La doctrina
Paniagua
"He sido profesor tanto tiempo que casi he perdido la memoria", expresó el Presidente Valentín Paniagua en San Marcos, en mayo. Ahora que sale por la puerta grande de Palacio camino a la vida llana y a la historia, se agranda la lección de sus ideas y su ejemplo.
Valentín Paniagua llegó a Presidente por casualidad y hasta contra sus deseos. El martes 21 de noviembre del 2000, a las 10:43 p.m., el Congreso de la República había declarado la vacancia de la Presidencia por incapacidad moral de un mandatario que se fugó sin que nadie lo persiguiera o le hubiera abierto juicio.
Por obra de ese individuo que había comunicado desde Japón y por fax su renuncia al cargo más alto de un país del que ahora se declara extraño, el Perú parecía al borde del caos.
Lógico era que la primera magistratura la asumiera el primer vicepresidente Francisco Tudela, pero él había presentado su renuncia y ésta había sido aceptada incluso por algunos de sus partidarios, sumidos en la vergüenza de un régimen que se hundía en el escándalo.
Pero la historia tiene sus astucias.
"Había un largo proceso de lucha previo por la restauración de la democracia", nos evocó el martes último el congresista Henry Pease. "Los antecedentes directos fueron la Mesa de Diálogo y la huelga parlamentaria. Pero tras la vacancia presidencial, y luego de una censura a la presidenta del Congreso, Martha Hildebrandt, y varias renuncias oficialistas, había que cambiar la directiva del Congreso. El presidente de éste podía convertirse en Presidente de la República. Acción Popular y Unión por el Perú, una alianza que tenía seis congresistas en total, estaba planteando la candidatura Paniagua".
Y aquí viene lo insólito. Recuerda Pease: "Paniagua me llamó por teléfono la víspera del día en que debía inscribirse la candidatura y me dijo: 'La presidencia del Congreso le corresponde a Perú Posible, porque tiene la mayor representación parlamentaria'. Le dije: Está bien".
"Pero hice lo contrario. Ocurre que él era el único que podía conseguir mayoría de votos, algunos incluso provenientes de fujimoristas que habían sido sus alumnos en la Universidad Católica". Por otra parte, el FIM se oponía a las candidaturas de Ferrero o de Luis Solari, pero aceptaba a Paniagua.
Después de varios incidentes, los voceros de la oposición marcharon a casa de Toledo, a discutir la situación. El debate duró desde las nueve de la noche hasta las cuatro de la madrugada. Los de Perú Posible salieron a consultar.
Al final, el único que no estuvo presente en el Congreso fue Pease. "Estaba rendido por el cansancio y no había fijado el despertador", aclara.
Carlos Ferrero, que había asumido la primera vicepresidencia del Congreso ante la renuncia de Absalón Vásquez, tenía la primera opción para la Presidencia de la República. Pero declinó a favor de Paniagua.
"Hubo, pues, generosidad de Paniagua, pero también de Ferrero", concluye Pease.
Fue así cómo el hombre que no quería ser presidente del Congreso volvióse, sin procurarlo, Presidente de la Nación.
Y pensar que a inicios del 2000 ni siquiera deseaba ser
candidato al Congreso. Se vio obligado a aceptar la lid por su condición de secretario
general de Acción Popular.
GOBIERNO PEQUEÑO, GRAN GOBIERNO
Paniagua no era, en modo alguno, un improvisado. Cuando asumió la Presidencia, publicamos una síntesis de su vida (CARETAS 1646). Su clave está en la convicción de que la democracia es el camino más corto hacia la justicia.
El Presidente que dentro de unas horas deja el cargo que ha honrado, nació en Cusco, el 23 de setiembre de 1936. Aunque vinculado a familia de terratenientes, fue desde temprano un luchador por los derechos democráticos y de los campesinos. Por eso fue elegido, antes de cumplir 23 años de edad, presidente de la Federación Universitaria del Cusco. A los 24 años presidió el agitado V Congreso Nacional Extraordinario de la Federación de Estudiantes del Perú, que se realizó en Cusco.
Como militante del Partido Demócrata Cristiano, fue elegido diputado por el Cusco, para el período 1963-1968. Tenía 29 años de edad cuando fue designado ministro de Justicia y Culto del primer gobierno de Fernando Belaunde.
Renunció al PDC cuando éste se acomodó con el gobierno militar e ingresó en Acción Popular cuando ese partido estaba en desgracia. Fue un cambio de partido no dictado por el oportunismo, ni por renuncia a sus convicciones socialcristianas.
Varias veces congresista y dos veces ministro, su pasión
principal ha sido la docencia, en particular del Derecho Constitucional. Sus antecedentes
explican por qué ha podido presidir un régimen transitorio coronado por el respeto y la
aprobación del país, como lo indican todas las encuestas. El suyo ha sido un Gobierno
pequeño que se volvió un gran Gobierno.
UNA IDEA EN MARCHA
El 26 de mayo último, el doctor Valentín Paniagua dijo: "éste es tal vez el único honor que ambicioné secretamente a lo largo de toda mi vida".
Se refería al doctorado honoris causa que le había conferido la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Fue en un texto leído, singularmente extenso, que, curiosamente, fue apenas glosado por los medios de comunicación y en algún caso hasta desfigurado. Un diario le hizo decir que siempre había soñado con ser Presidente de la República.
Es un escrito que contiene la estructura y la marcha del pensamiento del mandatario saliente. Constituye una reflexión sobre el curso y el sino del Estado de Derecho y de la democracia en nuestro país, con el propósito, dijo, de fijar ideas para una nueva Constitución que el Congreso entrante debería dictar.
El discurso encierra una requisitoria pormenorizada contra la injusticia y contra el militarismo, que una y otra vez ha interrumpido e imposibilitado el desarrollo del país.
"¿Cabía igualdad", preguntó, "cuando el indio, sometido a la servidumbre y el pongueaje, vivió aherrojado a la tierra hasta 1964 en que se inicia la reforma agraria en el Perú? ¿Cabe igualdad, aún hoy, es decir, democracia, en una sociedad atravesada y agobiada por la pobreza, que es la expresión más característica de la inequidad? Conquistar la igualdad es sin duda el reto del futuro para construir una democracia verdadera y asegurar el desarrollo nacional".
Esas vigas maestras de su pensamiento saltaron a la vista en las últimas semanas, pero han estado presentes en toda su etapa de Gobierno. No es casual que uno de sus últimos actos oficiales haya sido la entrega a Alejandro Toledo de los informes de la Iniciativa Nacional Anticorrupción presidida por monseñor Miguel Irízar, Obispo del Callao. En ese contexto se ubican asimismo realizaciones como la Comisión de la Verdad, la de Estudio de las Bases para la Reforma Constitucional, la Mesa de Lucha contra la Pobreza, la Comisión Nacional del Trabajo y la Comisión para la formulación del Plan Nacional de Educación.
En suma, Paniagua deja un ejemplo de pulcritud, seriedad y, sí, orden. No ha necesitado del circo para ganarse la confianza de sus conciudadanos. Le ha bastado con poner en circulación ideas y ejemplos de honradez, afán democrático y rechazo a lo que en el discurso de San Marcos llamó "el desprecio a ciertos sectores, discriminados racial y culturalmente". Deja una cierta estabilidad en la economía, que no podía ser transformada en ocho meses de Gobierno. No hace falta aprobarlo en todo para saber que ha acertado.
Para los tiempos que vienen, Paniagua ha recomendado la
búsqueda de la concertación, que sólo puede brotar de eso que Federico more llamaba la
honesta y libre discrepancia. (César Lévano).
BAJO EL IMPERIO DE LA LEY
El legado legislativo del gobierno de Valentín Paniagua.
Vista comparativamente, la producción legislativa durante el breve gobierno de Valentín Paniagua (8 meses) no ha diferido mayormente del promedio registrado a lo largo de la última década: 11,934 normas legales versus alrededor de 13 mil, respectivamente.
Sin embargo, hay diferencias obvias entre ésta y aquella acción legislativa. Para empezar, sólo entre las 2,800 normas con rango de ley correspondientes al período 1992-2000 se han identificado 250 violatorias de la Constitución (CARETAS 1678). Bajo el mandato del constitucionalista Paniagua, ninguna.
Pero no sólo ha habido apego riguroso al imperio de la ley de leyes en los últimos ocho meses, sino también resuelta decisión de devolver al país al cauce de la institucionalidad y, al mismo tiempo, emprender una paradigmática política contra la corrupción y en favor de la transparencia. De hecho, el ciclo del gobierno de transición se abre con la promulgación del paquete de leyes que han permitido procesar a los involucrados en la red de Vladimiro Montesinos, y se cierra con la aprobación de la ley que permitió la conformación de la Comisión de la Verdad (D.S. 065-2001-PCM).
Ciertamente, la labor legislativa es prerrogativa, sobre todo,
del Congreso. Pero es habitual que la mayoría de normas dictadas correspondan al
Ejecutivo y el gobierno de Paniagua no ha sido la excepción. De otro lado, como se sabe
el Ejecutivo tiene la posibilidad de observar las leyes del Congreso, y esto no ha
ocurrido en los últimos ocho meses.