.....En
unas pocas horas llegará a su fin el Gobierno Transitorio que encabeza Valentín
Paniagua, quien entregará la jefatura del Estado a Alejandro Toledo, electo por voluntad
popular en comicios transparentes e incuestionables.
No es nuestra intención hacer un balance detallado de la labor cumplida a lo largo de los
ocho meses que ha durado la permanencia en el poder del doctor Paniagua y su equipo, pero
sí creemos necesario formular unas cuantas ideas respecto de lo que ha sido este
insólito y feliz interregno en la política peruana.
Llegado al poder sin buscarlo ni cortejarlo, Valentín Paniagua ha sabido demostrar con
creces que era el hombre adecuado para la gravísima situación que vive el país,
víctima del desgobierno de una oprobiosa dictadura que a lo largo de un decenio batió
todos los récords de cinismo y corrupción que se recuerden.
Un momento de excepcional lucidez llevó a los congresistas del bloque democrático a
elegirlo presidente, y este profesor de derecho constitucional y militante de toda la vida
en uno de aquellos partidos ñAcción Popularñ que el fujimorismo intentó desautorizar
calificándolos de "tradicionales" respondió al desafío de la hora con un tino
y firmeza unánimemente alabados y que le permiten concluir su labor con inédito 71% a su
favor.
Es verdad que Valentín Paniagua no lo hizo solo. Su lucidez y experiencia política lo
llevaron a reunir en el Ejecutivo a un equipo excepcional encabezado por Javier Pérez de
Cuéllar, un peruano universal que no dudó un momento en responder a la urgencia de la
hora. Y este equipo supo llamar a los mejores.
Pero fue parte del "estilo Paniagua" (que tal vez extrañaremos) aquella
presencia replegada y de perfil bajo ñaunque atenta siempre a salir al frente en los
momentos decisivosñ que dejó trabajar a sus ministros con plena autonomía, haciéndonos
olvidar el penoso personalismo de AFF y la impresión de que todo depende del caudillo
iluminado.
Una mirada, necesariamente a vuelapluma, de lo que se ha podido hacer en el breve lapso de
ocho meses conduce al asombro. No solo se logró el propósito de llevar a cabo elecciones
ejemplares, sino que se ha puesto los pilares iniciales para un proceso de restauración
democrática y reconstrucción de instituciones que Alejandro Toledo recibe en herencia.
Cosa nunca vista antes: los funcionarios corruptos de la dictadura están en la cárcel o
bajo arresto domiciliario, a comenzar por el mafioso Vladimiro Montesinos. Pero también
congresistas, generales, jueces y fiscales que violaron su compromiso con el país y se
enriquecieron con descaro. No está completa aún la lista, pero puede decirse que está
bien encaminada.
Al mismo tiempo se han tomado decisiones trascendentes, como la creación de la Comisión
de la Verdad, de la Iniciativa contra la Corrupción, de la Reforma Educativa. Se ha
devuelto su autonomía a los poderes del Estado y al Tribunal Constitucional, con un
estricto respeto de las decisiones del Poder Judicial y Ministerio Público y una
depuración, vía CNM, de sus elementos corruptos.
Es verdad que hay campos en los cuales se pudo avanzar más, pensamos en la reforma de las
instituciones castrenses, en una recuperación de nuestro servicio diplomático ñsi bien
se reparó la expulsión de 117 de sus miembrosñ o en una derogación de las leyes
antidemocráticas. Pero la transición hacia una democracia plena será larga.
También hay que destacar lo logrado en lo económico, campo en el cual si bien no se pudo
sacar al país de la pavorosa recesión que cumple ya cuatro años, por lo menos se ha
hecho un enorme esfuerzo por no empeorar las cosas y entregar al gobierno de Perú Posible
una economía en orden, con déficit fiscal manejable, mayores recursos, recaudación
recuperada y saludable utilización de la transparencia en las cuentas del Estado.
No cabe duda de que queda muchísimo por hacer, pero el Gobierno Transitorio dio pasos
seguros para lograr una transferencia ordenada, reemplazar los vicios más intolerables de
la dictadura y demostrar a los peruanos las bondades de vivir en una democracia con estado
de derecho y respeto de las libertades.
Por todo ello, Valentín Paniagua y su equipo se han hecho acreedores a la gratitud del
país y bueno es reconocerlo. Ellos supieron sintonizar con el deseo de la inmensa
mayoría de los peruanos que reclamaba en las calles ética, honradez y democracia. Bien
pueden decir hoy que cumplieron su tarea.