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TRABAJO PRÁCTICO MICROECONOMIA I
Segundo Cuatrimestre – Año 2006
El trabajo consta de dos partes en las cuales se valorará más que la trascripción de textos el trabajo de investigación e interpretación de los mismos. Además deberá tenerse en cuenta su presentación en donde exista una presentación general y se especifique correctamente la bibliografía utilizada.
El trabajo debe realizarse en grupos de 3 personas y formará parte de la nota del segundo parcial. El desarrollo del trabajo de ser de un MAXIMO de 5 carillas.
La fecha de presentación del trabajo es el día 27 de octubre, siendo la entrega obligatoria para poder rendir el segundo examen. El día 20 de octubre se realizará una clase de consulta y orientación sobre la marcha de los trabajos. Adicionalmente está a su disposición para cualquier consulta la casilla de e-mail del curso: [email protected]
Lea atentamente las frases que se transcriben a continuación y en no más de tres carillas, coméntelas desde los distintos puntos de vista estudiados en el curso. Tome en cuenta, al menos, problemas como determinación de los precios (valor), concepción de la sociedad, estudio de relaciones sociales, análisis de esferas de la circulación y producción y naturalización de las relaciones sociales. Realice además una breve investigación sobre el autor de la frase y el contexto histórico en que se realiza la misma.
“Así, pues, el valor no es algo inherente a los bienes, no es una cualidad intrínseca de los mismos, ni menos aún una cosa autónoma, independiente, asentada en sí misma. Es un juicio que se hacen los agentes económicos sobre la significación que tienen los bienes de que disponen para la conservación de su vida y de su bienestar y, por ende, no existe fuera del ámbito de su conciencia. Y así, es completamente erróneo llamar valor a un bien que tiene valor para los sujetos económicos, o hablar, como hacen los economistas políticos, de valores, como si se tratara de cosas reales e independientes, objetivando así el concepto. Lo único objetivo son las cosas o, respectivamente, las cantidades de cosas, y su valor es algo esencialmente distinto de ellas, es un juicio que se forman los hombres sobre la significación que tiene la posesión de las mismas para la conservación de su vida o, respectivamente, de su bienestar. La objetivación del valor de los bienes, que es por su propia naturaleza totalmente subjetivo, ha contribuido en gran manera a crear mucha confusión en torno a los fundamentos de nuestra ciencia” (Menger, Carl, “Principles of Economics” New York University Press, 1996; p. 108-109).
“La reflexión acerca de las formas de la vida humana, incluyendo por tanto el análisis científico de ésta, sigue en general un camino opuesto al curso real de las cosas. Comienza post festum y arranca, por tanto, de los resultados preestablecidos del proceso histórico. Las formas que convierten a los productos del trabajo en mercancías y que, como es natural, presuponen la circulación de éstas, poseen ya la firmeza de formas naturales de la vida social antes de que los hombres se esfuercen por explicarse, no el carácter histórico de estas formas, que consideran ya algo inmutable, sino su contenido. Así se comprende que fuese simplemente el análisis de los precios de las mercancías lo que llevó a los hombres a investigar la determinación de la magnitud de valor, y la expresión colectiva en dinero de las mercancías lo que les movió fijar su carácter valorativo. Pero esta forma acabada del mundo de las mercancías – la forma dinero-, lejos de revelara el carácter social de los trabajos privados y, por tanto, las relaciones sociales entre los productores privados, lo que hace es encubrirlas” (Marx, Karl; “El Capital”, Fondo de Cultura Económica, 1992; p. 40-41).
En no más de dos carillas exprese su opinión sobre los dos artículos de diario que se presentan a continuación. Tome en cuenta para ello los conceptos teóricos vistos en clase que se solicitan a continuación.
Artículo 1: “El precio del oro ¿una señal de alarma?”, diario Clarín, 4 de junio de 2006.
Debata el artículo contraponiendo las visiones que un economista político y otro neoclásico darían sobre el mismo.
Artículo 2: “¿Es posible ponerle precio a la felicidad?”, diario La Nación, 25 de marzo de 2006.
Analice el artículo a partir de la discusión sobre la utilidad ordinal y cardinal y la construcción de modelos analíticos para comprender relaciones sociales.
Según algunos economistas, el boom del oro y de la plata podría ser el
preanuncio de una crisis en la principal moneda del mundo.
THE NEW YORK TIMES.
ESPECIAL PARA CLARIN
Pocos años
atrás, todavía se podía entrar en la tienda Michael C. Fina de la Quinta Avenida y conseguir cubiertos de plata a buen precio. Por el conjunto de dos
tenedores, dos cucharas y un cuchillo italianos de marca Barocco se pagaban
menos de 200 dólares.
Ese mismo
conjunto hoy cuesta 260 dólares, por la fuerte suba del precio de plata durante
el último año.
Algo
semejante ha ocurrido con los anillos de oro y de platino de la
planta baja del local. Como los precios del oro subieron más de un 50% el
último año, los novios de esta temporada saben que sus casamientos serán mucho
más caros que hace doce meses.
Pero para
algunos economistas que usan el precio del oro como bola de cristal, el
centro de nuestra compasión no deberían ser esas novias y novios sino la
economía de los Estados Unidos.
El boom del
oro y de la plata, afirman estos economistas, es una señal de que el
país finalmente va a pagar por los años de dinero fácil, de endeudamiento, de
importaciones baratas de Asia y de enorme déficit presupuestario. Bienvenido a
su nuevo empleo, Henry Paulson.
Desde los
tiempos de la Roma antigua, el oro y la plata han confrontado a los gobiernos
dispendiosos con la realidad. Empezando por Nerón, los gobernantes romanos
empezaron a usar menos metal en sus monedas para poder acuñar más
dinero.
Solidus
Cuando el
pueblo de Roma se dio cuenta, el valor de las monedas empezó a caer. En 44
años, los precios de los productos cotidianos aumentaron 20 veces. Sólo cuando
el emperador Constantino acuñó una moneda nueva llamada solidus se pudo
controlar la inflación.
Desde
entonces, el oro y, en menor medida, la plata, han sido el refugio de
los inversores preocupados por la política económica de un país. «ésta ha sido
una de las pocas funciones del oro, además de servir como adorno. Un
gobierno puede emitir toda la moneda que desee, y así bajar el valor del
circulante, pero no puede "fabricar" oro.
"Tenemos
oro porque no podemos confiar en los gobiernos", escribió Herbert Hoover.
El oro puro
hoy no está en el pico de US$ 729 de comienzos de mayo, pero sigue cotizando
mucho más alto que en cualquier otro punto en más de 25 años. En su libro El oro, el historiador y asesor de
inversiones Peter Bernstein recuerda hasta qué punto llegaban en esos años los
temores de la gente por la economía: Bette Midler exigió que los 600.000
dólares que debía cobrar por una gira europea le fuesen pagados con monedas
de oro sudafricanas y no con el alicaído dólar estadounidense.
Hoy la
fiebre del oro no alcanza aquel nivel, pero hay paralelos. En eBay, el
sitio de remates, en las últimas dos semanas cambiaron de manos 9.500 barras de
oro y otras piezas en metálico, es decir, una cada dos minutos, un
aumento del 27% respecto de las dos semanas previas.
Una suba
del oro es lo mismo que una baja del dólar, pero en términos del
índice de referencia más antiguo y sólido de los dos. Además, existen muchas
razones por las cuales los dólares deberían perder valor. Los estadounidenses
estuvieron mandando miles de millones al exterior para comprar productos
de otros países, lo cual inundó al mundo de dólares. El gobierno viene gastando
más dinero del que recauda y la Reserva Federal hace unos años inyectó enormes sumas de dinero en la economía para evitar que se agudizara una depresión.
En otras
palabras, hay motivos legítimos para preguntarse si la suba del oro significa el
comienzo de la crisis que los economistas vienen temiendo. "El valor
del dólar frente al oro parece estar en caída libre", señalaron dos
estrategas de inversiones en la página editorial de The Wall Street Journal, bastión de los
que se preocupan por el oro. "Lo que tenemos delante es una crisis
monetaria: un brote de inflación alarmante, y todas sus consecuencias."
Bernstein,
el historiador especializado en el tema del oro y asesor de inversores, inventó
hace 20 años un indicador llamado índice Grim, que determina el precio del oro
(G, por gold) respecto del precio de otras
materias primas industriales (r.i.m, por sus siglas
en inglés), como el cobre.
Cuando el
oro cambia de precio junto con esas otras materias primas, es una señal
de que la dinámica básica de la economía funciona. Los precios aumentan cuando
la economía mundial crece y caen cuando hay más oferta que demanda de
commodities.
Pero, según
Bernstein, cuando el precio del oro se dispara y los precios de otras materias
primas no, eso significa que los inversores consideran al oro como un
refugio para su dinero antes de una crisis. Eso fue lo que ocurrió a fines
de la década del 70.
Compensación
En los
últimos años, los precios del oro y de los demás commodities subieron
abruptamente. Los fabricantes de computadoras utilizan cobre, los fabricantes
de aviones compran más aluminio y el crecimiento de India —el país más fanático
del oro— aumenta la demanda de joyas.
Y dado que
los precios de los commodities bajaron desde fines de los 80 hasta 2002, el
aumento reciente compensó en parte el terreno perdido. En porcentaje, el
oro todavía no subió tanto como la leche en los últimos 20 años.
Como
Bernstein, la mayoría de los economistas no aventuran opiniones sobre el fuerte
repunte del oro. "Si uno se limita a mirar la curva del precio del oro, la
sensación, sin duda, es que el mundo se está yendo al diablo. Pero si se lo ve
de esta otra manera, la percepción es distinta", dice.
"No
cabe duda de que el déficit comercial y el déficit presupuestario son problemas
reales", admite. "Están dadas todas las condiciones para un gran lío.
Pero el lío todavía no se ha producido."
TRADUCCION
DE SUSANA MANGHI
Publicado en la ed. impresa: Ciencia/Salud
Sábado 25 de marzo de 2006
Noticias | Archivo | Sábado 25 de marzo de 2006 | Ciencia/Salud | Nota
Una controvertida pero fecunda área de investigación
Psicólogos y economistas estadounidenses estudian sus orígenes y su impacto en los negocios con un solo fin: cuantificarla
WASHINGTON.- Polémico, sí, y quizás algo utópico, también.
¿Es posible ponerle precio a la felicidad? ¿Tasarla? ¿Medirla? ¿Pedir una
indemnización en un juicio de divorcio por no tenerla? Sí, según una de las más
controvertidas -y crecientes- áreas de la investigación científica en Estados
Unidos.
Los académicos bucearon en las causas de la depresión durante décadas.
Evaluaron sus consecuencias y las técnicas y medicamentos para remediarla o
paliarla. Pero en los últimos años apuntan a su opuesto: la felicidad, sus
orígenes y su impacto. Hasta, por qué no, en los negocios.
Así es como un estudio concluyó que los solteros estadounidenses, de ambos
sexos, al igual que los casados que tienen baja frecuencia de actos sexuales,
necesitan ganar US$ 100.000 adicionales al año para sentirse tan felices como
un cónyuge felizmente casado y con buena rutina sexual.
La conclusión del estudio liderado por el profesor de economía del Dartmouth
College, David Blanchflower, tiene consecuencias explosivas: abogados en
Estados Unidos analizan si es posible cuantificar una "pérdida en la
felicidad" de sus clientes al plantear una demanda de divorcio, según expuso
The Wall Street Journal en un artículo reciente.
La cifra "compensatoria" que podría reclamarse no es menor, incluso
para los parámetros de Estados Unidos, donde el ingreso promedio per cápita es
de US$ 30.547 al año, según el relevamiento de 2004 de la Oficina de Censos norteamericana.
Con esa cifra oficial como parámetro, el estudio de Blanchflower lleva a
algunos a pensar que tener una buena frecuencia sexual equivale a tener
ingresos económicos tres veces superiores a los de un estadounidense promedio,
pero felizmente casado.
Sus conclusiones se suman a los de otros estudios, como los desarrollados por
el profesor de marketing de la Universidad del Estado de Nueva York Michael
Guiry, que estudia desde 1998 las conductas y personalidades de quienes pasan horas
en los shoppings.
Guiry concluyó que salir de compras como una forma de recreación es para muchos
una forma de reafirmarse. O, en otras palabras, que quienes compran porque sí
suelen tener una autoestima más baja que quienes sólo compran ante una necesidad.
Todo un nicho para la publicidad.
"El próximo paso en mi investigación es hacer un estudio para ver si la
identidad del comprador recreacional se mantiene en otras culturas",
anticipa Guiry a LA NACION. "Aunque no he hecho investigaciones en la Argentina, esperaría similares sensaciones acerca -y conductas hacia- las compras
recreacionales que en Estados Unidos."
Lo primero es la salud
Los hallazgos de Guiry se combinan con los del profesor de psicología y
neurociencia de la Universidad Stanford Brian Knutson. Tras medir las
diferencias observadas en el flujo de oxígeno dirigido al cerebro, Knutson
concluyó que las personas suelen sentir más felicidad y satisfacción de la
anticipación de una compra que en el momento en que adquieren el producto
deseado en sí.
Semejante conclusión es un aliciente para las áreas de marketing de cualquier
empresa a la hora de armar una campaña publicitaria, que ya sabían del asunto:
promocionar la experiencia de un producto es tan o más importante como el
producto en sí. Otros académicos se concentran en la faz económica de la
felicidad. ¿Existe un ingreso mínimo para ser feliz?
Tres analistas del Centro Pew de Investigaciones, Paul Taylor, Cary Funk y
Peyton Craighill, encuestaron a 3015 estadounidenses. Y concluyeron que la
felicidad es más común entre quienes ganan más de US$ 100.000 al año (un sueldo
propio ya de la clase media-alta en este país), van a servicios religiosos y...
adhieren al Partido Republicano.
El profesor de sociología y demografía de la Universidad del Estado de Pennsylvania, Glenn Firebaugh, prefiere destacar, en cambio, la
idea de la "riqueza relativa": la gente se compara con quienes
considera sus pares por edad, lugar o similares trabajos, más que por
parámetros absolutos o teóricos de salarios o riqueza.
Firebaugh también defiende, de todos modos, el clásico concepto de que aunque
el dinero ayuda a la felicidad, pero no la genera, ni garantiza. Y que la salud
es más relevante que una cuenta bancaria, después de estudiar a más de 18.000
estadounidenses.
En esa línea va, también, el profesor de kinesiología de la Universidad de Illinois, Edgard McAuley, que pudo verificar en los hechos el precepto de que
el ejercicio físico le permite a ser más feliz en la tercera edad, elevando la
autoestima y la confianza.
La firma Sensory Logic avanzó, en cambio, por la senda abierta por el profesor
retirado de psicología de la Universidad de California en San Francisco, Paul
Ekman, que estuvo durante décadas los rasgos faciales de cada emoción. Empresas
como Canon, Toyota, Whirpool y American Express usan ahora los servicios de la
firma para medir cuáles de sus productos hacen realmente felices a sus
clientes.
Por su parte, Martin Seligman, profesor de psicología de la Universidad de Pennsylvania, apuntó a la resistencia. Comprobó que quienes tienen más
fortaleza mental son más felices.
La derivación laboral de ese principio es directa: las empresas que enseñan a
sus vendedores técnicas para lidiar con clientes dubitativos -como novias- o
para áreas complejas -como funerarias- suelen vender más. Y compañías como
Sprint Nextel y David´s Bridal están usado los hallazgos de Seligman. Pero las
conclusiones de Blanchflower son, de seguro, las más controvertidas.
Tras estimar en US$ 100.000 el dinero extra necesario para ser feliz si se
tiene poco sexo o que se es igualmente feliz con menos ahorros dinero pero más
sexo, el académico dio otro paso. Blanchflower también midió la diferencia
pecuniaria entre tener sexo una vez a la semana con una pareja monógama o una
vez al mes: la diferencia para ser feliz, entre los estadounidenses, ronda los
US$ 50.000 al año.
Por Hugo Alconada Mon
Corresponsal en EE.UU.
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