Paniagua, de profesor a maestro de la democracia

LIMA. Era Valentín Paniagua, quien había ingresado en el penúltimo lugar al Parlamento en el recuento de votos y que luego de la sesión solemne del Congreso se había retirado del hemiciclo apenas entró imponente Alberto Fujimori, el ilegítimo presidente que se había hecho reelegir por tercera vez.

El tiempo ha pasado muy rápido en el país.

Creo que ha sido un año intenso en el que Perú ha logrado ganarle a la historia para bien.

Don Valentín recuerda con una sonrisa la Marcha de los Cuatro Suyos sentado en un sillón del salón Embajadores de Palacio de Gobierno.

El 22 de noviembre a la 1:23 de la tarde, este antiguo militante acciopopulista se colocaba la banda presidencial al pecho y se convertía en presidente constitucional de la República. Se inicia un tiempo nuevo, dijo con tono premonitorio en su primer discurso y muchos empezaron a descubrir en él a un líder distinto.

Los primeros días fueron momentos muy difíciles, recuerda Alberto Adrianzén, sociólogo y asesor principal del presidente.

Es un hombre que tiene muchos reparos para hacer uso de los recursos del Estado, dice con justicia Diego García Sayán. ¿Qué es lo que más le ha incomodado del cargo?

El tener que vivir en presencia de los demás, de los medios de comunicación. Existe siempre el riesgo de decir algo que puede comprometer al gobierno y está la imposibilidad de tener privacidad. Incluso la seguridad y lo que rodea al aparato del poder me incomoda: el hecho de no poder circular tranquilamente por las calles como cualquiera y hacer lo que solía hacer.

¿No va extrañar nada de la presidencia?

Creo que nada de los símbolos externos, un poco sí la posibilidad de satisfacer algunas esperanzas que la gente tiene y que en pocas oportunidades se puede lograr a través del poder. Es un fanático de la historia de Perú. Lo acompañé a Caral y nos pasamos un día entero recorriendo la ciudadela, cuenta García Sayán. Le entregó una camioneta a los arqueólogos que trabajan allá y dispuso que se arreglara la carretera. También llegó a Choquequirao para decirnos que hay en el Cusco unas ruinas parecidas a las de Machu Picchu. Y si Belaunde tuvo su carretera Marginal, Paniagua, tiene su Camino Inca.

¿Bajar al llano será fácil?

Tal vez no. No lo sé, pero he sido diputado, ministro, presidente de la Cámara Baja y el retorno a la vida normal es bastante fácil. La gente olvida pronto.

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