.....Los viajes de Valentín Paniagua al interior, su presencia en un homenaje a Diego García Sayán con sabor a relanzamiento político y la anunciada designación del general (r) Carlos Tafur como candidato de Acción Popular en Lima, sugieren que el partido mantiene sus reflejos históricos y que está decidido a dar batalla en el 2006, o antes si fuera preciso.
El periplo de Paniagua está pensado para establecer su imagen en los próximos escenarios políticos regionales, y añadirles un poco de punche a las candidaturas municipales de AP. Su presencia en diversas localidades amazónicas en los días del conflicto arrocero en San Martín no ha pasado inadvertida.
García Sayán -quien logró dejar el gabinete Dañino con un mínimo de yaya- sería el complemento ideal para una futura plancha presidencial de Paniagua. Por el camino García Sayán podría encarnar un retorno de la antigua alianza de AP con la centro-izquierda, sobre todo con una izquierda cristiana muy bien implantada territorialmente.
Un militar retirado candidato municipal parece exactamente el tipo de mensaje múltiple que Fernando Belaunde hubiera dado en estas circunstancias. La opción Tafur evoca las privilegiadas relaciones de AP con la Fuerza Armada en otros decenios, y les sale al paso a algunas incomodidades castrenses con este tramo de la democracia.
Hoy Paniagua parece el candidato natural para enfrentar a Alan
García en una próxima elección presidencial. Sin embargo todavía le queda por
demostrar una capacidad de convertir prestigio personal en peso político electoral. Esto
es algo que ni él ni nadie va a conocer realmente hasta después de las elecciones de
noviembre.
Pues antes de confrontar a García, Paniagua tendrá que enfrentar a Lourdes Flores,
Fernando Olivera, y si estamos hablando de 2006, a un probable candidato del fujimorismo.
Para entonces haber ayudado a restablecer la democracia quizás no concite tanta gratitud
como en estos años, y Paniagua tenga que politizar mucho más su imagen.
Esta conversión de prestigio en peso político inevitablemente pasa por la reconstrucción del aparato partidario de AP. Fiascos electorales, francos coqueteos con el neoliberalismo y la activa longevidad del fundador impidieron a AP la recuperación que tuvieron otros partidos que lucharon contra la dictadura. El breve codeo con el toledismo tampoco ha ayudado mucho.
Un partido afiatado es clave, pues si la centro-izquierda mantiene la incapacidad para dejar sus cuarteles de invierno en el archipiélago de las ONGs y reconstituirse en un partido, AP sería el polo aglutinador llamado a compensar esa carencia. O viceversa. De otro modo simplemente se estarían juntando el hambre y la necesidad.