Valentín Paniagua

"Démosle al gobierno, por lo menos, un año de plazo"

El ex presidente del Gobierno de Transición sopesa las tribulaciones del presente político, la gestión y personalidad del presidente Toledo, el proceso de concertación y el rol de Acción Popular en la escena actual. Su tono y mirada son generosos y conciliadores, pero no deja de reconocer que mucho del futuro de la renaciente democracia está relacionado con el cambio de la situación actual.

No es una exageración afirmar que Valentín Paniagua es el único as -no bajo la manga sino sobre el tapete- que posee la baraja de Acción Popular para pensar seriamente en regresar al poder por la vía electoral. Acaso desde que dejó Palacio los acciopopulistas no hayan cesado de pensar en que su despedida -como la canción- no debiera exceder los límites del hasta luego, y que desde ese mismo día, él siente y sobrelleva en silencio el peso de esa enorme responsabilidad. Porque al lado del rigor de los almanaques, ésa bien puede haber sido la razón por la que el arquitecto Belaunde decidió dar un paso al costado y cederle al gobernante de la Transición la presidencia del partido, tarea que -Paniagua no lo niega- algo tiene que ver con la resurrección. Pero nada de eso parece apartarlo de su habitual modestia y desaprensión por el poder. Su estilo no es desconocido: navega, tranquilo y pausado, entre el perfil bajo y los temas ecuménicos. Pero siempre cabe la pregunta: ¿estrategia o personalidad política? Al lado de otras, como las de Alan García y Lourdes Flores, siempre proclives a evaluar la gestión de Toledo, y a veces sin un gramo de anestesia, la de Paniagua consiste en otorgar una generosa tregua en aras del porvenir democrático. Él asegura que vale la pena.

-¿Cuán incómodo resulta para un ex presidente de transición exitoso sentarse a concertar con un tempranamente impopular presidente en ejercicio?

-En lo absoluto es incómodo, porque la concertación tiene un propósito que rebasa los alcances del simple diálogo político entre los actores del proceso; tiene un objetivo de largo plazo que trasciende incluso la trayectoria personal e institucional de los protagonistas.

-¿Eso es así en la realidad, doctor Paniagua?

-Desde luego que sí, porque un consenso cumple cuando menos tres finalidades muy claras: una primera, definir el gran horizonte que deberá servir para enmarcar el proceso de transición a la democracia, que puede ser prolongado; en segundo lugar, disciplinar en armonía con esos pactos fundamentales que son materia del consenso, la conducta de los líderes políticos y sociales estableciendo los mecanismos de diálogo entre unos y otros; y en tercer lugar, cumple una función mística o mítica en la medida en que trascendiendo las instituciones políticas y sociales llega a ser carne, convicción y sentimiento en las organizaciones políticas y sociales.

-Pero la política es antropomórfica y la ejecutan personas de carne y hueso. Uno de ellos, un ex presidente, sí acusó eso de sentarse a dialogar con quien sólo tiene veintitantos por ciento de aceptación.

-No, eso en mi caso no cuenta. Me parece que mucho más allá de cualquier situación política contingente, circunstancial y momentánea, hay un interés superior que nos obliga a dialogar con personas e instituciones afines, pero también con personas e instituciones con las cuales pudiéramos tener diferencias o disensiones.

-Alan García fue quien dijo eso. ¿Usted cree que cometió una imprudencia?

-No, yo no quiero juzgar la conducta de Alan García. Cada uno es dueño de sus opiniones. Le toca juzgar al país esos puntos de vista. Mi posición sencillamente es diferente.

-Hablemos sobre contingencias, entonces. Porque el aquí y ahora preocupa también. Me imagino que a usted le preocupa, ¿o no?

-Muchísimo, porque soy de los convencidos de que no puede avanzarse en el proceso de consolidación democrática en el país sin la definición de algunos pactos fundamentales mínimos que sirvan como bases orientadoras del proceso político general.

-¿Y le preocupa particularmente la impopularidad creciente y persistente de la figura presidencial?

-En lo absoluto, porque la encuesta en un momento tan temprano, como el de seis meses posteriores a la elección de un presidente, no es una expresión de juicio ni una apreciación cabal de su gestión, que se extiende a cinco años.

-Pero entonces, ¿no debería ser al revés? Es decir, los presidentes que empiezan suelen tener mayor aceptación que aquellos que acusan el paso del tiempo.

-Puede ser verdad, pero no es la regla general. Y en el caso del Perú hay una serie de factores y elementos que conspiran contra el éxito inmediato de cualquier gobernante. No se puede satisfacer en seis meses demandas que han sido contenidas durante casi una década.

"Darle una tregua"

-Los observadores políticos aseguran que uno de los factores que conspiran contra el éxito del gobierno de Alejandro Toledo es el propio discurso político del Presidente, especialmente cuando fue candidato.

-Podría ser verdad y que eso haya influido en la opinión general de la población.

-¿Se ha ofrecido y se ofrece mucho?

-En toda campaña electoral, y más aún en una en que se produce segunda vuelta electoral y se torna muy reñida, se peca por exceso en la oferta. Por eso mismo, tal vez sea mucho más útil retornar al viejo sistema de elección presidencial en el que se exigía un porcentaje alto (más del 36%), lo que modera muchísimo las posiciones de los candidatos en la primera vuelta.

-Pero, ¿es el sistema o son las personas? Unos son más megalómanos que otros.

-Podría serlo, pero en todo caso el sistema ayuda a moderar ese tipo de conducta.

-Y en este caso, hablemos sobre el presidente Toledo en particular. ¿Cuál es su opinión? ¿Le parece un tipo prudente, mesurado?

-Bueno, la política es antropomorfa, para comenzar, y por lo tanto refleja muchísimo la personalidad de cada quien.

-¿Y cuál es su juicio de la personalidad de Toledo?

-Yo creo que él tiene todas las condiciones para ser un presidente exitoso, como lo ha demostrado su propia carrera política. Ha hecho algunas cosas en política que no pueden dejar de destacarse; pero de la misma manera que cualquier otro gobernante, ha tenido situaciones difíciles y adversas, y ha tenido que enfrentar una presión social intensa.

-Esas son las virtudes y las vicisitudes. Pero qué hay de los errores, ¿podría señalar alguno?

-Preferiría no hacerlo ahora porque me da la impresión de que en esta etapa se ha puesto demasiado énfasis en ese aspecto y se han silenciado otros. Para ponerle un ejemplo, cuando se inició el diálogo para lograr el consenso nacional no se le confirió en los periódicos la trascendencia y la importancia que debería.

-Pero quizás lo que ocurre es que eso no resuelve las urgencias del día a día, y ahí están los mayores handicaps del gobierno.

-Podría ser, pero eso también depende de la orientación que se le dé al diálogo y a la búsqueda de consenso.

-Pero al gobierno se lo eligió para gobernar, y acaso esté fallando en ese punto.

-Bueno, usted lo que quiere es que critique a Toledo. -dice entre risas.

-Bueno, yo le lanzo las preguntas, lo que pasa es que usted me las torea.

-Así es, porque justamente siento la inducción de la respuesta. Usted se da maña para reformular sus preguntas y no me queda otra alternativa que voltear las cartas.

-Pero, ¿por qué la figura más promisoria de Acción Popular tendría que voltear las cartas, limarse las uñas, asumir un discurso edulcorado?

-No, no es eso. Nosotros -y me refiero a Acción Popular- dijimos al iniciar este gobierno que era necesario darle una tregua previendo que tendría que enfrentar condiciones muy adversas por la presión social. Recordamos que hicimos exactamente lo mismo en 1985 con Alan García, a pesar de que él había sido un adversario implacable de nuestro gobierno.

-¿Y cuánto va a durar el plazo en este caso?

-Démosle, por lo menos, el plazo de un año. Así lo dijo el presidente Belaunde y me parece razonable.

-O sea que recién en julio Valentín Paniagua va a poder decir exactamente lo que piensa del gobierno.

-No. Yo lo que digo es que Acción Popular adoptará la posición que juzgue conveniente, de aprobación o de crítica, según las circunstancias lo exijan. Pero en esta etapa creo que una posición beligerante y de crítica persistente no es conveniente.

-Pero entre los extremos de la beligerancia y del apoyo incondicional hay un océano de matices en los que silenciar una crítica puede ser la omisión de una llamada de atención sumamente útil. ¿No cree?

-Mire, donde hay un interés nacional de por medio no puede omitirse la crítica ni dejar de expresarse una discrepancia.

-¿Y no las omite usted?

-Lo he hecho en cada oportunidad en que he creído conveniente. Y le pongo un ejemplo: yo he señalado claramente que debería darse mayor dinamismo al proceso de concertación; he señalado que los mecanismos institucionales que proveen una política concertadora pueden aliviar las tensiones sociales actualmente existentes.

-Pero eso tiene que ver con la concertación, no con la gestión de gobierno.

-No; tiene que ver con la gestión de cada día, con los problemas que ahora se están sufriendo. Lo que quiero decir es que siempre es posible en un gobierno crear mecanismos institucionales de diálogo que atenúen, disminuyan y encaucen los conflictos, de tal manera que puedan llegar a superarse. Eso, dicho en positivo, es simplemente la expresión de una discrepancia.

-Acción Popular no está en la oposición al gobierno.

-No estamos en el gobierno, más bien; no somos aliados de él. El señor Diez Canseco tiene licencia del partido y no lo representa. No tenemos ningún compromiso con el gobierno.

-Miremos el espectro político: si ubicamos a Lourdes Flores en uno de los discursos más críticos del gobierno y a Alan García en otro que va y viene, tanto usted como el alcalde Andrade aparecen como las dos expresiones más próximas al gobierno, sin ser aliados de Perú Posible. ¿No le parece que es así?

-No; yo diría que la nuestra es una posición singular porque obedece a un propósito deliberado de tregua con un gobierno que enfrenta dificultades y que la preocupación sustantiva de esa posición no es el respaldo político a Perú Posible o al presidente Toledo, sino al sistema democrático, porque estamos convencidos de que si fracasara, podrían comprometerse gravemente las bases de sustento del sistema democrático.

-¿Y estamos cerca o lejos de ese escenario un tanto apocalíptico?

-Yo creo que si en los próximos meses se genera un clima de mayor estabilidad como consecuencia de la concertación y de la maduración de los proyectos que el gobierno ha venido ejecutando, la situación social puede atenuarse. Pero en política, mejor historiador que profeta.

"No soy un hombre conflictivo"

-A la hora de hacer cálculos e imaginar escenarios siempre es mejor no ponerse en el punto más optimista. Digamos, si se mantuviese la situación actual por un año más.

-Yo empezaría a preocuparme. Es preocupante.

-O sea, hay que modificar cosas.

-Desde luego que sí.

-¿Y cuál es la primera que hay que modificar según Valentín Paniagua?

-Yo diría intensificar los mecanismos de diálogo con los sectores que en este momento han desencadenado una lucha de presiones tan intensas sobre el gobierno. No hay otro camino, no cabe una confrontación. Por ejemplo, la resistencia a la privatización que se siente en el sur obedece a que los procesos de privatización efectuados no han logrado legitimación social.

-¿Eso es por el proceso en sí o por el mal uso que tuvieron los recursos de privatización?

-Puede ser además, pero es también por la imagen que ha proyectado la privatización. Y le menciono un caso: cuando se vende Tintaya en ciento ochenta y tantos millones de dólares y luego el que compra revende la mina en 380 millones de dólares pocos meses después, deja una sensación de amargura.

-Pero, ¿eso está mal?

-Bueno, no está mal ni bien; pero algo nos podría decir que tal vez se pudo obtener más por esa privatización. Y como ése hay algunos otros ejemplos.

-Pero, digamos, el Estado administró una empresa de determinadas calidades y tuvo un precio. Luego lo administra la empresa privada y quizás incrementa su valor. ¿Eso no suena lógico?

-Es difícil que eso acontezca en meses y en proyectos de larga maduración como son los mineros.

-Usted cree que hay especulación químicamente pura.

-Pudiera ser. Pero en todo caso lo que yo piense interesa poco porque nos estamos refiriendo al fenómeno social de rechazo a la privatización.

-Ha caído, pues, en descrédito la privatización.

-Por eso le digo.

-¿Y tiene razón la población en ese punto?

-La razón está en el argumento que yo le he mencionado: la privatización debe tratar de lograr una cierta legitimación social, demostrarle a la población que bienes que ella considera que son del uso de todos van a ser entregados al sector privado y que así se va a mejorar los servicios, se va a hacer mayores inversiones y crear mejores condiciones de vida y bienestar.

-Pero en sus respuestas usted mantiene una cierta equidistancia de la privatización. Dígame con sinceridad qué cosa piensa al respecto.

-Bueno, yo soy un hombre de mentalidad moderna y sé perfectamente que en el Estado moderno la reducción de las competencias resulta inevitable para facilitar el libre desenvolvimiento de la iniciativa privada. Pero dentro de ese proceso se intensifican muchísimo más los mecanismos de concesión y también los de descentralización por colaboración.

-Dígame, ¿usted privatizaría Sedapal?

-Yo creo que no. Me parece que no es una cosa indispensable.

-El ministro de Economía piensa otra cosa.

-Bueno, está bien pues, él es muy dueño de sus ideas, como yo soy dueño de las mías.

-El fue ministro de Acción Popular, ¿no?

-Sí, pero él no es de Acción Popular.

-¿Ahí estuvo un poco más amarrado?

-Es probable que sí, pero en ese momento él era ministro de Energía y Minas.

-Está claro que Kuczynski no hubiese podido ser ministro de Economía en un gobierno de Acción Popular, porque acaso sea demasiado liberal para el estilo del partido, ¿no?

-Yo no quisiera ponerlo en esos términos porque es un poco como hacer una interdicción acerca de una persona con la cual puede discreparse en algunos aspectos y con la cual incluso podría arribarse a coincidencias.

-Doctor Paniagua, debió usted algún día aspirar a un puesto en la Cancillería, eh.

-¿Por qué? No; es que mire usted, yo soy un hombre.

-Singular para la política. Esa es una actividad de mayores agudezas.

-Es que, mire usted, qué se gana y qué gana el país con estas afirmaciones rotundas cuando todos sabemos perfectamente bien que la verdad nunca está en los extremos. Usted mismo y yo, ahora que hacemos este diálogo: usted tira la cuerda para que yo diga algunas cosas que le parecerían interesantes periodísticamente y yo, en cambio, suelto la cuerda.

-Usted siempre suelta la cuerda. Es su estilo de vida.

-Hasta donde sea necesario. Donde se comprometen los principios, no. Como acabo de demostrárselo en mi posición frente a la privatización.

-Y como lo demostró en el caso de Lúcar y frente al gobierno de Fujimori, eso queda claro. Pero en el amplio espacio de la normalidad usted vuelve a soltar la cuerda, ¿no?

-Mire, no soy un hombre conflictivo por naturaleza. Y creo que este país no ha progresado precisamente por ese afán negativo de confrontación permanente.

-¿Y podrá, con el método de soltar la cuerda, ser candidato presidencial en unas elecciones en las que, ahí sí, son necesarios escudo y sable?

-Bueno, ése es un tema que no me quita el sueño porque no está en mis proyectos personales.

-¿Está diciendo la verdad, doctor Paniagua?

-Nadie me lo cree. Comenzando por usted.

-Pero, ¿usted se lo cree o no?

-Yo sí. Yo aspiro a ser una persona que pueda contribuir de alguna manera a acercar posiciones porque estoy firmemente convencido de que es posible construir, a partir del diálogo, coincidencias básicas que pueden ser útiles al país. Eso, por supuesto, puede parecer un sueño inalcanzable; pero no lo es.

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