Mensaje a la Juventud
11 de marzo de 1956
¡Juventud! He
ahí el grito de batallad e la campaña política que se me invita a iniciar. Los
jóvenes, ha dicho Disraeli, son los depositarios de la posteridad. Me dirijo a ellos, a
los que visten el traje del estudiante o del trabajador, a los que cubren sus pechos
juveniles con el honroso uniforme de la Patria, o a los que, apartados en la Selva o el
Altiplano, llevan todavía en sus hombros los vistosos tejidos ancestrales. Me dirijo a
ellos, y por su intermedio a la ciudadanía entera, para decirles que si me requieren en
la hora de la lucha me encontrarán a su lado, compartiendo su fervor y viviendo su
esperanza.
Buscamos el
establecimiento de un gobierno de orden, pero de orden institucional; de un régimen
fuerte, pero de fortaleza que se base en la legitimidad de su sustento. No entendemos por
"orden" un estado de permanente emergencia en que las garantías individuales
estén permanentemente amenazadas ni por "gobierno" un arma para combatir al
adversario político, sino un escudo para defender la Constitución y los derechos
ciudadanos. De ahí nuestra disconformidad con los métodos que se han venido empleando en
los últimos años y nuestra convicción de que el próximo régimen debe significar una
efectiva renovación.
Un régimen
legítimo, inobjetable, requiere la participación de toda la ciudadanía en el proceso
electoral. Exige el término de odiosas persecuciones y prisiones políticas, de las que
son víctimas ciudadanos de opuestas tendencias y la rehabilitación franca y valiente, no
sólo de gran parte del electorado, sino, particularmente, de los que habiendo sufrido
prisiones, destierros y toda clase vejámenes, en su condición de líderes, hayan
acreditado convicciones que, compartidas o no, exhiben a propios y extraños el
título de su sacrificio para reintegrarse a la patria y disfrutar plenamente de sus
derechos. Nosotros alzamos nuestra voz contra el agravio inferido a esos compatriotas
ausentes
Porque la juventud con la que
estoy identificado, no puede admitir recortes a la libertad. Porque busca la libertad
grande, total, generosa; no la pequeña libertad fraccionada, restringida, mezquina. No se
contenta con disfrutar de ella sabiendo que no hay satisfacción legítima en el goce de
un derecho que le es negado a otros; porque compara, como el filósofo, la Libertad con la
Cruz que, entera, es un símbolo y partida, un pedazo de madera.
No ha arriado
no arriará la bandera que tempranamente enarbolamos de una amnistía política general,
reclamada por todo el país, cuya postergación constituye un craso error ya que, en todo
caso, no pasará del 28 de julio, pues corresponderá entonces al nuevo Gobierno el honor
de decretarla, como al amanecer de la República, "por la voluntad general de los
pueblos...".
La
ennoblecedora presencia de la mujer en estos comicios debe marcar la reconciliación de la
familia peruana y el comienzo de una era de armonía fecunda. Y la juventud, que llega
limpia de rencores a la lucha política, que se inicia en la vida cívica llena de
esperanzas, debe ser la base de ese resurgimiento democrático.
El hecho
infortunado que muy a menudo artículos básicos de nuestra Constitución en cuanto a
ciudadanía y sufragio sean letra muerta, ha determinado que en los procesos electorales
todo el interés se concentre en pedir la restitución de su vigencia. Tan elemental
anhelo ha postergado el aleccionador debate de los problemas nacionales. El
restablecimiento del imperio pleno de la Carta Magna tendrá la virtud de abrir ese debate
y de iluminar con él el camino de los que llegan a la función pública, porque el
electorado está ciego si se limita a elegir hombres. Debe escoger hombres e ideas,
programas y objetivos.
Hay que
mejorar las condiciones de vida y consolidar la economía nacional, mediante el esfuerzo y
la austeridad. Continuar una política de nuestras obligaciones, a fin de mantener
abiertas las puertas del crédito internacional, única manera de desarrollar
aceleradamente el país. Debemos teñir de verde el arenal. Ampliar las áreas agrícolas
por medio de la irrigación, que requiere cuantiosas inversiones, inspirándose en la
relación de hombre y tierra que practicaba en Incario. La Sierra y la Selva no deben
esperar por más tiempo el impacto decisivo y beneficioso del progreso. La comunidad
agraria, sin destruir sus hondas raíces, debe evolucionar hacia la moderna y flexible
cooperativa, que sabe atraer capitales y renovarse. Estudiando las notables mejoras
introducidas, mediante procedimientos científicos en los pastos de las zonas nórdicas
del mundo, puede reflorecer en la Puna una ganadería que ha dado universal renombre a
nuestros finísimos mas no abundantes tejidos.
Debemos
delinear con obras la carta nacional. Industrializar el país y apoyar la pequeña
minería. Dar nuevo impulso a las carreteras transcontinentales e interandinas, cuyo
carácter internacional sugiere posibles financiaciones al margen del Presupuesto.
Mediante un plan nacional debe buscarse el beneficio directo de las clases económicamente
débiles y, en particular, de la familia modesta; el crédito barato para la vivienda y el
taller debe ponerse al alcance de todos. Hay que luchar porque se cumplan los preceptos de
la gratuidad y obligatoriedad de la enseñanza para los dos tercios de la población en
edad escolar que está privada de esos beneficios básicos, y la alfabetización de los
que habiendo pasado esa etapa viven al margen de la cultura moderna.
El chispazo de
la fuerza motriz, que no ha llegado a la mayor parte del territorio patrio, debe iluminar
el oscuro horizonte del artesano y del pequeño industrial, que aún dependen
exclusivamente de sus manos para el trabajo.
Es preciso
terminar las obras que queden inconclusas, no destruir lo ya iniciado. Seguir adelante.
Llamar a la función pública a ciudadanos honrados, patriotas y capaces, vengan de donde
vinieren.
No se me
oculta cuán duro es el camino de la lucha principista y del servicio público. Sé que un
hombre que acepta el honor y la responsabilidad de tomar un puesto de comando debe
renunciar a su propia tranquilidad, afrontar todos los riesgos y encabezar todas las
contiendas. Pero tengo el profundo convencimiento de que la vida misma es escasa
retribución al homenaje de la confianza pública.
Aunque sin
merecer el honor, yo aceptaré conscientemente la responsabilidad de la alta misión que
se me señale, en el caso de que un fuerte contingente de mis conciudadanos de diversas
ideologías favorezcan con su respaldo la cruzada pre - electoral que, con entusiasmo y fe
que me abruman, se propone iniciar el Frete Nacional de Juventudes Democráticas, como una
consulta previa a la opinión pública, directa y legítima fuente de las candidaturas
auténticas. Tan noble, espontáneo y desinteresado procedimiento me permitirá, en caso
tener éxito, asumir los deberes de una candidatura presidencial, surgida del pueblo mismo
con el que yo aspiro a unir a los hombres más capacitados para servirlo.
Comparto,
pues, los anhelos juveniles y veo en nuestra comunidad de miras y no por cierto en mis
escasos méritos, generosamente exaltados para elevarme a la altura de su gesto, la razón
de un pedido que me honra porque me ofrece la posibilidad subyugante de servir a la Patria
y el privilegio no menos grato, de tomar en mis manos las limpias banderas populares que
la juventud me alcance.
Lima,
11 de marzo de 1956
FERNANDO
BELAUNDE TERRY