¡A Palacio!



Por HUMBERTO CASTILLO

Ya consagrado como Presidente Constitucional del Perú, Paniagua, con la flamante banda bicolor cruzándole el pecho, apareció en el pórtico de acceso al Congreso, rodeado de varias personalidades políticas.
Estaba, sin duda, atrapado por una gran emoción que se reflejaba en su rostro y en sus gestos un tanto nerviosos.
Echó una severa mirada a su entorno y luego recibió, por primera vez, los honores de las tropas formadas en el vacío escenario de la plaza Bolívar.
La Marcha de Banderas, instrumentada por la banda del regimiento Húsares de Junín, resonó en todo ese ámbito, saludando al jefe supremo de las Fuerzas Armadas.
A paso rápido, rodeado tumultuosamente por periodistas y los hombres de la seguridad, pasó revista a los escalones militares formados por cadetes del Ejército, la Marina y la Aviación.
Afuera, en las inmediaciones, la multitud expresaba su júbilo con un despliegue inusitado de banderas y gritos.
¡Paniagua, amigo, el pueblo está contigo!, era uno de los gritos dominantes. ¡El pueblo exige, juicio a Montesinos!, era otro de los lemas que se coreaba insistentemente.
La gente se había ubicado en la esquina formada por los jirones Junín y Andahuaylas. Estaba un tanto marginada. La policía había formado un cerco que contenía los ímpetus de la multitud.
Pero desde allí, desde la lejanía, gritaba incesantemente y enarbolaba banderas.
Terminó el protocolo. Cesó la Marcha de Banderas y empezaron, entonces, las marchas militares.
Paniagua avanzó a pie un buen trecho, rodeado por periodistas y allegados. Los gritos de júbilo se acrecentaron. Los vivas, los aplausos también. ¡Y ya cayó, y ya cayó, la dictadura ya cayó!, clamaba la gente. Paniagua sonreía, satisfecho por la reacción popular.
Caminó una cuadra. En la esquina con Abancay recibió más honores militares. Las tropas habían terminado su homenaje. Entonces, el flamante jefe de Estado empezó a recibir el apoteósico tributo de su pueblo.
Abordó un auto y desde allí saludó a quienes lo aclamaban desde el borde de las calles, desde los balcones, desde los techos de las casas.
Eran las 2.00 de la tarde y Paniagua ingresó a la Plaza Mayor donde se había congregado más gente, con banderas y cartelones de saludo a la democracia y de censura a la derrotada dictadura.
Las rejas de Palacio se abrieron y el Presidente ingresó a la sede del Gobierno. Subió rápidamente los escalones y atravesó la puerta de ingreso al Salón Dorado.
Afuera, en la plaza principal, el gentío siguió manifestando su júbilo.
Panigua expresó sus deseos de aparecer en uno de los balcones de Palacio y dirigir desde allí un mensaje. Se preparó el escenario.
Pasaron unos quince minutos y apareció Paniagua, sonriente, evidentemente complacido. Detrás, varios congresistas.
El gentío se arremolinó bajo el balcón y los gritos de ¡Paniagua, amigo, el pueblo está contigo! se volvieron a encender. Otro grito: ¡El pueblo exige, juicio a Martha Chávez!, se impuso en el vocerío.
Paniagua pidió silencio y empezó a hablar. "Al cabo de diez años vuelve la democracia", fue la primera frase que dijo. La multitud le dio su primera ovación.
Luego dijo que en sólo ocho meses poco será lo que podrá hacer. Pero prometió que presidiría un gobierno transitorio, preparatorio de otro democrático surgido de la auténtica voluntad popular. Afirmó que la construcción del sistema democrático no puede ser hecha sólo por el gobierno, sino que debe ser una tarea colectiva.
Se despidió, entre gritos de júbilo, esta vez acompañado de su esposa que saludó, también, al pueblo, levantando el brazo derecho.

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