el único que
queda en realidad. De los dos primeros, olvídense. Sin embargo,
el artista no está organizado, no lucha porque no sabe que la piratería
le roba (aunque no lo crean). Al contrario, cree que con la piratería
es "más popular"; que la piratería le "ayuda a surgir". Es
para llorar. Claro que para los piratas es para reír.
En conclusión, prácticamente
el único perjudicado con esta lacra es el artista, el intérprete,
el músico, el cantante. La lucha es de David contra Goliat, porque
los ingresos ilegales por piratería representan alrededor de 10
millones de dólares por año, así que la lucha es contra
delincuentes de alto vuelo. Las incursiones policiales contra la piratería,
muy publicitadas por cierto, en realidad atacan a los peces chicos, advenedizos
que quisieron entrar al negocio y fueron soplados por los peces grandes,
con el fin de mantener control perpetuo sobre el mismo. Y lo siguen haciendo.
Estas incursiones inclusive sirven como pantalla para decir que algo se
está haciendo, y que el problema es demasiado grande.
¿Soluciones? Bueno, un poco
difícil, ¿no? Yo creo que se debe partir de una decisión
política, como aquella decisión que, salvando las distancias,
llevó al fin del terrorismo. |