La Noche del GOLPE
Un pronunciamiento militar -el número 27 del
siglo XX en el Perú- derrocó, la noche del 3 de octubre de 1968, al presidente Fernando
Belaunde. El cuartelazo se veía venir; pero nadie pudo evitarlo.
El ex presidente Belaunde Terry narra incidentes, algunos desconocidos o desfigurados, de esa noche cargada de tanques. "Esto no es un inventario de rencores, sino de experiencias que no se deben olvidar", dijo en larga entrevista que aquí extractamos. "Todos los reveses y ofensas que yo haya recibido han sido siempre recompensados por enormes rectificaciones o desagravios del voto popular". Al día siguiente del golpe, miles de ciudadanos, sobre todo jóvenes, se lanzaron a protestar en las calles. El 9 de octubre, 300 hombres del Ejército tomaron la refinería de Talara, en manos de la International Petroleum. Las tensiones amainaron.
AL aproximarse el 30
aniversario del golpe encabezado por el general Velasco queremos algunas precisiones
respecto del momento mismo en que se produjo el golpe. ¿Cómo se percata usted del hecho?
-La política se parece a los toros: se hablla antes de la feria. Había un clima
subversivo, resultado de una verdadera conspiración. Había una cuestión en torno al
petróleo, un viejo problema al cual no voy a referirme por ser harto conocido, pero mi
intención era rescatar los yacimientos de La Brea y Pariñas sin pagar un centavo, lo
cual ocurrió con honores militares, con la presencia de los presidentes de ambas Cámaras
en Talara, tanto el del Senado como el de Diputados que eran apristas, y de altos
dignatarios del país.
-Quisiera entrar directamente al instante en que usted se percata del golpe aquel 3 de
octubre de 1968...
-La efervescencia publicitaria había sido mmuy grande, porque antes de las elecciones ya
el Consejo de Ministros había aprobado el decreto de convocatoria a elecciones. Ya había
candidatos. La candidatura de Haya de la Torre estaba operativa, aunque él no se hallaba
en el país en ese momento. Estaba la candidatura de Edgardo Seoane, que se creó en un
momento de discordia dentro de Acción Popular. De manera que yo estaba cumpliendo con mi
deber, porque nunca quise quedarme, y fui derrocado porque quise irme.
-Entiendo que hubo una suerte de negativa de la Fuerza Aérea para llevarlo a usted al
destierro...
-De eso no conozco. Quiero hablar sólo de aaquello que me consta. Yo salí al destierro.
Luego hubo otra etapa, que quizá habría que recordar en un momento dado, en la cual
traté de volver al país y me lo impidieron. El Ejército ocupó el aeropuerto aquí.
-¿En qué año fue eso, cuánto tiempo después del golpe?
-Eso fue a los dos o tres días de golpe. /font>
-¿Usted se llegó a embarcar?
-Estaba a bordo de un avión de la Braniff qque viajaba a Miami. Claro que esto se hizo con
mucha discreción. Me constituí al aeropuerto. Yo creía que en secreto, pero me seguían
patrulleros y periodistas. Y cuando ya el avión estaba en la punta de la pista para
despegar, subieron los funcionarios de Braniff y me dijeron que el Perú les había
notificado que no dejarían aterrizar el avión en Lima y, por consiguiente, yo iba a
perjudicar a todo el pasaje que, curiosamente, iba al norte, a las Olimpíadas de México.
Yo tuve que ir con ellos.
-Tengo entendido que, tras sacarlo por la fuerza de Palacio, lo llevaron a una
comisaría...
-No, no es exacto. Hay varias grandes mentiiras. Hablan de que yo estaba en ropa de dormir,
lo cual es totalmente falso. Mi hija Carolina estaba de vacaciones, porque ella, la mayor
de mis hijas, no vivió en el Perú mientras yo estuve en el gobierno. Se fue a trabajar
al exterior y estuvo en la Corporación de Turismo de México con un cargo muy importante.
Es una mujer muy viajada. Y en el segundo gobierno hizo lo propio como miembro del staff
de la OEA, pero no fue enviada por el Perú a un cargo peruano. Ese fue un episodio que
hay que recordar, porque creo yo que es honroso para la conducta del país el no querer
tener privilegios. Pero ella vino porque iba a ser mi santo, que es en octubre. El
próximo 7 voy a cumplir 86 años, los que, en fin, afortunadamente soporto. Mi hija vino
para esa fiesta y estuvo esa noche durmiendo en el cuarto vecino. Ella trató de conversar
conmigo, vino a sentarse en mi cama, pero yo tenía los ojos como plomo, estaba con un
sueño espantoso, el día había sido muy laborioso y le dije que me dejara dormir. Pero
ella fue la que, a eso de las dos de la mañana, me despertó y me dijo: "Hay un
ruido en la calle". "Deben de ser los tanques que ha traído Luis Bedoya para
limpiar las calles de Lima", fue lo primero que dije. Pero ella insistió: "No,
es mucho el ruido". Entonces llamé al oficial de órdenes. "Oiga usted, ¿qué
pasa?", pregunté. "Hay tanques", respondió, "¡Y cómo no me
avisan!", dije yo. "¡Y qué es de los edecanes!", insistí. "No se
les ha dicho nada", contestó. Los edecanes dormían en otro lado, eran muy buenas
personas: el hoy general Acha era entonces coronel o comandante, y el hoy almirante en
retiro Silva Santisteban.
-¿Qué hizo luego?
-Ordené que les avisaran lo que estaba pasaando. Me levanté y me fui al billar, a donde
iba con frecuencia para mirar Abajo El Puente, porque es la vista más limeña que hay en
Palacio y estaba lleno de reflectores, tanques y toda clase de cosas. Entonces lo primero
que hice fue llamar al ministro de guerra, general Roberto Dianderas, a quien desperté de
su cama, hice llamar a los generales Luna Ferreccio y José Gagliardi. Luna no sé qué
haría, pero no apoyó, desde luego, el golpe, y el comandante general de la Marina, Mario
Castro de Mendoza, rehusó el ministerio que le ofrecieron. Por eso yo lo nombré ministro
en mi segundo gobierno. Llamé a los tres ministros y les di las instrucciones de que se
tomaran las medidas más drásticas.
-¿Es exacto que fue el entonces coronel Rafael Hoyos quien lo
capturó?
-No es exacto. Hoyos estuvo en el golpe en una condición evidentemente subalterna, pero
yo no tuve contacto con él.
-Se trata de leyendas mal intencionadas...
-Y después hablé con los ministros y me vesstí muy bien vestido, como consta en la foto
que hay cuando salgo de Palacio. Estoy sufriendo un atropello allí delante de un
vehículo militar. Estoy plenamente vestido. De allí fui llevado al cuartel, a ese centro
militar...
-La División Blindada...
-Así es. No digo las palabras que entonces pronuncié, porque yo respeto al público.
-¿Y de ahí salió al aeropuerto?
-Al amanecer.
-¿A qué hora parte usted?
-A mí me llevaron a esa División. Cuando lllegué allí me encontré con generales y a
uno a quien casi no conocía le dije cosas tremendas. Entonces me mandaron al cuartel
Gálvez, que está ahí, cuyo jefe no estaba. Era La Torre di Tolla, uno que después ha
sido ministro. Yo no tuve nada que ver con él pero llegué y estaba yo rodeado de
oficiales y de tropa, había estado esto muy bien vigilado y él llegó unos diez minutos
después y me dijo muy respetuosamente: "Señor, perdón yo he estado en el
campo". No me dijo en qué, parece que estaba en el golpe, después fue ministro de
Morales Bermúdez y tuvo frases insistentemente atentas. "Señor, ¿le servimos un
café?". "Ni agua", le dije yo. "¿Y por qué no se recuesta?".
"¡Cómo se le ocurre a usted que yo en estas circunstancias voy a recostarme!",
respondí. Ese fue el tono. Pero él insistió en tratar de llenar las fórmulas, entonces
no hubo una cosa de choque aunque sí de aclaración.
-¿Siempre con La Torre?
-Con él porque era comandante de ese cuarteel que me parece era el José Gálvez. Al
amanecer entró a decirme que venían unos oficiales a acompañarme, ahí sí hubo una
reacción. "Yo no quiero ceremonias de ninguna clase. ¿Qué es esto? ¿Para
acompañarme? No necesito que me acompañe nadie", dije. Entonces se creó una
circunstancia muy difícil y los tres o cuatro estaban muy mortificados y ya no dieron
cara hasta que los encontré al fondo del avión y ni siquiera bajaron en Buenos Aires,
que yo sepa. Había algunos PIPs también. Yo me he formado y graduado como arquitecto en
Estados Unidos, de manera que conozco muy bien los aviones de APSA, claro, la plata
seguramente no era peruana, pedí que saliera el piloto y le dije: "Oiga usted, estoy
subiendo a este avión con una metralleta en la espalda. Eso se llama en su país kidnapping
(secuestro) y a los que colaboran con esto les cuesta la silla eléctrica". Entonces
el hombre se desvaneció y se fue adentro.
-Arquitecto, un poco aterrizando en la actualidad aunque ésta es
una entrevista recordatoria, hay un libro del estadounidense, Samuel T. Huntington, que
habla de las olas y contraolas...
-Sí, flujo y reflujo...
-Flujo y reflujo de la democracia, y dice él que en 1992, y no refiriéndose sólo al
Perú sino a todo el mundo, comienza un reflujo de la democracia mundial. ¿Cómo enfoca
la cuestión peruana a la luz de ese diagnóstico?
-Todos los países pero especialmente los quue son en cierta manera poco desarrollados o en
desarrollo como se les llama también, están en una situación muy dependiente de sucesos
mundiales.
-Usted se opone al proyecto de reelección del presidente Fujimori...
-Totalmente opuesto, radicalmente opuesto.<
-¿Por qué?
-Porque la reelección es contraria al interrés nacional y al sentimiento nacional. Soy
enemigo de la primera reelección también porque esto corrompe al país. En una primera
reelección todo el oficialismo se alínea con el gobernante y entonces es una reelección
corrupta. Y la segunda, que es lo que se ha pretendido hacer, es un crimen.
-¿Qué consejo le daría al país y a los ciudadanos para el año 2000 en el aspecto
electoral?
-Aspiro a elecciones libres, y esto es difíícil en las actuales circunstancias, porque se
está ridiculizando a los partidos. Por ejemplo, en este proceso municipal la gran tarea
de las esferas cercanas al gobierno es despotricar de los partidos. Pero, ¿qué son los
partidos? Por lo pronto, los cuatro candidatos a alcalde por Lima son de origen
partidario. Alberto Andrade fue llevado por su partido y nosotros en las elecciones del
Frente Democrático. Su primera subida a la función pública fue partidaria. Juan Carlos
Hurtado ha sido ministro de un gobierno constitucional hasta que tomó otro camino. Y los
otros dos jóvenes son miembros activos de partidos, Luis Gálvez de Acción Popular y
Carlos Roca del Apra.