Paniagua, el consenso y el rescate de la democracia

Por RAUL DIEZ CANSECO TERRY



La falta de autocrítica y la abundancia del elogio al ego, el divorcio con la realidad y el maridaje con la ficción y, entre otros aspectos, la cascada de burdas maniobras para intentar mantenerse en la administración del Estado, han conducido al actual régimen y al sistema que lo sostiene al peor descrédito popular que se conozca en la historia de la República.
Lo grave es que este hecho, perjudicial para los peruanos por donde se lo mire, no ha significado para quienes han gobernado la patria por más de diez años el menor acto de contrición o arrepentimiento público. Todo lo contrario, el rescate de la democracia y el rumbo hacia la gobernabilidad se está logrando pese a los esfuerzos en contra del oficialismo que aún no logra entender que el Perú ha cambiado y que de él emana una nueva realidad política.
En esta lucha hay, sin embargo, una fuerza motriz que dinamiza el cambio y que permite atizar la llama de la esperanza por un futuro distinto. Se llama consenso. Y el mutuo consenso ha hecho viable la radical transformación política que se observa y, estoy seguro, hará posible en el tiempo, si es que nos lo proponemos, una transición ordenada, sin sobresaltos y en crecimiento.
Pero la transición necesita el consenso, y éste de liderazgo. Nada mejor que lo que ha pasado, al corresponderle al doctor Valentín Paniagua Corazao el liderazgo del inicio del cambio. Cuajado en faenas democráticas y en la vida partidaria, representa al típico líder que trasciende.
Con él los peruanos, especialmente su juventud, que constituye la mayoría de la población, tiene la brillante oportunidad de distinguir entre la pedagogía y la demagogia, entre la democracia y el autoritarismo, entre la transparencia y la penumbra, entre el imperio de la ley y el atropello premeditado.
Ha correspondido a Valentín Paniagua tener el honor y, al mismo tiempo, el gran desafío de iniciar un nuevo ciclo en la vida política nacional, que necesitaba a gritos un cambio de rumbo y un estilo de hacer política que no sólo oxigene el ambiente sino que también transforme el humor nacional
El Perú y quienes lo hacen o moldean, como los académicos, los periodistas, los religiosos o los empresarios, entre otros, deben estar seguros de que cuentan con un líder frente al Congreso de la República que camina con la ley en la mano, la tolerancia debajo del brazo, el buen juicio y con un amplio espíritu democrático.
Conociendo sus cualidades y virtudes personales y, sobre todo, sus dotes intelectuales y su capacidad profesional no cabe duda de que la transición hacia el orden y la estabilidad política gana un guerrero de primera línea. La tarea, desde luego, no será fácil y el campo está minado.
Afortunadamente por más que la justicia y la verdad tarden en llegar o recobrar su plenitud, cuando lo hacen llevan siempre la marca de la libertad y de la transparencia. Dos conceptos que Valentín Paniagua los encarna, y los ha encarnado siempre desde que llegó muy joven al Parlamento representando al Cusco, en los años 60.
Se trata de un personaje previsible y poco amante de los destellos fotográficos; por lo mismo existe la garantía de que sus actos tendrán el sello de la independencia de criterio y de firmeza ante el acecho. Se trata, en suma, de un luchador que ha promovido a ultranza sus ideas democráticas y defendido con vigor los derechos sociales y los principios sobre moral pública .
Paradójicamente ha tenido que ser él, un militante de partido, un tradicional agitador del imperio de la ley, quien inicie un nuevo ciclo político en el que, sin duda, la tarea principal será la de recuperar el brillo de los pilares de la institucionalidad democrática que los "antipartido" o los "renovadores tradicionales" lograron oxidar.
En esa orientación, Valentín Paniagua no debe arriar los estandartes del consenso. Su elección es producto de esa mano mágica que une voluntades pero también de la actitud firme y decidida de los partidos y movimientos democráticos que, anteponiendo los intereses patrios a los suyos, han apostado por el cambio.
Desde su alta posición, debe también promover la puesta en marcha de los lineamientos del Acuerdo de Gobernabilidad, suscrito el pasado año por las fuerzas políticas que hoy impulsan la renovación y que fueran activamente y decididamente promovidas por nuestro inolvidable Gustavo Mohme Llona. Es indispensable anunciar al país, y al mundo, que el modelo de desarrollo que finalmente seguiremos alentará la inversión privada y un manejo eficiente y responsable de la caja fiscal.
De otro lado, si en poco tiempo los peruanos vuelven a creer y confiar en los timoneles de la recuperación democrática, y si los valores morales, como el Cid, campean con firmeza en todos los niveles de la estructura del Estado, habremos iniciado una auténtica renovación política y ganado mucho en el largo camino hacia un Perú con libertad, democracia, crecimiento y justicia.
En el diario La República, del lunes 21 de marzo de 1994, al comentar los avances en el campo político, económico, social y cultural del hermano país de Chile, avances generados por la concertación de los partidos políticos, decíamos: "Tenemos la necesidad de lograr en el plazo más breve posible la estabilidad institucional, permitiendo, de esa manera, no sólo la llegada de capitales foráneos, sino también la repatriación de los que se fueron por falta de estabilidad política. Mas, no lograremos nada, si los peruanos seguimos desunidos. Ha llegado la hora, pues, de concertar entre los peruanos que creemos en la democracia, iniciando el camino a un encuentro nacional".
No nos escucharon aquella vez; hoy, a más de seis años de nuestra reflexión o recomendación, sabemos por qué. Espero esta vez que no cometamos los mismos errores del ayer y aprendamos las lecciones de la historia. Sólo así, saldremos adelante.

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