Alimentación de los cinco mil
(Mt. 14.13-21; Mr. 6.30-44; Lc. 9.10-17)
6
1 Después de esto, Jesús fue al otro lado del mar de Galilea,
el de Tiberias.
2 Y le seguía gran multitud, porque veían las señales que
hacía en los enfermos.
3 Entonces subió Jesús a un monte, y se sentó allí con sus
discípulos.
4 Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos.
5 Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él
gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para
que coman éstos?
6 Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que
había de hacer.
7 Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no
bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco.
8 Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le
dijo:
9 Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y
dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?
10 Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había
mucha hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de
cinco mil varones.
11 Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los
repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que
estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían.
12 Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos:
Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada.
13 Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de
los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido.
14 Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús
había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que
había de venir al mundo.
15 Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de
él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo.
Jesús anda sobre el mar
(Mt. 14.22-27; Mr. 6.45-52)
16 Al anochecer, descendieron sus discípulos al mar,
17 y entrando en una barca, iban cruzando el mar hacia
Capernaum. Estaba ya oscuro, y Jesús no había venido a ellos.
18 Y se levantaba el mar con un gran viento que soplaba.
19 Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios,
vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca;
y tuvieron miedo.
20 Mas él les dijo: Yo soy; no temáis.
21 Ellos entonces con gusto le recibieron en la barca, la cual
llegó en seguida a la tierra adonde iban.
La gente busca a Jesús
22 El día siguiente, la gente que estaba al otro lado del mar
vio que no había habido allí más que una sola barca, y que
Jesús no había entrado en ella con sus discípulos, sino que
éstos se habían ido solos.
23 Pero otras barcas habían arribado de Tiberias junto al
lugar donde habían comido el pan después de haber dado gracias
el Señor.
24 Cuando vio, pues, la gente que Jesús no estaba allí, ni
sus discípulos, entraron en las barcas y fueron a Capernaum,
buscando a Jesús.
Jesús, el pan de vida
25 Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí,
¿cuándo llegaste acá?
26 Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo
que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino
porque comisteis el pan y os saciasteis.
27 Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida
que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará;
porque a éste señaló Dios el Padre.
28 Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en
práctica las obras de Dios?
29 Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que
creáis en el que él ha enviado.
30 Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para
que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces?
31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está
escrito: Pan del cielo les dio a comer.
32 Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio
Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del
cielo.
33 Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da
vida al mundo.
34 Le dijeron: Señor, danos siempre este pan.
35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene,
nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed
jamás.
36 Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis.
37 Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí
viene, no le echo fuera.
38 Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad,
sino la voluntad del que me envió.
39 Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de
todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en
el día postrero.
40 Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel
que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le
resucitaré en el día postrero.
41 Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho:
Yo soy el pan que descendió del cielo.
42 Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo
padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del
cielo he descendido?
43 Jesús respondió y les dijo: No murmuréis entre vosotros.
44 Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le
trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.
45 Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por
Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él,
viene a mí.
46 No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de
Dios; éste ha visto al Padre.
47 De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida
eterna.
48 Yo soy el pan de vida.
49 Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y
murieron.
50 Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de
él come, no muera.
51 Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno
comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré
es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.
52 Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo:
¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?
53 Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis
la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis
vida en vosotros.
54 El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y
yo le resucitaré en el día postrero.
55 Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es
verdadera bebida.
56 El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y
yo en él.
57 Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre,
asimismo el que me come, él también vivirá por mí.
58 Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros
padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan,
vivirá eternamente.
59 Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum.
Palabras de vida eterna
60 Al oirlas, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta
palabra; ¿quién la puede oír?
61 Sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban
de esto, les dijo: ¿Esto os ofende?
62 ¿Pues qué, si viereis al Hijo del Hombre subir adonde
estaba primero?
63 El espíritu es el que da vida; la carne para nada
aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son
vida.
64 Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús
sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y
quién le había de entregar.
65 Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí,
si no le fuere dado del Padre.
66 Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y
ya no andaban con él.
67 Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros
también vosotros?
68 Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú
tienes palabras de vida eterna.
69 Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo,
el Hijo del Dios viviente.
70 Jesús les respondió: ¿No os he escogido yo a vosotros los
doce, y uno de vosotros es diablo?
71 Hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón; porque éste
era el que le iba a entregar, y era uno de los doce.
Incredulidad de los hermanos de Jesús
7
1 Después de estas cosas, andaba Jesús en Galilea; pues no
quería andar en Judea, porque los judíos procuraban matarle.
2 Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los
tabernáculos;
3 y le dijeron sus hermanos: Sal de aquí, y vete a Judea, para
que también tus discípulos vean las obras que haces.
4 Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en
secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo.
5 Porque ni aun sus hermanos creían en él.
6 Entonces Jesús les dijo: Mi tiempo aún no ha llegado, mas
vuestro tiempo siempre está presto.
7 No puede el mundo aborreceros a vosotros; mas a mí me
aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas.
8 Subid vosotros a la fiesta; yo no subo todavía a esa fiesta,
porque mi tiempo aún no se ha cumplido.
9 Y habiéndoles dicho esto, se quedó en Galilea.
Jesús en la fiesta de los tabernáculos
10 Pero después que sus hermanos habían subido, entonces él
también subió a la fiesta, no abiertamente, sino como en
secreto.
11 Y le buscaban los judíos en la fiesta, y decían: ¿Dónde
está aquél?
12 Y había gran murmullo acerca de él entre la multitud, pues
unos decían: Es bueno; pero otros decían: No, sino que engaña
al pueblo.
13 Pero ninguno hablaba abiertamente de él, por miedo a los
judíos.
14 Mas a la mitad de la fiesta subió Jesús al templo, y
enseñaba.
15 Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste
letras, sin haber estudiado?
16 Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino
de aquel que me envió.
17 El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la
doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta.
18 El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca;
pero el que busca la gloria del que le envió, éste es
verdadero, y no hay en él injusticia.
19 ¿No os dio Moisés la ley, y ninguno de vosotros cumple la
ley? ¿Por qué procuráis matarme?
20 Respondió la multitud y dijo: Demonio tienes; ¿quién
procura matarte?
21 Jesús respondió y les dijo: Una obra hice, y todos os
maravilláis.
22 Por cierto, Moisés os dio la circuncisión (no porque sea
de Moisés, sino de los padres); y en el día de reposo
circuncidáis al hombre.
23 Si recibe el hombre la circuncisión en el día de reposo,
para que la ley de Moisés no sea quebrantada, ¿os enojáis
conmigo porque en el día de reposo sané completamente a un
hombre?
24 No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo
juicio.
¿Es éste el Cristo?
25 Decían entonces unos de Jerusalén: ¿No es éste a quien
buscan para matarle?
26 Pues mirad, habla públicamente, y no le dicen nada.
¿Habrán reconocido en verdad los gobernantes que éste es el
Cristo?
27 Pero éste, sabemos de dónde es; mas cuando venga el
Cristo, nadie sabrá de dónde sea.
28 Jesús entonces, enseñando en el templo, alzó la voz y
dijo: A mí me conocéis, y sabéis de dónde soy; y no he venido
de mí mismo, pero el que me envió es verdadero, a quien
vosotros no conocéis.
29 Pero yo le conozco, porque de él procedo, y él me envió.
30 Entonces procuraban prenderle; pero ninguno le echó mano,
porque aún no había llegado su hora.
31 Y muchos de la multitud creyeron en él, y decían: El
Cristo, cuando venga, ¿hará más señales que las que éste
hace?
Los fariseos envían alguaciles para prender a Jesús
32 Los fariseos oyeron a la gente que murmuraba de él estas
cosas; y los principales sacerdotes y los fariseos enviaron
alguaciles para que le prendiesen.
33 Entonces Jesús dijo: Todavía un poco de tiempo estaré con
vosotros, e iré al que me envió.
34 Me buscaréis, y no me hallaréis; y a donde yo estaré,
vosotros no podréis venir.
35 Entonces los judíos dijeron entre sí: ¿Adónde se irá
éste, que no le hallemos? ¿Se irá a los dispersos entre los
griegos, y enseñará a los griegos?
36 ¿Qué significa esto que dijo: Me buscaréis, y no me
hallaréis; y a donde yo estaré, vosotros no podréis venir?
Ríos de agua viva
37 En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en
pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y
beba.
38 El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior
correrán ríos de agua viva.
39 Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que
creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo,
porque Jesús no había sido aún glorificado.
División entre la gente
40 Entonces algunos de la multitud, oyendo estas palabras,
decían: Verdaderamente éste es el profeta.
41 Otros decían: Este es el Cristo. Pero algunos decían: ¿De
Galilea ha de venir el Cristo?
42 ¿No dice la Escritura que del linaje de David, y de la
aldea de Belén, de donde era David, ha de venir el Cristo?
43 Hubo entonces disensión entre la gente a causa de él.
44 Y algunos de ellos querían prenderle; pero ninguno le echó
mano.
¡Nunca ha hablado hombre así!
45 Los alguaciles vinieron a los principales sacerdotes y a los
fariseos; y éstos les dijeron: ¿Por qué no le habéis traído?
46 Los alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno ha
hablado como este hombre!
47 Entonces los fariseos les respondieron: ¿También vosotros
habéis sido engañados?
48 ¿Acaso ha creído en él alguno de los gobernantes, o de
los fariseos?
49 Mas esta gente que no sabe la ley, maldita es.
50 Les dijo Nicodemo, el que vino a él de noche, el cual era
uno de ellos:
51 ¿Juzga acaso nuestra ley a un hombre si primero no le oye,
y sabe lo que ha hecho?
52 Respondieron y le dijeron: ¿Eres tú también galileo?
Escudriña y ve que de Galilea nunca se ha levantado profeta.
La mujer adúltera
53 Cada uno se fue a su casa;
8
1 y Jesús se fue al monte de los Olivos.
2 Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a
él; y sentado él, les enseñaba.
3 Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer
sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio,
4 le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el
acto mismo de adulterio.
5 Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú,
pues, ¿qué dices?
6 Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero
Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el
dedo.
7 Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo:
El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la
piedra contra ella.
8 E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo
en tierra.
9 Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían
uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros;
y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio.
10 Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer,
le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te
condenó?
11 Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo
te condeno; vete, y no peques más.
Jesús, la luz del mundo
12 Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del
mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá
la luz de la vida.
13 Entonces los fariseos le dijeron: Tú das testimonio acerca
de ti mismo; tu testimonio no es verdadero.
14 Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo doy testimonio
acerca de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de
dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de
dónde vengo, ni a dónde voy.
15 Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie.
16 Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo
solo, sino yo y el que me envió, el Padre.
17 Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos
hombres es verdadero.
18 Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me
envió da testimonio de mí.
19 Ellos le dijeron: ¿Dónde está tu Padre? Respondió
Jesús: Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre; si a mí me conocieseis,
también a mi Padre conoceríais.
20 Estas palabras habló Jesús en el lugar de las ofrendas,
enseñando en el templo; y nadie le prendió, porque aún no
había llegado su hora.
A donde yo voy, vosotros no podéis venir
21 Otra vez les dijo Jesús: Yo me voy, y me buscaréis, pero
en vuestro pecado moriréis; a donde yo voy, vosotros no podéis
venir.
22 Decían entonces los judíos: ¿Acaso se matará a sí
mismo, que dice: A donde yo voy, vosotros no podéis venir?
23 Y les dijo: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba;
vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.
24 Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si
no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.
25 Entonces le dijeron: ¿Tú quién eres? Entonces Jesús les
dijo: Lo que desde el principio os he dicho.
26 Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros; pero el
que me envió es verdadero; y yo, lo que he oído de él, esto
hablo al mundo.
27 Pero no entendieron que les hablaba del Padre.
28 Les dijo, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del
Hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que nada hago por mí
mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo.
29 Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo
el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada.
30 Hablando él estas cosas, muchos creyeron en él.
La verdad os hará libres
31 Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en
él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis
verdaderamente mis discípulos;
32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.
33 Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos
sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?
34 Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que
todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.
35 Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí
queda para siempre.
36 Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente
libres.
37 Sé que sois descendientes de Abraham; pero procuráis
matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros.
38 Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis
lo que habéis oído cerca de vuestro padre.
Sois de vuestro padre el diablo
39 Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham. Jesús
les dijo: Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham
haríais.
40 Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he
hablado la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto
Abraham.
41 Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Entonces le
dijeron: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre
tenemos, que es Dios.
42 Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios,
ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he
venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió.
43 ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis
escuchar mi palabra.
44 Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de
vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el
principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad
en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso,
y padre de mentira.
45 Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis.
46 ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo la
verdad, ¿por qué vosotros no me creéis?
47 El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las
oís vosotros, porque no sois de Dios.
La preexistencia de Cristo
48 Respondieron entonces los judíos, y le dijeron: ¿No
decimos bien nosotros, que tú eres samaritano, y que tienes
demonio?
49 Respondió Jesús: Yo no tengo demonio, antes honro a mi
Padre; y vosotros me deshonráis.
50 Pero yo no busco mi gloria; hay quien la busca, y juzga.
51 De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra,
nunca verá muerte.
52 Entonces los judíos le dijeron: Ahora conocemos que tienes
demonio. Abraham murió, y los profetas; y tú dices: El que
guarda mi palabra, nunca sufrirá muerte.
53 ¿Eres tú acaso mayor que nuestro padre Abraham, el cual
murió? ¡Y los profetas murieron! ¿Quién te haces a ti mismo?
54 Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria
nada es; mi Padre es el que me glorifica, el que vosotros decís
que es vuestro Dios.
55 Pero vosotros no le conocéis; mas yo le conozco, y si
dijere que no le conozco, sería mentiroso como vosotros; pero le
conozco, y guardo su palabra.
56 Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día;
y lo vio, y se gozó.
57 Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta
años, ¿y has visto a Abraham?
58 Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que
Abraham fuese, yo soy.
59 Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se
escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de
ellos, se fue.
Jesús sana a un ciego de nacimiento
9
1 Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento.
2 Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién
pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?
3 Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino
para que las obras de Dios se manifiesten en él.
4 Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre
tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede
trabajar.
5 Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo.
6 Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y
untó con el lodo los ojos del ciego,
7 y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que
traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó
viendo.
8 Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que
era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba?
9 Unos decían: El es; y otros: A él se parece. El decía: Yo
soy.
10 Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos?
11 Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo
lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate; y
fui, y me lavé, y recibí la vista.
12 Entonces le dijeron: ¿Dónde está él? El dijo: No sé.
Los fariseos interrogan al ciego sanado
13 Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego.
14 Y era día de reposo cuando Jesús había hecho el lodo, y
le había abierto los ojos.
15 Volvieron, pues, a preguntarle también los fariseos cómo
había recibido la vista. El les dijo: Me puso lodo sobre los
ojos, y me lavé, y veo.
16 Entonces algunos de los fariseos decían: Ese hombre no
procede de Dios, porque no guarda el día de reposo. Otros
decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y
había disensión entre ellos.
17 Entonces volvieron a decirle al ciego: ¿Qué dices tú del
que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta.
18 Pero los judíos no creían que él había sido ciego, y que
había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que
había recibido la vista,
19 y les preguntaron, diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, el que
vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?
20 Sus padres respondieron y les dijeron: Sabemos que éste es
nuestro hijo, y que nació ciego;
21 pero cómo vea ahora, no lo sabemos; o quién le haya
abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos; edad tiene,
preguntadle a él; él hablará por sí mismo.
22 Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los
judíos, por cuanto los judíos ya habían acordado que si alguno
confesase que Jesús era el Mesías, fuera expulsado de la
sinagoga.
23 Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle a él.
24 Entonces volvieron a llamar al hombre que había sido ciego,
y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre
es pecador.
25 Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé;
una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.
26 Le volvieron a decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los
ojos?
27 El les respondió: Ya os lo he dicho, y no habéis querido
oir; ¿por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis también
vosotros haceros sus discípulos?
28 Y le injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero
nosotros, discípulos de Moisés somos.
29 Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés; pero
respecto a ése, no sabemos de dónde sea.
30 Respondió el hombre, y les dijo: Pues esto es lo
maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde sea, y a mí me
abrió los ojos.
31 Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es
temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye.
32 Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese
los ojos a uno que nació ciego.
33 Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer.
34 Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado,
¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron.
Ceguera espiritual
35 Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le
dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios?
36 Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en
él?
37 Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo,
él es.
38 Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró.
39 Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que
los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados.
40 Entonces algunos de los fariseos que estaban con él, al oír
esto, le dijeron: ¿Acaso nosotros somos también ciegos?
41 Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais
pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado
permanece.
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