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�Qu� significado tuvo esa reuni�n?
ARG�ELLO: Fue muy importante. Somos testigos de una realidad que est� sucediendo: el Esp�ritu Santo que esta soplando sobre su Iglesia, a pesar de nuestros pecados, para ayudarla. Nuestra experiencia, por el mundo, es que siempre hemos hallado ayuda en los otros grupos y movimientos: de Comuni�n y Liberaci�n en las universidades, de los sacerdotes del Opus Dei en las parroquias, de los Focolares, de los Carism�ticos, etc. Es importante, y fuente de enriquecimiento, saberse ayudar: en la diversidad, tenemos una �nica misi�n hacia el mundo. San Pablo dice que Dios constituy� a unos como ap�stoles, a otros como profetas, a otros como evangelizadores y maestros con el fin de construir el Cuerpo de Cristo, hasta que todos alcancemos el estado de hombre perfecto, la plena madurez de Cristo (cf. Ef 4, 11-13). Las dificultades y los problemas surgen en las parroquias cuando encontramos grupos de laicos y alg�n sacerdote que tiene una diversa antropolog�a y tambi�n una diversa cristolog�a y eclesiologia.
Se oye decir a menudo que estas nuevas realidades eclesiales y los movimientos son algo cerrados, que se cierran en s� mismos. Y algunos obispos han pedido que sean m�s abiertos entre ellos, sin contrastes ni rivalidades...
ARG�ELLO: Es una opini�n dada desde fuera, que creo que no corresponde a la realidad. Nosotros experimentamos exactamente lo contrario. Es como cuando los disc�pulos se acercan a Jes�s y le dicen: "Esos hacen milagros, pero no son de los nuestros", y �l responde: "No se lo impid�is. Nadie puede hacer milagros en m� nombre y hablar mal de m�". Nosotros lo comprobamos constantemente: todo lo que el Esp�ritu Santo suscita en la Iglesia nos ayuda. Son los de afuera los que dicen que estamos divididos, que hay problemas.
�Por qu� la hostilidad es una reacci�n casi autom�tica cuando nace algo nuevo en la Iglesia? la han experimentado ustedes, al igual que casi todos los movimientos...
ARG�ELLO: Es una reacci�n normal, creo que es un hecho sociol�gico que hay que aceptar. En efecto, cuando nace algo nuevo todos se preguntan: "�Qui�nes son esos? Pero, �qu� se creen? �Piensan que son mejores que los dem�s?". Hemos sufrido persecuciones dentro de la Iglesia, es algo que ha sucedido y que sigue sucediendo en varios sitios. Pero yo pienso siempre en San Ignacio de Loyola, al que le preguntaron a punto de morir qu� es lo que ped�a para la Compa��a y �l respondi�: "Persecuciones". Por lo que respecta a mi persona, considero la persecuci�n una gracia grand�sima. Es lo �nico en lo que me parezco algo a Cristo. En lo dem�s nada, pues soy un grand�simo pecador.
�Ahora est�n disminuyendo estas hostilidades?
ARG�ELLO: S�. Creo que muchos obispos y p�rrocos nos conocen mejor, y ven los frutos en una realidad que crece: las familias reconstruidas, los j�venes en la Iglesia, las vocaciones para los seminarios, etc. Este agosto en Par�s, durante el encuentro con el Papa, hab�a muchos j�venes de las nuevas realidades de la Iglesia y, entre ellos, hab�a cincuenta mil del Camino. Tras la conclusi�n, celebramos una reuni�n vocacional, presidida por el cardenal Lustiger, en la que se levantaron cinco mil j�venes para entrar en los seminarios y en los monasterios de clausura. A nosotros mismos nos sorprende lo que est� sucediendo.
Hace algunos a�os pude leer un documento reservado de la Congregaci�n para la Educaci�n Cat�lica. El cardenal que entonces la presid�a refer�a que hab�a hecho una encuesta para responder a la petici�n que hab�an presentado ustedes para promover seminarios diocesanos misioneros. La mayor�a de los expertos consultados dio, sin embargo, una respuesta negativa: "No se puede confiar un seminario a un movimiento", dec�an en s�ntesis. El papa Juan Pablo II Intervino directamente y zanj� la cuesti�n, confi�ndoles los seminarios. Hoy son 35, diseminados por todo el mundo. �Por qu� estos seminarios? �C�mo nacieron?
ARG�ELLO: Tambi�n aqu� intervino el Se�or que, mediante los hechos, nos ha mostrado sus huellas. El Papa hab�a enviado ya m�s de cien familias a las zonas m�s dif�ciles de Suram�rica y del mundo. Estas familias estaban formando comunidades cristianas, con muchas personas que incluso regresaban a la Iglesia despu�s de haber estado en las sectas. Sin embargo, dada la escasez del clero y las dificultades de los sacerdotes locales para ir a esas zonas de miseria, donde ni siquiera exist�a el edificio de la iglesia, tras muchos intentos -sea con el Seminario Romano, sea formando un grupo presentado al entonces rector del Capranica, monse�or Luciano Pacomio, quien nos ha ayudado mucho, pensamos que deb�amos presentar esta realidad de las familias al Santo Padre.
No quer�amos fundar ninguna congregaci�n o movimiento, sino m�s bien unir las parroquias, de donde hab�an salido estas familias, a la misi�n. Por eso propusimos al Santo Padre la realizaci�n de un seminario diocesano misionero, donde los presb�teros pudieran ser enviados a cualquier parte del mundo. Al final del encuentro el Papa se levant� y dijo que esto era bueno, necesario para la Iglesia y que hab�a que hacerlo. As� nacieron los seminarios "Redemptoris Mater".
Lo segundo que hay que decir es que estos seminarios no son seminarios del Camino neocatecumenal, sino que son verdaderos seminarios diocesanos misioneros, es decir, son los obispos los que mandan y tienen la responsabilidad sobre estos sacerdotes. Lo espec�fico de estos seminarios es que el obispo puede enviar a los presb�teros por todo el mundo, aliviando de esta manera la escasez de clero de muchas di�cesis. Providencialmente se ha visto que tambi�n en los documentos del Concilio, por ejemplo en el n�mero 10 de la Presbyterorum ordinis, se dice que se abran seminarios internacionales misioneros para resolver la escasez de clero.
Por lo dem�s, comprendo la respuesta de los expertos, pero la confusi�n est� en la palabra "movimiento". Porque nosotros, como hemos dicho antes, no nos sentimos un movimiento, sino una iniciaci�n cristiana postbautismal que se abre en la parroquia y termina en ella haciendo cristianos adultos. Yo, por ejemplo, como catequista he terminado ya el camino en vanas parroquias. Los hermanos que han recorrido este itinerario neocatecumenal y lo han terminado no forman una asociaci�n ni una congregaci�n, ni nada parecido, sino que son cristianos adultos en la parroquia, que llevan adelante la pastoral del obispo. Est� claro que la peque�a comunidad en cuanto tal no desaparece, puesto que ella es hoy la salvaci�n de la familia. El cardenal Ratzinger ha escrito recientemente en su libro La sal de la tierra que hoy es muy dif�cil vivir la fe solos y ha invitado a la Iglesia a que abra caminos de fe en peque�as comunidades, donde los cristianos se ayuden y se apoyen rec�procamente.
Tambi�n en la Carta que el Santo Padre Juan Pablo II ha enviado a monse�or Paul Josef Cordes, su novedad reside en el hecho de que reconoce el Camino neocatecumenal como una iniciaci�n cristiana para adultos de tipo catecumenal, y no lo transforma en una orden religiosa, en una asociaci�n o en un movimiento. Varias veces en la historia de la Iglesia hombres y mujeres han intentado hacer que reviviera el esp�ritu del Evangelio en el pueblo de Dios sin tener que circunscribirlo por fuerza a una orden religiosa. Quiz� los tiempos no estaban maduros.
Pero hoy, despu�s del Concilio Vaticano II, la situaci�n contempor�nea de ate�smo y secularizaci�n coloca a la Iglesia en una posici�n en la que se hace necesario restablecer el catecumenado, sea para los no bautizados, sea para los que, bautizados cuando eran ni�os, necesitan volver a descubrir la riqueza de su bautismo. Tambi�n Pablo VI, en el primer encuentro que tuvo con el Camino en 1974, dijo: "Vivir y promover este "despertar" es lo que vosotros llam�is una forma de "post-bautismo" que podr� renovar en las actuales comunidades cristianas aquellos efectos de madurez y de profundizaci�n que en la Iglesia antigua eran realizados por el periodo de preparaci�n al bautismo.
Vosotros lo hac�is despu�s: antes o despu�s, dir�a yo, es secundario. El hecho es que aspir�is a la autenticidad, a la plenitud, a la coherencia, a la sinceridad de la vida cristiana. Y esto es un m�rito grand�simo que nos consuela enormemente...
En el caso en que un p�rroco les llame para abrir el Camino y luego sea substituido por otro que no les quiera, �c�mo se Comportan ustedes?
ARG�ELLO: Obedecemos. A veces los hermanos deben sufrir durante a�os las incomprensiones del nuevo p�rroco. A veces el nuevo p�rroco, que se encuentra con estas comunidades en su parroquia y que no las quiere, las echa; sucede sobre todo en Am�rica Latina, en las parroquias de los religiosos, donde se cambia de p�rroco despu�s de pocos a�os. Los catequistas, si pueden, invitan a los hermanos a seguir el camino en otra parroquia, pero lo que no hacemos jam�s es hacer una Iglesia paralela. Descubrir el bautismo significa siempre descubrir el "primum" cristiano, que es: "Como yo os he amado", es decir, el amor al enemigo, cargando con los pecados de quien echa a las comunidades. En este sentido hemos visto a menudo cosas heroicas en los hermanos. El problema de muchos sacerdotes, a parte de la teolog�a de la liberaci�n y las diferentes eclesiolog�as que han surgido despu�s del Concilio, es que no saben situar la importancia de los carismas en la Iglesia.
�Cu�l es?
ARG�ELLO: Creo, como dijo el Papa en el encuentro de enero, que instituciones y carismas son coesenciales en la Iglesia. Cuando la instituci�n no acepta los carismas se calcifica y el pueblo gime. Y cuando el carisma no acepta la instituci�n se convierte en una secta o se separa como sucedi� con Pedro de Valdo, en los tiempos de San Francisco.
Hablaba usted antes de persecuciones y dificultades. Tambi�n son muchas las objeciones que les hacen. �Podemos examinarlas detalladamente?
ARG�ELLO: De acuerdo.
Se refieren sobre todo a la liturgia.
ARG�ELLO: La liturgia desempe�a un papel muy importante en la gestaci�n de la fe. Por medio de ella nos toca la gracia, y nace el hombre nuevo. Los sacramentos dan y aumentan la gracia. Toda la renovaci�n del Concilio Vaticano II tiene un centro fundamental: la plena y fructuosa participaci�n en lo que significan y realizan los sacramentos. Pongo un ejemplo: si vamos a una fuente (que representa la gracia) con una cesta, la traemos vac�a; mientras que si vamos con un cubo, volvemos con el cubo lleno.
La fuente siempre es la misma, pero el resultado diametralmente opuesto. Mucha gente va a misa y asiste a los sacramentos con escasa participaci�n. Por esto es importante educar a los participantes a vivir con la mayor plenitud posible la riqueza de los sacramentos.
�Est� diciendo que ustedes aspiran esencialmente a una participaci�n m�s plena en la liturgia?
ARG�ELLO: Exacto. Nosotros intentamos vivirla lo m�s plenamente posible, de modo que la gente que participa en ella se santifique. Si un joven no comprende o no sabe vivir lo que sucede, antes o despu�s deja de ir. Si en cambio conseguimos hacerle comprender lo que est� sucediendo, explic�ndole qu� es lo que significan ciertos signos; es decir, si le ayudamos a participar de verdad, entonces poco a poco este joven se abre a la acci�n de la gracia y recibe ese don gratuito que los sacramentos dan y que le ayudar� a ser santo, a ser cristiano. El cristianismo no es un pelagianismo, un esfuerzo solo de nuestra voluntad: es una liberaci�n, es una nueva creaci�n que recibimos gratuitamente por los m�ritos de Jesucristo, que sufri� y dio su vida por cada uno de nosotros.
Por ejemplo, �c�mo puede educarse a un joven de hoy al cristianismo sin arraigarlo en el misterio de la Pascua del Se�or? Por esto es fundamental que la vigilia pascual pueda vivirse en toda su plenitud, para que el sacramento d� lo que significa. Educarlo a los signos, al ayuno, a la noche, al bautismo por inmersi�n para ense�arle a morir con Cristo y resucitar con Cristo, para pasar a la otra orilla, haciendo de �l un "peregrino" celeste, un hombre pascual, en un nuevo �xodo que ayude a llevar al cielo a los hombres de esta generaci�n.
Muchas veces encontramos dificultades porque, por ejemplo en Espa�a, la vigilia se reduce a una misa vespertina casi sin gente, porque casi todos est�n de vacaciones. �Qu� hacer para que los j�venes no se vayan de vacaciones y se queden esa noche para morir con Cristo y resucitar con �l? Por ejemplo en Francia, en algunas parroquias, se cambia la fecha de la vigilia pascual y se celebra a la vuelta de vacaciones. Pero nuestro esp�ritu, como sucede ya en muchas parroquias, no es el de hacer una vigilia paralela o nuestra, sino el de restablecer la vigilia pascual con toda su fuerza y plenitud sacramental de los signos, como dice el Misal Romano. Pero para hacer esto se necesita un camino, una proped�utica sacramental. El papa Juan Pablo II dijo una vez que ve�a las comunidades como un "laboratorio sacramental", donde poco a poco pueda llevarse la renovaci�n lit�rgica del Concilio.
El hecho de celebrar la liturgia a puertas cerradas tambi�n les ha creado a menudo problemas. Algunos obispos les han impedido celebrar misa en sus di�cesis.
ARG�ELLO: No hacemos liturgias a puertas cerradas. Lo que sucede es que tenemos un itinerario. Si uno va a la universidad sabe que hay un primer curso, luego un segundo curso y as� hasta el final. Y supongo que quien comienza sabe que no lo van a poner en el cuarto curso, sino en el primero. Tambi�n nosotros tenemos un itinerario con etapas, con t�rminos. El catecumenado antiguo ten�a primero el precatecumenado, luego el catecumenado, la elecci�n y el neofitado. Todos estos t�rminos indican momentos de transici�n.
El problema es que hace casi diecis�is siglos que falta el catecumenado de la Iglesia. Ya no se sabe lo que es. Nosotros nos contamos entre los que lo est�n recuperando despu�s de diecis�is siglos. Es evidente, pues, que existe mucha ignorancia sobre lo que es el catecumenado y sobre lo que hacemos. Y nacen las desconfianzas, a veces en los mismos grupos de las parroquias no nos comprenden. Se repite lo que dice el Evangelio en la par�bola del hijo prodigo, donde el hermano mayor no quiere entrar, escandalizado porque el padre ha matado el ternero m�s gordo para el hijo que se ha gastado todo el dinero de su padre con prostitutas, y no soporta la fiesta ni el baile.
Nosotros vemos en el Evangelio que es el padre el que sale a hablar con �l. Hace una mediaci�n y le dice: "Este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a vivir". a. La cuesti�n es que en algunas parroquias del norte de Europa, por ejemplo, hay algunos en los consejos parroquiales que no tienen esta antropolog�a, es decir, que no creen que la gente lejana y secularizada, que ha abandonado a Dios, est� muerta dentro. Por eso no comprenden todo el esfuerzo que hacemos para que los lejanos se acerquen a Cristo, y se escandalizan de la eucarist�a dominical celebrada en comunidad el s�bado por la tarde con toda la riqueza de los signos deseada por el Concilio (por ejemplo, comulgar con las dos especies del pan y del vino, como nos ha concedido la Santa Sede). Aunque les decimos que estas personas necesitan una mediaci�n, una proped�utica sacramental, que son ovejas perdidas, muchas veces es in�til.
Y, sin embargo, en treinta a�os de Camino estas celebraciones han demostrado que son una pedagog�a maravillosa para vivir el misterio pascual, ayudando a los hermanos a pasar de la muerte a la vida, con aut�nticos frutos de conversi�n, sobre todo entre los j�venes, que, con la fuerza de estas eucarist�as, han sido salvados de la droga y de la locura de las discotecas del s�bado por la noche. Estas celebraciones han sido el manantial de miles de vocaciones sacerdotales y religiosas.
Adem�s en el Camino neocatecumenal, en todo el mundo, hay gente que estaba muy lejos de la Iglesia, muy enferma y herida, que es muy d�bil y que hay que echarse al hombro, como hace el buen pastor, para llevarla a la casa del padre.
Este es el esp�ritu del Camino: no pasar sobre el cad�ver de nadie. No es el hombre el que est� al servicio del Camino neocatecumenal, sino el Camino el que est� la servicio del hombre.
�C�mo nace concretamente una comunidad neocatecumenal?
ARG�ELLO: Si un p�rroco desea comenzar el Camino, se pone en contacto con otra parroquia donde ya existen comunidades neocatecumenales o con el centro neocatecumenal diocesano. Se le ilustra qu� es el Camino, y si acepta se le env�an catequistas que guiar�n el neocatecumenado en comuni�n con �l. Los equipos de catequistas est�n formados siempre por un sacerdote, que es el garante de la ortodoxia y de la eclesialidad del anuncio, por una o dos parejas y por un joven. Los catequistas hablan con el presbiterio, con el consejo parroquial, luego se re�nen con los movimientos presentes en la parroquia y, en fin, durante las misas dominicales, invitan a todos los fieles. Este es el momento del kerygma, del anuncio de la salvaci�n tra�do por el Se�or.
Evoca lo que hac�an los ap�stoles que, transformados por el Esp�ritu Santo despu�s de Pentecost�s, recorr�an las sinagogas en peque�os grupos anunciando la buena nueva y llamando a la gente a la conversi�n. Era una predicaci�n hecha con fuerza, que pon�a a la gente frente a un hecho, a un evento: Jesucristo es el Se�or, s�lo en �l tenemos la salvaci�n. Muri� por nuestros pecados y fue resucitado para nuestra justificaci�n, subi� al cielo e intercede por nosotros para que podamos recibir el Esp�ritu Santo, la vida eterna. A los que, traspasados por la gracia, preguntaban: "�Qu� tenemos que hacer?", San Pedro respond�a: "Convert�os y que cada uno se bautice en el nombre de Jes�s para que todos sus pecados le sean perdonados; despu�s recibir�is el don del Esp�ritu Santo prometido". Esto coincide con la fase que nosotros llamamos kerygm�tica donde se descubre y experimenta tr�pode en el que se basa todo el trayecto neocatecumenal: Palabra-Liturgia-Comunidad. Esta fase kerygm�tica termina con un retiro de tres d�as donde se forma la comunidad que inicia las varias etapas del precatecumenado, catecumenado, elecci�n, etc., guiadas por el mismo equipo de catequistas en comuni�n con el p�rroco.
En la medida en que estos hermanos comienzan a crecer en la fe y a dar testimonio en el trabajo y en la familia, otras personas son atra�das por la fe y piden iniciar tambi�n el mismo camino. Es de esta manera como se forma una segunda comunidad, una tercera, una cuarta comunidad... , y aparece en la parroquia una realidad nueva de peque�as comunidades todas en Camino de conversi�n. De este modo se abre en la parroquia una pastoral para los alejados que, sin destruir nada y sin imponerse, presenta el fruto de una Iglesia que se renueva y que dice a sus padres que han sido fecundos, porque de ella han nacido.
Despu�s de m�s de treinta a�os de Camino, uno de los frutos que m�s me consuela es ver las familias reconstruidas que, abiertas a la vida, son verdadera "Iglesia dom�stica" donde se cumple el cometido fundamental de la familia, el de transmitir la fe a los hijos. Esto se hace fundamentalmente en una liturgia dom�stica, el domingo por la ma�ana. En esta liturgia los padres leen a sus hijos la Escritura y les preguntan: "�Qu� te dice a ti, para tu vida, esta Palabra?". Es impresionante ver que los hijos saben aplicar la Palabra de Dios a su propia historia concreta. Al final, el padre y la madre dicen unas palabras de comentario, partiendo de su experiencia, e invitan a todos a rezar por el Papa, por la Iglesia, etc. Se termina con el Padrenuestro y con la paz. Y los padres bendicen a los hijos. Hallar un momento de di�logo entre las dos generaciones es algo muy, pero muy importante hoy.
Estas familias formadas en un camino de fe saben transmitir la fe a los hijos. El resultado de todo esto es tener casi el cien por cien de estos hijos en la Iglesia. De estas familias, casi todas numerosas, est�n surgiendo miles de vocaciones para los seminarios y para los monasterios.
Damos gracias al Se�or nuestro Dios.
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