| DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Trabaja con
la destreza de sus manos
Lectura del libro
de los Proverbios 31, 10-13. 19-20. 30-31 Una mujer hacendosa, �qui�n la hallar�? Vale mucho m�s que las perlas. Su marido se f�a de ella, y no le faltan riquezas. Le trae ganancias y no p�rdidas todos los d�as de su vida. Adquiere lana y lino, los trabaja con la destreza de sus manos. Extiende la mano hacia el huso, y sostiene con la palma la rueca. Abre sus manos al necesitado y extiende el brazo al pobre. Enga�osa es la gracia, fugaz la hermosura, la que teme al Se�or merece alabanza. Cantadle por el �xito de su trabajo, que sus obras la alaben en la plaza. Palabra de Dios. Salmo responsorial Sal 127, 1-2. 3. 4-5(R.: la) R. Dichoso el que teme al Se�or. Dichoso el que teme al Se�or y sigue sus caminos. Comer�s del fruto de tu trabajo, ser�s dichoso, te ir� bien. R. Tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu casa; tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa. R. �sta es la bendici�n del hombre que teme al Se�or. Que el Se�or te bendiga desde Si�n, que veas la prosperidad de Jerusal�n todos los d�as de tu vida. R. SEGUNDA LECTURA Que el d�a del Se�or no os sorprenda como un ladr�n Lectura de la primera carta del ap�stol san Pablo a los Tesalonicenses 5, 1-6 En lo referente al tiempo y a las circunstancias no necesit�is, hermanos, que os escriba. Sab�is perfectamente que el d�a del Se�or llegar� como un ladr�n en la noche. Cuando est�n diciendo: �Paz y seguridad�, entonces, de improviso, les sobrevendr� la ruina, como los dolores de parto a la que est� encinta, y no podr�n escapar. Pero vosotros, hermanos, no viv�s en tinieblas, para que ese d�a no os sorprenda como un ladr�n, porque todos sois hijos de la luz e hijos del d�a; no lo sois de la noche ni de las tinieblas. As�, pues, no durmamos como los dem�s, sino estemos vigilantes y despejados. Palabra de Dios. Aleluya
Jn 15, 4a. 5b EVANGELIO Lectura del santo
evangelio seg�n san Mateo 25, 14-15. 19-21 Palabra de Dios. |