Esdras confiesa los pecados de Israel
9
1 El día veinticuatro del mismo mes se reunieron los hijos de
Israel en ayuno, y con cilicio y tierra sobre sí.
2 Y ya se había apartado la descendencia de Israel de todos
los extranjeros; y estando en pie, confesaron sus pecados, y las
iniquidades de sus padres.
3 Y puestos de pie en su lugar, leyeron el libro de la ley de
Jehová su Dios la cuarta parte del día, y la cuarta parte
confesaron sus pecados y adoraron a Jehová su Dios.
4 Luego se levantaron sobre la grada de los levitas, Jesúa,
Bani, Cadmiel, Sebanías, Buni, Serebías, Bani y Quenani, y
clamaron en voz alta a Jehová su Dios.
5 Y dijeron los levitas Jesúa, Cadmiel, Bani, Hasabnías,
Serebías, Hodías, Sebanías y Petaías: Levantaos, bendecid a
Jehová vuestro Dios desde la eternidad hasta la eternidad; y
bendígase el nombre tuyo, glorioso y alto sobre toda bendición
y alabanza.
6 Tú solo eres Jehová; tú hiciste los cielos, y los cielos
de los cielos, con todo su ejército, la tierra y todo lo que
está en ella, los mares y todo lo que hay en ellos; y tú
vivificas todas estas cosas, y los ejércitos de los cielos te
adoran.
7 Tú eres, oh Jehová, el Dios que escogiste a Abram, y lo
sacaste de Ur de los caldeos, y le pusiste el nombre Abraham;
8 y hallaste fiel su corazón delante de ti, e hiciste pacto
con él para darle la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo,
del ferezeo, del jebuseo y del gergeseo, para darla a su
descendencia; y cumpliste tu palabra, porque eres justo.
9 Y miraste la aflicción de nuestros padres en Egipto, y
oíste el clamor de ellos en el Mar Rojo;
10 e hiciste señales y maravillas contra Faraón, contra todos
sus siervos, y contra todo el pueblo de su tierra, porque sabías
que habían procedido con soberbia contra ellos; y te hiciste
nombre grande, como en este día.
11 Dividiste el mar delante de ellos, y pasaron por medio de
él en seco; y a sus perseguidores echaste en las profundidades,
como una piedra en profundas aguas.
12 Con columna de nube los guiaste de día, y con columna de
fuego de noche, para alumbrarles el camino por donde habían de
ir.
13 Y sobre el monte de Sinaí descendiste, y hablaste con ellos
desde el cielo, y les diste juicios rectos, leyes verdaderas, y
estatutos y mandamientos buenos,
14 y les ordenaste el día de reposo santo para ti, y por mano
de Moisés tu siervo les prescribiste mandamientos, estatutos y
la ley.
15 Les diste pan del cielo en su hambre, y en su sed les
sacaste aguas de la peña; y les dijiste que entrasen a poseer la
tierra, por la cual alzaste tu mano y juraste que se la darías.
16 Mas ellos y nuestros padres fueron soberbios, y endurecieron
su cerviz, y no escucharon tus mandamientos.
17 No quisieron oír, ni se acordaron de tus maravillas que
habías hecho con ellos; antes endurecieron su cerviz, y en su
rebelión pensaron poner caudillo para volverse a su servidumbre.
Pero tú eres Dios que perdonas, clemente y piadoso, tardo para
la ira, y grande en misericordia, porque no los abandonaste.
18 Además, cuando hicieron para sí becerro de fundición y
dijeron: Este es tu Dios que te hizo subir de Egipto; y
cometieron grandes abominaciones,
19 tú, con todo, por tus muchas misericordias no los
abandonaste en el desierto. La columna de nube no se apartó de
ellos de día, para guiarlos por el camino, ni de noche la
columna de fuego, para alumbrarles el camino por el cual habían
de ir.
20 Y enviaste tu buen Espíritu para enseñarles, y no
retiraste tu maná de su boca, y agua les diste para su sed.
21 Los sustentaste cuarenta años en el desierto; de ninguna
cosa tuvieron necesidad; sus vestidos no se envejecieron, ni se
hincharon sus pies.
22 Y les diste reinos y pueblos, y los repartiste por
distritos; y poseyeron la tierra de Sehón, la tierra del rey de
Hesbón, y la tierra de Og rey de Basán.
23 Multiplicaste sus hijos como las estrellas del cielo, y los
llevaste a la tierra de la cual habías dicho a sus padres que
habían de entrar a poseerla.
24 Y los hijos vinieron y poseyeron la tierra, y humillaste
delante de ellos a los moradores del país, a los cananeos, los
cuales entregaste en su mano, y a sus reyes, y a los pueblos de
la tierra, para que hiciesen de ellos como quisieran.
25 Y tomaron ciudades fortificadas y tierra fértil, y
heredaron casas llenas de todo bien, cisternas hechas, viñas y
olivares, y muchos árboles frutales; comieron, se saciaron, y se
deleitaron en tu gran bondad.
26 Pero te provocaron a ira, y se rebelaron contra ti, y echaron
tu ley tras sus espaldas, y mataron a tus profetas que protestaban
contra ellos para convertirlos a ti, e hicieron grandes
abominaciones.
27 Entonces los entregaste en mano de sus enemigos, los cuales
los afligieron. Pero en el tiempo de su tribulación clamaron a
ti, y tú desde los cielos los oíste; y según tu gran
misericordia les enviaste libertadores para que los salvasen de
mano de sus enemigos.
28 Pero una vez que tenían paz, volvían a hacer lo malo
delante de ti, por lo cual los abandonaste en mano de sus
enemigos que los dominaron; pero volvían y clamaban otra vez a
ti, y tú desde los cielos los oías y según tus misericordias
muchas veces los libraste.
29 Les amonestaste a que se volviesen a tu ley; mas ellos se
llenaron de soberbia, y no oyeron tus mandamientos, sino que
pecaron contra tus juicios, los cuales si el hombre hiciere, en
ellos vivirá; se rebelaron, endurecieron su cerviz, y no
escucharon.
30 Les soportaste por muchos años, y les testificaste con tu
Espíritu por medio de tus profetas, pero no escucharon; por lo
cual los entregaste en mano de los pueblos de la tierra.
31 Mas por tus muchas misericordias no los consumiste, ni los
desamparaste; porque eres Dios clemente y misericordioso.
32 Ahora pues, Dios nuestro, Dios grande, fuerte, temible, que
guardas el pacto y la misericordia, no sea tenido en poco delante
de ti todo el sufrimiento que ha alcanzado a nuestros reyes, a
nuestros príncipes, a nuestros sacerdotes, a nuestros profetas,
a nuestros padres y a todo tu pueblo, desde los días de los
reyes de Asiria hasta este día.
33 Pero tú eres justo en todo lo que ha venido sobre nosotros;
porque rectamente has hecho, mas nosotros hemos hecho lo malo.
34 Nuestros reyes, nuestros príncipes, nuestros sacerdotes y
nuestros padres no pusieron por obra tu ley, ni atendieron a tus
mandamientos y a tus testimonios con que les amonestabas.
35 Y ellos en su reino y en tu mucho bien que les diste, y en
la tierra espaciosa y fértil que entregaste delante de ellos, no
te sirvieron, ni se convirtieron de sus malas obras.
36 He aquí que hoy somos siervos; henos aquí, siervos en la
tierra que diste a nuestros padres para que comiesen su fruto y
su bien.
37 Y se multiplica su fruto para los reyes que has puesto sobre
nosotros por nuestros pecados, quienes se enseñorean sobre
nuestros cuerpos, y sobre nuestros ganados, conforme a su
voluntad, y estamos en grande angustia.
Pacto del pueblo, de guardar la ley
38 A causa, pues, de todo esto, nosotros hacemos fiel promesa,
y la escribimos, firmada por nuestros príncipes, por nuestros
levitas y por nuestros sacerdotes.
10
1 Los que firmaron fueron: Nehemías el gobernador, hijo de
Hacalías, y Sedequías,
2 Seraías, Azarías, Jeremías,
3 Pasur, Amarías, Malquías,
4 Hatús, Sebanías, Maluc,
5 Harim, Meremot, Obadías,
6 Daniel, Ginetón, Baruc,
7 Mesulam, Abías, Mijamín,
8 Maazías, Bilgai y Semaías; éstos eran sacerdotes.
9 Y los levitas: Jesúa hijo de Azanías, Binúi de los hijos
de Henadad, Cadmiel,
10 y sus hermanos Sebanías, Hodías, Kelita, Pelaías, Hanán,
11 Micaía, Rehob, Hasabías,
12 Zacur, Serebías, Sebanías,
13 Hodías, Bani y Beninu.
14 Los cabezas del pueblo: Paros, Pahat-moab, Elam, Zatu, Bani,
15 Buni, Azgad, Bebai,
16 Adonías, Bigvai, Adín,
17 Ater, Ezequías, Azur,
18 Hodías, Hasum, Bezai,
19 Harif, Anatot, Nebai,
20 Magpías, Mesulam, Hezir,
21 Mesezabeel, Sadoc, Jadúa,
22 Pelatías, Hanán, Anaías,
23 Oseas, Hananías, Hasub,
24 Halohes, Pilha, Sobec,
25 Rehum, Hasabna, Maasías,
26 Ahías, Hanán, Anán,
27 Maluc, Harim y Baana.
28 Y el resto del pueblo, los sacerdotes, levitas, porteros y
cantores, los sirvientes del templo, y todos los que se habían
apartado de los pueblos de las tierras a la ley de Dios, con sus
mujeres, sus hijos e hijas, todo el que tenía comprensión y
discernimiento,
29 se reunieron con sus hermanos y sus principales, para
protestar y jurar que andarían en la ley de Dios, que fue dada
por Moisés siervo de Dios, y que guardarían y cumplirían todos
los mandamientos, decretos y estatutos de Jehová nuestro Señor.
30 Y que no daríamos nuestras hijas a los pueblos de la
tierra, ni tomaríamos sus hijas para nuestros hijos.
31 Asimismo, que si los pueblos de la tierra trajesen a vender
mercaderías y comestibles en día de reposo, nada tomaríamos de
ellos en ese día ni en otro día santificado; y que el año
séptimo dejaríamos descansar la tierra, y remitiríamos toda
deuda.
32 Nos impusimos además por ley, el cargo de contribuir cada
año con la tercera parte de un siclo para la obra de la casa de
nuestro Dios;
33 para el pan de la proposición y para la ofrenda continua,
para el holocausto continuo, los días de reposo, las nuevas
lunas, las festividades, y para las cosas santificadas y los
sacrificios de expiación por el pecado de Israel, y para todo el
servicio de la casa de nuestro Dios.
34 Echamos también suertes los sacerdotes, los levitas y el
pueblo, acerca de la ofrenda de la leña, para traerla a la casa
de nuestro Dios, según las casas de nuestros padres, en los
tiempos determinados cada año, para quemar sobre el altar de
Jehová nuestro Dios, como está escrito en la ley.
35 Y que cada año traeríamos a la casa de Jehová las
primicias de nuestra tierra, y las primicias del fruto de todo
árbol.
36 Asimismo los primogénitos de nuestros hijos y de nuestros
ganados, como está escrito en la ley; y que traeríamos los
primogénitos de nuestras vacas y de nuestras ovejas a la casa de
nuestro Dios, a los sacerdotes que ministran en la casa de
nuestro Dios;
37 que traeríamos también las primicias de nuestras masas, y
nuestras ofrendas, y del fruto de todo árbol, y del vino y del
aceite, para los sacerdotes, a las cámaras de la casa de nuestro
Dios, y el diezmo de nuestra tierra para los levitas; y que los
levitas recibirían las décimas de nuestras labores en todas las
ciudades;
38 y que estaría el sacerdote hijo de Aarón con los levitas,
cuando los levitas recibiesen el diezmo; y que los levitas
llevarían el diezmo del diezmo a la casa de nuestro Dios, a las
cámaras de la casa del tesoro.
39 Porque a las cámaras del tesoro han de llevar los hijos de
Israel y los hijos de Leví la ofrenda del grano, del vino y del
aceite; y allí estarán los utensilios del santuario, y los
sacerdotes que ministran, los porteros y los cantores; y no
abandonaremos la casa de nuestro Dios.
Los habitantes de Jerusalén
(1 Cr. 9.1-34)
11
1 Habitaron los jefes del pueblo en Jerusalén; mas el resto
del pueblo echó suertes para traer uno de cada diez para que
morase en Jerusalén, ciudad santa, y las otras nueve partes en
las otras ciudades.
2 Y bendijo el pueblo a todos los varones que voluntariamente
se ofrecieron para morar en Jerusalén.
3 Estos son los jefes de la provincia que moraron en
Jerusalén; pero en las ciudades de Judá habitaron cada uno en
su posesión, en sus ciudades; los israelitas, los sacerdotes y
levitas, los sirvientes del templo y los hijos de los siervos de
Salomón.
4 En Jerusalén, pues, habitaron algunos de los hijos de Judá
y de los hijos de Benjamín. De los hijos de Judá: Ataías hijo
de Uzías, hijo de Zacarías, hijo de Amarías, hijo de
Sefatías, hijo de Mahalaleel, de los hijos de Fares,
5 y Maasías hijo de Baruc, hijo de Colhoze, hijo de Hazaías,
hijo de Adaías, hijo de Joiarib, hijo de Zacarías, hijo de
Siloni.
6 Todos los hijos de Fares que moraron en Jerusalén fueron
cuatrocientos sesenta y ocho hombres fuertes.
7 Estos son los hijos de Benjamín: Salú hijo de Mesulam, hijo
de Joed, hijo de Pedaías, hijo de Colaías, hijo de Maasías,
hijo de Itiel, hijo de Jesaías.
8 Y tras él Gabai y Salai, novecientos veintiocho.
9 Y Joel hijo de Zicri era el prefecto de ellos, y Judá hijo
de Senúa el segundo en la ciudad.
10 De los sacerdotes: Jedaías hijo de Joiarib, Jaquín,
11 Seraías hijo de Hilcías, hijo de Mesulam, hijo de Sadoc,
hijo de Meraiot, hijo de Ahitob, príncipe de la casa de Dios,
12 y sus hermanos, los que hacían la obra de la casa,
ochocientos veintidós; y Adaías hijo de Jeroham, hijo de
Pelalías, hijo de Amsi, hijo de Zacarías, hijo de Pasur, hijo
de Malquías,
13 y sus hermanos, jefes de familias, doscientos cuarenta y
dos; y Amasai hijo de Azareel, hijo de Azai, hijo de Mesilemot,
hijo de Imer,
14 y sus hermanos, hombres de gran vigor, ciento veintiocho, el
jefe de los cuales era Zabdiel hijo de Gedolim.
15 De los levitas: Semaías hijo de Hasub, hijo de Azricam,
hijo de Hasabías, hijo de Buni;
16 Sabetai y Jozabad, de los principales de los levitas,
capataces de la obra exterior de la casa de Dios;
17 y Matanías hijo de Micaía, hijo de Zabdi, hijo de Asaf, el
principal, el que empezaba las alabanzas y acción de gracias al
tiempo de la oración; Bacbuquías el segundo de entre sus
hermanos; y Abda hijo de Samúa, hijo de Galal, hijo de Jedutún.
18 Todos los levitas en la santa ciudad eran doscientos ochenta
y cuatro.
19 Los porteros, Acub, Talmón y sus hermanos, guardas en las
puertas, ciento setenta y dos.
20 Y el resto de Israel, de los sacerdotes y de los levitas, en
todas las ciudades de Judá, cada uno en su heredad.
21 Los sirvientes del templo habitaban en Ofel; y Ziha y Gispa
tenían autoridad sobre los sirvientes del templo.
22 Y el jefe de los levitas en Jerusalén era Uzi hijo de Bani,
hijo de Hasabías, hijo de Matanías, hijo de Micaía, de los
hijos de Asaf, cantores, sobre la obra de la casa de Dios.
23 Porque había mandamiento del rey acerca de ellos, y
distribución para los cantores para cada día.
24 Y Petaías hijo de Mesezabeel, de los hijos de Zera hijo de
Judá, estaba al servicio del rey en todo negocio del pueblo.
Lugares habitados fuera de Jerusalén
25 Tocante a las aldeas y sus tierras, algunos de los hijos de
Judá habitaron en Quiriat-arba y sus aldeas, en Dibón y sus
aldeas, en Jecabseel y sus aldeas,
26 en Jesúa, Molada y Bet-pelet,
27 en Hazar-sual, en Beerseba y sus aldeas,
28 en Siclag, en Mecona y sus aldeas,
29 en En-rimón, en Zora, en Jarmut,
30 en Zanoa, en Adulam y sus aldeas, en Laquis y sus tierras, y
en Azeca y sus aldeas. Y habitaron desde Beerseba hasta el valle
de Hinom.
31 Y los hijos de Benjamín habitaron desde Geba, en Micmas, en
Aía, en Bet-el y sus aldeas,
32 en Anatot, Nob, Ananías,
33 Hazor, Ramá, Gitaim,
34 Hadid, Seboim, Nebalat,
35 Lod, y Ono, valle de los artífices;
36 y algunos de los levitas, en los repartimientos de Judá y
de Benjamín.
Sacerdotes y levitas
12
1 Estos son los sacerdotes y levitas que subieron con Zorobabel
hijo de Salatiel, y con Jesúa: Seraías, Jeremías, Esdras,
2 Amarías, Maluc, Hatús,
3 Secanías, Rehum, Meremot,
4 Iddo, Gineto, Abías,
5 Mijamín, Maadías, Bilga,
6 Semaías, Joiarib, Jedaías,
7 Salú, Amoc, Hilcías y Jedaías. Estos eran los príncipes
de los sacerdotes y sus hermanos en los días de Jesúa.
8 Y los levitas: Jesúa, Binúi, Cadmiel, Serebías, Judá y
Matanías, que con sus hermanos oficiaba en los cantos de
alabanza.
9 Y Bacbuquías y Uni, sus hermanos, cada cual en su
ministerio.
10 Jesúa engendró a Joiacim, y Joiacim engendró a Eliasib, y
Eliasib engendró a Joiada;
11 Joiada engendró a Jonatán, y Jonatán engendró a Jadúa.
12 Y en los días de Joiacim los sacerdotes jefes de familias
fueron: de Seraías, Meraías; de Jeremías, Hananías;
13 de Esdras, Mesulam; de Amarías, Johanán;
14 de Melicú, Jonatán; de Sebanías, José;
15 de Harim, Adna; de Meraiot, Helcai;
16 de Iddo, Zacarías; de Ginetón, Mesulam;
17 de Abías, Zicri; de Miniamín, de Moadías, Piltai;
18 de Bilga, Samúa; de Semaías, Jonatán;
19 de Joiarib, Matenai; de Jedaías, Uzi;
20 de Salai, Calai; de Amoc, Eber;
21 de Hilcías, Hasabías; de Jedaías, Natanael.
22 Los levitas en días de Eliasib, de Joiada, de Johanán y de
Jadúa fueron inscritos por jefes de familias; también los
sacerdotes, hasta el reinado de Darío el persa.
23 Los hijos de Leví, jefes de familias, fueron inscritos en
el libro de las crónicas hasta los días de Johanán hijo de
Eliasib.
24 Los principales de los levitas: Hasabías, Serebías, Jesúa
hijo de Cadmiel, y sus hermanos delante de ellos, para alabar y
dar gracias, conforme al estatuto de David varón de Dios,
guardando su turno.
25 Matanías, Bacbuquías, Obadías, Mesulam, Talmón y Acub,
guardas, eran porteros para la guardia a las entradas de las
puertas.
26 Estos fueron en los días de Joiacim hijo de Jesúa, hijo de
Josadac, y en los días del gobernador Nehemías y del sacerdote
Esdras, escriba.
Dedicación del muro
27 Para la dedicación del muro de Jerusalén, buscaron a los
levitas de todos sus lugares para traerlos a Jerusalén, para
hacer la dedicación y la fiesta con alabanzas y con cánticos,
con címbalos, salterios y cítaras.
28 Y fueron reunidos los hijos de los cantores, así de la
región alrededor de Jerusalén como de las aldeas de los
netofatitas;
29 y de la casa de Gilgal, y de los campos de Geba y de
Azmavet; porque los cantores se habían edificado aldeas
alrededor de Jerusalén.
30 Y se purificaron los sacerdotes y los levitas; y purificaron
al pueblo, y las puertas, y el muro.
31 Hice luego subir a los príncipes de Judá sobre el muro, y
puse dos coros grandes que fueron en procesión; el uno a la
derecha, sobre el muro, hacia la puerta del Muladar.
32 E iba tras de ellos Osaías con la mitad de los príncipes
de Judá,
33 y Azarías, Esdras, Mesulam,
34 Judá y Benjamín, Semaías y Jeremías.
35 Y de los hijos de los sacerdotes iban con trompetas
Zacarías hijo de Jonatán, hijo de Semaías, hijo de Matanías,
hijo de Micaías, hijo de Zacur, hijo de Asaf;
36 y sus hermanos Semaías, Azarael, Milalai, Gilalai, Maai,
Natanael, Judá y Hanani, con los instrumentos musicales de David
varón de Dios; y el escriba Esdras delante de ellos.
37 Y a la puerta de la Fuente, en frente de ellos, subieron por
las gradas de la ciudad de David, por la subida del muro, desde
la casa de David hasta la puerta de las Aguas, al oriente.
38 El segundo coro iba del lado opuesto, y yo en pos de él,
con la mitad del pueblo sobre el muro, desde la torre de los
Hornos hasta el muro ancho;
39 y desde la puerta de Efraín hasta la puerta Vieja y a la
puerta del Pescado, y la torre de Hananeel, y la torre de Hamea,
hasta la puerta de las Ovejas; y se detuvieron en la puerta de la
Cárcel.
40 Llegaron luego los dos coros a la casa de Dios; y yo, y la
mitad de los oficiales conmigo,
41 y los sacerdotes Eliacim, Maaseías, Miniamín, Micaías,
Elioenai, Zacarías y Hananías, con trompetas;
42 y Maasías, Semaías, Eleazar, Uzi, Johanán, Malquías,
Elam y Ezer. Y los cantores cantaban en alta voz, e Izrahías era
el director.
43 Y sacrificaron aquel día numerosas víctimas, y se
regocijaron, porque Dios los había recreado con grande
contentamiento; se alegraron también las mujeres y los niños; y
el alborozo de Jerusalén fue oído desde lejos.
Porciones para sacerdotes y levitas
44 En aquel día fueron puestos varones sobre las cámaras de
los tesoros, de las ofrendas, de las primicias y de los diezmos,
para recoger en ellas, de los ejidos de las ciudades, las
porciones legales para los sacerdotes y levitas; porque era
grande el gozo de Judá con respecto a los sacerdotes y levitas
que servían.
45 Y habían cumplido el servicio de su Dios, y el servicio de
la expiación, como también los cantores y los porteros,
conforme al estatuto de David y de Salomón su hijo.
46 Porque desde el tiempo de David y de Asaf, ya de antiguo,
había un director de cantores para los cánticos y alabanzas y
acción de gracias a Dios.
47 Y todo Israel en días de Zorobabel y en días de Nehemías
daba alimentos a los cantores y a los porteros, cada cosa en su
día; consagraban asimismo sus porciones a los levitas, y los
levitas consagraban parte a los hijos de Aarón.
Reformas de Nehemías
13
1 Aquel día se leyó en el libro de Moisés, oyéndolo el
pueblo, y fue hallado escrito en él que los amonitas y moabitas
no debían entrar jamás en la congregación de Dios,
2 por cuanto no salieron a recibir a los hijos de Israel con
pan y agua, sino que dieron dinero a Balaam para que los
maldijera; mas nuestro Dios volvió la maldición en bendición.
3 Cuando oyeron, pues, la ley, separaron de Israel a todos los
mezclados con extranjeros.
4 Y antes de esto el sacerdote Eliasib, siendo jefe de la
cámara de la casa de nuestro Dios, había emparentado con
Tobías,
5 y le había hecho una gran cámara, en la cual guardaban
antes las ofrendas, el incienso, los utensilios, el diezmo del
grano, del vino y del aceite, que estaba mandado dar a los
levitas, a los cantores y a los porteros, y la ofrenda de los
sacerdotes.
6 Mas a todo esto, yo no estaba en Jerusalén, porque en el
año treinta y dos de Artajerjes rey de Babilonia fui al rey; y
al cabo de algunos días pedí permiso al rey
7 para volver a Jerusalén; y entonces supe del mal que había
hecho Eliasib por consideración a Tobías, haciendo para él una
cámara en los atrios de la casa de Dios.
8 Y me dolió en gran manera; y arrojé todos los muebles de la
casa de Tobías fuera de la cámara,
9 y dije que limpiasen las cámaras, e hice volver allí los
utensilios de la casa de Dios, las ofrendas y el incienso.
10 Encontré asimismo que las porciones para los levitas no les
habían sido dadas, y que los levitas y cantores que hacían el
servicio habían huido cada uno a su heredad.
11 Entonces reprendí a los oficiales, y dije: ¿Por qué está
la casa de Dios abandonada? Y los reuní y los puse en sus
puestos.
12 Y todo Judá trajo el diezmo del grano, del vino y del
aceite, a los almacenes.
13 Y puse por mayordomos de ellos al sacerdote Selemías y al
escriba Sadoc, y de los levitas a Pedaías; y al servicio de
ellos a Hanán hijo de Zacur, hijo de Matanías; porque eran
tenidos por fieles, y ellos tenían que repartir a sus hermanos.
14 Acuérdate de mí, oh Dios, en orden a esto, y no borres mis
misericordias que hice en la casa de mi Dios, y en su servicio.
15 En aquellos días vi en Judá a algunos que pisaban en
lagares en el día de reposo, y que acarreaban haces, y cargaban
asnos con vino, y también de uvas, de higos y toda suerte de
carga, y que traían a Jerusalén en día de reposo; y los
amonesté acerca del día en que vendían las provisiones.
16 También había en la ciudad tirios que traían pescado y
toda mercadería, y vendían en día de reposo a los hijos de
Judá en Jerusalén.
17 Y reprendí a los señores de Judá y les dije: ¿Qué mala
cosa es esta que vosotros hacéis, profanando así el día de
reposo?
18 ¿No hicieron así vuestros padres, y trajo nuestro Dios
todo este mal sobre nosotros y sobre esta ciudad? ¿Y vosotros
añadís ira sobre Israel profanando el día de reposo?
19 Sucedió, pues, que cuando iba oscureciendo a las puertas de
Jerusalén antes del día de reposo, dije que se cerrasen las
puertas, y
ordené que no las abriesen hasta después del día de reposo; y
puse a las puertas algunos de mis criados, para que en día de
reposo no introdujeran carga.
20 Y se quedaron fuera de Jerusalén una y dos veces los
negociantes y los que vendían toda especie de mercancía.
21 Y les amonesté y les dije: ¿Por qué os quedáis vosotros
delante del muro? Si lo hacéis otra vez, os echaré mano. Desde
entonces no vinieron en día de reposo.
22 Y dije a los levitas que se purificasen y viniesen a guardar
las puertas, para santificar el día del reposo. También por
esto acuérdate de mí, Dios mío, y perdóname según la
grandeza de tu misericordia.
23 Vi asimismo en aquellos días a judíos que habían tomado
mujeres de Asdod, amonitas, y moabitas;
24 y la mitad de sus hijos hablaban la lengua de Asdod, porque
no sabían hablar judaico, sino que hablaban conforme a la lengua
de cada pueblo.
25 Y reñí con ellos, y los maldije, y herí a algunos de
ellos, y les arranqué los cabellos, y les hice jurar, diciendo:
No daréis vuestras hijas a sus hijos, y no tomaréis de sus
hijas para vuestros hijos, ni para vosotros mismos.
26 ¿No pecó por esto Salomón, rey de Israel? Bien que en
muchas naciones no hubo rey como él, que era amado de su Dios, y
Dios lo había puesto por rey sobre todo Israel, aun a él le
hicieron pecar las mujeres extranjeras.
27 ¿Y obedeceremos a vosotros para cometer todo este mal tan
grande de prevaricar contra nuestro Dios, tomando mujeres
extranjeras?
28 Y uno de los hijos de Joiada hijo del sumo sacerdote Eliasib
era yerno de Sanbalat horonita; por tanto, lo ahuyenté de mí.
29 Acuérdate de ellos, Dios mío, contra los que contaminan el
sacerdocio, y el pacto del sacerdocio y de los levitas.
30 Los limpié, pues, de todo extranjero, y puse a los
sacerdotes y levitas por sus grupos, a cada uno en su servicio;
31 y para la ofrenda de la leña en los tiempos señalados, y
para las primicias. Acuérdate de mí, Dios mío, para bien.
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