La crisis debe resolverse pronto y sin choques

Nos recibió en su domicilio de San Isidro. Y apenas ingresamos a su hogar, nos invitó a su despacho personal, lleno de libros, fotografías, condecoraciones y réplicas. En un cofre de fina madera guarda las dos bandas bicolores del mando presidencial que lució en su pecho cuando juramentó la Presidencia en 1963 y luego en 1980. Lo encontramos muy bien de salud. El próximo 7 de octubre cumplirá 88 años. Como gran peruanista se siente preocupado por la situación política que hoy afronta el país.

¿Qué opina del momento político que vivimos todos los peruanos?

Es un momento delicado e histórico. Aparentemente, es también un momento de iniciación de un gobierno. Mas no es así. Es un tercer período bajo la presidencia de Alberto Fujimori y eso es anticonstitucional. Yo estoy en contra de ese procedimiento y creo que la situación ha de traer en breve tiempo algunas noticias importantes.

¿Tiene bases sólidas el anunciado inicio del diálogo político?

Yo no creo que sean sólidas, porque la presencia -por tercer período- del mismo presidente es inconstitucional, ya que no se ajusta a lo que dice la Constitución aprobada por este gobierno. Advierto que no soy partidario de que la Constitución se cambie cada período. Por eso sería conveniente que la Constitución de 1979 -abolida de facto tras los sucesos del 5 de abril de 1992- sea restaurada con sus debidos artículos transitorios.

¿Cuál es el punto de partida de esta crisis política?

¡La reelección presidencial! Conozco bien el Gobierno, porque he estado dos veces. Reconozco que los dos últimos años de un gobernante constitucional son difíciles, porque se trata de una figura que se va apagando y porque hay una dispersidad de ambiciones, ideas y propósitos de cambio. A veces el debate se vuelve un poco caldeado. Pero lo peor es que haya una reelección inmediata. Eso da lugar a una corrupción que es inevitable, porque se trata de apoyar al Gobierno y el Gobierno, interesado en la reelección, puede llegar a extremos. Lo hemos visto ya con el caso del millón de firmas falsificadas.

¿Qué cree que hay detrás de la reelección presidencial?

Siempre en torno al gobernante hay un grupo de amigos en algunos casos, amigos con limitaciones que no se entregan a todo. Hay un grupo que halaga al gobernante y entonces se forma la sensación de que en torno del gobernante hay un equipo vencedor. ¡Ésos son los reeleccionistas! Ellos seguramente dicen: "Para qué irnos si podemos quedarnos con este hombre". Eso me preocupa mucho, porque pretender demostrar que hay derecho a un tercer período es una afrenta muy grave y un acto de mucha responsabilidad.

¿Qué opina de Alejandro Toledo?

En los resultados de la última elección, Toledo ha estado a la cabeza y todos los elementos que realmente querían un cambio en el país lo hemos apoyado. No ha llegado al Gobierno porque en realidad no lo han dejado, a pesar de que su personalidad no era excesivamente ambiciosa. Pero personifica una fuerza democrática importante.

¿Toledo tiene la suficiente fuerza para estar al frente de la oposición?

Ha tenido un poder de captación del pueblo. Eso no se puede negar. La multitud no sale todos los días por cualquier motivo. Toledo ha manejado la multitud en muchos sitios, pero siempre ha dejado en claro su propósito ajeno al uso de la violencia. Es una realidad y que tendrá que ser importante en cualquier circunstancia cercana por lo menos.

¿Considera que la OEA podrá ayudar a resolver la crisis política?

Es difícil, porque en primer lugar la OEA cuando vino a reforzar en cierta manera y a darle un respaldo internacional al gobierno de Fujimori (en 1992) no lo hizo sabiendo que ese autogolpe era para el continuismo en el Gobierno. Eso se vio después con la fábula de la autenticidad, con la cual hay una segunda reelección. De manera que ésta es una circunstancia que preocupa mucho a la OEA, porque la verdad de las cosas es que Fujimori ha sido diez años consecutivos presidente.

¿Se atrevería a calcular qué tiempo le da al nuevo gobierno de Fujimori?

Sólo digo que no puede ser el presidente del Perú en este momento. Ésa es mi opinión sincera y franca, pero no quiero provocar violencia. El país no debe enmendar rumbos a base de choques, sino a base de razonamientos y con una vocación democrática auténtica y sincera.

Pero el presidente Fujimori no se caracteriza precisamente por la convocatoria al diálogo. ¿Qué hacer?

La salida es que se encuentre una solución de continuidad. Hay varias posibilidades. Una de ellas es un gobierno muy breve que convoque elecciones y que tiene que ser encargado a quien o quienes tengan la edad adecuada. Yo tengo 87 años, de manera que hablo con absoluto desinterés. Creo que he cumplido con mi país y sigo empeñado en trabajar desde mi casa. No soy un político beligerante ni tengo ambiciones personales. Hay que buscar una solución breve para un proceso electoral nuevo. Otra fórmula es que el propio Fujimori, manteniéndose en el poder en base a un acuerdo a que se pudiera llegar, convoque él mismo nuevas elecciones. Es decir, que ponga él mismo término a la gestión que tiene, a la que él cree legítima y que sus opositores no la consideran así. No se trata de llevar al país al caos. Deseo que lo más rápido posible se restaure el orden para que el Perú pueda comenzar a trabajar y salir de la crisis económica. Estamos viviendo una crisis que obliga a un cambio de política. Pero sólo se puede hacer con mucho respaldo público. Como estamos no podemos seguir.

¿De no variar esta situación política, hacia dónde vamos?

Ahí está el refrán que dice: "La historia se repite, pero sus lecciones muchas veces no se aprovechan". El deseo de permanencia en el Gobierno es el clamor de un grupo de gente a la que esa permanencia favorece y fruto de una ambición de poder. Pero el país requiere de normas que aseguren un gobierno sereno, estable, variante en personas, con alternancia de hombres en el poder, pero manteniendo el prestigio de la nación en el mundo.

Usted ha sido testigo de la crisis política del gobierno de Leguía en la década del veinte al treinta de este siglo. ¿Es comparable a la situación actual?

Tenía siete años de edad, pero no es exactamente comparable. Leguía era un hombre que había gobernado de 1908 al 1912. Había un antecedente de un gobierno completo, pero en vez de entrar por la puerta que el pueblo le abrió, entró por la ventana. La razón fue que el Congreso no tenía mayoría. Eso demostró que Leguía no estaba preocupado por un régimen de plena autenticidad, sino de comodidad institucional. Esto terminó con un cambio constitucional para ir a la reelección que fue sin contendor y cinco años después, en 1929, otra vez se dio la reelección sin competencia. Ese momento político estuvo agravado por el colapso de la bolsa de Wall Street. Es un poco lo que ahora existe: un problema político de gran división y enorme inquietud económica. Es una cuestión de subsistencia del Estado Peruano, en condiciones que sea operativo. Hay que buscar una solución, pero no podemos permitir que el Perú pierda su dignidad proyectando al mundo un gobierno plenamente constitucional y erradicando el continuismo.

¿Qué papel debe cumplir la Iglesia en este esfuerzo por lograr la reinstitucionalización democrática?

Es fundamental su tarea, porque es una entidad rectora, cuyos planteamientos no violan, de ninguna manera, principios morales. De manera que la intervención de la Iglesia es necesaria y es una garantía.

COMPROMISO PERSONAL

"Mantengo el mismo interés de estudiar"

¿Cuál es su rutina diaria?

Tengo una vida bastante ordenada. Mi mujer (Violeta) y yo somos muy asimilables el uno con el otro. Trabajo en mi casa generalmente. En la mañana leo los diarios y abro la correspondencia. Por la tarde trabajo con mi secretaria en dictado.

¿Cuál es su secreto para decir siempre frases muy directas?

Uno recibe influencias. Mi padre era un hombre directo, de redacción fuerte, firme y clara, con bastante dominio literario. Fui alumno de Víctor Andrés Belaunde, muy pegado a la cosa poética y orador de muy felices momentos. Yo me desarrollé en la creatividad y la forma. Mantengo el mismo interés de estudiar las cosas.

¿Practica algún tipo de ejercicio?

Todos los días voy al Club Regatas. Me toma una hora, exacto. Por el frío no me baño, pero camino un kilómetro y medio.

¿Viaja fuera de Lima?

No mucho, porque Violeta no puede ir a la altura y para mí es una responsabilidad. Pero no estoy prohibido de viajar.

¿Sigue alguna dieta?

No. Soy amante de la comida peruana. No tengo ninguna dolencia, pero todo tiene un límite. Estoy cerca de los noventa años.

¿Qué mensaje les daría a los jóvenes políticos?

Estudiar el Perú, conocerlo y tener una conducta política muy clara.

¿Se arrepiente de algo?

Tal vez de la incapacidad de hacer muchas cosas por falta de recursos. El Perú es un país de mucha riqueza, pero vaya usted a buscarla. Hay que escarbar los Andes para encontrarla.

CONFESIONES

"Han hablado de la muerte de AP y de mi defunción"

Belaunde opina que los partidos han sido víctimas porque se ha querido mostrar un Gobierno no partidista

¿Será posible revertir la crisis de los partidos políticos?

Vea usted, se combate los partidos políticos y las nuevas definiciones que surgen están en función de una fecha. No es una permanencia. Nosotros creemos en la permanencia de los partidos políticos, que pueden evolucionar, cambiar de nombres y renovar sus directivos, porque la vida activa es breve, pero no debe definirse un partido en función de una fecha.

¿No cree usted que la falta de los partidos políticos habría sido un factor para el desencadenamiento de esta crisis política?

Los partidos políticos han sido víctimas, porque nos han querido mostrar un Gobierno no partidista, donde hay un grupo de amigos que son los que manejan el poder con una fuerte conducción de un gobernante como es el caso de Fujimori. ¿Qué proponen? Desconocen la necesidad del partido político y lo reemplazan por un movimiento relacionado con el tiempo. Es decir, ellos son partidarios del calendario y no del ideario. La política es una cuestión de ambas cosas, pero lo más importante es el ideario. No pueden ser la esencia de un movimiento las próximas elecciones. ¿De Perú 2000 pasaremos a Perú 2005? No puede ser.

¿Qué opina del fenómeno político de los tránsfugas, aquellos políticos que cambian de camiseta?

Yo no creo en los cambios de camiseta, porque yo tengo mucho contacto con el pueblo. Voy a cualquier parte del país y yo sé que Acción Popular no ha muerto, porque cuando estuvimos en el difícil ostracismo, en el destierro, no sólo declararon la muerte de Acción Popular, sino que hablaron de mi propia defunción. Un día una agencia noticiosa llamó a la casa preguntando por mi funeral y cuando le respondí que estaba vivito y coleando creyeron que les estaba gastando una mala broma.

¿Qué debe ocurrir para que los partidos políticos se fortalezcan y vuelvan a captar la atención y militancia de la ciudadanía?

La honestidad en el sufragio. Cumplir los deberes que el pueblo concede a cada partido. Siendo Gobierno como lo hemos sido nosotros dos veces o siendo oposición, en caso de no acceder al Gobierno. Pero la desaparición de los partidos políticos es sumamente grave.

¿No le sorprende que Acción Popular haya logrado tener tres representantes en el Congreso?

Tiene que haber un cambio generacional y para eso vamos a estar abiertos. El número no importa. Tenemos tres hombres: el doctor Valentín Panigua, que fue el ministro de Justicia más joven en el primer gobierno. Fue ministro de Educación en el segundo y fue presidente de la Cámara de Diputados. Es un líder de gran prestigio en el campo constitucional. También han sido proclamados congresistas dos líderes del movimiento municipal. Uno, Luis Bueno, quien desde su temprana juventud ha sido muy eficiente y ha aplicado la cooperación popular en Chosica, donde ha sido alcalde dos veces, y Pedro Morales, otro líder del centro y muy conocedor de los problemas del pueblo peruano. No estamos ausentes ni podemos quejarnos. Tal vez no tenemos la proporción que realmente deberíamos tener, pero... ¡ahí estamos!

¿Se ha perdido la ética política?

No puedo decir que se ha perdido. Prácticamente no se ha tenido ética en los últimos años. Se ha dado pasos sumamente graves. La privatización es un bonito término, pero la multitud tiene que ser guiada. Hay que darle el crédito de desarrollo, que es fundamental. Un gobierno que piense en los menos pudientes y que trate de erradicar o siquiera disminuir el desempleo es muy importante.

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