ÍNDICE

 

INTRODUCCIÓN:

 

1. ¿QUÉ ES UN CONCILIO?:

 2. ORIGEN: 

3. APERTURA:

 4. CAUSA:

 5. EL CREDO NICENO:

 6. CONSTANCIO:

 7. OBISPOS QUE INFLUYERON:

            7.1. Eusebio

            7.2. Atanasio

            7.3. Gregorio

            7.4. Basilio

            7.5. Orígenes

            7.6. Alejandro de Alejandría

       

8. ARRIO

9. SIGNIFICACIÓN DE LA LUCHA CONTRA EL ARRIANISMO: 

10. OTROS TEMAS HA TOCARSE EN EL CONCILIO:

  CONCLUSIONES:

BIBLIOGRAFÍA:

INTRODUCCIÓN

            Haciendo un conteo de los distintos Concilios que se realizado hasta nuestra actualidad son 21 Concilios realizados; entonces yo quise realizar el primer Concilio que lleva por nombre Nicea, efectuado el año (325), es por eso que me interesó realizar este trabajo sobre el Concilio de Nicea.

 

            Lo primero que hice es buscar información, tratar de buscar en muchos libros sobre el Concilio de Nicea, para luego analizar y extractar las partes más importantes y relevantes de dicha investigación con el objetivo de elaborar un trabajo bien hecho sobre Nicea. Siempre me llamó la atención este concilio por ser el primero, luego por esa herejía del famoso Obispo Arrio, donde negaba la divinidad de Jesús; tanto así que Arrio fue excomulgado.

 

            El concilio de Nicea produjo una profunda impresión en toda la Iglesia, yo diría más bien en todo el mundo, no porque antes no hubiera habido grandes concentraciones de obispos, ni porque fuera el propio emperador quien convocara el sínodo.

 

            Los concilio no son reuniones improvistas, es por que me llamo mucho la atención al leer los libros sobre la preparación para un concilio, ¿dónde se va ha realizar?, ¿cuánto tiempo durara?, ¿quién lo va ha llevar adelante?, aquí estoy valorando el esfuerzo, la dedicación de parte de todos los obispos que han participado en este concilio y en los otros que ha habido a lo largo de la historia de la humanidad.

 

           

CONCILIO DE NICEA

(325)

1.  ¿Qué es un Concilio?

 

            El Concilio es una Asamblea compuesta esencialmente de Obispos; constituye una forma de gobierno de la Iglesia.

            Estas Asambleas episcopales que se llamaran indiferentemente Concilios o Sínodos, fueron prácticamente suscitados por las circunstancias.

 

1. Primer Concilio de                  Nicea                                      325

2. Primer Concilio de                  Constantinopla                       381

3. Primer Concilio de                  Efeso                                      431

4. Primer Concilio de                  Calcedonia                             451

5. Segundo Concilio de                  Constantinopla                       553

6. Tercer Concilio de                  Constantinopla                       680 - 681

7. Segundo Concilio de                  Nicea                                      787

8. Cuarto Concilio de                  Constantinopla                       869 - 870

 

                                                Concilios Ecuménicos

 

9. Concilio de             Letrán                          1                      1123

10. Concilio de                        Letrán                          II                      1139

11. Concilio de                         Letrán                          III                     1179

12. Concilio de                         Letrán                          IV                    1215

 

13. Concilio de                         Lyon                            1                      1245

14. Concilio de                         Lyon                            II                      1274

15. Concilio de                         Vienna                                                 1311 - 1312

Apoyándose en un texto del siglo XIV, la profesión de FE llamada de Bonifacio VIII, el Concilio de Constanza.

16. Concilio de                         Constanza                                          1414 - 1418

 

Ocho Concilios Orientales y ocho Concilios Occidentales.

 

17. Concilio de                         Letrán                          V                     1512 - 1517

18. Concilio de                         Trento                                                 1545 - 1563

19. Concilio                             Vaticano                      1                      1869 - 1870

20. Concilio                             Vaticano                      II                      1962 - 1965

 

2. Origen:

En esta concepción del Hijo de Dios influyó en gran medida el concepto de Dios del platonismo medio, concepción, Orígenes había hablado de que el Logos nacía eternamente de Dios. En virtud del axioma griego de la inmutabilidad, conservaba él enfatización de la transcendencia de Dios, por obra de Plotino, entre otros, se llegó, sin embargo, a considerar esta autocomunicación de Dios cada vez más como proceso intradivino en el que el Logos visible tiene sólo una participación. Puesto que Cristo no se identifica sin más con el Logos interno, es desplazado ya por Luciano de Antioquía hacia el lado del hombre, ejerciendo así, como modelo, un impulso moral. Arrio, más dotado para la vida ascética que para la especulación filosófica, declaró, invocando afirmaciones bíblicas, el nacimientos del Logos de la nada. Su característica del Logos como engendrado, para la obra de la creación. A causa de la redención tomó el (Logos) carne más concretamente, un cuerpo inanimado de forma que todos los movimientos que la Escritura atribuye al Jesús terreno debemos asignarlos al Logos mismo. Por consiguiente, sólo podemos llamar al Logos Dios en sentido impropio. Arrio interpretó al Hijo de Dios en sentido subordinacionista, ónticamente inferior, pero con una función en la historia de la salvación.

 

 

En lugar del discutido homoousios, muchos hacían uso de la palabra hómoios: el Hijo es semejante al Padre. Eso era ya un reto a los arrianos, a los que por esta razón se llamaba “anomeos”, desemejantes, y podía entenderse en sentido niceno, sobre todo cuando se le añadía “semejante en todo”, una fórmula difundida por el obispo Basilio de Ancira.

3. Apertura:

Ante el fracaso de los esfuerzos para restablecer la paz, surgió el plan de aclarar las cuestiones religiosas pendientes por la vía sinodal. Probablemente, ya el año 324-325 se reunió un grupo de obispos orientales en Antioquía bajo la presidencia de Osio; y no sólo para solucionar una toma de postura, en el sentido de alentador, sobre la doctrina de Arrio. Las tesis de Arrio introducían la discordia en las comunidades de Oriente, la simbólica tierra donde tuco su origen el mensaje cristiano de la salvación. Puesto que se seguía observando una praxis desigual en cuando a la fecha de la celebración de la Pascua, parecía urgente la necesidad de encontrar una solución universal a todas cuestiones pendientes. La iniciativa de convocar un gran concilio partió, al parecer, de Constantino, que, como soberano universal, se semejante reunión de obispos esperaba la paz interna de la Iglesia y la asistencia divina para el imperio. El grupo en torno a Arrio contaba con el obispo cortesano Eusebio de Nicomedia. También Eusebio de cesarea de Palestina se contaba entre estos último. De Occidente, sólo cinco obispos se encontraban presentes. En total se reunieron en Nicesa uno 300 participantes. El frecuentemente citado número 318 debe ser entendido simbólicamtne, en relación con los siervos de Abrahm (Gén. 14: 14). La sesión de apertura, celebrada el 20 de mayo del año 325, tuvo lugar, según el testimonio de Eusebio, en presencia de Constantino, quien fue recibido con todos los honores por los obispos, a los que pidió que “resolvieran toda la cadena de desavenencia mediante leyes de paz”.

 

Apenas se hablaba ya de arrianismo, en oriente no discutieron tan suavemente, pues el Obispo de

El Papa Silvestre había enviado a dos presbíteros romanos como delegados, los cuales subscribieron las actas en primer lugar después del presedente. Acudieron uno 300 abispos, o sea, a lo sumo una cuarta parte de los existentes, lo cual, empeoró, no fue obstáculo para que, en lo sucesivo, el sínodo fuera considerado como representación legítima de la Iglesia entera. El Emperador entervino personalmente en las sesiones y supo maniobrar hábilmente cuando las deliberaciones parecían abocadas al fracaso.

El erudito historiador eclesiástico Eusebio, obispo de Cesarea en Palestina, propuso como esquema de la defección de fe el símbolo bautismal de la iglesia. Era una de aquellas fórmulas análogas al antiguo símbolo llamado apostólico, que se usaba entonces en la literatura bautismal. La asamblea aceptó la fórmula, pero en el artículo referente a la procedencia del Hijo respecto del Padre añadió la fórmula usada en Roma “consustancial al Padre”, como clara condenación de la doctrina de Arrio. Eusebio de Cesarea no estaba de acuerdo con tal adición. No porque se inclinaría al arrianismo, sino porque prefería dejar la cuestión pendiente y acaso también porque no se daba perfecta cuenta de su trascendencia teológica.

Eusebio de Nicomedia subscribió las actas. Arrio y dos obispos libios que se le mantuvieron fieles excomulgados.

 

4. Causa:

La discusión teológica, que había llegado hasta el emperador ya antes de la apertura del sínodo, se encendió con motivo de una fórmula de fe presentada por los arrianos que desencadenó, sin embargo, una resistencia decidida. La mayoría insistía enfáticamente en que Cristo era totalmente Dios. Con esta afirmación se pretendía salvaguardar la redención del hombre. Eusebio de Cesarea hizo una proposición intermedia: la de reconocer el símbolo bautismal de su comunidad.

El término homoosios servía en los escritos gnósticos y en los primitivos alejandrinos para expresar la participación común en una forma de ser o entidad. Así, Orígenes llamaba ya al Hijo homoousiso del Padre. El término había sido rechazado en un sínodo de Antioquía (268).

Algunos indicios parecen dar a entender que Arrio y sus seguidores entendían el homoousios en sentido gnóstico-maniqueo, y que, con su negativa, quisieron evitar la consecuencia de tener que interpretar la precedencia del Hijo del Padre como emanación, porque entonces el Padre sería corporal y mutable. La incorporación del discutido término al Símbolo podía ser, pues, una consecuencia de la discusión vivía en Oriente, para negar la inclusión arriana del logos en le ámbito de lo creado. Por esta razón según Atanasio, los padres conciliares designaron al Hijo hommousios del Padre, porque aquél es a éste como el resplandor a la luz.

La intención simbólica de Nicea del Hijo en el ámbito divino. Va, por consiguiente, contra la concepción cláusula conclusiva de la fórmula de Fe: “aquello, empero, y: que de lo no existente fue hecho: , o de otra subsistencia. o esencia éstos los anatematiza la Iglesia católica y apostólica.

 

5. El Credo Niceno:

La fórmula de Fe “en el solo Señor Jesucristo, palabra de Dios, Dios de Dios, luz de luz, vida de vida, Hijo único, nacido antes de todas las criaturas, engendrado por el Padre antes de todos los tiempos, por el que todo ha sido creado”.

Ni el emperador ni los reunidos presentaron objeción alguna en contra, pero se debían complementar las expresiones equívocas.

“Creemos en solo Dios, padre todopoderoso, creador de todos los seres visibles e invisibles. En un solo Señor, Yeshúa Cristo, el hijo de Dios: Engendrado del Padre, unigénito, eso es de la sustancia (ousias), del Padre; Dios salido de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero; engendrado y no creado, consustancial al padre; por él todas cosas vinieron al ser, las que están en el cielo y las que están sobre la tierra”.  “El que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó; se encarnó, inhumanizó, sufrió, resucitó al tercer día, subió a los cielos, vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Y en espíritu Santo. Y cuando a los que dicen: hubo un tiempo en el que él no existía, y antes de ser engendrado, él no existía, y que vino al ser a partir de la nada, o bien que salió de otra realidad (hypostaseos) o sustancia (ousias), que pretenden que puede cambiar o alterarse el hijo de Dios a esos los echa de su cuerpo (anathematizei) iglesia (asamblea) católica universal y apostólica de los enviados”.

 

6.Constancio:

Constantino murió en el año 337, después de recibir el bautismo en su lecho de muerte de manos de Eusebio de Nicomedia. Su hijo y sucesor Constancio era un tipo completamente distinto. No tenía el encanto personal de su padre, aunque tampoco su vanidad, no quería ser el bienhechor de la Iglesia, sino dominarla; no salvaguardar la paz, sino imponer convicciones, y éstas habían de ser justamente las suyas, o sea, las arrianas. Como su padre, no recibió el bautismo hasta poco ates de morir. El arrianismo era para él más importante que el cristianismo. Al principio tenía que proceder todavía con cautela, por consideración a su hermano Constante, que gobernaba el Occidente y era niceno estricto; pero después de la muerte de constante, se mostró cada vez más severo contra los católicos.

Constancio siguió una política de corte crecientemente arriano. Naturalmente, en un primer momento tras la muerte del padre, los tres hermanos permitieron la vuelta del exilio de todos los fieles de Nicea, entre los que se encontraba Atanasio.

Tras diversas peripecies políticas, Constancio consiguió la victoria sobre el usurpador en una sangrienta batalla en Mursa (351), en la que, por cierto, el emperador no intervino con las armas, pues permanecía orando en la tumba de un mártir. Elevado a la categoría de soberano absoluto, abandonó pronto la cicunscripta política religiosa que había llevado durante los últimos años y comenzó a apoyar de nuevo al arrianismo, influido principalmente por el astuto Valente de Mursa. Sirvió de base a las medidas de políticas religiosa de Constancio una confesión de fe que una reunión de obispos había elaborado en el campamento imperial de Sirminio que pareció aceptable en la totalidad del imperio. En esta primera fórmula de Sirmio se distanciaba tanto del arrianismo crudo como el homoousios, adoptando una posición intermedia, debía sustituir lisa y llanamente al Símbolo de niceno.

 

7. Obispos que influyeron:

 

7.1. Eusebio: Obispo de Nicomedia, toma la defensa de Arrio, en una carta de la que nos queda un fragmento. Dios es único, el engendrado es único. En consecuencia, escribe Eusebio, el logos de Dios no puede formar parte de la esfera divina.

Nació el 265 y murió el 340, natural de Cesarea de Palestina, fue obispo de aquella ciudad y trabajó toda su vida en obras históricas y apologéticas para demostrar la verdad del cristianismo. Era origenista, semiarriano y adversario de San Atanasio.

Se célebre historia Eclesiástica abarca desde Jesucristo hasta el año 324. Tiene el mérito de haber conservado multitud de documentos antiguos. Escribió también una Vida de Constino, en la panegiriza excesivamente a este príncipe.

7.2. Atanasio: En estas circunstancias concentraron los arrianos todos sus esfuerzos centra el nuevo obispo de Alejandría, San Atanasio. Era el defensor más temido de Nicea, y por esto era necesario eliminarlo. Los triunfos obtenidos los animaron a esta difícil empresa.

Nacido Atanasio en Egipto, tal vez en Alejandría, hacia el año 295, recibió una educación cuidadosa, clásica y cristiana. Elevado al diaconado en 318, lo tomó como secretario al obispo Alejandro. Los trabajos apologéticos que escribiera ya entonces, prueban que la cuestión del Verbo formaba su preocupación. Ya indicamos en otro lugar el papel importante que desempeñó en el concilio de Nicea, y no es difícil comprender el gusto con que subscribiría el símbolo de fe de aquel concilio. Desde entonces, su causa se confunde con de la de ortodoxia. Para ello tuvo que sufrir innumerables vejaciones; cinco veces fue desterrado y siempre luchó con la mayor valentía.         

Fue, durante todo este tiempo, la columna de la ortodoxia nicena. En total tuvo que salir cinco veces para el destierro. El verdadero tema de discusión era, a menudo, más la persona de Atanasio que la teología trinitaria.

 

7.3. Gregorio llamado el Taumaturgo: De fines del siglo II tenemos una fórmula de fe en la que puede discernir aún el desplazamiento que anunciamos en el significado y empleo de los términos “padre” e ‘hijos”. Que, en la profesión de fe de Gregorio, llamado el Taumaturgo, Dios es llamado padre de su propio logos, de su propia palabra, de su propia sabiduría.

Nació en Neocesarea del Ponto, siguió las lecciones de Orígenes en Cesarea de Palestina, donde se convirtió, llegando a ser el primer obispo de su ciudad natal. Fue un sabio; pero la historia valoró más la ardiente caridad con que adoctrinó y gobernó a su grey, y el fecundo apostolado que autorizaban sus portentosos milagros.

 

7.4. Basilio: Nació en Cesarea, capital de Capadocia, en los años 329-331. Hace estudios en Cesarea, después en Constantinopla, luego en Atenas, donde traba conocimientos con Gregorio de Nacianzo, y también con Juliano, que será emperador. Vuelto a su patria, enseña primero retórica. recibe el bautismo. Entre 357 y 358 visita los conventos de Egipto, de Palestina, de Siria, de Mesopotamia. Vive como monje. Es ordenado sacerdote en el año 364, y elegido obispo de Cesarea en el año 370, Muere en 379.

 

7.5. Orígenes: de Alejandría nació hacia 185, probablemente en Alejandría. A los dieciocho años, su obispo le encarga enseñar el cristianismo en la escuela cristiana de Alejandría. Su ciencia filosófica y exegética era inmensa. Su prestigio extraordinario. Hacia 212 dirigiéndose a Roma porque deseaba ver la antiquísima iglesia de los romanos.

El más célebre discípulo de Clemente Alejandrino; genio precoz, a quien su obispo puso a los dieciocho años al frente de la famosa escuela; atrajo  a ella gran multitud de oyentes, incluso paganos. Alejado luego de Alejandría por el obispo que le había encumbrado, organizó otra en Cesarea de Palestina, según el modelo de la Alejandría, y con el prestigio de su nombre le dio rápido incremento, atrayendo en torno suyo a los hombres más eminentes. A los cuarenta tres años se ordenó; y los setenta murió, a consecuencia de los tormentos sufridos en la persecución de Decio.

Hombre de increíble actividad en el trabajo, se dice que compuso una seis mil obras, de las que aún hoy se conocen ochocientas. Abarcó todas las ramas de las ciencia eclesiástica e introdujo un cúmulo de ideas nuevas desconocidas.

 

7.6. Alejandro de Alejandría: Obispo de Alejandría, recuerda lo que el piensa

 

8. Arrio:

Era presbítero de Alejandría a principios del siglo IV, en el barrio portuario, en Báucalis. Hacia 318 ó 320 Arrio entra en conflicto con el obispo de Alejandría, llamado Alejandro.

 

Arrio declara en plena iglesia que el hijo de Dios había sido creado de la nada, que hubo un tiempo en que no existió, que era capaz, a voluntad, de vicio y virtud, que era una criatura y producto de una operación.

 

Formado con Luciano de Antioquía, se unió a esta corriente, pero cambió luego de frente. El obispo Alejandro le encomendó el año 313 la cura pastoral de alejandrina iglesia Baukalis. Posteriormente lo desautorizaron los memecianos por sus tesis sobre el Logos y sobre la relación de éste con el Padre. Arrio había manifestado públicamente su tesis desde el año 318-319, suponiendo tal vez que los mismos representaban la tradición alejandrina. En una discusión mantenida en presencia del anciano Alejandro, Arrio expuso su punto de vista según el cual “el Hijo de Dios es creado de los no existente; afirmaba que hubo un tiempo en el que el Hijo no existía; que es capaz de lo bueno y de los malo; que criatura y creado”.

Los restantes obispos que habían simpatizado con el arrianismo aceptaron la confesión, salvo en los referente a la condena de Arrio. En un escrito dirigido a su comunidad, Eusebio de Cesarea justificaba su conducta, no tanto con argumentos teológicos, sino haciendo referencia a la paz de la Iglesia, que se debía agradecer al emperador.

Se obtuvo incluso que el emperador perdonara a Arrio. Pero \Arrio murió repentinamente antes de que pudiera ser readmitido en la iglesia, y los católicos, que contemplaban todo este juego de intriga con creciente repugnancia, vieron en ellos la mano de Dios.

 

9. Significación de la lucha contra el arrianismo:

El arrianismo, cuya doctrina fundamental era la negación de la divinidad de Cristo, hacía de la religión cristianan, en el mejor de los casos, un monoteísmo filosófico, del que quedaban excluidas, o sólo eran admitidas en forma desfigurada, las verdades reveladas de la encarnación, la redención, la gracia y los sacramentos. En realidad, la lucha no versaba sobre palabras, como homoosusios y homoios, “consustancial”, “semejante o desemejante en esencial”.

Lo que estaba en juego eran los dogmas fundamentales del cristianismo, ocultos detrás de aquellos términos. Tal es la naturaleza de nuestra religión, que un sólo error en un dogma fundamental echa por los suelos no solamente el sistema doctrinal, sino también el tipo cristiano de vida. Usan la palabra “Dios” en u sentido figurado, pero el pueblo la entiende en su sentido propio. Hablan de Cristo como Hijo de Dios, en el mismo sentido en que se dice que todos los cristianos se convierten en hijos de Dios por el bautismo, pero el pueblo entiende una verdadera filiación. Dicen que el hijo de Dios existía antes que todo tiempo y quieren decir que fue creado antes que todas las demás criaturas, más el pueblo entiende que existe desde la eternidad.

 

10. Otros temas ha tocarse en el Concilio:

El concilio aprobó además diversos cánones referentes a la distansciplina eclesiástica. A los adeptos del cisma de Melecio, que había surgido en Egipto durante la persecución de Dioclesiano, se les allanó el camino para volver a la Iglesia, y lo mismo se hizo con los novacianos, que , como los melecianos, no se habían apartado de la doctrina católica. Se decidió que los clérigos que se reincorporaran a la Iglesia, incluso los obispos, conservarían sus dignidades. Para poner fin de una vez a la antigua polémica sobre la fecha de Pascua, el concilio pidió al emperador que cuidara de establecer un calendario único por medio de una ley imperial. Constantino pasó el encargo a la Iglesia de Alejandría, que era la mejor provista de astrónomos, confiándoles la tarea de fijar anualmente el tiempo pascual.

De Nicea a Constantinopla (325)

Muchos obispos salieron descontentos del concilio de Nicea, como Eusebio de Cesarea. Casi todos estaban contra Arrio y su negación  de la divinidad  de Cristo, pero a  muchos les disgustaba la expresión homoousios = consustancial, Además, el concepto del magisterio de la iglesia no estaba aún claro en las mentes de todos; y eran muchos lo que no acababan de darse cuenta de que una vez tomada por la iglesia una decisión en materia doctrinal, ésta debía valer como totalmente definitiva e inalterable. Mientras vivió Constantino, nadie osó levantarse contra el concilio de Nicea y su definición. En lugar de esto empezaron en seguida a urdirse intrigas contra los obispos que más a pecho tomaban la propagación del credo niceno y su doctrina del homoousios. El instigador de todas estas intrigas era Eusebio de Nicomedia, quienes había caído en desgracia con Constantino a causa de su dudosa actitud en Nicea; consiguió empero su rehabilitación gracias al favor de la hermana del emperador y al final vio incluso realizada su gran ambición de ser nombrado obispo de la capital del Imperio, Constantinopla.

En oriente, los mas activos defensores del homoousios eran los obispos de la dos iglesias más importantes, Eustacio de Antioquía y Atanasio de Alejandría, quien poco después del concilio había sucedido al obispo Alejandro. Se consiguió deponer a ambos, a Eustacio en un sínodo reunido en Antioquía en 330, a Atanasio en uno de Tiro en 335, y persuadieron al emperador a que los desterrara.

Una vez resuelto el caso de Arrio, el sínodo trató el problema de la distinta fecha de celebración de la Pascua. Con el fin de conseguir la unidad en este punto y llegar a la celebración de la fiesta pascual en la misma fecha, los padres conciliares señalaron como normativa la costumbre alejandrina y romana, con lo que pudo hacer desaparecer toda contradicción. Según una fuente posterior, Alejandría recibió el encargo de comunicar en cada caso la fecha a las restantes Iglesias.

Otras discusiones versaron sobre la praxis eclesiástica, cuya conclusiones ser resumieron en 20 cánones, una forma jurídica de reglamentar las cuestiones internas de la Iglesia. Algunas disposiciones recordaban el historiador eclesiástico Sócrates no sea una simple invención literaria, ante la protesta del obispo Padnuncio, se habría rechazado la propuesta del celibato general de los sacerdotes. Con la aceptación de la división territorial del Estado, el concilio resaltaba la responsabilidad propia de las provincias.

Se recordaron los derechos de Antioquía, mientras que a Jerusalén, solo le fue reconocida una primacía honorífica. Con ello se perfila la división territorial en el sentido de las Iglesias matrices o de los posteriores patriarcados según la vieja costumbre, probablemente acomodándose a la división del Estado en provincias. 

La disciplina y la organización eclesiástica experimentaron así una reglamentación universal, cuya defensa mediante el poder estatal dejaría profunda huella en el carácter institucional de la imagen visible de la Iglesia.

La terminación del concilio coincidió con la celebración del veinte aniversario de la subida de Constantino al trono (vicennalia), con tal motivo, el emperador invitó a los obispos a un banquete, para darles la despedida a continuación, con ricos regalos y con la exhortación de “conservar la paz unos con otros”. Llenos de las ideas directrices de un culto y una fe, el emperador expresó en un escrito dirigido a la Iglesia su satisfacción por la marcha de las negociaciones, al tiempo que a la comunidad de Alejandría le recordaba una vez más lo errores de Arrio. Su autoridad elevó las conclusiones del concilio a la condición del ley del Estado.

 

 

CONCLUSIONES

 

           

            Al finalizar este trabajo sobre el Concilio de Nicea, pues me quedo con gran duda aún, pero en la gran mayoría he llenado lagunas, vacíos que muchas veces se dan por no leer, profundizar los textos de la Historia de la Iglesia. Quedo admirado e impresionado por la calidad de concilio que se ha dado el año (325).

 

            De alguna manera creo que he logrado lo que buscaba, poder realizar un trabajo presentable de investigación e información sobre el Concilio de Nicea, pues al leer los extensos libros he podido encontrar muchos detalles, hechos, acontecimientos que sucedieron en el Concilio, realmente admirables: Todo este desenlace se da con un Obispo llamado Arrio, pero que en realidad también sigue esta doctrina que es de la antigüedad, y no es propia de El, claro esta que el la sostiene y la defiende, es más lo presenta como una tesis propia de El, y no solo era el, sino que tenía un arrastre, una influencia de parte de otros obispos que lo defendían y apoyaban su herejía.

 

            Otro rasgo fundamental que he podido apreciar fue el “Credo Niceno”, como hasta nuestros días vamos formulando y expresando algunos rasgos básicos extractados de ése concilio y nosotros los cristianos hoy eso lo tomamos como fundamento de nuestras vidas. Creer en solo Dios, Padre todopoderoso, en el Hijo de Dios, engendrado del Padre, tal como lo relata textualmente la fórmula, y en el Espíritu Santo. Personalmente creo que en este concilio se ha dado lo fundamental de nuestras vidas como cristianos, formular un credo de esta altura, donde prácticamente es la base, el centro, de toda nuestra fe, el Credo: Aquí claramente lo expresa el credo Niceno hecho el año (325), en un concilio que se fundamento posteriormente en Jesucristo las dos naturalezas, hombre y Dios al mismo tiempo, hecho a imagen de Dios. Quien ve a Jesús ve también al Padre, como él mismo lo ha expresado.

BIBLIOGRAFÍA

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 LENZENWEGER, L. STOCKMEIER. P. AMON, K. ZINNHOBLER R., HISTORIA DE LA IGLESIA CATOLICA, Editorial HERDER, Barcelona, 1989, Pág. 127-149.

 QUASTEN, Johannes, PATROLOGÍA, Hasta el Concilio de Nicea, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, Pág. 30-53.

 ECHEVERRIA, Lamberto. LLORCA, Bernardino, AÑO CRISTIANO, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, Pág. 123-125.

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