�Derramar� sobre la dinast�a de David y sobre los habitantes de Jerusal�n un esp�ritu de gracia y de clemencia.
Me mirar�n a m�, a quien traspasaron, har�n llanto como llanto por el hijo �nico, y llorar�n como se llora al primog�nito.
Aquel d�a, ser� grande el luto en Jerusal�n, como el luto de Hadad-Rim�n en el valle de Meguido.�
Aquel d�a, se alumbrar� un manantial, a la dinast�a de David y a los habitantes de Jerusal�n, contra pecados e impurezas.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial Sal 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9 (R.: 2b)
R. Mi alma est� sedienta de ti, Se�or, Dios m�o.
Oh Dios, t� eres mi Dios,
por ti madrugo, mi alma est� sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua. R.
�C�mo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale m�s que la vida,
te alabar�n mis labios. R.Toda mi vida te bendecir�
y alzar� las manos invoc�ndote.
Me saciar� como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabar�n jubilosos. R.
Porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con j�bilo;
mi alma est� unida a ti,
y tu diestra me sostiene. R.
SEGUNDA LECTURA
Los que hab�is sido bautizados os
hab�is revestido de Cristo
Aleluya Jn 10, 27
Mis ovejas escuchan mi voz -dice el Se�or-, y yo las
conozco, y ellas me siguen.