
El Socialismo Chileno
(Intervención de Salvador Allende en el Senado de la República, 4 de diciembre de 1956)
Soy socialista; y debo declarar, como ya lo hizo el Honorable señor Rettig, que jamás nosotros, ni
siquiera en los momentos más apasionados de nuestros debates, hemos desconocido que, en el
proceso y en la evolución social de Chile, intervinieron diversas fuerzas y partidos de los cuales nos
separa una gran distancia en la concepción de los hechos económicos y sociales, pero que
reconocemos que trabajaron por engrandecer la patria. Negar que los llamados "viejos partidos", en
su época y hora, contribuyeron al progreso de Chile, es absurdo. Y pedir a los hombres de esa época
y de esa hora que tuvieran una mentalidad como la nuestra sería también absurda.
Todos sabemos que, cuando se generaliza, se cae en tremendos errores. Hubo hombres del Partido
Liberal que, indiscutiblemente, lucharon con un gran sentido de progreso que nosotros apreciamos. Y
dentro de esos grupos políticos ha habido ciudadanos a quienes el ancho y generoso corazón del
pueblo recuerda y recordará.
Uno de ellos es el Presidente Balmaceda. Sin embargo, pocos hombres,
a lo largo de nuestra historia pública, han sido más vilipendiados, combatidos y más
deshonestamente atacados que Balmaceda. ¿Y por quiénes? ¿Y por gente de Izquierda? No, señor
Presidente. ¡Por personeros de la Derecha! ¡Por los que defendían sus privilegios; por quienes, con
un sentido pequeño de nuestro destino económico, estaban entregados al imperialismo inglés y
defendían las granjerías del salitre; es decir, por los capataces de ese imperialismo! Y nada los
detuvo, absolutamente nada; ni el ataque artero ni la calumnia soez, que alcanzaba a lo íntimo de
una vida digna en su propio origen.
Por eso nosotros hemos reivindicado a Balmaceda, por su estatura de gobernante que con visión de
futuro, miró por sobre las fronteras de la patria, más allá de lo transitorio y lo pequeño, para calar
hondo en nuestras perspectivas. Entendió que éramos capaces de ser los artífices de nuestro futuro,
en función precisamente de defender para Chile las fuentes básicas de nuestras riquezas naturales.
Muchas veces hemos discrepado de otro hombre que comprendió que las mareas de la historia, que
la pujanza de las masas, que el dolor del pueblo debe encontrar su cauce. Todos, quizás
sentimentalmente, en un momento de la vida fuimos partidarios de Alessandri. Después muchos de
nosotros combatimos al gobernante, sin dejar de reconocer lo que Alessandri aportó al proceso
social chileno y lo que significa en la historia nacional.
Pocos estadistas han sido más vilipendiados que Alessandri por un sector de los partidos de Derecha.
¡Y para qué recordar el lenguaje claro, a veces un tanto recargado, con que el Presidente Alessandri
se refería a la "canalla dorada". A lo mejor, todavía transita por aquí alguien que pudiera sentirse
aludido por la gráfica y elocuente definición del Presidente Alessandri.
Es decir, las mayores figuras del liberalismo, los que mejor interpretaron el ansia y la angustia
populares, fueron implacablemente combatidas por los grupos más influyentes de la Derecha. Se
usaron contra ellos todos los medios, hasta la conspiración.
Si yo recuerdo éstas cosas, es porque no pueden los señores Senadores -y es, impropio de la alta
cultura del honorable señor Moore- hacer este tipo de generalizaciones.
Sus Señorías, en ciertas oportunidades y épocas, han tenido hombres y actitudes que
indiscutiblemente contribuyeron al progreso nacional, y nosotros se lo hemos reconocido.
Reconozcan también que nosotros, nacidos en nuestro tiempo e inspirados en conceptos filosóficos y
sociales diferentes, algo y bastante hemos hecho en las luchas sociales. Reconozcamos, desde luego,
la firmeza de nuestras convicciones y la serenidad de nuestra actuación, porque, siendo contrarios al
contenido de la democracia burguesa, que es sólo formal y política, nunca -lo afirmamos- hemos
tomado el camino turbio de la subversión o del golpear precipitadamente la puerta de los cuarteles,
hecho que tampoco es ajeno a alguno de los hombres de la Derecha, y recuerden, sino, el complot de
Melipilla, cuando legítimamente ganó la Presidencia de Chile Pedro Aguirre Cerda, para el logro de
nuestros propósitos.
Nosotros, señores Senadores liberales, con legítima satisfacción tenemos también el derecho a
proclamarnos profundamente patriotas; pero tenemos un sentido distinto de sus señorías acerca de
lo que es patria, y no aceptamos, en absoluto, que senador o político alguno se sienta albacea o
depositario exclusivo del patriotismo.
Dentro del ángulo y la firmeza de nuestras ideas, nosotros conceptuamos antipatriotas y calificamos
con dureza a quienes actúan entregando el cobre, el salitre, el petróleo o el uranio, en la creencia de
que nuestra condición de pueblo en desarrollo nos obliga a someternos más y más a la prepotencia
del imperialismo financiero, el cual, por lo demás, siempre trae aparejado el sometimiento político.
Nunca, jamás hemos dejado de decir que no aceptamos ningún tipo de imperialismo y que no somos
colonos mentales de ninguna tendencia foránea. Y si hay algo respetable, es nuestra firmeza para
defender lo que nosotros entendemos por libertad y autodeterminación y soberanía de los pueblos;
porque, desde estos bancos -no ahora, sino siempre-, hemos protestado por las ignominiosas
dictaduras del Caribe y las diversas satrapías que desgobiernan a los pueblos de la América Latina;
porque desde aquí hemos reclamado de ustedes, viajeros también, que digan su palabra de verdad
frente a España, mancillada por la sangrienta dictadura de Franco, pues muchos de ustedes han ido
a ese país, como yo estuve en Moscú, de lo cual no me arrepiento.
Con la diferencia de que, a mi
regreso, no vine al Senado a decir que el régimen soviético era un paraíso; sostuve que no era un
paraíso ni un infierno; que era un régimen social distinto; que para nosotros éste era diferente y
difícil de comprender; que toda transformación social implicaba errores que se van desfigurando o
desdibujando a medida que el tiempo pasa, y que la historia comprueba hechos que se deben
preferir, porque si juzgáramos la Revolución Francesa tan sólo por lo que significó la guillotina,
ninguno de nosotros estaría sentado aquí. Por eso damos a los hechos sociales el valor real que ellos
tienen y los perfiles que proyectan en sus verdaderas dimensiones.
Negar lo que significó la
Revolución Francesa y la transformación del Estado feudal y el avance de la burguesía, es absurdo.
Negar lo que ha significado la Revolución de Octubre en muchos aspectos, también es absurdo, como
lo sería magnificar todo lo hecho en esa revolución o creer que todo lo que hicieron sus dirigentes
fue acertado.
Pero nosotros, con un sentido, no diré de ecuanimidad, sino de interpretación justa de la evolución
social, hemos actuado en Chile sin someternos jamás a la orientación foránea y sin ser servidores
obsecuentes de ningún régimen. Cuando muchos Senadores de la Derecha -no todos, por suerte miraban con complacencia el "nazifascismo", fueron los jóvenes de la juventud socialista los que
dieron su sangre generosa en las calles de todo Chile para lograr que el régimen democrático, que no
nos satisface plenamente, se mantuviera. Y no hay ningún partido, ni el Conservador, ni el Radical, ni
el Liberal, que tenga más víctimas que el Partido Socialista, que nosotros, que los socialistas de todos
los sectores, en la lucha contra el fascismo.
Los hombres de estos bancos hemos sido quienes hemos estado contra todas las formas de dictadura
de América y del mundo, y quienes también hemos estado diciendo cómo entendemos que hay que
acentuar las condiciones de nuestra acción, sobre todo en países como el nuestro, de economía
dependiente, de escaso desarrollo industrial y con un sentimiento de analfabetismo e incultura tan
alto.
Por ello, siendo socialistas, nunca hemos dicho que en esta hora de Chile, por ejemplo, se pueda
estructurar un Gobierno socialista. Creemos con profunda sinceridad que el destino de la humanidad
está marcado por la ruta del socialismo. Y lo creemos no sólo porque él representa, en el progreso
técnico y económico, un concepto distinto de la convivencia y porque tiende a poner al servicio de
todos los que es patrimonio común -cultura, técnica, saber y ciencia-, sino también por el respeto a la
personalidad humana y por el sentido humanístico que en el fondo tiene el socialismo.
Porque una
cosa es hablar del respeto a la personalidad humana, a las ideas, y a los principios, y otra cosa es
dictar leyes que no los respetan y que persiguen a los que no piensan como uno.
Cuando nació el Frente Popular, fuimos nosotros también los que, indudablemente, influimos en su
estructura. El Frente Popular no es patrimonio del radicalismo: es un esfuerzo conjunto en donde los
partidos populares pusieron la tremenda generosidad de que sólo ellos son capaces, para levantar,
no a un hombre de nuestras filas, sino del Partido Radical. ¡Y qué orgullosos nos sentimos de haber
contribuido al triunfo de Pedro Aguirre Cerda!
A medida que pasan los años -y en esto reclamamos justicia de parte de los señores Senadores
radicales- la obra de ese mandatario elegido por el pueblo, que es la obra del Frente Popular,
adquiere perfiles que deben ser respetados, porque ella fue construida con la emoción, con el calor y
con el sentido humano de todo un pueblo. Como muy bien ha dicho el honorable señor Rettig, por
sobre el progreso material y el poderoso desarrollo que se dio al proceso industrial chileno, hay algo
que para ustedes debería tener más valor, y que para nosotros mucho lo tiene: es el sentido de
dignidad que se entregó al hombre anónimo y a la mujer sencilla de esta tierra Se le dio el derecho a
sentirse, no un paria en nuestra patria, sino un chileno y una chilena más, y se le abrieron muchas
posibilidades.
Eso es, a mi juicio, algo inapreciable que, creo, ni el más obcecado de los Senadores de
la Derecha podrá negar al Frente Popular. También el sentido de serena responsabilidad política con
que actuamos, nos hizo comprender que no podíamos precipitarnos, que la premura no nos podía
llevar muy lejos y qué era cierto aquello que alguien dijo hace muchos siglos: "apresúrate
lentamente". Y lentamente se fueron colocando los pilares que han permitido al pueblo, en amplitud,
mirar hoy el proceso social de ayer como signo de esperanza para el mañana.
Y ya el pueblo sabe lo
que vale la lealtad a las ideas, a los principios, a las doctrinas; ya el pueblo distingue entre los
gobernantes que cumplieron y los que no cumplieron.